museo de arte moderno, parque central, exposición permanente de grabados de picasso. rosario es una guía excelente, y lee para mí los dibujos, los trazos, la composición espacial. hay 106 grabados expuestos en una gran sala -la iluminación es pésima-, y cada vez que uno se acerca para ver mejor, suena una alarma bastante aguda y molesta. creo que suena 106 veces, pero vale la pena. salimos de allí en busca de la tienda del museo, y encontrarla supone recorrer el laberinto del minotauro. la tienda está en uno de los pasajes del parque central, lejos del museo, después de doblar varias esquinas y preguntar a innumerables peatones de buena voluntad. una vez allí... el único catálogo de la exposición que queda es el de la tienda, pero la persuasión y la pasión funcionan, la dependienta consulta a su jefe, que a su vez le pregunta: realmente quieren ese catálogo? rosario afirma y yo le cruzo los dedos. el catálogo pasa a su bolso, amén de varios afiches y libros que compramos. me quedo con un afiche hermosísimo de zapata, el famoso caricaturista, de quien nos dice que estuvo "malito, pobre, pero ya se ha recompuesto", y recuerdo el uso de diminutivos que tanto me molestaba. en este caso, por tratarse de zapata y de un afiche magnífico, casi que pasa desapercibido.
en la feria, alguien ha dejado una nota para mí, y después recorremos algunos stands. al rato, viejos amigos venezolanos aparecen y nos vamos a beber una por los tiempos pretéritos en el pasaje que han montado, similar al de medellín, en que se mezclan tarantines que venden café, vino, dulces y todo tipo de comidas típicas, con gritos de gentes que se saludan, poetas que recitan, la radio que transmite en vivo de la feria y todo el ruido de la ciudad que se cuela entre los árboles. el sol alcanza cada rincón y el calor aumenta a velocidad segundo.
de tarde, rosario da su conferencia, y el cubano que habla es tan, pero tan aburrido, tan alambicado, tan salido de hace mil años, que ahí nomás, me quedo dormida. mi amiga myriam, la negra, una periodista me dice: mira, chica, que has roncado. y yo me quiero morir, y ella agrega: una broma, nada más. nos vamos de la conferencia con pena, porque yo quería escuchar la exposición de rosario, pero está última, y he quedado en encontrarme con la poeta astrid lander. que aparece, elegante y sonriente como en atacama, y ahí me doy cuenta de que no tengo editorial que nos presente, de modo que hay que presentarse de alguna manera, que ella sortea de lo más bien. entonces empiezo a reconocer caras, a las que de pronto se le suman los nombres. caracas, 1979, viejos amigos han leído que estoy aquí y han venido a saludar. ha de ser lo más emocionante de todo, tanto como reconocer la ciudad. entonces las conversaciones se vuelven tan tropicales como el trópico, porque es un picoteo de lo de antes con lo de ahora, y casi todos hablamos a la vez, pero nos escuchamos con atención, no sé cómo. alberto, julia, rómulo, alicia, ruben, y otros que aparecen luego. no sé si disfruto tanto la presentación por su presencia, que es como rendir un examen, el más difícil de todos, el de los pares, tantos años después.
en el correo del orinoco hay una entrevista a achugar. él dice que después de salir del país, uno se queda sin casa. es cierto. pero caracas es como una casa, una casona. que hoy transitamos, hacia la hoyada, a las apuradas, porque queremos comprar música y ron. van juntas, naturalmente. en la hoyada nos metemos en una suerte de mercado laberíntico, y le digo a mirla: aquí huele a santería, y dice, sí, a santería. entre los pasillos ella pregunta dónde hay buena música, y un negrote alto y simpático le dice: donde el chino. y allí, sentado en un enorme pipote, con una cachucha y cara de semi chino, está el chino. dirige todo lo de la música: música llanera a la izquierda, él tiene salsa. y entonces recuerdo una salsa que me gustaba mucho, de la que, sin embargo, no sé ya el nombre ni quién cantaba. digo: mirla, una que decía algo así: mi gata está enojada, porque no puede vacilar... y ella dice: sí, sí, espérate, y se la pone a cantar, y va donde el chino y le dice: chino, esta salsa busca mi amiga... y se la canta y la baila, ese pedacito, ese trocito de estrofa y él dice: claro, héctor lavoe, espérate un segundo. el segundo se convierte en un minuto que se convierte en otros, porque en ese tarantín que vende de todo, los cedés no están ordenados bajo ninguna otra lógica que la del chino, el tiempo corre contra reloj y él dice: sin ansiedad, con calma, mientras un hombre que tiene un programa de radio también le pide material. es claro que todo, absolutamente, es pirata, y lo más parecido a beijing que he visto. en realidad, podría ser beijing. por fin aparece el cd, y por quince bolos me llevo 106 temas de lo más granado de la salsa, y vaya que sí. ahora nos falta tu ron, dice mirla, vamos a por él. otra vez pasillos y calles, y donde antes no había aceras, y mucho menos en el centro, las hay. ella dice: es aquello de que hace unos años se dieron cuenta de que había que hacer obra pública... y reconstruyeron la vialidad. total, que ya no puede decirse más que en caracas no hay aceras y que caminar por la calle es imposible. y a los buhoneros los han destinado en estos mercados, de modo que todo está limpio. allí está el abasto, la droguería, la bodega. los rones... de precios tan distintos que no se entiende. ella dice: yo compro ese, que es ron del puro, del bueno. moneda de plata vale 28 bolos, y el pampero añejo, 250. es bueno, pregunto, porque el precio es... extraño. mírame, me dice, y confía en mí. y lo preparas así:aguaquina, un poco de jugo de limón, mucho hielo, si tienes angostura, mejor, y tan luego el ron. te bebes uno, dos, tres, cuatro, te cuelgas en el chinchorro a leer, y te acordarás de mirla. entonces me convence, y compro varias botellas. estoy segura de lo que diría la negra myriam, la que ha negado todo desde que me la encontré: eso no es ron, es gasolina de avión.
myriam me lleva a sabana grande y a chacaíto. quiero ver en qué se ha convertido todo. a mí me gustaría volver a ver el gran café y el juan sebastián bar, pero ella, una antichavista casi violenta, está empeñada en que yo vea lo feo y horroroso que está todo. y yo no logro ver la fealdad, y lo que a ella le parece la peor decadencia, a mí me suena a una buena solución urbana. creo que se resigna un poco, porque a mí me conmueve recuperar olores y sonidos, aquellos en los que terminé de crecer. volvemos en metro, y supongo que se alegra cuando da una frenada de aquellas. sonríe y dice: te lo dije, ni el metro! (y yo pienso:ojalá montevideo tuviera uno)
cenamos arepas, pabellón, en una arepera, con los amigos que hemos ido reuniendo en la feria. han pasado muchos años, pero la conversación se mantiene viva y alimentada por los enormes cambios del continente de este tiempo en que no nos hemos visto ni sabido nada unos de otros. reconocerse un poco en los otros es como alegrarse de tener un espejo que todavía refleja.
nos despedimos, quién sabe cuándo será la última vez.
al mediodía se comienza a armar una gran manifestación porque chávez ha vuelto al país y la gente vestida de rojo, con pancartas y banderas marcha, cantando y gritando. si este cristiano se muere, decimos, acá se arma un problema de novela. nadie sabe qué va a ocurrir, y a mí me da un poco de pena este presidente, que se cree tan poderoso como un dios, tan certero y absoluto como un dios, tan iluminado como un dios, y se olvidó de que es un ser humano. siento que estos gobernantes tropicales, tanto da que sean dictadores o autoritarios están pagando la culpa de tener que demostrar que son más machos que un macho cabrío, bien diferente a lo que ocurre en el sur. en todos lados hay fotos del retorno del líder. y la manifestación impide que haga una última recorrida por el este y vea la cota mil, porque anuncian que el tráfico a la guaira estará imposible y me mandan en un taxi casi cinco horas antes. pero el tránsito es una maravilla, y llegamos en media hora a maiquetía. y qué se hace cuando no hay sillas ni nada, y se debe esperar tanto? se lee. el magnífico catálogo que rosario me ha regalado sobre la exposición de ángel rama. y después se escribe esto y se despido uno de caracas, adiós, la bella.
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