Ñuñoa plaza
es como estar en Berlín oriental.
el clinic bar, en Jorge Washington 58, es el lugar en el que es imposible no sentirse en casa.
hay una tele, claro. pero qué pasa la tele? las tapas del periódico the clinic, de izquierda alternativa, ácido, irónico, duro, interesante. nada de tinelli, fútbol o pasarelas. no. se habla de política y de ideología, esa rara avis en los tiempos que corren.
en el pub hay un área para fumadores. allí nos quedamos y bebemos y charlamos y tomamos fotografías. nada de selfies. por favor. la realidad es mucho más interesante que el ombligo. curioso. los afiches ponen en evidencia la banalidad que todos hemos terminado de dar por buena por olvido de lo que no es banalidad. el menú, que simula un tabloide y que me llevo con autorización de la camarera, combina los tragos y las picadas con noticias y editoriales de la política local que no tienen desperdicio. para alimentar la memoria: copetín "estadio nacional: -o te vai detenido o desaparecido-" o "conflicto en siria, mujeres bombas se quejan: nos sentimos explotadas". así se bebe, así se piensa.
así también se guía una forma de estar. el boliche es cultura, ¿o no?
Ñuñoa es una comunidad curiosa, entre providencia (clase media que quiere ser alta) y la reyna (clase media baja que parece clase media, estamos en chile) que aún mantiene algunas casas de la época, pero que el boom edilicio destruyó pese a las protestas de los vecinos. sin embargo, en Ñuñoa hay mucho y pasan muchas cosas. hay vida cultural, boliches, gente que piensa y no sabe a dónde ir con su pensamiento; y está el mencionado bar que no tiene problemas en tener libros y una hoz y un martillo, y en el baño de damas burlarse de don Pinochet y de piñera cuando uno tira de la cadena ya sabemos en qué circunstancias.
la música es buena. el vino es bueno y los parroquianos son de la putísima.
sorpresas te da la vida, dijo blades, y tiene razón. y escuchamos "loca" de chico Trujillo, que es una versión tanguera de lo que no llegará nunca a ser tango, porque acá no hay tango, pero en este lugar debería de haberlo.
viva la resistencia en Ñuñoa!
es como estar en Berlín oriental.
el clinic bar, en Jorge Washington 58, es el lugar en el que es imposible no sentirse en casa.
hay una tele, claro. pero qué pasa la tele? las tapas del periódico the clinic, de izquierda alternativa, ácido, irónico, duro, interesante. nada de tinelli, fútbol o pasarelas. no. se habla de política y de ideología, esa rara avis en los tiempos que corren.
en el pub hay un área para fumadores. allí nos quedamos y bebemos y charlamos y tomamos fotografías. nada de selfies. por favor. la realidad es mucho más interesante que el ombligo. curioso. los afiches ponen en evidencia la banalidad que todos hemos terminado de dar por buena por olvido de lo que no es banalidad. el menú, que simula un tabloide y que me llevo con autorización de la camarera, combina los tragos y las picadas con noticias y editoriales de la política local que no tienen desperdicio. para alimentar la memoria: copetín "estadio nacional: -o te vai detenido o desaparecido-" o "conflicto en siria, mujeres bombas se quejan: nos sentimos explotadas". así se bebe, así se piensa.
así también se guía una forma de estar. el boliche es cultura, ¿o no?
Ñuñoa es una comunidad curiosa, entre providencia (clase media que quiere ser alta) y la reyna (clase media baja que parece clase media, estamos en chile) que aún mantiene algunas casas de la época, pero que el boom edilicio destruyó pese a las protestas de los vecinos. sin embargo, en Ñuñoa hay mucho y pasan muchas cosas. hay vida cultural, boliches, gente que piensa y no sabe a dónde ir con su pensamiento; y está el mencionado bar que no tiene problemas en tener libros y una hoz y un martillo, y en el baño de damas burlarse de don Pinochet y de piñera cuando uno tira de la cadena ya sabemos en qué circunstancias.
la música es buena. el vino es bueno y los parroquianos son de la putísima.
sorpresas te da la vida, dijo blades, y tiene razón. y escuchamos "loca" de chico Trujillo, que es una versión tanguera de lo que no llegará nunca a ser tango, porque acá no hay tango, pero en este lugar debería de haberlo.
viva la resistencia en Ñuñoa!
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