el predio es el del jardín botánico, un espacio muy grande, en el que se han instalado las oficinas de la organización, y luego una serie de tiendas donde se exponen los libros (no representados por países, sino por editoriales o librerías). también hay salas para conferencias y charlas, plaza de comidas, y carpas con actividades de todo tipo. hay una constante muchedumbre, la entrada es libre. los organizadores son jóvenes de entre 20 y 30 años, sumamente amables y bien dispuestos, con una cultura que llama la atención, y un amor por la ciudad que conmueve.
los precios de los libros son atractivos, así como la oferta. nos impresiona ver los estands de las distintas universidades colombianas, que venden sus publicaciones. la producción teórica es vasta y toca todos los temas. uno siente un poco de pena por el país nuestro, que es tan soberbio y pedante. y eso, afuera, se nota con creces.
libros, libros y más libros. editoras independientes que publican obras que son hermosas, cuidadas, ilustradas. mucha poesía.
a nosotros nos toca dar un panorama de la narrativa y la poesía uruguaya, y después presentar nuestros libros. nos modera francisco pulgarín, un médico cuya pasión se centra en la literatura, la crítica. es crítico y ha leído bastante de literatura nacional. se queja -como lo hacemos todos- de que no llegan libros de literatura uruguaya a colombia, y acotamos que no llega nada de ninguna parte a parte alguna. la nefasta política editorial de las "multis", sumada a la ineficiencia y la indiferencia de las editoriales nacionales, hace que los escritores no se conozcan nunca, a menos que los toque la varita mágica de una edición internacional, que ocurre, mayormente, por gracia de la madre españa.
circula por la feria el "manifiesto de medellín", que firmamos, y en el cual se le pide a los gobiernos o las instituciones culturales de cada país, que se dignen diseñar políticas que permitan el cruce de la obra literaria de los latinoamericanos. después de varias conversaciones informales, llegamos a la conclusión de que todos padecemos del mismo mal. y eso se evidencia en la última charla a la que asistimos, en que se presenta una antología de la poesía de medellín, 1950-2011. hay en el libro unos sesenta autores reseñados: en la presentación, sin embargo, no somos más de diez personas. eso significa, nos decimos al despedirnos, que ni siquiera los propios poetas reseñados sintieron la necesidad de asistir y ocupar el espacio que les corresponde. la realidad de la que hablan -poesía, política- es similar a la nuestra, pero se le suma una variable, desconocida para nosotros: la guerra. se habla de la guerra, de la poesía en épocas de guerra y de paz, y de cómo los medios de comunicación ignoran, censuran, reprimen todo lo que se relaciona con la poesía. el debate, por demás interesante, no profundiza lo suficiente, y se queda en la mera queja, en el llantén conocido de siempre. parece que habría que recordar que cualquier política de estado vinculada a la educación y la cultura (como cualquier otra, salud, etc.) responde a la ideología de ese gobierno. entonces, no se puede aislar el tema del contexto mayor en que está contenido. la industria editorial, la industria literaria, que nada tiene que ver con la literatura a secas (buena, mala o regular) es lo que está en cuestión, y por debajo están en cuestión los dirigentes, los que diseñan y hasta estimulan el puro comercio.
llueve, llueve torrencialmente en la feria, y no hay dónde guarecerse. por allí nos detenemos a comer algo y conocemos a don arquímedes, un hombre que acaba de cumplir 101 años y que todavía lee sin lentes. supongo que a él, la industria editorial no le quita el sueño. su hija nos dice que lee todos los días. y qué lee? pues lo que encuentra. de todo.
en la puerta, un jovencísimo policía militar hace guardia. le pregunto si le gusta leer, y dice que sí, pero que ya no tiene tiempo, y es una pena. por qué no tiene tiempo? porque debe trabajar 16 horas diarias.
los stands se vacían, la gente se va, los organizadores se despiden. nosotros también. nos quedamos pensando qué significa ser escritor, poeta, y dónde está el meollo de la cuestión. entonces recuerdo lo que dijo ángel rama, en su ensayo Diez problemas para el novelista latinoamericano, hace muchísimos años: "la única dimensión auténtica del ser escritor es ser escritor latinoamericano, y son los valores peculiares de esta situación los que determinan los restantes, universales, y no a la inversa" (2006, pág. 5).
habrá que revisar a este pensador y seguir encontrándose con poetas y escritores, para lograr que las cosas cambien.
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