domingo, 7 de enero de 2018

mi propia babel, que no se derrumba, sino que crece y crece


si salís a caminar por mi barrio, te vas a encontrar con pakis, dominicanos, venezonalos, cubanos, colombianos,  brasileros...  y muchos musulmanes (y no judíos). viviré en un barrio musulmán y recién me entero?
todos dejan su marca. si vas al supermercado, la cajera te dice: "hola, mi amol" y sonríe y los dientes blanquísimos me traen nostalgia de barquisimeto. también podés ir a un tarantín venezolano que hace arepas, tequeños, hallacas, tiene buen ron y alguna polar. al lado, un chino cocina los mejores jaio zi que he comido en este país. si querés viajar en el tiempo y en el espacio, visitá mi barrio, la gloriosa la mondiola, que el alcalde celebra todos los años con las distintas colectividades.
te cruzás con los pakis, que son alegres, jóvenes, y que, en invierno y en verano, visten igual, no usan medias y sí, sandalias. sonríen y parecen felices. hicieron un video de lo más festivo. se sienten bien acá.
como todo es variopinto, eso empieza a notarse en el supermercado, en la feria, en el almacén. hace dos meses abrió una tienda. el dueño es un abogado venezolano, casado con uruguaya, con hijo "mezcla", un jovencito que habla un mix de venezolano con algo del lunfardo nuestro. ah, vende harina pan, harina para arepas de trigo y de maíz; harina para preparar esto y lo otro. también ofrece diferentes tipos de café: "acá, buena parte del café es glaceado", dice y yo hago un gesto de profundo asco; "pero yo tengo de éste; pruébelo". claro, es café con aires de caracas. hay de todo en esa tienda, y uno se pierde entre los productos y los recuerdos, los olores y los colores. dice que hay muchos venezolanos que han venido, que están organizados y que filtran a los inmigrantes: "esto no es para que venga cualquiera, somos un país, no se puede dejar que venga cualquiera". curiosa manera darwiniana de definir la sobrevivencia del grupo. que no venga nadie a estropear el pastel, a meter la pata. sé a qué se refiere. malandros no quiere nadie, ni de aquí, ni de allí ni de acuyá. inmigración inteligente parece decir este abogado de voz grave y modales afables. la tienda está junto a una librería adorable, isadora, frente al mar, ambas. de modo que uno visita la librería, la recorre, se sorprende con lo que esconde, y después entra a la tienda-bazar de especias y cosas ricas, y sale feliz.
y si en mi barrio estás esperando un ómnibus y te lo tomás, vas a notar que en el aire flotan cantitos de distintos lugares de nuestra américa latina, y es un placer. si hay algo que ojalá nos contagien estos hombres y mujeres que decidieron recalar aquí es la alegría, la felicidad, los modales, tan distintos a los nuestros, a veces agresivos, las más de las veces indiferentes. ah, qué placer me causa conversar un rato en la cola del supermercado con la mujer que llegó no hace mucho de república dominicana. si parece que cantara!

ojalá sigan viniendo, sigan llegando, nos contagien con sus comidas, con sus costumbres, con su alegría, con su forma caribeña de ser, abierta, alegre, despreocupada (más allá de que claramente tienen muchísimas preocupaciones).



domingo, 17 de diciembre de 2017

los sobrevivientes (esto es una novela)

me refiero a ellos, los que sobreviven. los que, en el límite, sin embargo, entienden un código de conducta que los hace fiables.
no me refiero a los empresarios, los neo-empresarios, los oscuros del piso cuarenta, la cara otra, la iluminada, la contracara de los narcos. si los neo-empresarios no dudan en apretar el gatillo simbólico de la conquista, el narco aprieta el real de combatir al contrincante, sin que le importe los daños colaterales (voz propia de la narración bélica).

insisto, esta es la voz narradora de una novela.

los sobrevivientes me caen bien. tienen un código ético, al que se ciñen. son francos en el hablar cuando entran en confianza. no abundan en descripciones ni en declaraciones. dicen lo que tienen que decir, saben lo que hay que hacer, y lo hacen. a veces, a esta voz narradora, le corre frío por la espalda. porque nadie se hace cargo de ellos, porque el Estado está vacío y no les da lugar. quizá son muchos, o no tienen nombre. sobreviven. pero sobreviven sobre la base de una cosa de colectivo, de solidaridad, que, a veces, esta voz narradora, envidia un poco.

se organizan, resuelven, obtienen resultados. no infringen la ley, por eso son sobrevivientes, porque conocen la ley y sus vericuetos. la ley de la calle y de la violencia, y saben cómo no infringirla, aunque la aplican (la violencia; no la ley).

a veces, esta voz narradora se encuentra con alguno. no se puede preguntar mucho, es mejor escuchar. si hay algo para decir, dicen. antes han testeado la confiabilidad de quien escucha.
las historias son tristes, el final no suele ser feliz. pero los sobrevivientes, como las hormigas, siguen adelante.
hay algo épico en ellos, algo que emular, en otro contexto.
no tienen nombre, y, si lo tienen, es mejor desconocerlo.
me honra conocer alguno. me honra su confianza, su honestidad, su dolorosa franqueza. su persistente confianza en que las cosas pueden ser distintas, pero, dado los tiempos que corren, hay que apañárselas.
muy distintos a un chorro, que por un choripán te pega un tiro; o un descebrerado que deja tullida a una vieja por una billetera de jubilada. o un desgraciado que viola a un chiquilín.

no, los sobrevivientes son la ética de hoy en día. hay que prestarles atención. tienen algo para decir, pero no son un gremio, no son una ong, no son nada más que eso. no tienen fanpage y teléfono para llamarlos y decirles algo. pedirles consejo.

nosotros, de este lado, los supuestamente vivientes, los miramos con un poco de asombro (piensa la voz narradora), el resto los ignora, no sabe que existen.
¿quién sabe de su presencia, además de la voz narradora? el cronista curioso, la republicana, el delator. un inframundo del que rara vez se habla.
salú por ellos.

viernes, 15 de diciembre de 2017

esa mujer

hacía tiempo que no la veía, pero hoy volvió.
es una mujer de edad incierta; entre 45 y 55 años, no más. delgada, correosa, vestida invariablemente de negro, de cabello rojizo, como erizado. no es una linyera, una sin techo. parece una burguesa que perdió la chaveta. suele caminar en la calle, a contramano, lo que obliga a automovilistas y buses a detener la marcha para no atropellarla. las veces que me la crucé, hablaba en voz baja, gesticulaba con las manos, parecía molesta con alguna cosa. capaz que en otra etapa fue filósofa, poeta, científica o ama de casa. ahora sale a deambular por el barrio.
hace una hora la vi. ya no farfullaba, sino que gritaba, arengaba:
- soy la única mujer que se da cuenta; soy la única mujer que se da cuenta. y la única mujer que lo dice.

llegó a la esquina y desapareció. los gritos se siguieron escuchando en la noche pesadamente calurosa de más.

una hora después, volvió.
- estos edificios, ¿quién los construyó? ¡los hombres!
- estas calles, ¿quién las hizo? ¡los hombres!

un grupo de jóvenes que espera ante la puerta del delivery la escucha.

- esta porquería, ¿quién la hizo?

los jóvenes entienden y responden, en coro:
- ¡los hombres!

- estos edificios, ¿quién los hizo?- insiste ella.
- ¡los hombres! - responden cada vez más encantados los varones, sin darse cuenta de que se trata de ellos, los culpables de muchos males.

la mujer sigue camino, con su misión apocalíptica, de denuncia.

me gustaría saber cómo se llama, dónde vive, cómo es su vida, y por qué está tan enojada.


jueves, 7 de diciembre de 2017

en esos barrios pasan cosas

uno de esos barrios a los que uno no va nunca, pero que conoce de las crónicas policiales.
converso con un laburante. dice que a dos cuadras está villa garcía, y más allá, "si te metés por la calle libia, llegás a un cante, y después a otro... " (dice los nombres, pero los olvidé; debí anotarlos). me cuenta que, hace dos días, a los vecinos "les desapareció la hija" -de quince años-. trabaja en una peluquería, pero nunca llegó. hicieron la denuncia en la comisaría, pero no pasó nada. así que de algún modo se organizaron. distribuyeron la foto en las redes, pidieron ayuda. y alguien la vio en una estación de servicio, acompañada de un "tipo mayor", "la gurisa iba de cabeza gacha". se pusieron en marcha. la madre consiguió la foto del hombre en cuestión, y lo encontraron. está en la comisaría, pero todavía no dijo dónde la tiene. pero saben que anduvo en busca de "más gurisas". "te imaginás que si hace dos días que la tiene, no podemos esperar algo bueno". le digo que estos tipos cantan, que no se bancan. "sí", dice, "pero cuanto antes, mejor. dos días es mucho". y después dice: "sabés, todos los días desaparecen chiquilinas". lo miro. "sí, todos los días. y uno entra en eso de la obsesión, que la vas a buscar a la salida del liceo, que la llevás, que la traés. no tienen vida. pero nos acostumbramos. son ellos los que mandan". después me cuenta que al hijo, un laburante, decente, bien, cumplidor, dos tipos lo asaltaron, le sacaron la moto, la ropa, los zapatos, todo lo que tenía. se los dio. y uno de los tipos le dijo al otro "a este pancho, pegale un tiro". total: el gurí ya fue operado dos veces de la pierna, y cuando llega la noche, se encierra en la casa y no sale. "mandan ellos", insiste, "así vivimos".

vida cotidiana de algunos, de muchos. el laburante que me contó todo esto lo hizo con calma, preocupado, sabiendo que lo que el Estado no resuelve, les toca a ellos solucionar "por las buenas". la cuestión es cuánto tiempo la gente aguanta "por las buenas", me pregunté. estar sobre un volcán a punto de explotar.

en el lugar al que íbamos había policías. uno con una carpetita: señal de denuncia, de registro. no digo nada, sólo observo. pleno día: robo a mano armada; violencia de otro tipo, que no viene al caso describir. vida cotidiana de esa gente, que de todos modos labura, se rompe el alma, no infringe la ley,es decente, quiere salir adelante, pero conoce los códigos. "tá bravo", dice, "tá bravo vivir así. nos ganaron; ellos mandan". y parece que tiene razón.

la vida, por ahí, transcurre como si no pasara nada. el almacén, el verdulero, el que vende ropa que cuelga de un tendedero, los voceos, los saludos, las sonrisas, la vida dura de cada día. como debe ser. ¿quién se acuerda de esos barrios, de esa gente?

llegamos al Centro. entonces me llama la atención que la mayoría de los "sin techo" son varones, de entre 25 y 40 años. duermen de día en la calle, en cajas, viven en la calle, la calle es la casa. algunos con un perro, la mayoría en soledad.  seguramente las madres de hijos que desconocen se rompen el alma, pelean como la de esa gurisa de quince que desapareció rumbo al trabajo.

jueves, 25 de agosto de 2016

uno quería creer

que después de 1904 nos habíamos creado como nación.
que después de la dictadura de latorre, con varela a la cabeza, éramos humanos.
que después de terra, las cosas habían cambiado.
que las inundacioones del 59 y el gobierno de los blancos habían marcado un hito.
que el 68 había sido histórico. que el movimiento obrero-estudiantil había puesto las cosas en su sitio.
que el amontinamiento de febrero del 73 había dividido las aguas (así nos lo dijeron). que se venían los peruanistas (todos aplaudieron, salvo vasconcellos y quijano).
qué va.
nada de eso.
el uruguay es una republiqueta de empleados públicos. weber estaría en su salsa, aplaudiría a más no poder. un paisito en un remoto continente que aplica tan bien las máximas de la burocracia?
pues sí.
todo se reduce a eso. el empleo público, que supone un "no hagan olas", dejemos que el poder trafique, porque es lo que conocemos y en lo que más o menos podemos manejarnos. sí, claro, siempre hay un cristiano que la queda, pero eso está en la tapa del libro. al fin y al cabo, de eso trata la burocracia. civil y militar.
un muerto más? un desaparecido más? está en la lista. ordenadito. no importa si llegamos a la lista. weber es el rey.
me hartó uruguay. me hartó ese discurso pobre, mediocre, que instala a un ex presidente -mujica- que ahora tiene una audición por mes en la deutsche welle. por favor. qué tiene que decir ese cristiano que no sabe qué responderle a los uruguayos. qué les va a decir a los alemanes? va a confesar todo, acaso? no, como todos en este país, seguirá construyendo su mito. y el pueblo paga. el pueblo paga. me hartaron los tecnócratas  que se suben al carro de los emprendedurismos, mientras el Estado es omiso y complaciente, y hay marconis y casavalles y nadie se ocupa realmente del asunto, y manda a la republicana a hacerse cargo. eso es inclusión? alguien les preguntó por qué son como son?
el problema es el poder. cuando se llega al poder, el que llega trata de olvidarse rápidamente de donde viene, se ocupa más bien a dónde quiere llegar. he ahí el problema. y el ciudadano paga, cándidamente, porque de circulación de poder sabe poco y nada. y sólo ve los titulares. y los titulares machacan fuera de contexto. por qué mueren adolescentes mujeres? dónde surge el discurso que hace que haya varones que se crean en el derecho de masacrar mujeres? dónde surge el discurso que hace que los niños roben? dónde surge el discurso que hace que el maltrato sea generalizado?
uno creyó, ingenuamente, en que había otra alternativa. y se desayuna un día en que no hay diferencia. que las excusas y las disputas son las mismas. el pueblo, si es que existe esa entelequia, paga. y sigue. sufrido. se las ingenia como puede con todas las trabas que pone el Estado. y hay islas, claro que las hay, pero son islas porque al frente hay gente que recuerda, que no está atada al sillón del poder.
a ver, señor presidente de la república, cuando va al llano.
a ver, ex presidente de la república, cuando deja de mentir.
a ver, partidos de la oposición, cuando asumen la derrota y cuando se ponen a pensar qué tienen para ofrecer.
porque el pueblo sigue y sigue, pero un día se harta.
un poquito de respeto, por favor, porque bien que cada cinco años nos convocan, nos exigen, nos prometen. y dicen por ahí que las mentiras tienen patas cortas.


domingo, 20 de diciembre de 2015

las comedias románticas sólo existen en hollywood

domingo, 14:30, rayo del sol.

parada de ómnibus en narancio y amador. no pasa un bus ni por asomo. no pasa nada. sólo hay un almacén abierto y una mujer que pasea un perro.

en la parada estoy yo, lamentándome por el calor, el sol y la pérdida de tiempo, y un hombre al que apenas miro.

fumo, esperando que algún bus pase. ya se sabe que los buses demoran.
el hombre se acerca con una moneda de diez pesos en la mano y dice:

- ¿me vende un cigarrillo?

le digo que no, que los vicios no se venden, se regalan, y lo convido con uno. no tiene los dedos amarillos. le pregunto si tiene fuego y dice:

- no, hace diez años que no fumo, pero te vi fumar y me dieron ganas.

debí prestar atención al cambio de persona gramatical, pero no. uno a veces anda distraído.

entonces lo observo bien.

es flaco, descarnado, tiene el pelo blanco, un sombrerito (cachucha se dice en venezolano) de baseball negro, unas bermudas negras y unas sandalias de cuero marrón. para colmo, es chueco. por el aspecto, podría ser extranjero, un inglés que aterrizó en un lugar equivocado. pero no. cuando sonríe, tiene esa cosa notoria del que es un poco lento.y el acento lo delata: es vernáculo.

le cuesta encender el cigarrillo - ¡no hay viento!- y sonríe y dice:

- ¿cómo te llamás?

lo miro y pienso. podría ser políticamente correcta y amable e inventar un nombre. eso llevaría a una conversación insostenible acerca de no se sabe qué y otros etcéteras, hace calor y me da pena. qué desperdicio de proactividad.

- no importa el nombre -respondo y me alejo un par de metros y ostensiblemente oteo un horizonte imposible a ver si aparece algo parecido al transporte público. me digo que colón debe de haber oteado el horizonte de este modo y encontró américa.

el hombre me da pena. "buen intento", pienso; "aunque acá la comedia romántica se termina frente a algo parecido a un sujeto como éste" (basta con verlo para darse cuenta de que, como dicen los alemanes, "no tiene todas las tazas en el ropero"). apenas me da para preguntarme qué imaginó.

una situación semejante, en otra ciudad, digamos, nueva york, parís, berlín o beyrut, y con una buena producción, hubiera dado lugar a una romantíquisima comedia en la cual el hombre de la parada y la mujer de la parada terminan amándose por el resto de sus días. felices de cómo la vida los cruzó. es tan generosa la vida, nos dicen las comedias románticas. y todos suspiramos felices y hasta lloramos un poco. si a otros les pasa...

acá no. acá no hay comedias románticas, y el que te pide un cigarrillo es un desgraciado que, por algún designio kármico fallido, tuvo el arrojo de hacer el intento... y se encontró con la que escribe estas líneas. alguien que disfrutaría de vivir una comedia romántica, pero no a tres cuadras del estadio centenario.