sábado, 7 de mayo de 2011

Onetti visto por Dotta, segunda parte

Jamás leí a Onetti es el documental que dirigió Pablo Dotta (Tahití, El dirigible) en 2009, para la conmemoración del centenario del nacimiento de Juan Carlos Onetti. Si bien cumple con el formato del documental, el trabajo de 78 minutos es un relato, en el que las personas (Galeano, Cabrera, De Mattos, Muhr, Drexler, Muñoz Molina, Cruz, Tunda, Gilio) se transforman, como en una novela, y se vuelven personajes. Es imposible no relacionar esta producción con El dirigible, estrenada en 1993, y que tanto diera que hablar. Hay puntos de contacto: la banda sonora de ambas está a cargo de Fernando Cabrera; los intentos infructuosos de la "francesa" por demostrar que Onetti ha vuelto al país (en realidad murió poco antes del estreno de El dirigible), mientras que en Jamás leí a Onetti son los otros los que deben "narrar" al escritor uruguayo. Y, por si fuera poco, el telón de fondo: abre con una panorámica en la que resalta, icónico, el Palacio Salvo y cierra con Fernando Cabrera y la banda cantando, ahora sí, la música que compone a lo largo del documental. En el medio, Dotta inserta la secuencia de El dirigible, en que la uruguaya que regresó del exilio camina por Ramírez en un día lluvioso y frío. Como si marcara en sentido aristotélico el esquema narrativo, esos puntos que refieren al Dirigible parecen indicar que si bien se trata de un documental, sin la existencia de la ficción previa, éste no sería posible. Incluso el propio Dotta se acepta personaje -además de director- en la medida en que incluye, justamente, esa secuencia en blanco y negro, que contrasta con el resto del trabajo: el director, detrás de cámara, también se introduce en su propio trabajo. La secuencia rompe con el pacto de "verdad" del documental, o señala que en realidad no importa, porque si bien Onetti es una entidad real, también es un mito producto de su propia ficción.

Los protagonistas asumen un rol distinto al de meros testigos en un testimonio audiovisual. Quien construye con más perseverancia el suyo es Eduardo Galeano, convertido súbitamente en actor, en el personaje que tiene en la memoria un sinnúmero de anécdotas de Onetti, de su relación con él, de las que elige algunas. También es un personaje Dorothea Muhr, la viuda de Onetti. Ocupa, literalmente, toda la pantalla, y recuerda, en cierto aspecto, a aquellos personajes grotescos de la Wertmüller. Una ironía, una casualidad o una ligera perversión se cumple cuando la Muhr brinda por el trabajo y por Onetti con una copa de Coca Cola, enfrentada directamente a la cámara. María Esther Gilio, quien fuera amiga y "novia" de Onetti en su juventud, y que lo entrevistara en diferentes ocasiones, desempeña el rol de la amada ausente, o, mejor dicho, de la que amó a un ausente y lo sigue amando. Unos planos de su perfil, ensimismada y recordando, la convierten en un personaje romántico, misterioso, que sabe más de lo que dice. Aquí, según Dotta, la realidad de la filmación le jugó una mala pasada, porque el mozo del café donde se rodó esta escena se convirtió súbitamente en actor, y perdió toda la credibilidad. Lo mismo apuntó del taxista que conduce a Cabrera por la Gran Vía, en Madrid. Según Dotta, los taxistas madrileños son verborrágicos, casi groseros, impertinentes. En este caso, el taxista que consiguió la producción parece un caballero inglés. Agregó, además, que tuvieron que rodar la escena varias veces debido a los semáforos, lo que hizo que el taxista terminara repitiendo su discurso casi mecánicamente. Sin embargo, lo que ocurre "fuera de escena", aquello que Dotta y su equipo saben, no hace mella para que el espectador se sumerja y quiera saber hacia dónde va. En ese sentido es más que un documental, es una narración, tiene una tensión narrativa, una progresión: la de la composición musical, la del dibujo de Tunda, la conclusión de los manuscritos inconclusos. Hay un Barthleby, Tomás De Mattos, en el laberinto de la Biblioteca Nacional, quien hurga entre los manuscritos de Onetti hasta dar con el último (1993), fecha puente entre este trabajo y El Dirigible.

El encuentro entre Cabrera y Drexler en el piso de este último en Madrid también es el puente entre la ciudad en la que viviera Onetti y Montevideo. La luz, el clima y los sonidos son otros, pero para entenderlos es imposible no tener como modelo a los de Montevideo. Por ausencia, crece una ciudad, y esa misma ausencia completa las características madrileñas.

El documental que niega la lectura de Onetti (jamás lo leí) es, sin embargo, una reconstrucción del proceso creativo. Y para eso no sólo están los originales que Tomás De Mattos analiza y acaricia, sino el proceso creativo de la banda sonora, la reconstrucción maravillosa de Santa María que hace Tunda y del propio documental en sí. Capas y capas que permiten ser leídas de formas diferentes y que de todos modos concluyen en lo mismo: lo creativo es efímero, existe mientras está en proceso. Para recalcar esta postura casi nihilista, el plano de Santa María es quemado, de modo que tampoco de eso quedan rastros. Y eso mismo afirma Muñoz Molina, cuando dice que al leer a Onetti se tiene la sensación de que en ese preciso momento el texto está siendo creado, como si surgiera de pronto ante los ojos del lector. Esa observación sagaz y acertada, la del instante de la creación, es lo que sobrevuela todo el documental.

Hay un aspecto interesante y es que en estos 78 minutos el espectador recupera, de pronto, la visión de un Uruguay ya muy alejado en el tiempo, aunque hayan pasado algo más de veinte años desde el largometraje de Dotta. Como es imposible separar a Jamás leí a Onetti de El dirigible, la sensación de que la Montevideo de hoy y sus habitantes ha dejado de ser aquélla, la onettiana, es poderosa y casi nostálgica. Ambos trabajos recuerdan, en cierto modo, los esfuerzos por precisar la identidad uruguaya, qué es lo que la caracteriza. Por ausencia, al comparar indefectiblemente con lo de hoy, esas características intangibles, casi imposibles de definir o de nombrar, saltan a la luz. ¿La cámara de Dotta ayuda a remarcar lo que ya no hay? Las luces y las sombras, una cierta distancia del objeto, una mirada calma, pensativa.

Hay muchos otros aspectos que hacen que este trabajo sorprenda y lleve a la reflexión. El montaje, los sonidos, la paciencia. Y además, da ganas de leer a Onetti, como si el Jamás leí a Onetti diera las claves para entenderlo, encontrarlo, re-encontrarlo.

Ficha técnica:
Guión y Dirección Pablo Dotta / Producción ejecutiva: Mariela Besuievsky / Productor delegado: Daniela Alvarado - Mario Jacob/ Fotografía: Almudena Sánchez - Jose María Ciganda/ Sonido: Aramis Rubio- Daniel Márquez/ Música: Fernando Cabrera/ Edición: Fernando Pardo/ Dibujos y animación: Tunda Prada/ Productor de campo: Claudia Lepage - Lucía Jacob/ Con la participación de: Dolly Onetti/ Eduardo Galeano/ Maria Esther Gilio/ Fernando Cabrera/  Jorge Drexler/ Antonio Muñoz Molina/  Juan Cruz/ Tomás de Mattos/ Tunda Prada

viernes, 25 de febrero de 2011

más adelantos!

Durante la segunda gran guerra, él había trabajado en los archivos del municipio de la ciudad. Había anotado cualquier cantidad de nombres de origen polaco, húngaro; algunos alemanes también. Personas, listas interminables de personas que por algún motivo debía registrar. No había preguntado por qué ni para qué. En ese entonces no conocía a Lola. Su mujer se enojó mucho después, cuando le preguntó qué había hecho durante la guerra. Se indignó con él.

- Ayudaste al régimen -le espetó, mientras remendaba una media de Oskar, de color verde furioso.

¿Por qué las medias de la familia tenían esos colores imposibles?

- ¿De qué hablas, Lola? Hice mi trabajo, nada más.
- Eran listas para los campos, eso es evidente. Estaba en tus manos salvar a algunos de esos pobres judíos, y no hiciste nada.

Al señor Fischer se le había parado el corazón. ¿Era el responsable de haber enviado a los hornos a esa gente, y no lo sabía? No, no podía ser cierto. Esas listas eran de gente que no había pagado los impuestos, que había evadido al fisco, o que había ocupado ilegalmente propiedades abandonadas. Estaban fuera de la ley, eran estafadores y gente como ellos, como el señor Fischer y como Lola, que jamás habían dejado de pagar un solo impuesto, era la que siempre se perjudicaba.

- Impuestos, já -se burló Lola, cada vez más enojada con él.

Cosía la media como si estuviera armando una granada.

- Tú sí que crees en pajaritos preñados, ¿no? Justamente con personas como tú es que las barbaridades más grandes pudieron cometerse. Todo un pueblo ciego, crédulo, indiferente.

Adelantos de El señor Fischer/Ana Solari

Había asuntos de sus padres que prefería ignorar, sobre todo si eran del padre. Manuela era la mayor y siempre decía que eso le había costado ser como era. Le había abierto el camino a los dos hermanos, que para colmo eran hombres y de por sí tenían mucha más libertad. No se conformaba con eso, ni siquiera en pensar que se había adelantado bastante a lo que después también se convirtió en una moda: ser mujer se puso de moda, como si fuera algo que se pudiera elegir. Sus hermanos, Roberto y Oskar, se reían de ella cuando protestaba, pero sabían que era la preferida del padre y a veces sentían celos. Roberto se había casado con una modelo yugoslava y tenía dos hijos, un poco menores que Joachim, que estudiaban en un internado en Suiza. Oskar no se había casado ni tenía pareja, y Manuela sospechaba que su hermano era homosexual. Una vez se lo insinuó al señor Fischer, quien la miró extrañado. ¿No se puede querer ser soltero, acaso? Manuela dijo que hoy en día no había solteros, que todo el mundo tenía una relación, y que un hombre de 38 años que jamás ha tenido una novia ni nada que se le parezca es sospechoso.

- En mi época eso era muy frecuente, muy común.
- En tu época, papá, no se podía ser gay.
- No se llamaba así. Eran maricones.
- Lo ves. Una palabra fea, que discrimina.

¿Así que su hijo Oskar, el menor, quizá era homosexual? Fue cuando reparó en la pareja que sacaba al gran danés. Quizá eran gays; parecían amigos, conversaban y reían y fumaban mientras cuidaban al perro, que era feo, muy feo. Si Manuela no hubiera dicho eso, jamás hubiera reparado en ellos. ¿Debía hablar con Oskar? No serviría de nada, opinó Manuela, hoy a los hombres no les importa lo que piensen los demás sobre su sexualidad. Pero a Oskar parecía que sí, se animó a contradecirla el señor Fischer, porque si era gay y no lo decía, entonces es que se avergonzaba del asunto, y eso estaba mal. Manuela alzó una ceja y dejó de hacer la lista de las compras. Era sábado a media mañana y el señor Fischer la visitaba y harían las compras juntos.

viernes, 11 de febrero de 2011

¡INDIGNAOS!

por Stéphane Hessel

Después de 93 años, estoy cerca del final. El final para mí ya no está muy lejos. Pero todavía permítanme recordar a otros que actuaron basados en mi compromiso político. Fueron los años de resistencia a la ocupación Nazi -- y el programa de derechos sociales elaborado hace 66 años atrás por el Consejo Nacional de la Resistencia.

Es a Jean Moulin [miembro asesinado del Consejo] a quien le debemos como parte de este Consejo, la unidad de todos los elementos de la Francia ocupada -- los movimientos, los partidos, los sindicatos -- para proclamar su membresía en la Francia combatiente, y le debemos esto al único líder que lo reconoció, el general Charles de Gaulle. Desde Londres donde me uní a de Gaulle en Marzo de 1941, aprendí que este Consejo había completado un programa lo adoptó el 15 de Marzo de 1944, que ofrece para la Francia liberada un grupo de principios y valores en los que descansaría la moderna democracia de nuestro país.

Estos principios y valores los necesitamos más que nunca. Es hasta que nosotras lo veamos, todas juntas, que nuestra sociedad se vuelva una de la que estemos orgullosos, no esta sociedad de inmigrantes sin papeles -- expulsiones, sospechas respecto a los inmigrantes. No esta sociedad donde se cuestiona la seguridad social y los planes de pensiones y salud nacionales. No esta sociedad donde los medios masivos están en manos de los ricos. Son cosas en las que nos habríamos negado a ceder si fuésemos los herederos verdaderos del Consejo Nacional de la Resistencia.

Desde 1945, después de un horroroso drama [la 2ª Guerra] hubo una ambiciosa resurrección de la sociedad a la que el mismo remanente del contingente del Consejo de la Resistencia se dedicó. Recordémosles mientras creaban un programa de salud nacional y de pensiones tal como la Resistencia quería, como su programa estipulaba, "un plan completo de salud nacional y seguridad social, apuntado a asegurar a todos los ciudadanos y ciudadanas los medios de subsistencia cuando sea que estén incapacitados para encontrar un trabajo; una jubilación que permita a los viejos trabajadores terminar sus días con dignidad."

Las fuentes de energía, electricidad, y gas, minas, los grandes bancos, fueron nacionalizados. Ahora esto fue como el programa recomendaba: "... el retorno a la nación de los monopolizados medios de producción, frutos del trabajo común, fuentes de energía, riqueza de las minas, de compañías de seguros y de los grandes bancos; la institución de una verdadera democracia económica y social involucra la salida de los grandes feudos económicos y financieros de la dirección de la economía."

El interés general debe dominar sobre los intereses especiales. El hombre justo cree que la riqueza creada en la esfera del trabajo debe dominar sobre el poder del dinero.

La Resistencia propuso, "una organización racional de la economía asegurando la subordinación de los intereses especiales a los intereses generales, y la emancipación de los "esclavos" de la dictadura profesional que fue instituida en los estados fascistas," que había usado el gobierno interino [por dos años después de la guerra] de la república como un agente.

Una verdadera democracia necesita una prensa independiente, y la Resistencia lo sabía, lo demandaba, defendiendo "la libertad de prensa, su honor y su independencia del Estado, el poder del dinero y la influencia extranjera." Esto es lo que alivió las restricciones a la prensa desde 1944. Y la libertad de prensa está definitivamente en peligro hoy.

La Resistencia solicitó una "real posibilidad para que todos los niños y niñas franceses se beneficien de la más avanzada educación" sin discriminación. Las reformas ofrecidas en el 2008 van contra este plan. Jóvenes profesores y profesoras, cuyas acciones apoyo, llegaron al extremo de negarse a aplicarlas, y vieron sus salarios reducidos como forma de castigo. Se indignaron, "desobedecieron", juzgando esas reformas demasiado alejadas del ideal de una escuela democrática, muy al servicio de una sociedad de comercio y no desarrollando la mente inventiva ni crítica suficiente.

Todas las fundaciones de la conquista social de la Resistencia están amenazadas hoy.

El motivo de la Resistencia: Indignación.

Alguno se atreverá a decirnos que el Estado no puede afrontar los gastos de estas medidas para ciudadanos nunca más. ¿Pero cómo puede existir hoy una falta de fondos para apoyar y extender estas conquistas si la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde el periodo de la Liberación cuando Europa estaba en ruinas? Al contrario, el problema es el poder del dinero, tan opuesto por la Resistencia y el gran hombre egoísta, con sus propios sirvientes en las altas esferas del Estado.

Los bancos privatizados de nuevo, han probado estar más preocupados de sus dividendos y de los altos sueldos de sus líderes que del interés general. Esta disparidad entre los más pobres y los más ricos nunca había sido tan grande, ni amasar fortunas y la competición tan incentivado.

¡El motivo básico de la Resistencia fue la indignación!

Nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas de combate de la Francia Libre, llamamos a la generación joven a vivir, transmitir, el legado de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: Tomen nuestro lugar, ¡Indígnense!

Los líderes políticos, económicos e intelectuales y la sociedad no tienen que ceder ni permitir la opresión de una dictadura internacional real o de los mercados financieros que amenazan la paz y la democracia.

Deseo para todas las personas, para cada una que tengan sus propios motivos de indignación. Es invaluable. Cuando alguien te atropella como era atropellado por el nazismo, la gente se vuelve militante, fuerte y comprometida. Ellos se unen a este momento histórico y los grandes momentos de la historia deben continuar gracias a cada individuo. Y este momento conduce a más justicia, más libertad, pero no a esa libertad ilimitada del zorro en el gallinero. Los derechos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 son justamente eso, universales.

Si te encuentras con un desfavorecido, siente pena por él pero ayúdale a ganar sus derechos.

Dos visiones de la historia

Cuando trato de entender qué causó el fascismo, lo que lo hizo que tantos fueran dominados por Hitler y el régimen de Vichy, me digo a mi mismo que los propietarios, con sus egoísmos estaban tremendamente asustados con la revolución Bolchevique. Se les permitió liderar con sus miedos.

Pero si, hoy como entonces una activa minoría se levanta, será suficiente; debemos ser la levadura que hace que el pan suba. Ciertamente, la experiencia de una persona muy vieja como yo, nacida en 1917, es diferente a la experiencia de la gente joven de hoy en día. Yo a menudo le pido a profesores la oportunidad de interactuar con sus estudiantes y les digo: No tienen las mismas obvias razones para comprometerse. Para nosotros resistir era no aceptar la ocupación alemana, vencer. Esto fue relativamente sencillo. Simple como lo que siguió la descolonización. Entonces vino la guerra en Argelia.

Era necesario que Argelia fuese independiente, era obvio. En cuanto a Stalin, aplaudimos la victoria del Ejército Rojo contra los Nazis en 1943. Pero ya sabíamos de las atrocidades estalinistas de 1935, e incluso si era necesario mantener los oídos abiertos hacia el comunismo para compensar el capitalismo estadounidense, la necesidad de oponernos a esta insoportable forma de totalitarismo se había establecido como una perogrullada. En mi larga vida presencié una sucesión de motivos para indignarme.

Estas razones nacieron menos de una emoción que de un compromiso deliberado. Como estudiante de una escuela normal [una escuela de magisterio] fui muy influenciado por Sartre, un compañero de estudios. Su "La náusea" [una novela], "El Muro" [un drama] y "El Ser y la Nada" [un ensayo] fueron muy importantes en el entrenamiento de mi pensamiento. Sartre nos enseñó "Ustedes son responsables como individuos". Ese fue un mensaje libertario. La responsabilidad de una persona no puede ser asignada por el poder o una autoridad. Al contrario, es necesario estar involucrado en el nombre de la responsabilidad de uno como ser humano.

Cuando entré en la French Ècole Normale Superieure, en la calle Ulm en París en 1939, entré como un ferviente adherente del filósofo Hegel, y adherí al pensamiento de Maurice Merleau-Ponty. Su enseñanza explora la experiencia concreta, la del cuerpo y sus relaciones con los sentidos, una gran sensación singular enfrentada con una pluralidad de sensaciones. Pero mi optimismo natural que busca que todo lo deseable sea posible, me llevó más bien a Hegel. El Hegelismo interpreta la larga historia de la humanidad como teniendo un significado: Es la libertad del hombre progresando paso a paso. La historia se hace de sucesivos choques y la toma en consideración de los desafíos. La historia de las sociedades y por lo tanto, de los avances, y al final el hombre ha alcanzado su plena libertad, tenemos en el estado democrático su forma ideal.

Este es ciertamente otro entendimiento de la historia. Dice que el progreso está hecho de "libertad", luchando por "siempre más"; esto puede ser como si viviésemos en un huracán devastador. Así es como se lo representaba a un amigo de mi padre, el hombre que compartió conmigo un esfuerzo por traducir al alemán "En busca del tiempo perdido" [novela] de Marcel Proust.

Él era el filósofo alemán Walter Benjamin. Había elaborado una visión pesimista de una pintura de Paul Klee, un pintor suizo, el "Angelus Novus", donde la cara del ángel abre los brazos para contener y empujar una tempestad, que él identifica con el progreso. Para Benjamin, que se suicidaría en Septiembre de 1940 para escapar del nazismo, el sentido de la historia es la progresiva dominación de un desastre tras otro.

Indiferencia: La peor de las actitudes.

Es verdad que las razones para estar indignadas pueden verse hoy menos claramente relacionadas o el mundo se ha vuelto demasiado complejo. ¿Quién está haciendo el ordenamiento, quién lo decide? No es siempre sencillo diferenciar entre todas las corrientes que nos gobiernan. No estamos lidiando con una pequeña elite cuyas actividades pueden ser fácilmente visibles. Este es un mundo vasto, en el cual tenemos una sensación de interdependencia. Vivimos en una interconectividad como nunca antes. Pero en este mundo todavía hay cosas intolerables. Para verlas, es bueno y necesario mirar, buscar. Le digo a los jóvenes, busquen poco y eso es lo que van a encontrar. La peor de las actitudes es la indiferencia, decir "No puedo hacer nada contra eso. Ya me las arreglaré para salir adelante." Por incluirte a ti mismo en esto, pierdes uno de los elementos que hacen al ser humano: la facultad de indignarse y el compromiso que es una consecuencia de lo primero.

Ellos y ellas [las personas jóvenes] pueden desde ya identificar dos grandes desafíos nuevos:

1. La gran brecha que existe entre los más pobres y los más ricos y que no cesa de crecer. Es una innovación de los siglos 20 y 21. Los más pobres en el mundo de hoy ganan apenas dos dólares al día. Las nuevas generaciones no pueden dejar que esta brecha se vuelva mayor. Los reportes oficiales por sí solos deberían provocar un compromiso.

2. Derechos humanos y estado del planeta: Tuve la oportunidad después de la Liberación de participar en la escritura de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas, el 10 de Diciembre de 1948 en París en el Palacio de Chaillot. Fue como secretario privado principal de Henry Laugier, el Secretario General adjunto de la ONU, y como secretario de la Comisión sobre Derechos Humanos que yo con otros participamos en la redacción de esta declaración. No sabría cómo olvidar el rol en su elaboración de René Cassin, quien fue comisionado nacional de justicia y educación en el gobierno de la Francia Libre en Londres en 1941 y ganó el Premio Nobel en 1968, ni el de Pierre Mendès-France en el Consejo Económico y Social a quien le enviábamos los borradores que producíamos antes de ser considerados por el Tercer Comité (Social, Humanitario y Cultural) de la Asamblea General. Fue ratificado por los 54 estados miembros en sesión de las Naciones Unidas y yo lo certifiqué como secretario.

Es a René Cassin a quien le debemos el concepto de "derechos universales" en vez de "derechos internacionales" como lo planteaban nuestros amigos estadounidenses y británicos. Esto [universal en vez de internacional] fue clave porque, al final de la Segunda Guerra mundial, lo que estaba en juego era lo que iba a ser emancipado de las amenazas del totalitarismo que había pesado sobre la humanidad.

Para llegar a ser emancipado era necesario obtener de los estados miembros de la ONU una promesa de respetar estos derechos universales. Esto fue una forma de tratar de burlar el argumento de "soberanía total" que cada nación enfatiza mientras se dedica a provocar violaciones contra la humanidad en su propio suelo. Tal sería el caso de Hitler quien se sentía con un poder supremo y autorizó a provocar un genocidio. Esta declaración universal le debe mucho a la repulsión universal hacia el nazismo, el fascismo y el totalitarismo -- y le debe un montón, en nuestras mentes al espíritu de la Resistencia.

Tenía la sensación de que era necesario moverse rápidamente para no ser engañados por la hipocresía que había en la composición de la ONU, algunos que reclamaban que esos valores ya estaban ganados no tenían intención alguna de promoverlos fielmente -- afirmaban que nosotros tratábamos de imponerles valores en la declaración.

No puedo resistirme al deseo de citar el artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948): "Toda persona tiene el derecho a una nacionalidad." El artículo 22 dice: "Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad." Y si bien esta afirmación tiene un alcance declarativo y no legal, ha jugado un papel muy importante desde 1948. Esto llevó al pueblo colonizado a pelear por su independencia; esto sembró en sus mentes una batalla por la libertad.

Noto con satisfacción que en el curso de las últimas décadas ha habido un aumento en las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y en movimientos sociales como ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras especulativas y la Acción Ciudadana) o como la FIDH (Federación Internacional de Derechos Humanos) y Amnistía Internacional que son activos y competitivos. Es obvio que para ser efectivos hoy es necesario actuar en red, usar todos los medios de comunicación modernos.

A la gente joven le digo: Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación -- hechos acerca del tratamiento de inmigrantes, de inmigrantes "ilegales", de gitanos. Encontrarán situaciones concretas que les llevan a fortalecer su acción ciudadana. ¡Busquen y encontrarán!

Mi indignación por lo que ocurre en Palestina.

Hoy mi mayor indignación tiene que ver con Palestina, la Franja de Gaza y Cisjordania. Este conflicto es indignante. Es absolutamente esencial leer el reporte de Richard Goldstone, de Septiembre del 2009, en Gaza, en que un juez sudafricano y judío que afirmaba aun ser un sionista, acusó al ejército israelí de haber cometido "actos comparables a crímenes de guerra y quizás en determinadas circunstancias, crímenes contra la humanidad" durante su "Operación Plomo Fundido" que duró 3 semanas.

Volví a Gaza en 2009 cuando pude entrar con mi esposa gracias a nuestros pasaportes diplomáticos, para estudiar de primera mano lo que el reporte decía. La gente que nos acompañaba no fue autorizada a entrar en la franja. Allí y en Cisjordania. También visitamos el refugio de palestinos establecido por la UNRWA desde 1948, donde más de 3 millones de palestinos fueron expulsados desde sus tierras en Israel, esperando todavía un cada vez más problemático retorno.

En cuanto a Gaza, esto es como una cárcel sin techo para un millón y medio de palestinos. Una prisión donde la gente se organiza para sobrevivir. A pesar de la destrucción material como la del Hospital de la Media Luna Roja por la Operación Plomo Fundido, esta el comportamiento de sus habitantes, su patriotismo, su amor por el mar y las playas, su constante preocupación por el bienestar de sus niños, que son innumerables y alegres, que permanecen en mi memoria. Estábamos impresionados con cuán ingeniosamente ellos enfrentaban todas las carencias que les han sido impuestas. Les vimos hacer ladrillos, por falta de cemento, para reconstruir las miles de casas destruidas por los tanques. Ellos nos confirmaron que hubieron 1.400 muertos -- incluyendo mujeres, niños y ancianos en el campo palestino -- durante esta "Operación Plomo Fundido" llevada a cabo por el ejército israelí, comparada con tan sólo 50 personas heridas en el lado israelí. Comparto las conclusiones del juez sudafricano. Que estos judíos puedan, ellos mismos, perpetrar crímenes de guerra es insoportable. Ay, la historia no nos da ejemplos suficientes de gente que extrae lecciones desde su propia historia.

¿Terrorismo o exasperación?

Sé que a Hamas [partido de los luchadores de la libertad palestinos], que ha ganado las últimas elecciones legislativas, puede no ayudarle que cohetes sean lanzados sobre ciudades israelíes en respuesta a la situación de aislamiento y bloqueo en que los gazanos viven. Pienso naturalmente que el terrorismo es inaceptable; pero es necesario admitir (desde la experiencia en Francia) que cuando el pueblo está ocupado por fuerzas inmensamente superiores a ellos mismos, la reacción popular no puede ser totalmente pacífica.

¿Le es útil a Hamas lanzar cohetes hacia Sdérot [pueblo israelí al otro lado de la frontera con la franja de Gaza]?

La respuesta es no. Esto no sirve a sus propósitos, pero ello puede explicar esto como una muestra de la exasperación de los gazanos. Bajo la noción de exasperación, es necesario entender la violencia como la lamentable conclusión de situaciones inaceptables a las cuales han sido sometidos.

Por lo tanto, ellos pueden llamarlo, terrorismo como una forma de exasperación. Y este llamado "terrorismo" es un nombre inapropiado. Uno no debería tener que recurrir a esta exasperación, pero hay que tener esperanza. La exasperación es una negación de la esperanza. Es comprensible, diría que es casi natural, pero aún es inaceptable. Porque esto no permite a adquirir resultados que la esperanza posiblemente puede eventualmente producir.

No violencia: El camino que debemos aprender a seguir.

Estoy persuadido de que el futuro le pertenece a los no violentos, a la reconciliación de diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad entrará en su siguiente etapa. Pero en esto estoy de acuerdo con Sartre: No podemos excusar a los terroristas que lanzan bombas, pero podemos entenderlos. Sartre escribió en 1947: "Reconozco que la violencia en cualquier forma que pueda manifestarse es un revés. Pero es un revés inevitable porque estamos en un mundo de violencia. Y si bien es cierto que el riesgo de recurrir a la violencia es permanente, es también cierto que es el medio seguro para hacerla detenerse."

A esto añadiría que la no-violencia es una segura forma de hacer que la violencia se detenga. Uno no puede tolerar el terrorismo, usando a Sartre o en el nombre de este principio, durante la guerra de Argelia ni durante los juegos olímpicos de Múnich en 1972, en el intento de asesinato contra los atletas israelíes. El terrorismo no es productivo y Sartre mismo se preguntaría al final de su vida sobre el sentido de la violencia y dudar de su razón de ser.

Sin embargo, proclamar "la violencia no es efectiva" es más importante que saber si uno debe condenar o no a quienes se dedican a esto. El terrorismo no es efectivo. En la noción de la efectividad, una esperanza no sangrienta es necesaria. Si hay una esperanza violenta, está en el poema de William Appollinaire "la esperanza es violenta" y no en la política.

Sartre, en Marzo de 1980, a tres semanas de su muerte declaró: "Es necesario tratar de explicar por qué el mundo de hoy, que es horrible, es sólo un instante en un largo desarrollo histórico, que la esperanza siempre ha sido una de las fuerzas dominantes en revoluciones e insurrecciones y cómo todavía siento esperanza como mi concepción de futuro.

Es necesario entender que la violencia se opone a la esperanza. Es necesario preferir la esperanza, esperanza por sobre la violencia. La no-violencia es el camino que debemos aprender a seguir. También los opresores.

Es necesario llegar a negociaciones para quitar la opresión; esto es lo que permitirá no tener más violencia terrorista. Por lo tanto no debemos permitir que se acumule demasiado odio.

El mensaje de Mandela y Martin Luther King encuentra toda su pertinencia en el mundo que ha superado la confrontación de ideología [p.e. nazismo] y el totalitarismo conquistador [p.e. Hitler]. Esto es también un mensaje de esperanza en la capacidad de las sociedades modernas de sobreponerse a conflictos por medio del mutuo entendimiento y una paciente vigilancia. Para alcanzar este punto es necesario basarse en derechos, en vez de violaciones, quien sea el autor, debe causar nuestra indignación. No hay que transar estos derechos.

Por una insurrección pacífica.

He apreciado, y no soy el único, la reacción del gobierno israelí cuando por la forma en que cada viernes los ciudadanos de Bil'in protestaban sin usar piedras ni la fuerza hasta el muro de separación. Las autoridades israelíes calificaron esto como un "terrorismo no sangriento". Esto es algo bueno... Es necesario ser israelí para calificar la no violencia como terrorista. Es especialmente necesario para ser incómodos [como le resultaba a los israelíes] por la eficacia de la no-violencia, que se encuentra para provocar apoyo, entendimiento -- el apoyo de todas las personas que en el mundo son adversarias de la opresión.

El pensamiento productivista, impulsado por Occidente, condujo al mundo a una crisis de la que debe salir a través de una radical ruptura con el concepto de "crecer" no solo en el campo financiero sino también en el dominio de las ciencias y la tecnología. Ya es el momento de que las preocupaciones acerca de la ética, la justicia y el equilibrio duradero (económico y medio ambiental) prevalezcan. Porque son los riesgos más serios que nos amenazan. Ellos pueden poner fin a la aventura humana en el planeta, que puede llegar a ser inhabitable para los humanos.

Pero sigue siendo cierto que el progreso más importante fue hecho después de 1948 [año de la fundación de la ONU y la declaración de los Derechos Humanos]: descolonización, el fin del apartheid, la destrucción del imperio soviético, la caída del muro de Berlín. Por otro lado, los diez primeros años del siglo XXI fueron un periodo de degeneración. Esta degeneración es explicada en parte por la presidencia de George Bush, los eventos del 11 de Septiembre y desastrosas consecuencias que involucran a los Estados Unidos, tales como la intervención militar en Iraq.

Tenemos esta crisis económica, pero todavía no iniciamos una nueva política de desarrollo. Del mismo modo, la cumbre de Copenhagen contra el cambio climático no produjo una política real para la preservación del planeta.

Estamos en el umbral entre el terror de la primera década y las posibilidades de las décadas que siguen. Pero es necesario tener esperanza, es siempre necesario. La década anterior, la de los noventa, ha sido un tiempo de gran progreso. Las Naciones Unidas tuvieron la sabiduría de llamar a conferencias como la de Río sobre medio ambiente, en 1992, y la de Beijing sobre la mujer en 1995. En Septiembre del 2000, por iniciativa del secretario general de la ONU, Kofi Annan, los 191 miembros adoptaron una declaración con "8 objetivos del milenio para el desarrollo" de la que notablemente prometieron reducir la pobreza en el mundo a la mitad para el 2015.

Mi pesar está en que ni Obama ni la UE se han comprometido a lo que debiera ser su aportación por una fase constructiva, basada en valores fundamentales.

Conclusión

¿Cómo concluir este llamado a la indignación? Diciendo todavía lo que, en ocasión del sexagésimo aniversario del programa del Consejo Nacional de la Resistencia dijimos el 8 de Marzo del 2004 -- somos veteranos de los movimientos de resistencia y fuerzas de combate de la Francia Libre (1940-1945) -- que ciertamente "El nazismo fue derrotado, gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y a las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no ha desaparecido y nuestra ira contra la injusticia sigue intacta". No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos."

A todas las personas que harán el siglo XXI, les decimos con afecto:

CREAR ES RESISTIR; RESISTIR ES CREAR.

 Artículo sobre Indignaos


¡Indignaos!
Ignacio Ramonet
(Le Monde Diplomatique)

Tiene 93 años. Se llama Stéphane Hessel. Y la historia de su vida es una fabulosa novela. Lo era ya, en cierto modo, antes mismo de que naciera. Algunos quizás recuerden aquella película de François Truffaut, Jules et Jim . Pues bien, la mujer anticonformista interpretada por Jeanne Moreau, y uno de sus dos amantes (1), Jules , judío alemán traductor de Proust, fueron sus padres. En la atmósfera artística del París de los años 1920 y 1930, Stéphane Hessel creció rodeado de los amigos de la casa, entre otros, el filósofo Walter Benjamin, el dadaísta Marcel Duchamp y el escultor Calder...

Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se alista en la Resistencia y se suma, en Londres, al equipo del general De Gaulle, quien le confía una peligrosa misión en territorio francés. Detenido por los nazis, es torturado y deportado al campo de exterminio de Buchenwald, de donde trata, una y otra vez, de evadirse. Lo acaban capturando y lo condenan a la horca. A punto de ser ejecutado, consigue usurpar la identidad de un muerto y logra por fin evadirse. Se une a la lucha por la liberación de Francia, inspirado en los principios del Consejo Nacional de la Resistencia que promete una democracia social, la nacionalización de los sectores energéticos, de las compañías de seguros y de la banca, y la creación de la Seguridad Social.

Después de la victoria, De Gaulle lo envía -tiene apenas 28 años- a Nueva York, a la ONU, cuyos fundamentos teóricos se están acicalando entonces. Allí, Hessel participa, en 1948, en la elaboración y redacción de uno de los documentos más trascendentales de los últimos seis decenios: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Regresa luego a París para integrarse en el gabinete socialista de Pierre Mendès-France, que inicia la descolonización, pone fin a la guerra en Indochina, y prepara la independencia de Túnez y Marruecos.

Los años más recientes, este noble y persistente defensor de las causas justas, diplomático de profesión, los ha consagrado a protestar sin descanso contra el trato dispensado a los "sin papeles", a los gitanos, a todos los inmigrantes...

Y si hoy nos referimos a él, es porque acaba de publicar un librito, más bien un breve panfleto político de 30 páginas, devenido -en la Francia popular sublevada contra la regresión social-, un excepcional éxito editorial y un fenómeno social. Gracias al boca a boca y, sobre todo, a las nuevas redes sociales, el texto, ninguneado al principio por los medios de información dominantes, ha conseguido franquear las censuras y llenar de esperanza miles de corazones. En apenas unas semanas, de este repertorio de las injusticias más indignantes, ya se han vendido (cuesta 3 euros) más de 650.000 ejemplares... Algo jamás visto. Su título: una consigna, ¡Indignaos! (2).

Dice Balzac que el panfleto "es el sarcasmo convertido en bala de cañón". Añade Stéphane Hessel que la indignación es la pólvora de toda explosión social. Dirigiéndose a sus lectores, les recomienda: "Deseo que halléis un motivo de indignación. Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible".

Los motivos de indignación no escasean: "En este mundo, dice Hessel, hay cosas insoportables". En primerísimo lugar: la naturaleza del sistema económico responsable de la actual crisis devastadora. "La dictadura internacional de los mercados internacionales" constituye además, según él, "una amenaza para la paz y la democracia". "Nunca, afirma, el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta, y nunca los fieles servidores de Don Dinero se situaron tan alto en las máximas esferas del Estado".

En segundo lugar, Hessel denuncia la desigualdad creciente entre los que no tienen casi nada y los que lo poseen todo: "La brecha entre los más pobres y los más ricos jamás ha sido tan profunda; ni tan espoleados el afán de aplastar al prójimo y la avidez por el dinero". A guisa de enmienda sugiere dos propuestas sencillas: "Que el interés general se imponga sobre los intereses particulares; y que el reparto justo de la riqueza creada por los trabajadores tenga prioridad sobre los egoísmos del poder del dinero".

En temas de política internacional, Hessel afirma que su "principal indignación" es el conflicto israelo-palestino. Recomienda que se lea "el informe Richard Goldstone de septiembre de 2009 sobre Gaza (3), en el cual este juez sudafricano, judío, que incluso se declara sionista, acusa al ejército israelí". Relata su visita reciente a Gaza, "prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos". Una experiencia que lo sobrecoge y solivianta. Aunque no por ello reniega de la no-violencia. Al contrario, reafirma que "el terrorismo es inaceptable", no sólo por razones éticas sino porque, al ser "una expresión de la desesperación", no resulta eficaz para su propia causa pues "no permite obtener los resultados que la esperanza puede eventualmente garantizar".

Hessel convoca el recuerdo de Nelson Mandela y de Martin Luther King. Ellos, dice, nos indican "el camino que debemos aprender a seguir". Porque, para avanzar, sólo existe una conducta: "apoyarnos en nuestros derechos, cuya violación -sea quien sea el autor de ésta-, debe provocar nuestra indignación. ¡No transijamos jamás con nuestros derechos!".

Finalmente, se declara partidario de una "insurrección pacífica". En particular contra los medios masivos de comunicación en manos del poder del dinero, y que "sólo proponen a los ciudadanos el consumo de masas, el desprecio hacia los humildes y hacia la cultura, la amnesia generalizada y una competición a ultranza de todos contra todos".

Stéphane Hessel ha sabido expresar con palabras, lo que tantos ciudadanos golpeados por la crisis y por las medidas de regresión social sienten en el fondo de sí mismos. Ese sentimiento de que les están arrebatando sus derechos, esos anhelos punzantes de desobedecer, esos deseos de gritar hasta perder el aliento, esas ganas en fin de protestar sin saber cómo... Todos esperan ahora la segunda entrega. Cuyo título, lógicamente, sólo puede ser: ¡Sublevaos!

Notas:
(1) El otro era Pierre-Henri Roché, autor de la novela con el mismo título llevada a la pantalla por François Truffaut.
(2) Stéphane Hessel, Indignez-vous! , Indigène éditions, Montpellier, 2010.
(3) NDLR: "Human Rights In Palestine And Other Occupied Arab Territories. Report of the United Nations Fact Finding Mission on the Gaza Conflict", Naciones Unidas, Nueva York, 15 de septiembre de 2009.




viernes, 21 de enero de 2011

¿Retrospectiva o prospectiva?

Ana Solari, sobre Héctor Solari


Una retrospectiva supone una mirada hacia el pasado de un conjunto de obras de un artista, tomadas en un determinado período de tiempo, de modo de mostrar su trayecto­ria. La retrospectiva mira hacia atrás; traza una línea cronológica, y parte ya de una postu­ra, de una respuesta. En este caso no me interesa, a partir de una obra específica, mirar hacia adelante sin tener en cuenta lo que vino después, sino interpretar los trabajos posteriores a la luz de ese primero que elijo. La pregunta que me formulo es: ¿estaba conte­nida en esa obra específica toda la que vino a continuación, la producción posterior del artista? Es decir, cómo se relaciona la producción del año 2000 con la del año 2010, si, en apariencia no tienen ningún punto de contacto, ni estilístico, ni formal, ni de sopor­te, ni temático.

Sin embargo, creo que sí hay un hilo narrativo que atraviesa todos los trabajos de esa déc­a­da, y me propongo exponerlo. Y, en ese sentido, en lugar de una retrospectiva, qui­siera hacer una prospectiva, es decir, llegar al futuro a partir de aquel punto de arran­que. Elijo un punto en el pasado para llegar hasta el presente del artista, para encontrar ese hilo de Ariadna que no siempre es sencillo de ver. ¿Qué motiva mi intención? La am­pli­tud de una obra que, sin embargo, puede definirse en unas coordenadas “sencillas”: las de la sensibilidad por una búsqueda constante, que considero es la única, más allá de que se exprese de diferente forma, con estilos y en soportes distintos. ¿Y cuál es esa bús­­­queda? Intuyo que lo que subyace al trabajo seleccionado como inicio de esta inter­pretación y que culmina en la última producción del año 2010 es una misma intención: mostrar la decadencia de una civilización basada en una violencia institucionalizada, culturizada, independientemente del juicio moral que pueda hacerse.

Me detengo, comienzo, por la que yo denomino Serie de los ciegos (2000). Es clara­mente una tentación para cualquier escritor, por la relación evidente con Borges, el Lazarillo de Tormes y la Justicia, que debería ser ciega, siempre.

         

Los ciegos de Solari asustan, impactan por su monstruosa ingenuidad. Pero ¿qué escon­den los ciegos de Solari? ¿Qué lo llevó a cegar, con tanta paciencia y detenimiento, los ojos de todas estas personas, que no conocemos, pero que de todos modos se nos hacen cruelmente familiares? La primera aproximación a la serie nos llena de espanto. Reconocemos la época, las vestimentas, los decorados, pero al acercarnos un poco más a las fotografías y preguntarnos qué lo llevó a trabajar con ellas, que pueden haber sali­do de cualquier álbum de familia, descubrimos con horror que todos son ciegos.
Lo atroz es que miran a una cámara que no ven; lo terrible es que nos miran sin vernos y sin que sepan que los miramos.

La serie incluye un conjunto de fotografías intervenidas, una primera violación a la representación fiel de la realidad que nos asegura la fotografía. ¿De qué realidad nos habla el artista, que lo llevó a cegar a los retratados? Centrémonos en la época de las imág­e­nes. ¿Hablamos del siglo XVIII, XIX quizá? ¿Qué representa ese período histó­rico para Solari, por qué precisamente ese y no otro? Es el tiempo de la belle epoque, la época cuando la burguesía dominó el arte, la cultura, la política, el savoir faire; cuando vida y belleza y certezas iban de la mano y nadie lo cuestionaba. El tiempo en que el mundo parecía que iba a permanecer inalterado, no importaba lo que ocurriera en otras partes, lejos, en fábricas e ingenios. La revolución industrial había permitido lujos y  modernizaciones, y las ciudades eran pequeños paraísos llenos de bibelots, poesía y música, alta filosofía y una ciencia que despertaba y avanzaba, de y para la burguesía. La vida era bella, y transcurría por los paseos y las avenidas, los sitios del encuentro pleno. Entonces, ¿por qué todos ellos ciegos? Quizá para no ver lo que se avecinaba, lo que estaba a punto de suceder. Que Karl Marx pensase que la clase obrera que haría la revolución sería la alemana, y no la rusa, como sucedió realmente, no cambia un ápice lo ocurrido. El imperio caería. La burguesía, ciega en su momento, inca­paz de darse respuestas y de perpetuarse a través de la renovación, perdió el poder, sin siquiera creer que algo así era posible. Los ciegos, que eligieron serlo, o que no se dieron cuenta de que lo eran, quedaron allí, retratados. Tampoco pudieron ver lo que vendría después. No sólo lo que estaba ocurriendo, sino lo que sucedería. El incendio. La quema. El mundo que parecía inalterado se derrumbó de un día para el otro ante las miradas ciegas de quienes lo habían construido a su semejanza. En Europa, la caída de la burguesía supuso dos demonios: por un lado la deshumanización brutal instalada después de la Revolución Rusa; por otro lado, el fascismo y el nazismo. Ciegos había en todas partes, parece comprobar el artista, y por eso los retrata. Siento, percibo en las foto­grafías intervenidas, que los acusa precisamente de esa incapacidad para ver lo que habían construido a lo largo de los siglos.




Quizá sorprendido por su propio trabajo, Solari escribió en el año 2001 un breve texto sobre los ciegos:

Era un caluroso & soleado día de mayo. El cielo, azul como barnizado. Y el aire inusualmente caliente. Las heladerías habían abierto sus puertas, y ya en las primeras horas del día las personas estaban sentadas frente a los bares, tomando té & café, observando a otras, disfrutando de este regalo estival en pleno otoño.
Fue temprano en la mañana cuando los soldados dejaron sus cuarteles. Ebrios de las victorias de los días pasados, nerviosos por el calor que comenzaba a ser insoportable, formaron pequeños grupos asaltando negocios de la ciudad vieja. Algunos vendedores fueron muertos, atados a los árboles & quemados.
Un poco más tarde irrumpieron en las residencias de las familias acomodadas. Aquel lujo, ese kitsch de porcelana, plata & oro eran una alegría para los ojos. En su embriaguez algunos soldados atraparon a los niños & niñas & mujeres de las casas, arrancándole los ojos con varas de hierro.
No por maldad, sino por diversión.
La tarde fue más tranquila y el atardecer calmo. Muchas personas salieron a pasear a orillas del pequeño arroyo; allí el aire era más fresco. Allí también se veían algunos soldados, que se lavaban las sangrientas manos.
El resto de la semana transcurrió normalmente. No hacía tanto calor, y las heladerías fueron cerrando una a una sus puertas.
Algunos soldados se quedaron en la ciudad.

Y así como se incendió Europa, cayó también el Segundo Reich, el Kaiser Friedrich   Wilhelm II, pequeño, siempre a caballo, ya no tenía límites que defender y debió comerse la humilla­ción. Y atrás de él, pocos años después, Hitler. Los cementerios. ¿Por qué Solari se ocupó con tanto detalle en estos dos asuntos? Los grabados y la magnífica re­creación de un cementerio en 3D, quizá de los primeros que hubo que no tuvieran un sentido lúdico o informativo.

La forma en que Solari encuentra para mostrar el camino al que llevó la ceguera es en una exposición conjunta, Blut&Boden (2002), con la artista Annette Voigt, que dice a las claras los que las palabras no pueden expresar. He ahí la serie de la botella de Hitler, que le costara más de un encuentro con la policía alemana y una serie de explicaciones, imposibles, por otra parte, si no se entiende la continuidad de la Historia.


Está claro que el nazismo y el Führer están prohibidos, pero una prohibición no basta para que cesen las preguntas y la ubicación histórica. ¿Cómo hablar de los cambios de la Historia sin referirse a semejante figura? Imposible, y menos para un artista que no sólo vive en Alemania Occidental, sino que, además, pasó su infancia y su juventud en un colegio alemán, educado por ellos, inmerso en su cultura y tradiciones. ¿Puede haber más mezcla que esa? Goehte y Schiller de la mano de Mein Kampf y los neonazis. Sólo alguien extranjero, alguien extraño a una nacionalidad específica,  puede sentir en la piel el significado profundo y último de estos antagonismos. Sólo el Otro ve; y ese Otro fue el que cegó a hombres y mujeres en las fotografías. Los ciegos – no los olvidemos- permitieron también esta contradicción, porque no vieron que en la belleza absoluta ya anidaba la semilla de su propia destrucción. ¿Hubiera existido una Alemania Occidental poderosa y triunfante, segura de sí, sin el desastre y la crueldad oscura y obsesiva, obscena y perversa, del Tercer Reich? Los trazos definidos en grises de distinta intensi­dad de los grabados de Solari permiten sospechar que no; y así como la burguesía ciega, retratada en tantas fotografías que no dicen ya nada más que ser testimonios de sí mismas, también las reminiscencias del autoritarismo nazi forman parte de la época presente.

              

El resultado de la ceguera fue la guerra, la terrible Segunda Guerra Mundial, y las con­secuencias, entre otras, fueron las viudas y huérfanos. En toda la Europa asolada, las viudas de guerra y los huérfanos eran legiones. Y fueron ellos los que la reconstruyeron.

Vale la pena detenerse en un texto del autor sobre las Viudas y huérfanos del siglo XX (2001):

La esposa del Consejero Ministerial Superior estaba enamorada de su marido. Aun después de quince años de matrimonio. Debo decir que él era un hombre muy serio y su bigote el más lindo de la ciudad, sin lugar a dudas. A su vez, ella tenía las piernas más hermosas y una mirada tierna.
A menudo daban grandes fiestas, en donde los miembros más poderosos & importantes de la sociedad se mostraban con gusto. En esas oportunidades la esposa del Consejero Ministerial Superior bebía champagne con placer, y si bien moderadamente, no podía impedir que un leve rubor le invadiese el rostro; al mismo tiempo sentía una enorme felicidad y un inmenso orgullo al ver a su esposo, de uniforme, convertido en el centro de la fiesta, como de costumbre.
Sí, la esposa del Consejero Ministerial Superior era realmente feliz. Y él también. Pero inteligentes no eran, ninguno de los dos.
Una tarde hermosa, durante el paseo diario, vieron un tren lleno de soldados que corría hacia el oeste, hacia el frente, pitando, lanzando humo. Observarlo producía una enorme alegría.
Después de la cena, la esposa del Consejero Ministerial Superior le dio órdenes a su empleada de que planchase bien el pantalón del uniforme, y que hiciese sitio en la biblioteca, para poder exponer todas las medallas que su esposo traería.
La empleada, la cocinera, la limpiadora y el chofer: ellos también eran felices.
Era una época idílica & cómoda, y ahora se convertiría además en HEROICA.

Sin embargo, el artista se interroga más allá de eso, que no deja de estar en los libros de Historia del siglo XX. Quizá siente que todo no es más que una gran obra de teatro, al igual que lo pensó Goethe en su momento, o los propios griegos, a los cuales Solari no escapa. Imposible evadir, eludir, la tragedia de la existencia humana. Esa tragedia, que comenzó a perfilarse con los ciegos, cobró una materialidad atroz con las viudas y los huérfanos y con el vino del Führer, se hace visible en la serie de cuadros en blanco y negro.

¿En qué piensa cuando trabaja en su serie en blancos y negros, de trazos firmes, som­bras y luces, en espacios grandes, más grandes que lo que ha diseñado hasta ahora? ¿Qué armazón escenográfica está preparando, para una obra futura que todavía no tiene una forma definida?

                    

Estas preguntas son las que me llevan a referirme a prospectiva y no a retrospectiva. El artista sabe inconscientemente, mucho antes que su propia consciencia se lo señale, lo que le depara el futuro trabajo, la creación por venir. Hay en la serie de Solari un con­junto de símbolos que después se convertirán en protagonistas de videos como Libertad (2004-2010) o Té en Kabul (2010). ¿Lo sabía, lo intuyó, lo pensó de antemano con tanta anticipación? Creemos que no en un modo explícito o consciente; creemos que el ger­men de su preocupación ya comenzaba a desarrollarse sin que quizá fuera consciente de él.

¿Cuál es esa semilla que dará frutos? La de la violencia, la de la tensión de la existencia. A la luz de lo anotado antes, la mención a la tensión de la existencia podría provenir de una postura cuasi darwiniana, pero esa interpretación sería muy obtusa. De Darwin a la supremacía aria hay un solo paso, que bastó para acusar al científico genial de nazi, y no es éste el caso ni la intención. No. La tensión y la violencia de la existencia, que el autor descubre, una vez que los ojos de los ciegos se abren (y no en vano son sus lecturas recurrentes: Heimito von Doderer, y Joseph Roth, ambos aedas del fin de un imperio, de una época, de una manera de ver y vivir el mundo), laten por debajo de sus trazos. Y después explota. No es posible, tampoco, creo, separar la peripecia personal de Solari de su propio arte. Bayreuth, cuna de una nueva ópera, del Gesamtkunstwerk de Wagner. Y su posterior estancia en Bamberg. Ciudades emblemáticas. Creo que los enormes cuadros en blanco y negro, las escenografías para una obra que todavía no fue escrita, de algún modo se relacionan con el gran músico alemán. Justamente allí el Rey de Ba­viera, Ludwig II, le prometió fundar un teatro para su festival. Ese festival continúa hasta el día de hoy, y conocemos la pasión de Solari por la obra de Wagner, por la ópera en general. Sabemos también que no fue una ciudad que amó particularmente, pero sin duda que la grandeza de los bosques y el peso de la ópera se colaron en esos cuadros. Además, Bayreuth está emparentada con aquellos ciegos: es una ciudad pequeño-burgue­sa, que durante la guerra no tuvo ningún inconveniente en ser nacionalsocialista, con todo lo que eso significa. ¿Los trazos oscuros, agudos, que irrumpen en el espacio, se adelantan a las cárceles que años después produjera? La estancia en Bamberg reviste otra simbología. Bamberg por su pequeñez casi campesina, donde el espíritu alemán tam­bién se percibe en cada recodo, en cada gesto, en cada tienda. Es una ciudad barroca –época que el artista señala como la que más lo inspira- , más allá de los trazos que aún persisten del medioevo. Es, para mí, entre esas dos ciudades que se completan los anda­miajes, aquellos de los que habláramos en blanco y negro, prolegómenos para una esceno­­grafía y una puesta en escena. Y en el trabajo de Solari irrumpe Montevideo arde (2001).

          

Aquí los ciegos, que habían cruzado el Atlántico, huyendo de las guerras, se han con­ver­tido en inmigrantes. Son restos de familias separadas por montañas y mares, que sin embargo mantienen la característica que los obligó a dejar la vieja Europa. Ciegos toda­vía, ven ahora incendiarse lo que con tanto esfuerzo habían construido en la patria que los acogió. La ceguera de allende el Atlántico, en la vieja Europa que se consumió en las dos guerras, alcanzó las tierras de donde es oriundo el artista. Nada se salva, parece querer decirnos, y vemos las llamaradas sobrevolando las casas y las villas de la parte de la ciudad propia de aquella burguesía instalada en el sur del continente ameri­cano. No sólo la ciudad arde, sino que uno de los símbolos que la representan, el Cerro de Monte­video, bastión de la revolución independentista y punto de entrada a la ciudad (y uno de los reductos más combativos de la década dictatorial) también arde, y con eso toda la ciudad. Desde la altura, el artista ve incendiarse un sueño.

No puedo menos que detenerme en un texto del autor del año 2001:

Montevideo arde
La tarde del sábado fue larga, tan larga que se hizo noche y luego madrugada. La fiesta no quería terminar. En la casa del ministro corrían champagne y licores. Había suficientes razones para ello: los últimos contratos con los países vecinos le prometían a la ciudad la duplicación de sus ingresos. Las negociaciones habían sido largas y difíciles, pero hoy, en este sábado resplandeciente, todo había llegado a un final feliz.
Los hombres estaban alterados & nerviosos, no solo a raíz del éxito, sino sobre todo a causa del champagne y de las mujeres. Ellas también estaban agitadas, por los hombres y  la humedad cálida de la noche, que exacerbaba los sentidos. Durante el baile se sudó mucho; los vestidos & los trajes se fueron aflojando. El perfume de jazmines & magnolias se mezclaba en la sala con un agradable olor a cuerpo, casi animal.
Muchas parejas paseaban por el jardín, o, sentadas sobre bancos de piedra, se abrazaban & besaban. Algunas yacían sobre el césped y se amaban.
Luego del amor se sirvió té frío & helados. Luego de los refrescos las parejas continuaron amándose.
Desde el parque de la mansión se tenía una magnifica vista de la ciudad. Hasta el río, que era ancho como un mar y que al amanecer brillaba como plata. El ministro observó esa ciudad con cariño, su ciudad, por la que tanto había hecho. Estaba conmovido & emocionado. Durante toda una hora se quedó allí parado, inmóvil, observando. Pensando. O quizás no. Luego comenzó a bajar lentamente la cuesta por anchas y sombreadas avenidas.
Todo había sido muy bien preparado y poco tiempo después el ministro había encendido las primeras pilas de leña. La ciudad comenzó a quemarse de una forma magnifica, como solo arde una ciudad tan hermosa. Nadie se dio cuenta, salvo los invitados, arriba, en el jardín de la mansión, que disfrutaron largo tiempo del maravilloso espectáculo.
Casi todos los habitantes de la ciudad murieron ese día, quemados o asfixiados. Los que consiguieron sobrevivir murieron días después, de tristeza.

Sí, años después, cuando el artista ya ha entrado en la madurez, nuevamente ve incen­diarse aquel sueño, aquella vida ordenada, armoniosa, presta a cantar las loas a todo aquello que se daba por bueno. El salto, entonces, es esperable, aunque sorprendente. De la ciudad quemada, del magnífico texto que representa ese adiós irreversible, surge la puesta en escena de las viviendas más pobres e indignas que el ser humano puede darse para sobrevivir: aquellas que son construidas con los desechos del consumo de los demás (Nuevo Montevideo, 2002-2003).

                          

Y eso muestra Solari sin temor a impresionar, a insultar la comodidad de una vida que se nutre del consumo más absurdo y ciego (y otra vez la ceguera). ¿En qué radica la va­len­­tía del artista? En que recrea algo que en su Europa, la que ha elegido como lugar de vida, todavía no existe, e instala esa visión en medio de la Bamberg barroca, histórica, inta­chable.


Aunque no lo hace, porque más de una vez ha insistido con que un artista jamás debe levantar el dedo índice, como un maestro de escuela, para expresar una verdad revelada, leo entre líneas un pensamiento: “Esto que no vieron los ciegos, esto que vino después del incendio, es lo que nos espera a todos. Nos guste o no, no podemos hacer nada para impedirlo, a menos que abramos los ojos y nos volvamos otros.” Solari ha leído a Peter Sloterdijk, quien se preocupó sobre el cambio. “Du musst dein Leben ändern” (2009) es el libro en cuestión, y quizá se trate de un concepto que hizo suyo sin darse cuenta.

El arte es la llave para volverse otro, para comprender que es necesario un cambio, abrir los ojos. Y tras la serie de las casas de cartón y desechos, que consternan e increpan al público porque lo obligan en meterse en espacios reducidos y sucios, surgen nuevamen­te imágenes en video, fuertes, violentas, que se desangran en su impotencia.



Las flores que llueven sobre Frankfurt. La ciudad derruida. Todas las ciudades en ruinas. ¿Hay acaso un ave fénix en alguna parte? No es clemente el artista, no perdona, ni se per­­dona a sí mismo. Retoma aquella escenografía densa y cruel para armar la terrible Libertad (2004-2010), que recientemente fue expuesta en el Museo de la Memoria, en Montevideo, su ciudad natal, y que tanta revulsión causó en el público. Basta con leer el texto de Carlos Liscano del año 2010, ex preso político, y actual director de la Biblio­te­ca Nacional de Montevideo, en esa misma prisión que Solari recrea, para comprender el alcance y la densidad de lo propuesto.

Lo molesto no son los ruidos, es el no saber quién los hace. Es una frase que pensé hace muchos años y nunca escribí. No necesité hacerlo. La recuerdo siempre que un ruido me molesta. Si logro identificar el origen del ruido, deja de molestarme.
Fue lo que se me ocurrió cuando por primera vez vi Libertad, el trabajo de Héctor Solari. Hay en él golpes, ruidos, que me molestan. Del mismo modo que aquel día, hace más de treinta años, me molestaba una puerta que se golpeaba y yo no lograba ver. Fue así: era invierno, hacía viento, y una puerta pequeña, de metal, que quedaba fuera del ángulo de mi visión, se golpeaba y me golpeaba. El ruido, monótono, durante quince o veinte horas de corrido, llenaba la celda, se me metía en la cabeza, no me dejaba hacer nada. Parecía que en el mundo solo existiera aquel golpe repetido, que se transformaba en un castigo. Un castigo que no venía de la voluntad de nadie, que era la conjura contra mí del viento y una puerta que alguien había olvidado cerrar. Yo sabía dónde estaba la puerta y de modo totalmente irracional me parecía que, si lograba verla, el ruido dejaría de molestarme. Así fue que surgió la frase, tratando de definir aquella molestia que un hecho “incausado” me provocaba.

Y entonces irrumpe la guerra. Imprevistamente, como cualquier guerra, no importa qué tan anunciada esté. No importa que sea la “crónica de una muerte anunciada”. El primer bombardeo, el primer aullido de dolor; el primer edificio que vuela por los aires, siem­pre es atroz. Sin embargo, en Té en Kabul (2010), Solari recrea una y otra vez, con minu­­­ciosa lentitud, los embates del enemigo que arrasa una ciudad y un país que en su momento resplandeció por su cultura, su brillantez, su filosofía y su arte. De Kabul apenas nos quedan las imágenes brutales de los tanques que entran a la ciudad; las mu­jeres escondidas bajo las burkas y una taza que se hace añicos. Y no conforme con ese maravilloso video, que recrea imágenes con unos dibujos que sorprenden por la fineza del trazo y la precisión de las figuras borrosas, agrega el libro. El libro que regis­tra paso a paso los estudios sobre la guerra, sobre el campo de guerra. Y el grupo de dibujos y bocetos que se convirtieron en ese video. El conjunto: dibujos, libro y video explota ante los ojos atónitos del espectador, y junto a la música y el sonido, el ánimo se va oscureciendo, y por fin se instala la realidad. Si un artista se propone modi­ficar al espec­ta­dor, inducirlo a pensar, sentir y reflexionar, es lo que Solari logra, con suma y fina ele­gancia, con este trabajo. Nadie entra y sale igual de esta exposición. Nadie sale ciego. Se puede entrar ciego, como aquellos hombres y mujeres de los retra­tos que men­cio­na­mos al principio. Pero la ceguera pierde sus vendas, abre los ojos y la luz es incle­mente. Imposible volver atrás, nos dice el artista. Se pierde la virginidad. En Último vuelo (2005), un breve video, casi de corte documentalista, podemos intuir el preámbulo a su último trabajo, Té en Kabul. Sobre ese asunto, el artista expresó:

En realidad es más que nada el atentado del 11.09.2001 lo que ha hecho cambiar claramente la postura del arte frente a la realidad y su responsabilidad política. Si bien la caída del muro genera un vacío ideológico y permite la “canalización” de los contenidos en el arte, esta situación vuelve a cambiar tras el atentado a las Torres Gemelas. Creo que a partir de esa fecha ya no es posible un arte completamente desligado de la realidad política mundial, aunque esta realidad no se perciba ya en términos ideológicos ni como dicotomía entre el bien y el mal.

La preocupación explícita, la manera de asumir lo ocurrido en el nefasto setiembre a comienzos del siglo XXI, se plasma en Té en Kabul. No debemos olvidar que antes de ese trabajo, hubo otros relacionados con la guerra, quizá esbozos o intentos del incons­ciente que ya se alertaba ante los sucesos mundiales. Entonces creemos que el largo pe­ri­plo, que comenzó en el año 2000 con la serie de los ciegos, culmina con Té en Kabul, de 2010, y supone, casi como en el caso de una tragedia griega, el camino de un héroe (o antihéroe) que descubre la realidad a su paso, independientemente de que le guste o no. El arte es valiente; el arte está unos pasos más adelante de lo que percibimos y senti­mos todos, o, tiene la capacidad de ponerle nombre a lo que apenas nos anima­mos a nom­brar. En el caso de Solari, creemos que su trabajo es precisamente ese: mostrar, nombrar, abrir los ojos. Y vale la pena verlo.

Ana Solari, Tempagnano, enero 2011


lunes, 22 de noviembre de 2010

Marilyn Manson, una lectura posible

Introducción
La hegemonía de Estados Unidos en la producción y difusión de
imágenes ha llevado a que sean consumidas por el conjunto de la
sociedad occidental. Esas imágenes revelan la ideología y la idiosincrasia
norteamericana, en forma explícita e implícita, y sus connotaciones
son comprensibles por todos y asumidas como parte
de una identidad global. El consumo de imágenes producidas en
centros geográfica y culturalmente alejados de la región no impide
que no sean percibidas como ajenas, y esto permite constatar dos
fenómenos, entre otros, destacables en relación con este trabajo.
Por un lado la sensación de que los contenidos culturales y sociales
(personajes, características étnicas, música, narraciones) de esas
imágenes también forman par te del imaginario nacional, reconociendo
y asimilando paisajes urbanos y rurales -lejanos en el espacio-
como parte integrante de una escenografía ficcional regional.
Pero por otro lado, la noción de la distancia notoria que hay en esas
mismas narraciones audiovisuales respecto de la realidad «real»
que hace a los países del Tercer Mundo, en particular al Uruguay.
Esa ambivalencia permite compartir similares situaciones de terror,
angustia o romanticismo y a la vez sentir la diferencia que
existe entre esas propuestas y el entorno cotidiano. Sin embargo,
algunas de esas imágenes, que parecen totalmente ajenas a una
cierta manera de ver y explicar la realidad, se emparentan con ésta,
ya que no se trata únicamente de la forma en que aquélla se transmite,
sino del contenido del mensaje emitido.
En este caso particular, se trata de hacer una lectura del fenómeno
Marilyn Manson desde una aproximación estética y ética a su propuesta.
El punto de partida es la sensación de que si bien lo explícito
no parece tener mayor correlato en esta parte del globo, el
contenido y lo simbólico sí podrían tenerlo. A ese respecto basta
con mencionar la larga entrevista realizada a Ricardo Henry y Daniel
González -dos escritores de la nueva generación-, por Ana Inés
Larre Borges en Brecha, para entender que el fenómeno de la violencia
y el arte no son ajenos a este territorio y mucho menos a los
jóvenes. Podrían señalarse también, más allá de esa entrevista,
diferentes clips musicales nacionales, como los de Buitres después
de la una, Los Traidores, La Trampa, o los más cercanos del
Peyote Asesino o Plátano Macho.


Pero un grupo como Marilyn Manson permite centrar el análisis en
forma idónea, porque el contenido simbólico y la masificación de su
mensaje lo hacen generalizable a toda una situación, más allá de
límites geográficos, que escapa al rock y al espectáculo, y tiene más
que ver con una lectura de la sociedad contemporánea.
Este trabajo intenta una aproximación a Marilyn Manson desde un
punto de vista de sus contenidos simbólicos religiosos -fundamentalmente
judeo-cristianos-, en el entendido que la religión es una
categoría estructural que contiene a las distintas manifestaciones
de la humanidad: estructura política, económica, social y cultural,
quizá porque la religiosa fue la primera forma de organización e
interpretación que se dio el hombre ante la grandeza y el desafío de
su propio misterio.
«Todos los movimientos artísticos modernos buscan, de forma consciente
o inconsciente, destruir los universos estéticos tradicionales,
reducir las formas al estado elemental, germinal y larvario, con la
esperanza de crear 'nuevos mundos'. Dicho en otras palabras, abolir
la historia del arte y reintegrar el momento auroral en que el hombre
veía el mundo por primera vez».


El origen
«Desierto. Casas rodantes. Una niña señala una de ellas. En el
interior, un hombre es desper tado. Es el elegido. Una mujer lo
baña, le lava los pies, lo viste. Afuera lo espera una multitud vestida
de negro. El elegido se incorpora a ellos, va al frente de una
procesión casi circense, avanza. A su lado la mujer y la niña. Se
detienen ante un ruedo. El elegido es separado de los demás. Los
mira, lo miran. De frente, se desnuda el torso y espera. La niña
toma una piedra. Los otros la imitan. El elegido cierra los ojos. »2
El clip mencionado más arriba contiene elementos que hacen a la
cultura norteamericana (el desierto a conquistar, las casas rodantes
-nuevas formas de habitación de los desempleados o subempleados-),
pero que van más allá de ella. Sin embargo, puede llamar la
atención que un artista como Marilyn Manson, identificado con un
género musical denominado shock-rock, realice un trabajo que tiene
un contenido simbólico religioso (judeo-cristiano) notorio. En un país
como Estados Unidos, que es una amalgama racial, cultural y social,
con una fuerte presencia de moral religiosa, no es casual que
surja un grupo como Marilyn Manson. Quizá en una sociedad menos
moralista y creyente, la banda no habría tenido un impacto tal.
Esa sociedad se perpetúa gracias, también, a la aparición de fenómenos
como este, que polarizan a la opinión pública, siempre ávida

por encontrar enemigos a quienes escupir o ídolos a quienes adorar.
Para muchos, Marilyn Manson encarna el mal y la negación de
los valores establecidos; para otros, es un genio. La desaparición
de enemigos fácilmente identificables que permanentemente amenacen
la seguridad interna hace necesario encontrar otros blancos
en quienes encarnizarse. Y esta banda parece adaptarse muy bien
a ello, atrayendo sobre sí las miradas airadas de padres, instituciones
e iglesia.
Sin embargo, un análisis más profundo de su propuesta muestra que
en realidad su mensaje es profundamente humano, moral y hasta
religioso. Hacer una interpretación sobre la base del impacto visual y
soslayar el discurso moral y religioso sería quedarse únicamente con
lo superficial.
Que la banda provenga de Miami puede parecer, a simple vista, un
detalle anecdótico. Sin embargo, la evolución que ha tenido la producción
artístico-intelectual, que siempre va de la mano del acontecer
político, ha sufrido una variación espacial. La creciente importancia
del elemento latino ha convertido a Miami en algo más que
un sitio de ocio para jubilados y pensionistas. Es cierto que ese
lugar no tiene la tradición de la costa oeste o de la este en cuanto
a producción cultural; siempre ha sido considerado algo kitsch,
chabacano, un gran shopping mall. Ha sido subestimado y despreciado
en lo que tiene que ver con expresiones artísticas. La reivindicación
del son y de la música tropical en general le han dado otra
perspectiva, así como cierto auge de seriales y actores latinos. Por
eso, en un coto reservado hasta el momento a cubanos y caribeños,
Marilyn Manson parece reconquistar el territorio anglosajón.
El grupo nace en Fort Lauderdale en 1989, como una banda más
de heavy metal. En pocos años se transforma en un fenómeno
masivo de los medios audiovisuales. La parte espectacular de su
propuesta es tan solo un medio para transmitir un mensaje, aunque,
como en pocos grupos, ambos se confunden y se hacen uno
solo. En Marilyn Manson pesan por igual lo textual y lo visual. Las
imágenes no son un soporte o una recreación del texto -como sí lo
es en la mayoría de los clips y videos musicales- sino que ambos
lenguajes están estrechamente relacionados. La simbiosis de los
dos se concentra en el icono que ha hecho el artista -líder y vocalista
del grupo- de sí mismo, empezando por su nombre y el de los
demás integrantes.
El arte y la cultura no son fenómenos independientes del acontecer
histórico. Entre fines de los años '60 y los '90, el discurso de
la música popular ha ido variando a la par de la política. En los
sesentas se alzaron las voces airadas de Bob Dylan, Joan Baez y

otros cantautores. Luego de la separación de los Beatles, John
Lennon se hizo voz de una generación interesada en la paz y la
convivencia entre las personas, pero reclamando más espacio para
el individuo. A fines de los años '80, con el retorno de las democracias
en varias partes del mundo, y las revoluciones en distintos
lugares del Tercer Mundo, se hace oír la voz de Sting, que combina
los derechos humanos y la defensa del ambiente, la ecología y las
minorías étnicas, a quien luego se le suma Peter Gabriel. A fines
de los años '80 la tendencia desideologizadora es una realidad
que implica un claro vacío discursivo. Y en un marco sobre el cual
el posmodernismo ha derramado toneladas de tinta, irrumpe este
andrógino violento y provocador, un neoprimitivo tecnológico. Marilyn
Manson hace una conjunción de los opuestos y reúne todos los
discursos en una sola náusea: la masa y el individuo, la condena
de lo diferente, el abuso de poder, la violencia contra el ambiente y
contra los débiles, el fascismo de los medios.
La banda -y el hombre- debe su nombre a la cruza de Marilyn Monroe
y Charles Manson, quienes, según ha declarado, fueron las dos
figuras protagónicas de su infancia y adolescencia. Si Marilyn Monroe
representó el ideal de mujer deseada por hombres y mujeres, dueña
de un erotismo autorizado, el halo de tragedia que rodeó su final
no hizo más que incrementar su poder simbólico, incluyendo el
publicitado vínculo con los hermanos Kennedy. Charles Manson fue
la otra cara del pacífico mundo de los niños de las flores. El clan
usó las mismas herramientas que los hippies para cometer actos
de violencia y sadismo inusuales en aquella época. En un mundo
convulsionado como el de hoy, los crímenes de Charles Manson no
sorprenderían a nadie y es probable que algún productor avispado
de Hollywood comprara los derechos para película y biografía.
La figura femenina de Mr. Manson sustituye las formas opulentas
de la Monroe y se transforma en una suerte de andrógino que atrae
y repele a la vez. De Charles Manson toma la violencia en apariencia
gratuita, para hacer una crítica profunda a un sistema que condena
la criminalidad pero que vive de la industria bélica. En varias
entrevistas, Mr. Manson ha reiterado que no hay diferencia entre un
crimen y la guerra, la diferencia está dada por la ideología fascista
norteamericana. Y contra ella es que apunta todas sus armas.
El sistema americano se ha caracterizado por deglutir sin problemas
las críticas y las rebeldías hasta transformarlas en parte de sí.
Cabe entonces la pregunta si la banda y el propio Manson no corren
el riesgo de ser tragados por el monstruo que atacan. Algunos elementos,
sin embargo, distinguen a Manson de otros grupos que
apelan a la exageración para trepar en las listas de ventas. El discurso
de Manson ya estaba armado antes de que Trent Reznor, de

los Nine Inch Nails, los invitara a participar en el lanzamiento de su
sello Nothing Records. Teniendo en cuenta los excesos de las
performances de Nine Inch Nails es lógico que Reznor llamara a Mr.
Manson. No cualquiera puede competir con aquellos en crueldad y
asquerosidad sobre un escenario.
Rápidamente Manson se convirtió en un fenómeno de público y de
los medios, a quienes alimenta mientras ellos le dan vida. Pero no
es la primera banda musical que utiliza el horror y lo repugnante en
sus shows. Antes de ella existieron Alice Cooper, Kiss, Ozzy Ozzborne
y el propio David Bowie, pero no existía una MTV que reprodujera
sus imágenes a todos los rincones del planeta. La diferencia radica,
por un lado en los medios, que han difundido la propuesta y
participado de las ganancias, y por otro, en el momento histórico.
Marilyn Manson es el grupo del fin del milenio, más allá del espectáculo,
que podría compararse con el prehistórico Rocky Horror
Show o la Tiendita de las atrocidades atrocidades.

Nuevas formas de religiosidad vieja
Pero ¿qué representa y qué necesidades viene a cubrir, para que su
mensaje resulte atractivo pese a todo? Si es consumido, más allá
de la moda, es porque la sociedad ha encontrado algo en él que le
estaba faltando. Mr. Manson representa una necesidad de religiosidad
primitiva, casi animal. Una aproximación directa al interior, accesible
sin mediadores ni culpas, clara y definitiva. Asume además
el rol del chivo expiatorio, común en las sociedades más antiguas,
sin diferenciarse demasiado de la figura de Jesús. Siendo la
contracara del Mesías, su mensaje también es de redención, pero
no a través del amor y el perdón sino del odio, el caos y la destrucción.
El espectáculo de la banda ofrece una aproximación directa y
sin mediadores a la divinidad perdida.
Su discurso se basa sobre todo en tres aspectos: violencia, sexualidad
y muerte. Y no es casual: son las tres prohibiciones que han
presentado, a lo largo de toda la historia, todas las sociedades. Y
en ésta, terminando el siglo, han quedado fuera de control. Eso es
lo que muestra Mr. Manson y por eso repele y fascina a la vez.
Porque en el fondo es un espejo de cada uno, y lo que refleja no es
agradable. Llama a la reflexión, aunque la pregunta es si realmente
el mensaje de sus transgresiones es claramente interpretado por el
público o si no deja de ser una moda más.
«La sociedad humana no es solamente el mundo del trabajo. Esa
sociedad la componen simultáneamente -o sucesivamente- el mundo
profano y el mundo sagrado, que son sus dos formas comple
mentarias. El mundo profano es el de las prohibiciones. El mundo
sagrado se abre a unas transgresiones limitadas. Es el mundo de
la fiesta, de los recuerdos y de los dioses.»3

Y: «La transgresión no es la negación de lo prohibido, sino que lo
supera y lo completa... No existe prohibición que no pueda ser
transgredida. Y, a menudo, la transgresión es algo admitido, o incluso
prescrito».4
Si la sociedad se ha profanado -ha profanado lo sagrado- lo que
hace Mr. Manson es re-nombrar lo sagrado. Que su discurso haga
pie en la parte oscura del espíritu humano se condice con la época
contemporánea: «Los hombres están sometidos a la vez a dos impulsos:
uno de terror, que produce un movimiento de rechazo, y otro
de atracción, que gobierna un respeto hecho de fascinación. La
prohibición y la transgresión responden a esos dos movimientos
contradictorios: la prohibición rechaza la transgresión, y la fascinación
la introduce. Lo prohibido, el tabú, sólo se oponen a lo divino
en un sentido; pero lo divino es el aspecto fascinante de lo prohibido:
es la prohibición transfigurada».5

La historia de las religiones señala dos caminos opuestos en la búsqueda
del conocimiento y la verdad: el de la «derecha», asociado tradicionalmente
con el «bien», y el de la «izquierda», vinculado al mal. El
cristianismo y sus iglesias, como agente de estructuración y contención
de la comunidad, han hecho primar el camino del bien por encima
del mal. Pero la lucha, en los inicios, fue despareja. Antes de que
el cristianismo se transformara en el dogma hegemónico de la enorme
oferta de creencias6 , el bien y el mal no estaban separados tal
como hoy se los conoce y acepta. Es necesario que exista el mal para
conocer y creer en el bien. El concepto del mal ha estado vinculado
siempre a la idea de destrucción, a la disolución de estructuras conocidas,
es decir, a la violencia. La importancia de lo religioso, en cualquier
comunidad, ha sido la de mantener la violencia bajo control, a
través de una serie de rituales, normas y prohibiciones. Si la violencia
se instaura en una sociedad, la consecuencia última es la desaparición
de aquélla. Con el correr del tiempo la humanidad sustituyó los
rituales y los diferentes tabúes por el sistema judicial. Pero antes de
que esa institución existiera, las diferentes sociedades habían creado
distintos mecanismos para prevenir el mal -la violencia- creando un
muro de contención a su alrededor. Para evitar la violencia generalizada
se permitía una violencia sagrada, a través de sacrificios, en el
campo de batalla, en ritos de iniciación.

«La presencia de lo religioso en el origen de todas las sociedades
humanas es indudable y fundamental. De todas las instituciones
sociales, la religiosa es la única a la que la ciencia nunca ha conse
guido atribuirle un objeto real, una función auténtica. Afirmamos
pues, que lo religioso tiene por objeto el mecanismo de la víctima
propiciatoria. Su función consiste en perpetuar o renovar los efectos
de este mecanismo, esto es, mantener la violencia fuera de la
comunidad».7

Una vez instaurado, el cristianismo y sus iglesias -sobre todo la católica-
propulsaron una religiosidad oficial, burocrática, e intentaron anular,
casi con éxito, cualquier expresión de religiosidad popular y directa.
Si antes la comunicación con la divinidad y con el ser interior se
realizaba a través de ritos hoy considerados crueles, llegando a estados
de éxtasis y de clarividencia mediante el uso de drogas y sustancias
alucinógenas, con la hegemonización del cristianismo, la iglesia
controló esos aspectos humanos de aproximación a lo sagrado, controló
la crueldad y las sustancias, y las adaptó a su liturgia y a su
ideología, vaciándolos de contenido. Sólo en ocasiones se permiten
la flagelación, la autotortura y la mutilación como formas de desarrollo
espiritual. Algunas festividades religiosas repiten la crucifixión y
dentro de los conventos persisten los ayunos, los cilicios y las represiones.
«En el sacrificio cristiano, la responsabilidad del sacrificio no se da
en la voluntad del fiel. El fiel sólo contribuye al sacrificio de la cruz
en la medida de sus faltas, de sus pecados. A causa de ello, se
quiebra la unidad de la esfera sagrada. En el estadio pagano de la
religión, la transgresión fundaba lo sagrado, cuyos aspectos impuros
no eran menos sagrados que los puros. Lo puro y lo impuro
componían el conjunto de la esfera sagrada. El cristianismo rechazó
la impureza. Rechazó la culpabilidad, sin la cual lo sagrado no es
concebible, pues sólo violar la prohibición abre su acceso.»8
Pero pese a los intentos de erradicar la violencia, ésta se encuentra
profundamente enraizada en las sociedades, y en la actual parece
fuera de control: no hay algo que se le oponga para recuperar un
equilibrio. Las pulsaciones de vida y muerte se manifiestan y son
reguladas por el hombre sin que éste se dé cuenta de ello. Observando
el panorama actual pareciera que esas pulsaciones están
fuera de control debido a que el marco que las contenía se ha hecho
difuso.
En Oriente, en Grecia y en los inicios en Roma, había épocas del
año fijadas especialmente para liberar las fuerzas vitales, Eros y
Tanatos. Durante los ritos báquicos y dionisíacos, en los cuales
solía haber víctimas humanas, se daba rienda suelta a la pasión y
al desenfreno y el orden se volvía desorden. Incluso los siervos y
los esclavos eran atendidos por sus amos en un claro simulacro de
consagrar valores opuestos a los establecidos. Estas fiestas eran

 el espacio autorizado para liberar aquellas pulsaciones, que si son
reprimidas se vuelcan a la sociedad de todas formas. La violencia
genera violencia y la única forma de contenerla es dándole un aspecto
sagrado que tiene visos de legalidad. Vida y muerte son celebradas
como unidad que permite la continuidad de la especie. La
vida nace de la sexualidad y ésta a su vez está estrechamente
vinculada a la violencia. Sólo a través de ritos formalizados puede
dársele a la sexualidad nuevamente la calidad de «pureza» que tuvo
en su origen.
«La sexualidad es impura porque está relacionada con la violencia...
Para interpretar la impureza de la sangre menstrual, hay que
referirla a un tiempo a la impureza de la sangre derramada criminalmente
y a la sexualidad. El hecho de que los órganos sexuales de
la mujer sean el lugar de un derramamiento periódico (hay que tener
en cuenta que la sangre derramada es consecuencia de la violencia),
es la manifestación clara de su accionar. La sangre siempre
ha impresionado prodigiosamente a los hombres en todas las
partes del mundo porque parece confirmar la afinidad, manifiesta
ante sus ojos, entre la sexualidad y las formas más diferentes de la
violencia, susceptibles todas ellas, también, de provocar unos derramamientos
de sangre.»9
El que Mr. Manson, entonces, adopte la figura femenina como dramatización
de su identidad no es casual y puede explicarse por lo
dicho más arriba. Pero no es una figura femenina agradable sino
grotesca y brutal, que llama a ser despreciada y vilipendiada. Provoca
una reacción violenta porque la atracción es irracional y asusta.
«Al igual que la violencia, el deseo sexual tiende a proyectarse sobre
unos objetos de recambio cuando el objeto que lo atrae permanece
inaccesible. Acoge gustosamente todo tipo de sustituciones...
Hay que observar, por otra parte, que el deslizamiento de la violencia
a la sexualidad y de la sexualidad a la violencia, se efectúa con
gran facilidad... La sexualidad contrariada desemboca en la violencia.
La excitación sexual y la violencia se anuncian un poco de la
misma forma». 10
Pero si se suprimen la magia y el ritual, y se los sustituye por
discursos dogmáticos y vacíos, lo prohibido cobra mayor interés y
su manifestación queda fuera de control. Si, además, el sistema
judicial deja de ser creíble en el imaginario colectivo y no hay religiosidad
que lo sustituya, entonces el fenómeno Manson es más
que comprensible, es necesario. Necesario para conmover a una
sociedad y que del caos emerjan nuevas formas de ordenamiento.
Del mismo modo que en un partido de fútbol puede tomarse la
violencia desbordada como la pasión de los fanáticos y no como

 expresión y síntoma de problemas más profundos.
Mr. Manson encarna una esencia femenina desfigurada y chocante,
y así apela a la provocación y a la náusea. Lo que hace, además de
recuperar una religiosidad perdida a través de su contracara, es
sacar de foco la moral y la corrección política para que aflore una
sacralidad atávica, fuera del marco de lo sagrado, potenciando esto
a través de su transvestimiento. Es una transgresión clara de las
convenciones establecidas. En ese sentido, la propuesta de Mr.
Manson se aleja bastante del satanismo del que se lo acusa para
acercarse más al neopaganismo, y a las crueles visiones críticas
formuladas por artistas como Stelarc, SRL o Chico Mac Mutrie, en
las que el miedo más ancestral, el espanto y la alta tecnologización
son el espectáculo, el mensaje y el medio. 11 Y si efectivamente se
acepta la tesis de que violencia y sexualidad son conceptos inseparables,
y que la impureza de la mujer se relaciona con éstos, entonces
el transvestismo de Mr. Manson y su banda es lógico y necesario.
Sin aquél, el discurso no sería creíble. A la impureza de la sexualidad
y la violencia, se suma la de la figura femenina. Es a través
del espectáculo que el artista recupera la pureza de las manifestaciones
humanas, las más primitivas y naturales, tan menoscabadas
y convertidas en objetos de consumo mediático en la sociedad
actual. El sexo y la violencia venden periódicos, noticieros y películas.
Manson los utiliza para llamar la atención sobre ellos y devolverles
el lugar sagrado que alguna vez tuvieron.
En su afán por reprimir las manifestaciones vitales el cristianismo
creó la figura de Satán, y por eso no es casual que se acuse a Mr.
Manson de ser un satánico. Si bien es cierto que el fundador de la
iglesia satánica, Anton La Vey, lo nombró reverendo, no es menos
cierto que ni en los clips ni en los espectáculos aparecen señales o
símbolos de satanismo. Sobre La Vey, Manson ha dicho: «Anton
aprecia lo que yo hago porque le proporciona más gente para lo que
él hace, pero no me considero un portavoz de la iglesia porque es
una de las muchas filosofías con las que me identifico. Somos
amigos».12 Las influencias del artista se encuentran en Darwin,
Freud, Alestair Crowley, la cabbalah y Nietzsche. Lo de Manson es
paganismo y neoprimitivismo. Hay que detenerse brevemente en la
figura del Satán invocado para darse cuenta de que Manson en
todo caso representa la figura de Lucifer y no la de Satanás.
La diferencia entre Lucifer y Satán fue instaurada por la iglesia católica
tardíamente. Lucifer no era el nombre del diablo, es el poeta Milton
quien lo bautiza así. En el Apocalipsis se lo menciona como «la resplandeciente
estrella de la mañana». En el siglo IV existía una secta
cristiana denominada de los Luciferianos. El origen de la palabra es
Lucíferus, el portador de luz, el que ilumina. Surgió de las profundida
des del Caos y era el que llevaba la luz -la sabiduría- a la tierra. Es el
ángel que se rebela a Dios para llevar el conocimiento a los hombres.
Es una figura transgresora per se.
Posteriormente, cuando el nuevo dogma prospera y el distanciamiento
del Viejo Testamento se confirma, la iglesia lo convierte en Satán,
el ángel de las tinieblas. Es en su figura y su reino, el infierno, donde
el clero libera las fantasías más perversas, válvula de escape de una
sexualidad reprimida que de ese modo se canaliza sin perjuicio de la
comunidad. No es casual que San Agustín se preocupara tanto y con
tanta minucia por detallar todos los pecados posibles y los castigos
correspondientes. Las fantasías que debían permanecer encerradas
en el imaginario del infierno pronto requieren un cuerpo material donde
concretarse, y la Inquisición es la encargada de definir, encontrar y
condenar los delitos. El nombre de Satán anula la figura de Lucifer
que pasa a ser sinónimo de aquél. Las perversiones y las crueldades
pueblan los círculos del infierno, pero han salido de mentes y corazones
creyentes y muy humanos.
En su libro A long har hard d r road oad out of hell hell, Mr. Manson hace
referencia a que las acusaciones que le hacen los cristianos son
mucho peores a lo que realmente sucede en el escenario; y se
pregunta quién tiene la mente más retorcida, si él por lo que sugiere
y muestra, o los demás, por los excesos imaginarios de los que
es acusado.


Tribus urbanas
El fin del milenio presenta un creciente vaciamiento de los valores
establecidos. Existe una pérdida de fe en las religiones oficiales e
instituciones laicas vinculadas a la sociedad civil así como una desconfianza
en los partidos políticos y en los agentes de poder económico
y militar. Como contrapartida al desconcierto generalizado se
da una difusión masiva y global de cultos y filosofías que mezclan
conceptos, ritos y creencias de la más variada índole. Las personas
cada vez más tienen la acuciante necesidad de pertenecer a algo,
no importa a qué, que sustituya los antiguos grupos naturales (escuelas,
amigos, partidos políticos, gremios etc.). En El Hor Horror or Eco- Económico
nómico nómico, V. Forrester señala que las grandes urbes han
deshumanizado las formas de convivencia y anulado los espacios
de desarrollo a niños y jóvenes. La ausencia de esos espacios
-tanto físicos como psicológicos- es sustituida cada vez más por
otros muy diferentes. Las tribus y las pandillas, grupos generalmente
marginales o subterráneos, cumplen el rol de iniciación que
antes estaba reservado a padres y educadores. En la medida en
que el hogar y los centros de educación han perdido la función

conglomeradora y socializadora que tenían antes, la noción de pertenencia
a un grupo varía en cuanto a sus reglas. Se pertenece a
grupos fuera de la sociedad establecida, porque ésta es la culpable
de haber sido expulsados de ella. En esas nuevas agrupaciones, lo
simbólico no escapa a la violencia y a la sexualidad, con una permisividad
más amplia a la de la sociedad tradicional. Las leyes internas
son similares a las que regían el funcionamiento de las antiguas
tribus; los rituales de tatuaje, escarificación, body piercing y
búsqueda de nuevas identidades -que incluye la sustitución del nombre
y el cambio de apariencia- forman parte del juego. A la anomia
imperante se responde con otras formas de agrupamiento. Si a
esto se le suma que las nuevas generaciones, crecidas bajo la
égida de la televisión y que carecen del debido desarrollo de una
estructura de pensamiento abstracta y racional inducida por el lenguaje
textual en oposición al de las imágenes, entonces el fenómeno
de subgrupos o grupos marginales en cuanto a una comunicación
establecida sobre la base de códigos de comprensión comunes,
se hace más profundo.13

Pero si bien en todas esas agrupaciones persisten los rituales de
iniciación, el significado profundamente religioso que antes tenían
el tatuaje y la mutilación es ahora sólo una manera de señalar que
se es distinto o que se pertenece a determinada tribu. Las nuevas
razas-tribus urbanas conforman el «primitivo moderno», que según
Mark Dery14 «es una denominación genérica que incluye a los fans
del tecno hard-core y de la música de baile industrial, a los fetichistas
del bondage, a los artistas de performance, a los tecnopaganos y,
finalmente, a los aficionados a las suspensiones con ganchos subcutáneos
y demás formas de mortificación ritual o de ‘juegos corporales’
que, supuestamente, deben engendrar nuevos estados
de conciencia».
Mr. Manson, incluyendo su investidura de la iglesia satánica, puede
ser interpretado como uno de los sacerdotes de las nuevas tribus,
las que basan su existencia en la transgresión de las prohibiciones:
la violencia, la sexualidad indiferenciada y el caos.
Según Mircea Eliade: «La iniciación comporta generalmente una triple
revelación: la de lo sagrado, la de la muerte y la de la sexualidad.
El niño ignora todas estas experiencias; el iniciado las conoce,
las asume y las integra en su nueva personalidad... La ceremonia
de iniciación comienza por la separación del neófito de su familia y
una retirada a la espesura... (Hay que destacar) que los ritos de
entrada a una cofradía secreta corresponden punto por punto a las
iniciaciones de pubertad: reclusión, tor turas y pruebas iniciáticas,
muerte y resurrección, imposición de un nuevo nombre, enseñanza
de una lengua secreta, etc.».15


La espesura urbana es la discoteca o el teatro donde se realiza el
espectáculo; el joven conoce -gracias a los medios y muchas veces
a experiencias propias- mucho más acerca de sexualidad y muerte
que el neófito de antaño, pero ese conocimiento no sirve de nada
porque carece de significado y de un marco propicio donde desarrollarlo.
Mr. Manson ofrece el espacio y la lengua «sagrada» para
renombrarlos y re-vivirlos, y para alcanzar nuevos estados de conciencia,
según sus palabras: que cada uno piense y elija por sí
mismo. Es, nuevamente, un llamado a la rebelión contra la
masificación social y cultural. Y sobre nuevos estados de conciencia
ha hablado el artista en varias oportunidades y han sido el motor
y leitmotiv de su disco Anti-Christ Superstar Superstar.
Encerrada en una antigua casa de velatorios en Nueva Orleans, la
banda se dedicó a practicar toda clase de excesos físicos y psicológicos
-similares a una sesión de tor tura- en la cual se sucedieron
instancias de automutilación, trance, consumo ilimitado de drogas
y alcohol, desenfreno sexual, sadomasoquismo, privación del sueño,
hasta que al gusano por fin le crecieron alas y se transformó en
mariposa. El ritual de iniciación se cumplió y de la crisálida emergió
el nuevo Mr. Manson. En el camino quedó el guitarrista, que renunció
a la banda, abrumado por las experiencias vividas durante la
grabación.
La aparición de alas en el ser humano después de un rito de iniciación
es una figura conocida en las diferentes religiones, de alto
contenido simbólico. A tal punto ha deseado el hombre transfigurarse
y poder parecerse a los ángeles, que los intentos de una cirugía
plástica sólo siguen el camino marcado por Leonardo da Vinci.16
El deseo de trascender lo humano y «volar» en pos de algo distinto
tiene que ver con la religiosidad de las formas y los deseos, aunque
no se lo exprese en esos términos. «Sólo en las modernas
sociedades occidentales se ha desarrollado plenamente el hombre
arreligioso. El hombre moderno arreligioso asume una nueva
situación existencial: se reconoce como único sujeto y agente de
la historia, y rechaza toda llamada a la trascendencia... El hombre
se hace a sí mismo y no llega a hacerse completamente más que
en la medida en que se desacraliza y desacraliza al mundo. Lo
sacro es el obstáculo por excelencia que se opone a su libertad...
No será verdaderamente libre hasta no haber dado muerte al último
dios... El hombre moderno arreligioso asume una existencia
trágica y su elección existencial no está exenta de grandeza. Pero
este hombre arreligioso desciende del homo religiosus, y, lo quiera
o no, es también obra suya y se ha constituido a partir de las
situaciones asumidas por sus antepasados. Es el resultado de un

proceso de desacralización. El hombre profano es el resultado de
una desacralización de la existencia humana. Se formó por oposición
a su predecesor, esforzándose por vaciarse de toda religiosidad
y de toda significación transhumana. Pero el hombre profano,
lo quiera o no, conserva aún las huellas del comportamiento del
hombre religioso, pero expurgadas de sus significados religiosos.
Haga lo que haga, es heredero de éstos... La mayoría de los hombres
sin religión, se siguen comportando religiosamente sin saberlo
». 17
Por eso mismo y por haber sido educado en un colegio cristiano, es
que Mr. Manson no puede desprenderse de una visión moral del
mundo. No es amoral sino anti-moral. Instaura una nueva religiosidad,
devolviéndole el valor sagrado a conductas y acciones que los
medios y la moda transformaron en profanos. La exagerada profanación
que América hace de los suyos -por exceso de «cristianismo
fanático» a veces- es lo que Mr. Manson critica y censura. En ese
sentido no es ni más ni menos diferente que cualquier predicador
ambulante. Sólo difiere el contenido de su mensaje, la intensidad y
la forma en que lo transmite.
n El hábito hace al monje
Y en ese sentido no se diferencia tampoco demasiado de otros
«maestros», como pueden serlo Jesús o Buda. Ambos transgredieron
el sistema de creencias imperante en su época, desertaron de su
cuna y familia y se apartaron de su abolengo. De haber contado con
medios tan poderosos como la televisión, el satélite o Internet, su
mensaje hubiera demorado mucho menos en imponerse y contendría
menos margen para la especulación. Pero si vivieran hoy en
día, no llamarían la atención de nadie: les faltaría espectacularidad
y malignidad. La bondad no paga, aburre.
El espectáculo de Marilyn Manson ha sido catalogado como shockrock.
Durante una extensa entrevista que le fuera realizada en el
programa canadiense Too oo Much for much much, en 1996, Mr. Manson
aclaró que para ser escuchado es necesario llamar la atención. En
un mundo anestesiado por la violencia y la degradación, la envoltura
de su mensaje tenía que superar, necesariamente, las atrocidades
de noticieros, cadenas de informativos y entretenimientos de
Hollywood. Al poner de relieve tantas monstruosidades juntas, por
fin llaman la atención.
Podría interpretarse la evolución creativa de Mr. Manson como un
abandono cada vez mayor de la escena puramente heavy-metal para
transformarse en un mensaje que especula con la moral y la reli
gión. El papel que desempeña el artista-entertainer es a la vez el de
chivo expiatorio y de Mesías. Como tal, no tiene que ser precisamente
el anunciado por las escrituras -sin que las escrituras hayan
revelado claramente cómo habría de saberse con certeza cuándo el
Mesías verdadero es el verdadero-; pero tampoco es Satán. Pero
es tan especular su mensaje y su gestualidad comparadas con las
de su antítesis, Cristo, que bien puede afirmarse que es el Cristo
del fin del milenio.
Cabe la pregunta de si finalmente será crucificado o si dará un paso
en otra dirección que lo libere del sacrificio final. En la entrevista mencionada,
un participante plantea esa pregunta y Manson responde
que no seguirá profundizando en las mutilaciones y las
autoflagelaciones, y que quizá tenga que retornar al cristianismo. Los
extremos se tocan, y el estribillo We love hate, we hate love, hace
referencia a ese punto. Solamente se puede odiar lo que se ama
profundamente y viceversa. Lo único que no está permitido es la indiferencia,
y la oferta de Manson no incita a ella.
El artista, entonces, hace vivir a un personaje transvestido rescatando
o devolviéndole la primigenia pureza a la mujer, a la vez que
se alza en el chivo expiatorio que lleva sobre sus hombros toda la
basura que el mundo ha creado y que el público vuelca en él. En el
espectáculo de atrocidades que es su propuesta, Manson es, a la
vez, rey y víctima, mensajero y mensaje, y eso es lo que resulta
fascinante y a la vez perturbador. La línea de distinción entre los
dos puntos es muy delgada, y es el público quien tiene que decidir.
La atrocidad planteada tiene que ver con que existe realmente aquí
y ahora, ocurriendo a la vista de todos. No es algo que ocurre únicamente
en el escenario, sino que nace y se alimenta de la realidad
cotidiana. Los cortes y las heridas que se inflige no son efectos
especiales; las escupidas y excrecencias que intercambia con el
público y demás miembros de la banda, antes y después del espectáculo,
no son utilería.18 Y si apela a ello, yendo más allá del límite
de una política correcta, es porque ya existía y sólo lo renombra al
hacerlo evidente y al sacarlo de contexto. Una cosa es la distancia
óptima de un noticiero, donde el mundo parece quedar mucho más
lejos, y otra cosa es un espectáculo musical. Mr. Manson convierte
la violencia, la agresividad, lo instintivo, en arte, y por lo tanto en
realidad transformada. Los vuelve estéticos. Su discurso es mucho
más potente que el de un F. Bacon, por ejemplo, ya que el artista de
todos modos está separado del espectador por mediación de la
tela, del lienzo. La lectura de A long hard road out of hell hell, las distintas
entrevistas y backstages, dan la sensación de que en Manson
esa distancia no existe: el escenario y la vida real son una misma
cosa. Como si persona y personaje hubieran intercambiado máscaras
y se hubieran transformado en una tercera entidad, que reúne a

las dos. La duda acerca de que persona y personaje son una misma
cosa asusta porque habla de un caos instalado en donde normalmente
debe existir un orden.

El exorcismo de la crisis
Mucho se habla de que la sociedad occidental está inmersa en una
profunda crisis social, cultural, moral, ideológica. Pero además es
una crisis que coincide con el fin de un milenio, lo que la agudiza en
el imaginario colectivo. El apocalipsis parece estar más cerca que
nunca, porque las armas y los instrumentos tecnológicos hablan
más de destrucción que de salvación. Abunda todo tipo de películas
y libros sobre el tema; emblemáticos como pocos pueden nombrarse
a Blade Runner y la trilogía Neuromante de William Gibson,
quien no sólo impuso el término cyberpunk sino que construyó un
universo con héroes y mitos propios.
Pareciera que la crisis se reprodujera en todos los ámbitos, hasta
convertirse en algo fascinante y de la cual no se puede escapar. El
terror a la tecnología y una respuesta única y global a todas las
interrogantes son también parte integrante de esta crisis.19
En relación con la situación de crisis, el ensayista francés René
Girard reflexiona lo siguiente: «La experiencia de las grandes crisis
sociales apenas se ve afectada por la diversidad de las causas
reales... Ante el eclipse de lo cultural, los hombres se sienten
impotentes; la inmensidad del desastre los desconcierta pero no
se les ocurre interesarse por las causas naturales; la idea de que
podrían intervenir sobre estas causas aprendiendo a conocerlas
mejor sigue siendo embrionaria».20
Y continúa: «Ya que la crisis afecta fundamentalmente a lo social, hay
una fuerte tendencia a explicarla por causas sociales y sobre todo
morales. Al fin y al cabo, lo que se disgrega son las relaciones humanas
y los sujetos de estas relaciones no pueden ser totalmente ajenos
al fenómeno. Pero los individuos tienden a preferir achacarlo a la
sociedad en su conjunto, cosa que no les compromete a nada, o bien
a otros individuos que les parecen especialmente nocivos por unas
razones fáciles de descubrir: antes que culparse a sí mismos, se
acusa a los sospechosos de crímenes de tipo especial».21
En el clip Sweet Dreams Dreams22 -con una imagen cercana a los cuadros
de Jerónimo Bosch, poblado de personajes grotescos y bufos,
mitad hombres mitad cosas- y en Beautiful People -de una plasticidad
escénica que recuerda la performance de la Fura dels Baus
pero mucho más agresiva y repulsiva que aquella- Mr. Manson deja

en liber tad todos los terrores del hombre contemporáneo, las angustias
existenciales del habitante urbano de un primer mundo
tecnologizado y marginalizado por la propia tecnología, aunque pueda
asumirse que, globalización mediante, estos temores no son
tan ajenos a los habitantes del resto del planeta.
En los dos clips se utiliza una estética de la violencia y la crueldad,
que ya podía encontrarse esbozada en Mad Max Max, Blade Runner Runner,
La ciudad de los niños perdidos o anteriormente en La naranja
mecánica mecánica. Pero esos films extremadamente violentos y enajenantes,
se basan -como en toda obra artística- en un acuerdo previo entre el
autor y el espectador en que el universo que se visita es ficcional y no
real. El impacto que genera una obra cesa una vez que se encienden
las luces de la sala y se vuelve a la realidad cotidiana. No es lo que
ocurre con Manson, porque narra desde y en la realidad, y no hay
acuerdo previo de ningún tipo. No simula ni actúa, es. Esto queda
claro en el video Dead to the world world, sobre gira realizada en 1997.
En éste, la sensación se hace más nítida aún al incluirse tomas de lo
que ocurre antes y después del show: está claro que Mr. Manson es
él mismo todo el tiempo. Como se dijo más arriba, la noción de caos
permanente es lo que más desestabiliza al espectador. Y si se trata
de una actuación, Mr. Manson se merece un Oscar.
Sweet Dreams plantea un espacio asociable al «día después» de
algún holocausto nuclear, con un bufón -el alter ego del rey, a veces
chivo expiatorio que puede ocupar su lugar-, una novia en el
sitio equivocado, ridículamente blanca y pura entre tantos desperdicios,
y un Manson cubierto de excrecencias sobre el lomo de un
cerdo, que recuerda extrañamente al Job bíblico, chivo expiatorio
por antonomasia.
Mr. Manson acusa pero se erige a la vez en centro de la culpa,
blanco de insultos, desprecios, escupidas y blasfemias. Se lo
responsabiliza de más crímenes de los que verdaderamente ha
cometido. Representa a la víctima del sistema, como un rey, y al
victimario de ese mismo sistema. Como víctima se autoflagela,
acepta ser burlado y agredido. Sin embargo, como lo sagrado ha
sido sustituido por rituales profanos, y como en la época de los
medios la realidad ha pasado a ser una simulación de lo real, el
artista no llega a concretar ninguno de los dos roles enteramente:
por ahora sigue siendo un producto estético de consumo con un
contenido ético de difícil lectura.
Si no existiera una superabundancia de mensajes igualmente
transgresores y violentos -¿cómo distinguir la falsedad o la veracidad
de ellos?- Mr. Manson lograría conmover realmente a su público.
Persiste la duda de si no es otro monstruo más de la feria de

atrocidades. Porque como dice Girard: «Para que unos malhechores,
por diabólicos que sean, consigan masificar a toda la comunidad,
han de herirla directamente en el corazón o en la cabeza, o
bien iniciar el proceso a escala individual, cometiendo crímenes
como parricidios, incestos, etc., que provocan por contagio el cese
de toda diferencia (entre los individuos de una misma sociedad, y
por lo tanto el caos -aclaración del autor)».23
No sólo vale la pregunta de si alcanza lo que se propone o lo que se
interpreta que pretende, sino hasta dónde es capaz de llegar en
caso de que su mensaje sea sincero.
Hay diferentes clases de crímenes de los cuales se acusa a una
víctima, antes de que se transforme en el chivo expiatorio de determinada
calamidad. Si la calamidad es toda una sociedad y su
Weltanschaaung, la víctima será acusada de todos los crímenes.
Pero en general, esos crímenes son religiosos, sexuales, o aquellos
perpetrados «contra aquellos a quien es más criminal violentar
». En el caso de los crímenes religiosos -y debiera agregarse el
término «moral» al de «religioso»- los tabúes a transgredir son los
más severos y por lo tanto la ofensa sentida es mayor. Por eso Mr.
Manson es atacado más directamente por organizaciones religiosas
que por entidades públicas o del gobierno; para las primeras
está amenazando precisamente toda una construcción de creencias
que debiera servir para mantener la coherencia del sistema;
para el resto de la sociedad puede tratarse de otro enajenado más
que adquiere notoriedad.
Para Girard, la figura sagrada del chivo expiatorio nace de la acusación
generalizada de los perseguidores -aquellos que resumen la
crisis y buscan un responsable- y de la sumisión de la víctima, que
asume las culpas y acepta el castigo impuesto, con mucha frecuencia
la muerte, aún cuando se trate de una acusación ilógica o
irracional. A lo largo de la historia, las víctimas han presentado una
serie de rasgos que son precisamente los que las elevan a ese
papel, pero de forma tal que rasgo y víctima terminan siendo una
sola entidad. Los rasgos hacen a la víctima y la víctima lo es por
presentar determinados rasgos. Estas características mezclan deformidad
física y decadencia moral, sea ésta real o imaginaria.
Con respecto a la deformidad física, Girard dice: «Si la deformidad,
por accidental que sea, inquieta, se debe a que provoca una impresión
de dinamismo desestabilizador. Parece amenazar al sistema
como tal. Se procura delimitarla pero no se puede; acumula en
torno a ella unas diferencias que devienen monstruosas, se atropellan,
se enfrentan, se mezclan, y, en última instancia, amenazan
con anularse. La diferencia al margen del sistema aterroriza porque
sugiere la verdad del sistema, su relatividad, su fragilidad, su

 fenecimiento».24
Mr. Manson no sólo se ha percibido distinto a los demás desde la
infancia, sino que para dejarlo más claro ha procurado distinguirse,
mediante el uso de prótesis y otros aparatos relacionados con la
medicina y la ortodoncia, hasta convertirse en un ser deforme. Que
uno de los ojos sea claramente artificial no hace sino marcar la
diferencia. Las prótesis son implantaciones artificiales, y las marcas
han de ser naturales. De ahí la insistencia en autoagredirse en
público hasta sangrar. El artista afirma tener 450 cicatrices en el
cuerpo, sin contar los tatuajes y las perforaciones. Es una cantidad
más que suficiente y equivaldría a las marcas que buscaba la Inquisición
como afirmación de tratos con el diablo. De modo que para
que no queden dudas, es el propio Manson quien se termina de
estigmatizar. Esa afirmación de la diferencia no sucede en el ámbito
privado sino que forma parte esencial de su espectáculo; al hacerla
pública la autoproclamación deviene celebración colectiva. Y
es más fuerte la agresión de este modo, porque se anticipa a la
fantasía del público y va más allá de él.
La pesadilla presentada en Beautiful People People25 refiere tanto al
hombre-máquina, al extrañamiento del cuerpo que menciona Dery
en su libro, como a la rebelión ante el culto a la belleza tan de moda
en los últimos tiempos. Si por un lado la sociedad reclama cada vez
más especímenes bellos y perfectos, que son el alimento del cine
y la publicidad26 , la visión del artista llama a buscar la belleza en la
fealdad y fuera de los cánones impuestos. Pero no puede escapar
-porque está inmerso dentro del canon establecido de lo no-bello- al
concepto de que la fealdad tiene que ver con la violencia y lo desagradable.
Aun la fealdad de Manson puede decirse que es dueña
de una belleza sin igual, como pueden serlo las criaturas soñadas
por Giger. La antiestética de Manson apela más allá de la imagen a
la connotación que esas imágenes tienen para cada uno. Y en definitiva
es el público el que les da el contenido y las repele. Pero lo
morboso fascina y resulta atractivo, y ese también es el secreto de
Manson: es igual a los deseos reprimidos de cualquiera pero los
hace realidad.
Una de las figuras invocadas por el artista con la cual se identifica
es Peter Pan, el niño que no quiso crecer. Hay también en esa isla
poblada de gente menuda -la lejana Tierra de Nunca Jamás- algo de
monstruoso. La crueldad infantil quizá es la peor, porque es irresponsable
y directa, sin consecuencias. Habría que releer la interpretación
de Bruno Bettelheim sobre los cuentos de hadas para penetrar
el mundo onírico de Manson, sin olvidar la novela de William
Golding, El señor de las moscas moscas.


La afirmación de Girard, de que «... crisis, crimen, criterio, crítica,
provienen todos de la misma raíz, del mismo verbo griego, krino,
que no sólo significa juzgar, distinguir, diferenciar, sino también acusar
y condenar a una víctima»27, permite suponer que Mr. Manson
es perseguidor y perseguido, víctima y victimario, autoerigido en
todos los casos, y por lo tanto su desenlace, sea cual sea, estará
inmerso en la misma violencia de la cual surge. Si sólo cumpliera el
papel de victimario podría -como acusador de la decadencia de un
sistema- salvarse; pero al erigirse además en víctima de ese mismo
sistema -provocándolo en lo que más le duele: quemando biblias
y banderas; mostrándose descaradamente fascista- al encarnar
lo más repudiado y temido, no tiene salida. Si se cumple la
simulación del ritual, entonces la muerte de Manson será simbólica
y desaparecerá de escena con una abultada cuenta bancaria.
Eso supondría además que los medios encontraran un sustituto; si
persiste en su per formance entonces la muerte necesariamente
debe ser real. El fin de Manson -simbólico o real- es el que mostrará
la cabal coherencia de su postura.
Pero aun afirmar que Manson es la víctima autoerigida no significa
que sea plenamente consciente de ello. Es posible que sea dueño
de una gran intuición o un verdadero artista. Es posible, también,
que sea un fantástico producto de la publicidad. Pero sea como
sea, los artistas detectan, señalan y sienten fenómenos antes de
que éstos formen parte de la sociedad; se adelantan a ellos y los
interpretan.

En los rituales de la antigüedad, las víctimas no eran elegidas según
los crímenes que se les atribuían, sino en función de los rasgos
victimarios que presentaban y de la afinidad «culpable» que
tenían con la crisis. Una vez identificada la víctima, se las puede
destruir o se las puede expulsar de la comunidad que están contaminando.
Para que Manson sea definitivamente eliminado, es necesario que
cometa un verdadero crimen en escena; no contra sí mismo o contra
un miembro de la banda, sino contra alguien diferente, que represente
al sistema (un guardia, un espectador) o que induzca a
alguien a convertirse en criminal.

Por otra parte, cuántos más signos victimarios presente un individuo,
más posibilidades tiene de ser designado víctima. Esto explica
la escalada, en el tiempo, de la postura de Mr. Manson. En
1992, la propuesta estética y musical de la banda no la distinguía
de cualquier otro grupo de heavy metal, aunque ya presentaban
algunos signos de originalidad. A medida que radicaliza su mensaje,
los signos exteriores lo van haciendo también. Al apropiarse

Mr. Manson de la figura luciferiana y defender su mensaje de salvación
humana, no hace más que rebelarse y distinguirse de la
masa anónima de americanos que consume todo lo que el sistema
vomita. El artista no podría haberse asociado jamás con un
principio del bien, porque el bien, por sí mismo, no modifica las
cosas, sólo tiende a hacerlas permanentes. El bien es conservador.
Incluso Jesús, para transmitir su mensaje y finalmente morir
víctima de él, debe transgredir lo establecido, asumiendo, en ese
momento, el rol pernicioso, maligno. Si la transgresión a cualquier
tipo de tabú es lo que hace que la humanidad avance -el hombre
que se adueña del fuego sagrado; Adán que come del árbol prohibido-
y si transgredir es ir contra los supuestos del sistema, entonces
prácticamente todas las figuras de la humanidad que motivaron
cambios en el pensamiento pueden ser asociadas, en su contexto
histórico, con el mal. La existencia de Lucifer, auspiciada y
tolerada por un dios, en última instancia, es la que asegura que la
humanidad avance, cambie, evolucione, se cuestione. Si solamente
existiera el principio del bien, éste sólo generaría inmutabilidad,
quietud y por lo tanto muerte.
La provocación de Mr. Manson lo convierte en dueño de una estética
y una ética de la violencia y de la transgresión. Al publicar el libro
A long hard road out of hell, sólo ha repetido una acción humana:
confesar o hacer públicas sus «perversiones» y exorcizar sus
miedos. Y de ese modo unifica por fin la deformidad física con la
monstruosidad moral. Es este pasaje a la esfera pública lo que
aterroriza. Mientras las cosas suceden en privado, no es necesario
prestarles atención, o, en todo caso, pueden ser ignoradas. Pero
una vez que ingresan al imaginario público, adquieren una materialidad
difícil de soslayar.
La figura del chivo expiatorio contiene una ambivalencia que también
ha hecho carne en Mr. Manson. Al chivo se lo hace responsable
de todos los males, y, por lo tanto, debe morir. Pero la única
forma de anular, de corregir esos males, es a través del chivo expiatorio,
que recupera así un papel benéfico. Como responsable del
mal es una figura negativa, pero una vez consumada su muerte a
través del sacrificio, se transforma en algo beneficioso para toda la
sociedad que lo ha erigido en víctima. «Esa misma víctima -en los
mitos- devuelve el orden, lo simboliza e incluso lo encarna».28 Porque
«El transgresor se convierte en restaurador e incluso en fundador
del orden que ha transgredido, anticipadamente en cierto modo.
El supremo delincuente se transforma en pilar básico del orden
social».29
De modo tal, que por un lado Mr. Manson sería el motor para que la
gente piense por sí misma y se dé cuenta de cuál es la situación de

alienación en la que vive, manipulada por los medios y la publicidad.
Y también, de que llegado el límite del caos y el desenfreno,
sólo queda el retorno a (nuevas) formas de orden y sensatez. Esto
coincidiría con los excesos cometidos durante la grabación de Anti-
Christ Superstar Superstar, de los cuales emerge un Manson más puro y
claro, estructurando el caos previamente desatado, pero evolucionando
con respecto al Manson que ingresara al círculo. Y, en términos
individuales, cualquier desorden implica un reacomodo de los
límites, un situar las fronteras más lejos, conquistar nuevos territorios:
conocerse es ser libre.
Pero si la víctima, una vez muerta, puede favorecer a los que la han
matado, esto significa que ésta o bien no ha muerto realmente, o
que ha vencido a la muerte. Esto es tan válido para Jesús -aceptando
las escrituras sagradas que reivindican su resurrección- como
para Manson, si se aceptan sus declaraciones y su obra conceptual
Anti-Christ Superstar Superstar. Él también ha vencido a la muerte al desafiarla
constantemente con su sexualidad agresiva y sin protección,
indiferente a la amenaza latente del SIDA. Vencer a la muerte es
superar el último miedo y el más angustiante, por desconocido.
Una vez dado ese paso, se está más allá del bien y del mal.
Pero no se puede interpretar a Manson sólo desde el punto de vista
de una sociedad profana en la que persisten ritos sagrados, aún si
esto no es evidente a simple vista. La banda y el artista no dejan de
ser un producto comercial de este fin de siglo, asumido como tal y es
en ese contexto donde deben encontrarse los símbolos y el significado
de su mensaje.

En ese sentido hay que distinguir entre la respuesta del público
norteamericano y los demás; pero los datos empíricos son escasos
y es difícil sacar conclusiones generales. Sería interesante poder
demostrar las siguientes suposiciones: a) para la edad del público
norteamericano de Manson, la aproximación y la fascinación
tienen más que ver con la posibilidad de descargar agresiones y
tensiones y de sentirse entre iguales, que en la clara comprensión
de la crítica que Manson hace a todo un sistema. Una interpretación
más profunda implica un nivel cultural e intelectual que un
público de entre 14 y 18 años no necesariamente posee; b) para un
público extranjero, el mensaje de Manson puede ser llamativo pero
casi vacío de contenido, una moda cultural más como lo puede ser
el hip-hop o el pogo.

Lo que Manson expone públicamente no se distingue demasiado
de lo que ofrece el Torture  Garden30 , un club nocturno londinense,
que se autodefine de la siguiente manera: «TG no es un club
fetichista, no es un club sadomaso, no es un club de body art , no

es un club de neoprimitivos, no es un club propiamente dicho, no
es un club gay , no es un club de arte de performance , no es un club
de música tecno/industrial/ambiental, no es un club multimedia,
no es un club del cyberespacio, y ni siquiera es un club nocturno».
31 En la publicación del mismo nombre puede verse toda la gama
de «perversiones» que hacen a la sexualidad transgresora, de la
mano de la violencia y el sadomasoquismo. La diferencia entre Tor- or- orture
ture Garden y el video Dead to the world es, nuevamente, la esfera
privada de uno (y declaradamente under) y la pública del otro. El
contenido, sin embargo, es el mismo, y en todo caso, una vez más
Manson señala la existencia de sitios tales como el jardín de las
torturas, y hace que uno se pregunte qué tan lejos pretende llegar
el ser humano.
Las prótesis que convierten a Manson -y a los miembros del TG- en
una suerte de lisiado deforme, y las heridas que se inflige, no sólo
deben leerse como autoestigmas de víctima. Si Manson ha crecido
a la luz de los medios audiovisuales y tecnológicos, y en medio del
pavor post Vietnam, habría que rastrear allí el origen de sus aditamentos
físicos.
Videorome, el film de Cronenberg, y Tetsuo, un corto japonés de
Shinya Tsukamoto, señalados por Manson como influyentes en su
imaginario, tratan ambos de una lucha entre el cuerpo material y su
sustitución por la tecnología y la manipulación de las máquinas y los
medios. En Videodrome el cuerpo muta hacia una nueva forma haciéndose
uno con las imágenes de video. Los adictos a las imágenes
desarrollan un tumor cerebral que los transforma en transhumanos,
mezclas de carne y máquina, pero sin voluntad propia. En Tetsuo  los
personajes ya son mitad hombres y mitad máquinas y unos y otros se
persiguen y se aniquilan. La dicotomía occidental entre cuerpo y espíritu
ha llegado a un límite surrealista. El cuerpo, totalmente anestesiado
e indiferente -a veces tan sobreestimulado que ha pasado el umbral
de la sensibilidad- debe ser destruido porque termina siendo un impedimento
para el desarrollo de la persona. Pero a la vez, sólo el dolor
prolongado, nacido de una crueldad difícil de imaginar que se ensaña
en la martirización del cuerpo, es lo que permite a las personas sentirse
vivas. Un gran vacío doloroso, sobre todo mental, ya no tiene
forma de expresarse, porque todas las formas de expresión parecieran
haber sido agotadas, y porque la anomia ha terminado de apoderarse
de ellas. Sólo queda ocuparse de ese pedazo de carne, del cual
no es posible desprenderse, para que las personas se sientan vivas
y unidas a sí mismas. La transgresión de la carne llega a una transgresión
absoluta porque lleva en sí la posibilidad cada vez más cercana
y necesaria de la muerte. 32
La crueldad abandonó el espacio designado tradicionalmente a ella,

esto es, el campo de batalla. O, visto de otro modo: el campo de
batalla ha invadido todos los espacios vitales, confundiendo los límites.
La pregunta es si es factible delimitarlo nuevamente -definir otras
fronteras- o si evolucionará hasta hacerse costumbre. Si sucediera
esto, Manson marcaría el inicio de una versión más actualizada de
Rollerball Rollerball33 . Y si las guerras se siguen haciendo cada vez más parecidas
a videojuegos, en alguna parte el hombre tiene que canalizar su
agresividad material. Manson es una propuesta, pero seguramente
no la única.
NOTAS:
1 ELIADE, MIRCEA, Crisis y renovación de la historia de las religiones; en
El vuelo sagrado; Ediciones Siruela, pág. 171 y siguientes. 1995
2 Clip Man that you fear, 1997.Nothing Records, dur. 4.32; dir.: Wiz; prod.
Mitzie Rothzeid. the ants are in the sugar/the muscles atrophied/ we’re
on the other side, the screen is us and we’re t.v./spread me open,/
sticking to my pointy ribs/are all your infants in abortion cribs/I was born
into this/everything turns to shit/the boy that you loved is the man that
you fear/pray until your number,/asleep from all your pain,/your apple has
been rotting/tomorrow’s turned up dead/i have it all and i have no choice
but to/i’ll make everyone pay and you will see/you can kill yourself now/
because you’re dead/in my mind/the boy that you loved is the monster
you fear/peel off all those eyes and crawl into the dark,/you’ve poisoned
all of your children to camouflage your scars/pray unto the splinters, pray
unto your fear/pray your life was just a dream/the cut that never heals/
pray now baby, pray your life was just a dream/(I am so tangled in my sins
that I cannot escape)/pinch the head off, collapse me like a weed/
someone had to go this far/I was born into this/everything turns to shit/
the boy that you loved is the man that you fear/peel off all those eyes and
crawl into the dark,/you’ve poisoned all of your children to camouflage
your scars/pray unto the splinters, pray unto your fear/pray your life was
just a dream/the cut that never heals/pray now baby, pray your life was
just a dream/the world in my hands, there’s no one left to hear you
scream/there’s no one left for you
3 BATAILLE, GEORGES, El erotismo, pág. 72. Tusquets Editores, 4ª.edición
1985
4 ídem, pág. 67
5 ídem
6 GIORDANO, ORONZO, Religiosidad popular en la Alta Edad Media. Introducción.
Editorial Gredos, Madrid 1983
7 GIRARD, RENE, La violencia y lo sagrado; pág. 100. Editorial Anagrama,
1995
8 BATAILLE, GERARD, op.cit. pág. 127
9 GIRARD, RENE, op. cit. Pág. 41-42
10 ídem, pág. 42
11 DERY, MARK. Velocidad de escape. La cibercultura en el final del siglo;
pág. 115-207. Editorial Siruela, 1995
12 Revista Popular 1, diciembre 1996
13 SARTORI, GIOVANNII. Homo Vídens, Taurus, 1997
14 DERY, MARK; op.cit. pág. 301
15 ELIADE, MIRCEA. Lo sagrado y lo profano, pág. 161. Alianza Editorial,
1983

39
16 DERY, MARK, op.cit. pág. 311-314
17 ELIADE, MIRCEA, op. cit. Pág. 170-171
18 Dead to the world. Video, 1997. Nothing Records.
19 Ver el tratamiento que hacen del tema las series del Canal Fox Archivos
X y Millenium.
20 GIRARD, RENE, El chivo expiatorio, pág. 24. Editorial Anagrama, 1ª.
Edición, 1972
21 ídem, pág. 24
22 Sweet Dreams, 1996. Duración: 4:51; director Dean Carr, Productor
Ar thur Gorson. Sweet dreams are made of this. / Who am I to disagree?
Travel the world and the/seven seas. / Ever ybody’s looking for
something. / (Chorus: Some of them want to/use you. / Some of
them want to get used by you. / Some of them want to abuse you. /
Some of them want to be abused.) / (Repeat First Verse) / (Chorus)
/ I wanna use you and abuse you. / I wanna know what’s inside you.
/ (Whispering and Moaning: Hold your head up, movin’ on. / Keep
your head up, movin’ on.) / (Repeat Three Times) / Movin’ on! /
(Repeat First Verse) / (Chorus) / I’m gonna use you and abuse you.
/ I’m gonna know what’s inside. / Gonna use you and abuse you. /
I’m gonna know/ what’s inside you.
23 ídem, pág. 25
24 ídem, pág. 35
25 The Beautiful People
I don’t want you and I don’t need you/ don’t bother to resist, I’ll beat
you/ It’s not your fault that you’re always wrong/ the weak ones are
there to justify the strong/ the beautiful people, the beautiful people/
it’s all relative to the size of your steeple/ you can’t see the forest for
the trees you can’t smell/ your own shit on your knees/ Hey you,
what do you see?/ something beautiful, something free?/ hey you,
are you trying to be mean?/ if you live with apes man, it’s hard to be
clean/ there’s no time to discriminate,/ hate every motherfucker/
that’s in your way/ the worms will live in every host/ it’s hard to pick
which one they eat most/ the horrible people, the horrible people/
it’s as anatomic as the size of your steeple/ capitalism has made it
this way,/ old-fashioned fascism/ will take it away/ (chorus)
26 El film Gattaca, de Andrew Nicoll, es una demostración de cuán lejos
se puede ir en esa belleza y per fección
27 GIRARD, RENE, op. cit., pág. 34
28 ídem, pág. 60
29 ídem, pág. 61
30 Torture Garden, London, WC1N 3XX, Inglaterra
31 Torture Garden, A photographic archive of the new flesh. From bodyshock
to cybersex; Creation Books International, Londres, 1996
32 Acerca de juegos relacionados con este tema, ver: http://
www.deaethnews.com
33 1975; dirigida por Norman Jewison, adaptada de la novela de William
Harrison Roller Ball Murders