jueves, 14 de octubre de 2010

Círculo vicioso

Es así: uno se sorprende de la falta de vocabulario de buena parte de los más jóvenes; e invariablemente vuelve a la misma explicación: el vocabulario se adquiere con los años (a lo largo de los años) a través de la práctica de la lectura. En la medida en que promedialmente los jóvenes leen bastante poco (en algunos casos: nada), la solución al problema del vocabulario y la sintaxis no parece posible. Podría, sin embargo, hacerse lo siguiente: que cada objeto del mundo real tuviera adherido un cartelito con el nombre: arquitrabe, aljibe, resquicio, mastín, gentilhombre, etc. Esto soluciona el universo de ciertos sustantivos (los visibles reales), pero deja afuera los verbos, los adjetivos y las preposiciones. Podrían hacerse igualmente campañas de alfabetización: tomar fotografías y agregar el texto correspondiente con una flecha que vinculara lo que se ve con su correspondiente expresión verbal. Porque pretender que se lea parece una utopía. Y no son los jóvenes los "culpables" de no leer, sino los padres y los maestros, en primaria y en secundaria. A eso se suma lo paupérrimo de la expresión de la prensa nacional (con honradas excepciones) que tampoco ayuda a paliar el problema (sin tomar en cuenta que tampoco es una gran mayoría la que lee prensa). De otro modo podemos olvidarnos de la utilidad de un vocabulario rico en sinónimos y matices, y hablar con cada vez menos palabras, de modo que en el caso de los sentimientos, por ejemplo, sólo existan el "amor" y el "odio", y nada de expresiones como ternura, amabilidad, ira, susceptibilidad, displicencia, furia, encono, etc.
Cabe la pregunta, también, de cómo será una literatura con vocabulario escaso. ¿Interesante o llena de lugares comunes?

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