sí, me digo, los que consumimos csi-miami-las vegas-nueva york, castle y criminal minds, vemos cualquier cantidad de crímenes, con mucha sangre, con mucha violencia. los que de algún modo hemos viajado, también hemos visto situaciones "irregulares" en la calle, en caracas, bonn, los ángeles y en rhodos, que parecen salidas de una serial clase b. sabemos que la violencia existe, leemos sobre la violencia, nos hacemos cruces sobre la violencia. queremos que no exista. el policía a quien le pago la cuota del sindicato policial, dinero con el que religiosamente compran canastas estudiantiles para los policías muertos de hambre que conviven con los chorros, me dice:
- y usté, ¿no tiene un arma?
lo miro, entre sorprendida y muerta de la risa.
- yo soy incapaz de matar una mosca. además, dicen las malas lenguas que si uno tiene un arma, es para disparar. y hay que disparar al centro, para matar. y yo no quiero matar a nadie.
él responde:
- es cierto. pero quizá debería tener aunque sea un aerosol con gas pimienta.
- no, tampoco. no sirvo para eso.
- pero la cosa está brava.
- sí, está brava, pero qué le vamos a hacer.
el asunto es que el policía trata de aconsejarme, y su consejo me parece un disloque. si todos andamos armados, ¿qué logramos? el que roba se arma, el que se defiende se arma, todos armados, un caos total.
pero hoy asisto a un robo, que resulta muy violento. no tanto por lo que ocasiona, sino por la forma. tres mujeres, de unos sesenta años, vuelven a su casas. caminan, al caer la tarde, por la calle, comadreando. van las tres del brazo, como si fueran adolescentes, y no sé por qué reparo en ellas cuando voy a tirar la basura. pasan autos por la calle. ellas están concentradas en sí mismas. de pronto se escucha un motor agudo, de moto, y efectivamente, una moto se mete por ellauri y hacia cavia a contramano a una velocidad extraña. me llama la atención, esa cosa de ver tanta serie de televisión, porque es una moto con dos ocupantes. hasta ahora siempre vi que las motos a contramano son los desgraciados del delivery que violan todas las normas del tránsito para que los clientes tengan pizzas-milanesas-chivitos-ravioles a temperatura "recién salida del horno", y si bien los detesto, me dan pena. pero estos dos no. y zás. fue un segundo y quedé entre espantada y maravillada por la estrategia casi militar del operativo. la moto se detiene a pocos metros de las víctimas, sin el freno puesto, el conductor con un pie a tierra, el motor que se acelera; el acompañante -ambos con casco, muy jóvenes de aspecto, por el físico sin formar, casi- se baja, corre hacia las mujeres, golpea a la del medio, la tira al piso con fuerza, le arranca la cartera y vuelve a la moto, que desaparece por ellauri. la violencia del gesto del chorro, el golpe y el tirón, todavía me dan dolor de estómago, porque es una imagen que no va a desaparecer del todo nunca más. porque fue todo en un mismo nano-segundo, casi una obra de arte de la violencia. me queda el sonido que surge después de la acción, como el relámpago y el trueno. la mujer demora en gritar, las tres mujeres demoran en darse cuenta de lo que pasó, pasmadas de verse de pronto en una situación impropia, inesperada. entonces, sí, los gritos, los lamentos. me acerco; tiene una herida en la sien; varios autos se detienen -se detuvieron segundos después de la caída, cuando los dos chorros huían; una conductora se ofrece a llevarlas a la coronaria, otro hombre quiere llamar a la policía; un adolescente que pasea con su abuelo apura el paso, ayuda a levantarla y a la otra, que de pronto dice: yo también estoy temblando. la tercera, que parece la más firme, ya está llamando a un marido, dice tener el auto estacionado acá nomás, y se apura. el adolescente, que quizá vea tantas seriales como yo, dice, muy seguro: van a tirar la cartera acá a la vuelta. es cuestión de ir a buscarla.
y uno se queda así, un poco sorprendido, un poco triste, un poco añorando la época en que había punguistas en los buses que, salvo excepciones, -al decir de salvador pérez, que conoce del asunto y sabe cómo herían a las víctimas- robaban carteras, billeteras, y tenían un arte.
en realidad, la rabia es mayúscula. a uno se le pasa de todo por la cabeza. control de conductores de motos,como pedir carnet de buena conducta a quien quiera comprar una; cambio del tipo de cascos (los de antes permitían ver los rostros), y otros largos etcétera irrealizables, idealistas y utópicos.
en definitiva, el que roba es porque algo necesita. y si algo necesita, es porque las cosas están mal. muy mal. entonces la solución está en otra parte. y puede que necesite algo material o puede que sea otra cosa. sé que suena fácil decirlo (me amparo en que me han asaltado varias veces, de mala manera, por cierto, y no les tengo compasión), pero insisto en que la solución está en otra parte. más allá de que se reparta dinero, y largos etcéteras que no necesariamente significan inclusión, el consumismo de nuestra sociedad también influye en todo esto. el consumismo y la impunidad. que son dos pésimos ejemplos para cualquiera que no tenga los valores instalados.
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