tengo ante mí el currículum vitae de guillermo (omito el apellido a propósito), 35 años, recién llegado al país después de 15 años de trabajar en ciudad popayán, colombia, muy cerca de la frontera con ecuador (y según wikipedia, de las ciudades más antiguas de colombia, de las mejor conservadas, con cerca de 300 mil habitantes y a unos 600 km de bogotá). y qué hacía guillermo en popayán, conocida como la ciudad blanca? pues era asistente y auxiliar en una radio, porque siempre quiso ser periodista, pese a que sólo terminó el segundo año de secundaria. allí trabajaba y desde allí ayudaba a la familia, humilde, que vive en bella italia. el padre falleció en febrero, y la madre -ama de casa- y la hermana -madre, a su vez, de dos niños chicos- no pudieron sostenerse solas y él llegó a dar una mano. hace ocho meses que está y trabaja como clasificador de basura. no tiene carro, ni bicicleta ni otra cosa que la tracción humana. los años de secundaria -escasos dos años- y los de trabajo en la radio lo hacen un buen conversador, respetuoso, con un lejano cantito colombiano, un riguroso tratamiento de usted. prolijo, limpio, se ofrece de la nada a dar una mano cuando un amigo y yo pretendemos deshacernos de innumerables cantidades de basura de la mudanza: cajas, telas, bolsas, restos de artefactos; en fin, todo eso que de pronto deja de formar parte de la vida y cobra vida propia. es de noche, el contenedor no está cerca; vamos y venimos y de pronto aparece guillermo. nos ofrece ayuda, dice que sabe cómo poner la basura -los trastos, las maderas, las cajas de cartón, y el resto, lo inútil- en el contenedor para que otros compañeros se beneficien. efectivamente, sabe hacerlo. es ordenado y rápido. para cuando queremos acordar, aquello parece que nunca hubiera ocurrido. entonces le agradecemos y él nos da un papelito con su nombre y un número de teléfono. dice, señora, si aparece algo más, me llama, que yo vengo y me ocupo. nos despedimos; ha refrescado y dan ganas de estar dentro de una casa. él se regresa caminando, me entero al día siguiente, porque no sólo no comió, sino que tampoco tiene dinero para pagar el boleto. cuántas horas hay que caminar hasta llegar a bella italia? muchas, supongo, y con hambre y cansancio han de ser muchas más.
la basura vuelve a acumularse y miramos con desazón todo ese montón, que ya incluye pequeños muebles, algún cuadro que no ha sobrevivido a la mudanza, y todo tipo de enseres. y si llamamos a guillermo? capaz que le sirve. dice que vendrá dentro de dos horas, y es puntual como un alemán. mira todo, calibra cómo trasladar todo eso en el ómnibus -el 405 lo deja a algunas cuadras- hace dos pilas, decide qué se lleva en este primer viaje. sonríe. intenta conseguir un carro, pero no hay. así que dice que seguramente venga con la hermana, más tarde. le damos dinero para los boletos, y algo para que coma, puesto que sigue sin hacerlo. y tres horas más tarde llega con natalia, la hermana, muy joven, muy agradable y mesurada en el hablar. ayuda al hermano y se organiza incluso mejor que él para llevarse todo. entonces guillermo me da el curriculum y una fotocopia con los aportes al bps de sus años de trabajo en uruguay. le digo que intente terminar secundaria en un nocturno para adultos, así después puede entrar a la utu y cursar comunicación, que es lo que quiere hacer. él dice que averiguará, pero que también quiere volver a colombia, porque en la radio lo esperan con un contrato y trabajo seguro y firme, y de ese modo puede ayudar a la familia.
- no me avergüenzo del trabajo que hago - dice, -pero no me gusta ni quiero ser clasificador. soy honesto, mis padres me educaron en valores, eso que a la sociedad tanto le falta ahora. muchos creen que por trabajar en esto y por vivir donde vivimos, no somos de fiar. pero hay de todo en todas partes; sólo quiero ayudar a mi madre y a mi hermana, y después volver a colombia, a trabajar en la radio. es lo que me gusta hacer.
- tengo pasaporte y volver a colombia, por tierra, me cuesta 450 dólares. demoro una semana, y llego. estoy juntando el dinero para eso.
(ni falta hace hacer cuentas; para unos, 450 dólares son el futuro y la solución; para otros, un pantalón de marca, un par de botas de marca, un celular de marca, una cena de marca)
los acompañamos; es de noche, tienen un par de horas por delante, y me pregunto cómo se las ingeniarán con todos esos paquetes en el 405. les hacemos adiós con la mano y ellos devuelven el saludo, cargados y sonrientes.
ojalá consiga un trabajo distinto, que esté de acuerdo a su experiencia laboral. ojalá la familia salga adelante y pueda volver a colombia, a trabajar en la radio.
y si alguien sabe de un trabajo, avise.
No hay comentarios:
Publicar un comentario