hace un tiempo heredé un perro, sin que importen los motivos. es de orden señalar que me llevo bien con los gatos, a quienes entiendo perfectamente bien. no así a los perros. pues tener un perro, a una ignorante como yo, nos lleva a situaciones curiosas. para mí, cada vez que el perro hacía una señal de algo, había que sacarlo. así que lo sacaba cada dos horas, por ejemplo, a la madrugada. lo que puede un perro, que anula el instinto de supervivencia y borra, de un plumazo, los supuestos climas de paranoia e inseguridad.
iba yo paseando con el perro, poco antes del amanacer, cuando él quiso detenerse y yo me detuve con él. bien. justamente delante de una cuatro por cuatro de esas que se ven en csi, roja, deslumbrante, con vidrios polarizados (no entiendo por qué son legales), impecable. el perro ahí, y yo delante de la cuatro por cuatro. de pronto percibo -en la espera, y siendo escritora una presta atención a los detalles más ínfimos- movimiento en la bendita máquina, casi nave espacial en estos tiempos que corren, que sólo molestan en el tránsito y no se justifican en un país que es suavemente ondulado. pues allí dentro había alguien haciendo no sé qué cosa. un poco de astucia indicaba que lo que estaba haciendo ese alguien era robar. estaba robando a la bendita máquina maravillosa que supuestamente sirve para atravesar los llanos y los montes (y no avenida brasil o 18 de julio), y que decide salir de la caja del auto justo cuando yo estoy ahí, esperando por el perro (dichosos los gatos, que no necesitan de nada de esto y son discretos). a mí me educaron en los buenos modales. se saluda siempre. buenos días, buenas tardes, buenas noches (los choferes y los guardas de cutcsa son impenetrables a esto). así que el ladrón -debería decír el chorro- sale de su trabajo, me ve, con el perro en medio de las circunstancias, y dice las palabras mágicas: "buenos días, vecina", y yo le respondo: "buenos días". nada de vecino, porque me chirria esa expresión barata, mentirosa, que pretende igualar lo que no es igual. ¿desde cuándo un ladrón es un vecino? o quizá sí, y la despistada soy yo. el asunto es que el sujeto se va, caminando tranquilamente, y yo lo sigo con la mirada. es joven, relativamente bien educado -supo saludar para salir del paso- y yo con el perro ahí, a quien maldigo por el mal momento que eligió. una cuadra más arriba, me encuentro con otros vecinos, que pasean a sus perros- no dejo de pensar en woody allen en todo esto y el poco glam que tiene montevideo comparado con pasear a un caniche en manhattan- y que han asistido a la escena, un poco a lo lejos. los miro -son mis primeras experiencias con sacar a un perro de mañana temprano en un barrio supuestamente tranquilo- y ellos me miran. nos alzamos de hombros, cada uno con su perro, uno más chico, otra más grande (no sé dónde meten a los perros grandes en esos apartamentos diminutos, pero ese es tema de otra crónica) , y uno, el más veterano me dice: ese siempre viene por aquí, es el que roba los autos día por medio. llamamos al 911, pero ya están acostumbrados. pero es pacífico, no le hace mal a nadie.
agradezco, entonces, haberme cruzado con un chorro pacífico, que no le hace mal a nadie, que la policía conoce, y que, realmente, es un vecino del barrio. el de la cuatro por cuatro jamás se enteró.
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