lunes, 20 de octubre de 2014

chañaral, primer día, octubre 2014

15 horas de viaje en tur-bus, con choferes que se alternan y asistentes que nos dan jugo, mantas, una almohada liliputiense, en una ruta que parcialmente está en reparación, lo que enlentece la marcha. el día desaparece, y la gran ventana parece la pantalla de un cine en la que sólo se ven la noche, la oscuridad y las estrellas. pronto baja el frío, ese frío que no se va con nada, ni siquiera con el pisco que guardo en un termo que gentilmente me prestó etual (con devolución). cada tanto, el bus se detiene en la mitad de la nada, y sube gente, que en la negrura de la noche no tiene rostro. en algún momento nos detenemos en ovalle, en coquimbo, en la serena, que es la última estación (a tres horas) de destino. los choferes me cuidan, supongo que será porque ya no hay mujeres a bordo y salgo, cada vez, empecinada a fumar y a tomar café hirviendo que se vende en las estaciones tan perdidas como todo lo demás. y después amanece y ya faltan 150 km y la ruta transcurre entre la cordillera, a la derecha, y el océano, a la izquierda. y sólo hay viento y los insectos que cada tanto se revientan contra el vidrio, y más viento, y arena y algunas casuchas repartidas, cerradas, mirando las serranías; otras, mirando el mar. y entramos en el pueblo y un aluvión de recuerdos se tropiezan nomás bajo del bus. busco el hotel. así conozco a Judit, poeta de cali, simpática, que dice tener un marido comprensivo, porque ella viaja mucho con su poesía, y ahora faltará de casa un mes completo, pero él la espera. así lo dice, orgullosa, de su marido, de una hija que es doctoranda en educación, y de ser pensionista y por lo tanto libre. habla hasta por los codos mientras yo trato de despertarme y voy a por otro café en la cafetería de la planta alta, y en todas partes hay espantosos, antipáticos, antihumanos carteles de "no fumadores". sonamos. pero la gente es amable y se puede fumar en la calle, en el frío y el silencio de un pueblo que trepa las colinas y que aún no despierta. después a la biblioteca, donde hay dos o tres poetas que ya llegaron para el encuentro que comienza mañana, y el organizador, el circunspecto y respetado líder de la comunidad, omar monroy, con la infaltable boina y una mirada que siempre tiene como una nube de tristeza. dice que almorzaremos juntos y que se sumará más gente. están heber, de la república de durazno, y su mujer, alicia; judit; belén, que viene de un pueblito de minas gerais, y pedro, un poeta y director de periódico local, de pelo teñido de cobre a rabiar, pero muy simpático. hay que ponerse al día. se habla un poco de política, pero se recomienda no discutir, para no perder la compostura. omar, antes, me ha preguntado qué ocurrirá con nuestras elecciones. parece estar bastante al tanto. benjamín león llega a la medianoche, y gloria mendoza borda, mañana temprano. roberto resendiz no viene, está en colombia; también se espera a edna, que llega mañana. otros están repartidos en otros encuentros. omar me dice en voz baja que los poetas viajan más que los escritores, y le digo que la ventaja de los poetas es que pueden leer, pero que un novelista no puede hacerlo, por lo tanto no reviste el menor atractivo para nadie (los poetas parecen muy sociables y charlatanes; sospecho que los escritores somos tímidos y un poco misántropos). me intereso por el programa con los reclusos y le digo que me gustaría participar. pues de inmediato dice de ir hasta la prisión, que está por aquí cerca, para concretar la visita. es un edificio enrejado, claro, pero sin guardias a la vista, tocamos timbre y alguien abre un candado, omar se presenta, y entre saludo aquí y saludo allá, nos recibe el capitán, un hombre afable y  muy joven, que está a cargo de la gendarmería desde hace un año. le pregunto de quién depende y dice que del ministerio de justicia. antes estuvo en Santiago y luego en Copiapó; en Santiago la población carcelaria era de 1300; en Copiapó de 600 y aquí de 250, "acá estoy tranquilo", aclara y sonríe.   de una oficina a la otra, omar va invitando a todos a la inauguración del encuentro, mañana martes, a las 20 horas, en el salón de la municipalidad, y todos asienten encantados, y por fin el capitán dice que podemos trabajar con los reclusos el miércoles por la tarde. seremos tres los escritores. pregunto de dónde son, qué han hecho, y se me dice que son hombres y mujeres, algunos bolivianos que son -o fueron- mulas, y los atraparon, y otros delincuentes, la mayoría "arrepentida". parecen estar integrados a la prisión, y se me ocurre que los dos hombres y con sendos tatuajes que saludé y que estaban moviendo muebles, no eran guardias de civil sino reclusos.

después, me deja en el hotel, y salgo a caminar. el pueblo está igual. tan silencioso y colorido como lo recordaba, la misma botillería, la misma plaza, los mismos perros sucios y lastimados, el mismo mercado, la misma heladería, la misma librería eternamente cerrada, y la estatua del violinista en una ochava. entro en una tienda de abarrotes, donde hay literalmene tanta cosa, que parece macondo. estoy a punto de comprar una crema de caracol contra no sé qué mal, y otra de serpiente, buena para no sé qué. pero supongo que en el aeropuerto no la verán con  buenos ojos, y la dejo en el estante. y después hay otras cosas -sí, cosas-, pero no sabría decir para qué sirven, cómo se llaman o qué son, y el dependiente no tiene cara de muchos amigos como para que lo atosigue a preguntas.

en un muro cuelga un cartel:







y a su lado, el kiosco que vende comida para llevar, que se llama "la tentación y el bajón" me sigue sorprendiendo, porque no me pongo de acuerdo sobre el significado. la iglesia presbiteriana es apenas un cartel colgado de una reja oxidada (hacen falta los comentarios de William rouge, pero este año no viene, una pena, poeta loco de medellín), detrás de la cual hay un baldío (la adventista podría ser la catedral) y la catedral, donde se celebrará el te deum con los representantes de los tres poderes (civil, militar, eclesiástico) luce un poco descascarada y poco creíble. no sé si habrá mezquita, sinagoga o ashram. pero todo es posible en chañaral.

 

domingo, 19 de octubre de 2014

pianos en santiago

Según La Tercera del 18 de octubre de 2013, "la actividad ha sido traída a Chile por Mall Plaza Egaña y apoyada por el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, donde cada piano ha sido intervenido por artistas como Totoy Zamudio, Nicolás Echeñique, Lorena Rocco, José Yutrovich, Margarita Garcés, Santos Guerra y Macarena Matte". A un año de instalado el proyecto, los pianos son esculturas-pinturas-sonoras, y la gente se sienta y toca. Así, se descubrió que había muchísimas personas amantes de la música, que no dudaban en sentarse en parques, plazas o esquinas, a tocar.






Así, ha habido simples transeúntes que han ofrecido verdaderos conciertos con obras de Eric Satie, o más cercano en el tiempo, Emerson-Lake&Palmer.




Ese fue el caso de un sin techo, Freddy, que asombró a los peatones, que descubrieron su talento y su sensibilidad.

El proyecto surgió en Birmingham, y los pianos "viajan" por el mundo y se instalan en distintas ciudades que se suman a él. Ya ha estado en 37 ciudades. Sería interesante que Montevideo se anotara en la lista (seguramente haya una lista en alguna parte) y empezaran a aparecer los pianos pintados por artistas como Fermín, Seveso, Mendizábal, Bassi y con las caricaturas de Jaime Clara. ¿Y si juntamos firmas para que vengan?

sábado, 18 de octubre de 2014

the clinic berlín oriental en santiago de chile

Ñuñoa plaza

es como estar en Berlín oriental.
el clinic bar, en Jorge Washington 58, es el lugar en el que es imposible no sentirse en casa.
hay una tele, claro. pero qué pasa la tele? las tapas del periódico the clinic, de izquierda alternativa, ácido, irónico, duro, interesante. nada de tinelli, fútbol o pasarelas. no. se habla de política y de ideología, esa rara avis en los tiempos que corren.

en el pub hay un área para fumadores. allí nos quedamos y bebemos y charlamos y tomamos fotografías. nada de selfies. por favor. la realidad es mucho más interesante que el ombligo. curioso. los afiches ponen en evidencia la banalidad que todos hemos terminado de dar por buena por olvido de lo que no es banalidad. el menú, que simula un tabloide y que me llevo con autorización de la camarera, combina los tragos y las picadas con noticias y editoriales de la política local que no tienen desperdicio. para alimentar la memoria: copetín "estadio nacional: -o te vai detenido o desaparecido-" o "conflicto en siria, mujeres bombas se quejan: nos sentimos explotadas". así se bebe, así se piensa.
así también se guía una forma de estar. el boliche es cultura, ¿o no?

Ñuñoa es una comunidad curiosa, entre providencia (clase media que quiere ser alta) y la reyna (clase media baja que parece clase media, estamos en chile) que aún mantiene algunas casas de la época, pero que el boom edilicio destruyó pese a las protestas de los vecinos. sin embargo, en Ñuñoa hay mucho y pasan muchas cosas. hay vida cultural, boliches, gente que piensa y no sabe a dónde ir con su pensamiento; y está el mencionado bar que no tiene problemas en tener libros y una hoz y un martillo, y en el baño de damas burlarse de don Pinochet y de piñera cuando uno tira de la cadena ya sabemos en qué circunstancias.
la música es buena. el vino es bueno y los parroquianos son de la putísima.

sorpresas te da la vida, dijo blades, y tiene razón. y escuchamos "loca" de chico Trujillo, que es una versión tanguera de lo que no llegará nunca a ser tango, porque acá no hay tango, pero en este lugar debería de haberlo.

viva la resistencia en Ñuñoa! 

aeropuerto de carrasco


La tribu del fuego

Aeropuerto de carrasco

Antes, pasar encendedores en los aeropuertos era relativamente sencillo. Cuando digo antes, me refiero a hace unos pocos meses. Lo he hecho, sin problemas, en lugares tan dispares como china, alemania, gran bretaña, camboya, grecia, perú, argentina, chile y dios sabe cuántos otros que ya no recuerdo.

Pues han mejorado los dispositivos de seguridad, en un país que parece desconocer el asunto. En el aeropuerto de carrasco, que hasta ahora me parecía de los que menos atención le prestaban a la seguridad, descubrieron mis dos reservas de yesca! Claro que el oficial de la fuerza aérea fue muy simpático –tenía acento de la frontera- y se que las RRPP llegaron a las armas,  y también bromeó con una mujer que llevaba en la cartera alcohol en gel y ella dijo que no era para beber y él respondió:

-          Soy alcohólico anónimo.
No pude menos que intervenir:

-          Más vale borracho conocido que alcohólico anónimo.
A lo cual el oficial agregó un comentario, le condonó el alcohol en gel, pero se quedó con mis dos encendedores.

En este aeropuerto, sin embargo, hay alguien gentil - y buen negociante- que abrió un pub con una terraza en donde se puede fumar, terraza bajo una terraza que hace dudar eso de "al aire libre", pero nos salva. Los dueños incluyen ceniceros, encendedores y fósforos, para los viciosos, pero henos aquí que alguien se llevó el encendedor y la caja de fósforos, por lo tanto no hay cómo encender el desgraciado cigarrillo. Bien. ¿Qué hacer? Pues que hay un solitario samaritano fumando, al que le pido fuego. Él hombre me da. Le pregunto cómo hizo para burlar al nuevo instrumental tecnológico-que-detecta-viciosos-empedernidos (y no terroristas!) y me dice que tuvo suerte, que lo metió en la mochila. Vaya, pienso, es como responder a la pregunta de dónde esconder a un elefante. Pues bien a la vista, para que todos lo vean y nadie piense que está escondido. Un elefante entre elefantes es lo menos escondido que hay.  Me da fuego, se levanta y se va. Dios, pienso, el único fuego que tengo es el de mi brasa. Habrá que alimentarlo.

Fuego a mantener vivo, fumo uno atrás del otro, para mantener la brasa con vida. Entran, de a uno, fumadores que también escondieron mal sus encendedores y me piden fuego. Así que les digo: cuiden la brasa, es lo único que hay.

Y de pronto esto parece una cueva de Altamira, con una tribu de cro magnones, cuidando el fuego (el lar, dirían los griegos siglos más tarde), y es eso. Me he convertido en la dadora de brasa, en múltiples idiomas. Resulta, entonces, cierto: el fuego nuclea hombres y mujeres, como en una babel, cuya única liason es esta: fumar en paz en un mundo que considera al fumador casi tan peligroso como un leproso o un portador de ébola. Todos nos tenemos simpatía. Incluso al que tampoco tiene cigarrillos, al que convido con amplio placer.

Y después me levanto, después de comprobar que los fumadores tienen sus cigarrillos encendidos y voy al free shop. No vende encendedores, por supuesto.

Ya en migraciones, en Santiago, la cola se divide en tres: residentes, turistas, pasajeros que vienen de áfrica (por el ébola). no sé qué les hacen en el cuartito. será para la siguiente entrada de este blog.
 

 

domingo, 17 de agosto de 2014

no todos los yanquis son hijos del imperio


domingo en tristán narvaja. camino aquí y allá, sin buscar nada en especial, pero buscando. alguien dijo una vez que son las cosas las que los buscan a uno. un libro que está solo, una fotografía que se cayó de un album y nadie quiere, y pide ser querida. así es que aparece una escarapela del viejo lenin- seguramente hoy un desconocido que podría ser tomado por un cantante de alguna banda semi-under (convengamos que hasta el under se ve poco)- un sombrero de un soldado ruso, un libro de 1820 y algunas cosas más, un "wish you were here" del mejor grupo del mundo, pink floyd, y tanto olor a vida, tanto olor a vida. y de pronto, a unas cuadras: música en vivo. un blues. divino blues, que redime el alma, y que todo el mundo debería saber que significa "tristeza" y en alemán, estar "azul" (blau, como lola blau) es más complejo, pero refleja el estado del alma. el asunto es que hay un blusero gringo tocando, con una gibson que parece del 70 y una harmónica,m una cachucha de baseball y eso que hace que se note que no es de acá. ¿pero de dónde? charli dice que es gringo.  entonces le respondo, porque es un buen compinche de correrías urbanas,  "vamos a por una cerveza, porque esto no existe" (porque recuerdo el mercado de camden, en londres,  y esto es lo mismo, pero acá).
(dos cuadras antes pasamos por la esquina dura, donde la pasta base y los chorros son una sola cosa, pero así es montevideo, pleno empleo, marihuana libre, y uno que sigue creyendo que se puede)

así que consigo una cerveza "azul" (vaya coincidencia, no sabía que existían, que se compra en una panadería de la cuadra,linda entre tenderetes que venden brochetas que parecen de grecia o de tel aviv, botellita que va para la colección) y le pregunto a un feriante si me puedo sentar en su puesto y dice que sí, y charli se queda semisentado -no sé cómo hace, pero los hombres son bichos raros- y escuchamos al gringo que canta unos blues magníficos, allí, en un domingo que parece de primavera, pero estamos en agosto, y no puede ser. entonces le pido que cante "swing low, sweet charriot" que es una belleza, y me dice que él sólo canta sus canciones, que las compone él. es gordo, tiene una especie de sex appeal a su pesar, no le importa lo que piensen de él, me parece. me parece que sólo le interesa cantar y nada más. le pregunto "where are you from". y dice: "I was born in the united states " (sí, como la canción del amigo bruce), "pero no soy de ese pueblo, no quiero serlo, y me vine para acá". a la pucha. un voto menos para don obama. ni chomsky ni susan sontag lo hubieran expresado tan bien. "ahora estoy acá.". "welcome to our country" , me sale decirle, porque me parece increíble que alguien quiera venir de la green card a uruguay. "vengo acá cuando hay sol o cuando no llueve. hablo poco español. hace seis años que estoy acá". no hay cómo agradecerle al concierto que nos da, allí, en esa esquina. pero de pronto, la gente se detiene. quizá porque, involuntariamente, dos sujetos como nosotros, sentados en el piso, escuchando a este hombre que todavía sueña, llama la atención. y entonces le agradecemos. brindamos a su salud. y seguimos caminando, así, tranquilos, charli y yo, perdidos entre un mar de gente, que seguramente no sepa hasta qué punto es gente, pese a todo. viva el blues! que nació como rebelión, y que parece que no dejará de serlo. 


el amor existe: pablo y regina

domingo, montevideo, gente que va y viene, que da pena, que parece no saber bien adónde va. uno tampoco, somos todos lo mismo. parece que hay algo así como una anomia inperceptible en todas partes.

subo al taxi casi a las 10 de la noche, en una montevideo con el tráfico insoportable de costumbre. doy la dirección. el taxista, con un sombrero que lo asemeja más a un carapintada que a un ser humano, apenas si me hace caso. en bulevar artigas, a la altura de rivera comienza a gesticular y se acerca peligrosamente a un bus de cutcsa. me parece que está enojado por algo y me preparo para las cotidianas y relativamente detestables peleas de tránsito, que últimamente no terminan bien. pero no. toma el celular y dice: "te estoy viendo, te estoy viendo. estoy a tu lado, te amo". uno puede pensar que un taxista enloquece sin ningún motivo. error. uno no debe tener prejuicios. se acerca más al bus y agrega: "¿me ves ahora? estoy acá, estoy acá". y hace señas con el brazo. un poco confundida,  le pregunto qué pasa. y me dice: "es que esa, la guarda, es mi mujer. y como nos vemos poco, cada vez que me la cruzo en el tránsito, le digo que la amo". zás. alguien cree en el amor en una época en la que nadie cree en el amor, o en la que nadie parece saber qué es el amor. le digo: "si no soy indiscreta, ¿podrías explicarme?" "claro", dice, se saca el sombrero y resulta ser un pelado con cara de bueno, uno de esos que no uno mira por equivocación en la calle. uno de esos que alguna vez, hace años, cuando la izquierda era izquierda hubiera dicho "es pueblo" y ahora ni eso. "hace 16 años que estamos casados, tuvimos malos años, y descubrimos que la manera de seguir juntos es esta: decir que nos amamos cada vez que podemos". a la flauta, pienso, este es mucho más vivo que el nabo de coelho y que a toni kamo y a pilar sordo le da dos mil vueltas. "por ejemplo, la semana pasada, le mandé un ramo de rosas rojas, porque tenemos tres hijas y no siempre tenemos tiempo para nosotros. pero si no te hacés el tiempo, si no escuchás al otro, si no le prestás atención, se te fue". ahora sí que me interesa. ¿ahora los tacheros saben más que los escritores de por ahí, de los periodistas de la radio, de etc.? y cuenta y cuenta. "ella ya está un poco más gorda, claro, con tres hijos y trabajando de guarda, pero yo igual la quiero, igual me gusta. y sí, y en enero y en febrero, que lo del taxi es un desastre, la que para la olla es ella, no yo. y yo se lo agradezco. y siempre hablamos de todo. y en mi casa: no acepto la violencia de ningún tipo. los temas se discuten. y si no estoy de acuerdo, pienso, y si me equivoco, se lo digo, y me disculpo". "y ella?" le pregunto, como si estuviera escuchando una versión siglo xxi de las emisiones de francis durante el franquismo, maldito franquismo que le arruinó la vida a tantos. pero este, este se salvó de un montón de porquerías que no sé quién quiere que creamos. "y ella hace lo mismo. y las nenas - tenemos tres- son lo más importante. pero nos hacemos un rato para nosotros". "¿cómo"? entre la una y media y las dos y media, apagamos el celular, apagamos todo, y nos hablamos y nos queremos". zás, esto no lo ha dicho nadie así, pienso. mientras tanto, nos acercamos a destino. entonces se detiene en la esquina y seguimos conversando. le digo que no baje la bandera, pero dice: "no, ahora es fuera del viaje. seguimos charlando". y el tachero sigue contando cómo logró mantener una familia, con amor, a su modo, con los consejos que las estúpidas revistas para mujeres en las peluquerías dicen siempre mal, con total naturalidad. y hay detalles que esta crónica no puede ni quiere revelar, pero que muestran que hay seres humanos en todas partes y que se trata de verlos y de reconocerse uno como ellos. lo de las nenas, que son chicas todavía, a veces interrumpe el amor, pero siempre hay maneras de arreglarlo, y el tachero se sonríe, para sí, como si tuviera un secreto. y es claro que lo tiene, pero es claro que significa que cada uno debería hacerse la pregunta. ¿cómo amar? ¿cómo construir el amor?  entonces dice: "porque esto es serio, cuando vos elegís una mujer, entonces hay cosas que no corren. acá, en el taxi, se ven cosas. y no te hacés una idea". espero. ya las dirá. "hace unas semanas se subió una mina, de esas bien vestidas, de pocitos, incluso con una bandeja del emporio de los sándwiches" (atención, eso significa algo, símbolo). y me dio la dirección, por el Cerro. allá fuimos. cuando llegamos, le dije: son 450. y la mina me dice (una rubia de esas): tengo 400. y yo le digo: o 450 o nos vamos a la 24 -la comisaría del barrio".  hace un alto en el relato y me mira, serio: "y la mina me dice: a la 24 no, date una vuelta por ahí, y lo arreglamos como vos quieras". bien. silencio. me imagino la situación. el tachero dice: "¿vos te das cuenta? qué falta de dignidad. ni por cincuenta ni por mil. esa mina no se quería nada. así no se puede andar por la vida. esa mina no entendió nada. está perdida. y no es que critique lo que haga con su vida. es que no se hace así". salute. así que todavía hay personas con valores y principios. vamos bien. no está todo perdido, como a veces nos quieren hacer creer. entonces le pregunto el nombre: pablo. "¿y tu mujer?" "regina". bien, le digo. te agradezco la charla. y él dice: "así son las cosas. amar y seguir en  esto no es fácil. pero de a dos, y con buena voluntad y sabiendo lo que querés, se puede. en serio que se puede, se trata de encontrar en cada día algo del otro, y recordarlo. es así. y regina es mi vida". me bajé del taxi, preguntándome qué buena estrella me tocó esta vez, que me puso esto ante los ojos.
(esta historia es para charli, que va a entender, espero).


lunes, 12 de agosto de 2013

postales platenses (hola, roberto arlt)

el hotel queda en 49 entre 14 y 15, a dos cuadras de la catedral.
a media cuadra hay una suerte de parking donde antes seguramente había una casona antigua, con un muro blanquísimo en el que se lee: la música no hace daño. y delante de ese muro, a plena luz del día, 2 de la tarde de una tarde soleada y tibia, hay un jovencito, imberbe, flaquito (sí, sobran los diminutivos), haciendo un grafiti. es enorme (el grafiti). en rojo, azul, blanco y negro. me llama la atención porque tiene un lápiz en la oreja y porque es delgado y pálido. me lo quedo observando. entonces me da como un poco de cortedad y le pregunto:
- ¿te puedo mirar trabajar?
- claro.

observo. la mitad ya está delineada, se lee claramente "caso". recuerdo haber visto esto en otras paredes en muros de la plata (también recuerdo grafitis alemanes que son una maravilla). le pregunto:
- ¿qué significa "caso"?
- caso soy yo.

me muestra un cuaderno con el boceto del grafiti.

- calculé mal y traje poca tinta- dice.
- ah, tú sos caso. hay muchos grafitis tuyos, los he visto.

se sonroja un poco, lo que menos parece es un grafitero, y pienso en un compañero del curso, matías, que estudia las intervenciones artísticas en los espacios urbanos. ¿conocerá a caso? ¿conocerá el caso?

caso sigue pintando su arte; hay gente que pasa a su lado y ni lo mira. la única que parece verlo soy yo. alguien me ha dicho que estoy en la zona de tribunales, de los leguleyos, los abogados y tal. será por eso que a nadie le importa lo que pinte caso. el asunto es que él sigue exprimiendo su aerosol hasta que el color negro se termina, pero de todos modos hace un sombreado interesante. no me animo a preguntarle por qué lo único que hace es poner su apodo, su nombre o como se llame lo que es caso. fumo mientras él dibuja. a unos metros, hay una verdulería de un peruano al que le he comprado alguna cosa. me saluda con amabilidad. le digo a caso que tengo un hijo que también hizo grafitis, pero no le importa, o no me escucha, o le debe de parecer una estupidez supina. tiene razón. a quién puede importarle. le agradezco que me haya prestado atención y dejado ver cómo hace su arte, y me dice "chau" y eso es todo. en la esquina hay un restaurante de sushi y varios trajeados; algunos canosos, otros más jóvenes. si me guío por lo que me dijeron, son abogados o similar. escucho un fragmento de la conversación:
- vamos al restó -dice uno de voz joven.
el veterano responde:
-mirá el pendejo dándome órdenes. dónde está el turco.

(recuerdo el artículo leído en paparazzi sobre la pelea entre lanata y rial y me parece todo muy absurdo, pero comprensible) (mucha gente "pro" lee paparazzi, me entero luego)

pero van adonde dijo el joven, que parece salido de una publicidad de armani. el veterano es veterano y me da un poco de pena. unas cuadras más adelante, un boliviano me vende varios cartones de marlboro. es un quiosco diminuto en el que no caben dos personas, y que, además, vende algo de verdura. es extraño. a la vuelta, una boutique de vinos muy coqueta, donde suena soda estéreo a todo dar, y donde los precios son surrealistas. compro un sacacorchos no chino y algo de vino. y después voy a bambuc (sí, así, no se sabe por qué), un self-service chino que tiene comida china y un jardín zen que no se puede usar, pero que es una belleza. el dueño ya me conoce, me parece, porque le pregunto si me puedo sentar en su mesa a almorzar y me dice:
- en diez minutos cierro.
- como rápido - le digo, y es cierto.

allí se respira una paz distinta. hay bambús plantados, y una fuente y unas campanas que suenan con levedad, y habla en chino con el cocinero, y su comida es rica y sana, y le agradezco que me dejara sentarme allí, entre libros y papeles, y él sólo se ríe cuando le digo "xie xie ni"; sentada en esa mesita mirando por la ventana el jardín zen y los bambús resplandecientes y leyendo a castoriadis y tratando entender de qué se trata entender, termino de comer la comida china y me despido y le digo: mingtian lai, que quiere decir: mañana vuelvo, y se ríe y alza el pulgar, a lo yanki, y me da una profunda tristeza. pienso en cuánto le debe de haber costado adaptarse a esto, a esta manera de ser, a combinar el tofu y el chow mein con las milanesas de pollo y los flanes con dulce de leche, y en qué idioma pensará cuando piensa. recuerdo entonces beijing y cuán solidarios son los chinos cuando detectan a un desgraciado, cosa que en ese momento claramente represento. así que le agradezco doblemente. y recuerdo al chino qiu, en mataró, que viene de zheijiang, provincia que nadie conoce, pero en donde se paga en euros, porque la mayoría de los padres de familia viajó a españa a trabajar y tiene hijos que envían a china para que los abuelos les enseñen el chino y la cultura que en mataró no aprenden. pienso en qiu, en su esposa e hijas, que conocí hace tan poco, y que me regalaron un algo chino, porque sintieron que podía comprenderlos. pienso en las migraciones y en los territorios y en que esto de ir y venir por tantos lugares sólo muestra que lo que una vez lao tsé o alguien similar dijo: si quieres escribir sobre el mundo, dedícate a escribir sobre tu aldea. tofu, poeta chino sobre el que conocemos poco en occidente, se dedicó a escribir sobre su aldea, y retrató el mundo. un peruano, guillermo dañino, lo ha traducido, y vale la pena leerlo.
y todo eso en una mañana en la plata, mientras uno fuma y se pregunta qué demonios es la vida y cómo vivirla. por fin, luciana y angie, en la facultad, me dicen que tenemos que sentarnos en el fondo, porque tienen mate. les digo:
- en mis clases, los que se sientan al fondo son los que están más desatentos.
- acá es por el mate, y porque no sabemos si la materia nos va a interesar. podemos disimular.

pero la materia nos atrapa, disentimos, asentimos, discutimos, y tomamos mate. y la yerba argentina de pronto sabe bien; acaban de tener elecciones, se entiende poco (yo, al menos), pero como somos el hermano menor, el hijo de la provincia que no fue, no hay problema.

hace frío a la salida, y, tal como dijo la docente, llega un punto en que uno quiere sumergirse en la corriente y alienarse. dejar de ser. no preocuparse más. al menos hasta el siguiente día.