sábado, 25 de septiembre de 2010

Suite francesa, Irene Némirovsky

Suite francesa, de Irene Némirovsky (Salamandra). Un libro que uno no puede dejar de leer, y que lamenta terminar.
si no fuera tan trágica la vida de la Némirovsky, uno podría pensar que también fue como la de un personaje literario. Nació en Kiev en 1903, y después de la revolución rusa, la familia se exilió en Francia. Allí estudió Letras en La Sorbona y publicó su primera novela. En 1941 es deportada a un campo de prisioneros en Francia, y de allí la enviaron a Auschwitz, donde falleció en agosto de 1942. Suite francesa es una obra póstuma, publicada gracias a sus hijas, quienes, siendo niñas, y en su largo periplo huyendo de los nazis, cargaron con una maleta que contenía el manuscrito (sic) de la madre. La obra quedó inconclusa. Es una inteligentísima y sutil pintura de la caída de Francia en la segunda guerra a través de los ojos de los personajes: los aristócratas, los burgueses y los campesinos.  Retrata el éxodo de los franceses cuando pierden la guerra, la posterior llegada de los alemanes a las ciudades y pueblos y por último la convivencia forzada, el colaboracionismo y la resistencia. Las luces y las sombras de lo humano. Termina la novela cuando los alemanes se van al frente ruso. Los personajes, las situaciones, la psicología, los perfiles, todo, en fin, hacen a este libro una lectura no sólo interesante, sino que llena de pasión. Podría emparentarse con la sensación que provoca leer a Sandor Marais o, más cercano en el tiempo, a Andre Makïne (El testamento francés).

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