lunes, 20 de octubre de 2014

chañaral, primer día, octubre 2014

15 horas de viaje en tur-bus, con choferes que se alternan y asistentes que nos dan jugo, mantas, una almohada liliputiense, en una ruta que parcialmente está en reparación, lo que enlentece la marcha. el día desaparece, y la gran ventana parece la pantalla de un cine en la que sólo se ven la noche, la oscuridad y las estrellas. pronto baja el frío, ese frío que no se va con nada, ni siquiera con el pisco que guardo en un termo que gentilmente me prestó etual (con devolución). cada tanto, el bus se detiene en la mitad de la nada, y sube gente, que en la negrura de la noche no tiene rostro. en algún momento nos detenemos en ovalle, en coquimbo, en la serena, que es la última estación (a tres horas) de destino. los choferes me cuidan, supongo que será porque ya no hay mujeres a bordo y salgo, cada vez, empecinada a fumar y a tomar café hirviendo que se vende en las estaciones tan perdidas como todo lo demás. y después amanece y ya faltan 150 km y la ruta transcurre entre la cordillera, a la derecha, y el océano, a la izquierda. y sólo hay viento y los insectos que cada tanto se revientan contra el vidrio, y más viento, y arena y algunas casuchas repartidas, cerradas, mirando las serranías; otras, mirando el mar. y entramos en el pueblo y un aluvión de recuerdos se tropiezan nomás bajo del bus. busco el hotel. así conozco a Judit, poeta de cali, simpática, que dice tener un marido comprensivo, porque ella viaja mucho con su poesía, y ahora faltará de casa un mes completo, pero él la espera. así lo dice, orgullosa, de su marido, de una hija que es doctoranda en educación, y de ser pensionista y por lo tanto libre. habla hasta por los codos mientras yo trato de despertarme y voy a por otro café en la cafetería de la planta alta, y en todas partes hay espantosos, antipáticos, antihumanos carteles de "no fumadores". sonamos. pero la gente es amable y se puede fumar en la calle, en el frío y el silencio de un pueblo que trepa las colinas y que aún no despierta. después a la biblioteca, donde hay dos o tres poetas que ya llegaron para el encuentro que comienza mañana, y el organizador, el circunspecto y respetado líder de la comunidad, omar monroy, con la infaltable boina y una mirada que siempre tiene como una nube de tristeza. dice que almorzaremos juntos y que se sumará más gente. están heber, de la república de durazno, y su mujer, alicia; judit; belén, que viene de un pueblito de minas gerais, y pedro, un poeta y director de periódico local, de pelo teñido de cobre a rabiar, pero muy simpático. hay que ponerse al día. se habla un poco de política, pero se recomienda no discutir, para no perder la compostura. omar, antes, me ha preguntado qué ocurrirá con nuestras elecciones. parece estar bastante al tanto. benjamín león llega a la medianoche, y gloria mendoza borda, mañana temprano. roberto resendiz no viene, está en colombia; también se espera a edna, que llega mañana. otros están repartidos en otros encuentros. omar me dice en voz baja que los poetas viajan más que los escritores, y le digo que la ventaja de los poetas es que pueden leer, pero que un novelista no puede hacerlo, por lo tanto no reviste el menor atractivo para nadie (los poetas parecen muy sociables y charlatanes; sospecho que los escritores somos tímidos y un poco misántropos). me intereso por el programa con los reclusos y le digo que me gustaría participar. pues de inmediato dice de ir hasta la prisión, que está por aquí cerca, para concretar la visita. es un edificio enrejado, claro, pero sin guardias a la vista, tocamos timbre y alguien abre un candado, omar se presenta, y entre saludo aquí y saludo allá, nos recibe el capitán, un hombre afable y  muy joven, que está a cargo de la gendarmería desde hace un año. le pregunto de quién depende y dice que del ministerio de justicia. antes estuvo en Santiago y luego en Copiapó; en Santiago la población carcelaria era de 1300; en Copiapó de 600 y aquí de 250, "acá estoy tranquilo", aclara y sonríe.   de una oficina a la otra, omar va invitando a todos a la inauguración del encuentro, mañana martes, a las 20 horas, en el salón de la municipalidad, y todos asienten encantados, y por fin el capitán dice que podemos trabajar con los reclusos el miércoles por la tarde. seremos tres los escritores. pregunto de dónde son, qué han hecho, y se me dice que son hombres y mujeres, algunos bolivianos que son -o fueron- mulas, y los atraparon, y otros delincuentes, la mayoría "arrepentida". parecen estar integrados a la prisión, y se me ocurre que los dos hombres y con sendos tatuajes que saludé y que estaban moviendo muebles, no eran guardias de civil sino reclusos.

después, me deja en el hotel, y salgo a caminar. el pueblo está igual. tan silencioso y colorido como lo recordaba, la misma botillería, la misma plaza, los mismos perros sucios y lastimados, el mismo mercado, la misma heladería, la misma librería eternamente cerrada, y la estatua del violinista en una ochava. entro en una tienda de abarrotes, donde hay literalmene tanta cosa, que parece macondo. estoy a punto de comprar una crema de caracol contra no sé qué mal, y otra de serpiente, buena para no sé qué. pero supongo que en el aeropuerto no la verán con  buenos ojos, y la dejo en el estante. y después hay otras cosas -sí, cosas-, pero no sabría decir para qué sirven, cómo se llaman o qué son, y el dependiente no tiene cara de muchos amigos como para que lo atosigue a preguntas.

en un muro cuelga un cartel:







y a su lado, el kiosco que vende comida para llevar, que se llama "la tentación y el bajón" me sigue sorprendiendo, porque no me pongo de acuerdo sobre el significado. la iglesia presbiteriana es apenas un cartel colgado de una reja oxidada (hacen falta los comentarios de William rouge, pero este año no viene, una pena, poeta loco de medellín), detrás de la cual hay un baldío (la adventista podría ser la catedral) y la catedral, donde se celebrará el te deum con los representantes de los tres poderes (civil, militar, eclesiástico) luce un poco descascarada y poco creíble. no sé si habrá mezquita, sinagoga o ashram. pero todo es posible en chañaral.

 

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