sábado, 17 de septiembre de 2011

medellín 2011

es volver al trópico después de 27 años, y darse cuenta de que hay una memoria llena de olores y sabores, de ruido a calle distinto al de montevideo, hay un reconocerse en el calor y la lluvia que cae de pronto y así como surgió, desapareció. es arepas y queso de mano (que se llama diferente) y cerveza helada y ver verde por todas partes, esa cosa un poco obscena de la naturaleza que se reproduce sin cesar. es ver una ciudad amable, limpísima, con consciencia de sus ciudadanos (hay senderos para ciegos en las calles, y nada de mugre en parte alguna); es el ritmo de la música, la cumbia, la salsa, el ballenato, pero los de verdad. es contagiosa esta alegría, que trasciende las clases sociales, los edificios altísimos y los barrios más pobres. es hablar con la gente por la calle, subirse al metro, entrar en una tienda de abarrotes, y descubrir a botero en la plaza y comprender su magnitud, es también zafar de dos "punguistas" que intentan el viejo truco de arrinconar a la víctima, en un callejón poblado que súbitamente se queda solo y en silencio; es ver a la policía militar patrullar y responder preguntas con gentileza, y que la gente esté orgullosa de cómo medellín se transformó en lo que es. es hospedarse en la "zona rosa" y escuchar música tropical hasta que amanece y después uno, recién madrugado, mientras todos duermen, desayunar un perico y un café negro, beber jugo de mango, recién exprimido y fresco, un guarapo, y aguardiente de antioquia. es entrar a un barrio coqueto, muy coqueto, y que haya una tanqueta ante una torre, porque allí hay un criminal en arresto domiciliario, es escuchar a poetas recitar a borges, a zitarrosa y a poetas colombianos, caminar por una calle en que en la acera dice "uruguay" (vaya uno a saber por qué) y encontrar algunos gatos mansos y también unos avechuchos parecidos a cuervos que picotean una bolsa de residuos. es volver a subir y bajar elevados, como en caracas, y darse cuenta de que esta latinoamérica, como cada vez que uno la recorre, tiene una multiplicidad de caras, de sueños y de injusticias, pero hay una suerte de hermandad extraña. es recordar amigos que ya no están, pero que lo acompañan a uno en esta recuperación de la memoria y las sensaciones. y es el asombro ante lo que taillard de chardin llamó el fenómeno humano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario