el predio es el del jardín botánico, un espacio muy grande, en el que se han instalado las oficinas de la organización, y luego una serie de tiendas donde se exponen los libros (no representados por países, sino por editoriales o librerías). también hay salas para conferencias y charlas, plaza de comidas, y carpas con actividades de todo tipo. hay una constante muchedumbre, la entrada es libre. los organizadores son jóvenes de entre 20 y 30 años, sumamente amables y bien dispuestos, con una cultura que llama la atención, y un amor por la ciudad que conmueve.
los precios de los libros son atractivos, así como la oferta. nos impresiona ver los estands de las distintas universidades colombianas, que venden sus publicaciones. la producción teórica es vasta y toca todos los temas. uno siente un poco de pena por el país nuestro, que es tan soberbio y pedante. y eso, afuera, se nota con creces.
libros, libros y más libros. editoras independientes que publican obras que son hermosas, cuidadas, ilustradas. mucha poesía.
a nosotros nos toca dar un panorama de la narrativa y la poesía uruguaya, y después presentar nuestros libros. nos modera francisco pulgarín, un médico cuya pasión se centra en la literatura, la crítica. es crítico y ha leído bastante de literatura nacional. se queja -como lo hacemos todos- de que no llegan libros de literatura uruguaya a colombia, y acotamos que no llega nada de ninguna parte a parte alguna. la nefasta política editorial de las "multis", sumada a la ineficiencia y la indiferencia de las editoriales nacionales, hace que los escritores no se conozcan nunca, a menos que los toque la varita mágica de una edición internacional, que ocurre, mayormente, por gracia de la madre españa.
circula por la feria el "manifiesto de medellín", que firmamos, y en el cual se le pide a los gobiernos o las instituciones culturales de cada país, que se dignen diseñar políticas que permitan el cruce de la obra literaria de los latinoamericanos. después de varias conversaciones informales, llegamos a la conclusión de que todos padecemos del mismo mal. y eso se evidencia en la última charla a la que asistimos, en que se presenta una antología de la poesía de medellín, 1950-2011. hay en el libro unos sesenta autores reseñados: en la presentación, sin embargo, no somos más de diez personas. eso significa, nos decimos al despedirnos, que ni siquiera los propios poetas reseñados sintieron la necesidad de asistir y ocupar el espacio que les corresponde. la realidad de la que hablan -poesía, política- es similar a la nuestra, pero se le suma una variable, desconocida para nosotros: la guerra. se habla de la guerra, de la poesía en épocas de guerra y de paz, y de cómo los medios de comunicación ignoran, censuran, reprimen todo lo que se relaciona con la poesía. el debate, por demás interesante, no profundiza lo suficiente, y se queda en la mera queja, en el llantén conocido de siempre. parece que habría que recordar que cualquier política de estado vinculada a la educación y la cultura (como cualquier otra, salud, etc.) responde a la ideología de ese gobierno. entonces, no se puede aislar el tema del contexto mayor en que está contenido. la industria editorial, la industria literaria, que nada tiene que ver con la literatura a secas (buena, mala o regular) es lo que está en cuestión, y por debajo están en cuestión los dirigentes, los que diseñan y hasta estimulan el puro comercio.
llueve, llueve torrencialmente en la feria, y no hay dónde guarecerse. por allí nos detenemos a comer algo y conocemos a don arquímedes, un hombre que acaba de cumplir 101 años y que todavía lee sin lentes. supongo que a él, la industria editorial no le quita el sueño. su hija nos dice que lee todos los días. y qué lee? pues lo que encuentra. de todo.
en la puerta, un jovencísimo policía militar hace guardia. le pregunto si le gusta leer, y dice que sí, pero que ya no tiene tiempo, y es una pena. por qué no tiene tiempo? porque debe trabajar 16 horas diarias.
los stands se vacían, la gente se va, los organizadores se despiden. nosotros también. nos quedamos pensando qué significa ser escritor, poeta, y dónde está el meollo de la cuestión. entonces recuerdo lo que dijo ángel rama, en su ensayo Diez problemas para el novelista latinoamericano, hace muchísimos años: "la única dimensión auténtica del ser escritor es ser escritor latinoamericano, y son los valores peculiares de esta situación los que determinan los restantes, universales, y no a la inversa" (2006, pág. 5).
habrá que revisar a este pensador y seguir encontrándose con poetas y escritores, para lograr que las cosas cambien.
lunes, 19 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
medellín 2
estamos en carrera 70 con calle 5, una zona de aceras amplias, sitios de comidas al paso, y muchos boliches ruidosos por las noches y tranquilos durante el día. a pocas cuadras está la estación del metro (que circula por un carril especial sobre la superficie terrestre, al aire libre y no bajo tierra), que tomamos regularmente para recorrer la ciudad. el metro es un ejemplo más de cómo esta ciudad se relaciona con la cultura en todos sus aspectos: hay murales que celebran poetas y poemas locales; hay librerías, está impecable, y dentro, en el vagón, una voz recuerda dar el asiento a quien parece estar más cansado que nosotros, y que eso también es cultura. el pasaje es barato (un dólar) y permite conexiones. así conocemos distintas partes, la plaza botero, una zona rosa popular, calles y callejones: la gente es muy amable y la ciudad es limpia por donde se la mire. hay tarantines con guarapo y jugos de fruta y cualquier cantidad de variables de comidas al paso. pero todo limpio.
la plaza botero, con las enormes esculturas del genial artista me da la misma impresión que cuando volví a leer Cien años de soledad, ya en caracas. pensé: garcía márquez es un escritor costumbrista, nada más (ni nada menos!). acá, los personajes de botero parecen ser retratos exagerados de las personas que transitan por la plaza. casualidad o destino, el hecho es que vemos pasar a las mujeres gordas, a los hombres de sombrerito absurdo, a todo un conjunto de personas que son las estatuas de botero.
el arte copia a la realidad es lo que uno piensa y enseguida lo desecha. la realidad vuelta arte podría ser la otra cara de la interpretación. en todo caso, qué importa. el arte es el arte, y eso está a la vista.
más allá, sobre la montaña, y similar a caracas, está el barrio coqueto, chic, de clase alta, muy alta. son edificios enormes, bellos, rodeados de jardines, y para subir y bajar, necesariamente se necesita carro o taxi. allí la vida parece correr por otro carril, se tiene la ciudad a los pies, pero algo le falta. cerca del hotel que visitamos vemos una tanqueta militar. se trata de un arresto domiciliario de un criminal poderoso. seguimos de largo.
tomamos nuevamente el metro y luego algo que se llama metrocable: un aerocarril que sube y sube y sube, y se mete en los cerros, donde hay casitas humildes, y más arriba más casitas aun más humildes y arriba del todo está la biblioteca pública, que también es un ejemplo de cómo la cultura bien pensada y diseñada y gestionada sirve para mantener a una comunidad. hoy, domingo, había actividades para niños y jóvenes, las salas estaban pobladas y había adolescentes estudiando en el salón de consultas. temprano las callecitas están casi vacías, pero a eso de las once de la mañana todo se vuelve macondo, fellinesco, hay una vida callejera multicolor y multisonido. los comercios dan directamente a las aceras, y es posible obtener todo, una mezcla curiosa de lo local con la masificación de los malos productos chinos. en medio de eso, viejos y jóvenes sentados en la vereda, música tropical (que aquí tiene un sentido muy claro, porque les pertenece realmente). me detengo en un tarantín que vende frutas y una me llama la atención. parece un coco en miniatura, pero sin la textura velluda y amarronada. pregunto y es un zapote. quiero saber cómo se come y me dice que tengo que jalar del palito y después pelarla con los dedos. explicación insuficiente, pero la compro. es dulce y carnosa, una versión mucho más sabrosa que el mango, pero igualmente imposible de comer sin hacerse un lío de jugo y pringue en las manos. pero valió la pena, uno podría comer un zapote y otro y otro, y sentirse feliz. la callecita sigue, y veo venir a dos jóvenes tambaléandose. es temprano, pero ya han bebido suficiente alcohol como para estar felices. me hago a un lado. nadie quiere líos. seguimos caminando y alcanzamos la biblioteca pública, una maravilla de arquitectura diseñada y construida por giancarlo mazzeti, un colombiano cuyo padre era ítalo-francés. está cerrada y me entretengo con unos murales que retratan los típicos buses, que son chicos y van rapidísimo. para mi asombro veo que mi compañero, gerardo, se ha metido por otra callecita y está conversando con los jóvenes borrachos, que le ofrecen cerveza. los tres gesticulan y me quedo cerca. estaban hablando de fútbol, me explica, el fútbol hermana a las personas.
seguimos subiendo y bajando calles empinadas, conversamos con dos mujeres y un hombre que preparan arepas a las brasas y parecen muy contentos (todos parecen contentos, pese a que llovizna y no hay dónde guarecerse). da la impresión de que allá muy lejos queda el barrio chic, "el poblado", acá, en el cerro, parece que se concentra la vida. y no se trata de soñar con el "buen salvaje", sino de comprender los contrastes que se repiten infinidad de veces en latinoamérica. hay países que resuelven bien las cosas, como parece ser el caso de medellín, que se propuso reconstruirse e integrar a sus habitantes (tres millones y medio, como todo uruguay); hay otros que excluyen de un modo terrible, como las favelas de río de janeiro.
desde aquí tomamos otro metrocable que nos lleva a 2500 mts de altura, al parque arbí, que es una reserva natural de flora y fauna. el propio viaje en esta cabina compacta, con capacidad para seis personas, vale la pena. como si se tratara de un aparato a vuelo rasante, se ven desde arriba las casas que se van achicando y luego una portentosa naturaleza que se transforma, y de pronto hay coníferas que mantienen un suelo húmedo poblado de helechos enormes. uno piensa que si se cae, esa fronda será como un colchón salvador. da un poco de vértigo. entramos en una nube, y refresca. la ciudad cada vez es más pequeña e insignificante, un lego amarronado (todas las construcciones en medellín son de ladrillo, porque ese material dura más y es más barato de mantener acondicionado) con manchas de verde. a lo lejos, también, se ven el río y el aeropuerto donde ocurrió el accidente en que murió gardel, que es una celebridad local. el silencio y la inmensidad del parque contrastan con el bullicio de los barrios populares y de la ciudad llana. mientras bajamos, como en una película, escuchamos las distintas músicas que salen por las ventanas abiertas, mezcladas, una banda sonora real, que después se convierte en tráfico, bocinas y el traqueteo tan entrañable del metro, que para nosotros es un tren.
la plaza botero, con las enormes esculturas del genial artista me da la misma impresión que cuando volví a leer Cien años de soledad, ya en caracas. pensé: garcía márquez es un escritor costumbrista, nada más (ni nada menos!). acá, los personajes de botero parecen ser retratos exagerados de las personas que transitan por la plaza. casualidad o destino, el hecho es que vemos pasar a las mujeres gordas, a los hombres de sombrerito absurdo, a todo un conjunto de personas que son las estatuas de botero.
el arte copia a la realidad es lo que uno piensa y enseguida lo desecha. la realidad vuelta arte podría ser la otra cara de la interpretación. en todo caso, qué importa. el arte es el arte, y eso está a la vista.
más allá, sobre la montaña, y similar a caracas, está el barrio coqueto, chic, de clase alta, muy alta. son edificios enormes, bellos, rodeados de jardines, y para subir y bajar, necesariamente se necesita carro o taxi. allí la vida parece correr por otro carril, se tiene la ciudad a los pies, pero algo le falta. cerca del hotel que visitamos vemos una tanqueta militar. se trata de un arresto domiciliario de un criminal poderoso. seguimos de largo.
tomamos nuevamente el metro y luego algo que se llama metrocable: un aerocarril que sube y sube y sube, y se mete en los cerros, donde hay casitas humildes, y más arriba más casitas aun más humildes y arriba del todo está la biblioteca pública, que también es un ejemplo de cómo la cultura bien pensada y diseñada y gestionada sirve para mantener a una comunidad. hoy, domingo, había actividades para niños y jóvenes, las salas estaban pobladas y había adolescentes estudiando en el salón de consultas. temprano las callecitas están casi vacías, pero a eso de las once de la mañana todo se vuelve macondo, fellinesco, hay una vida callejera multicolor y multisonido. los comercios dan directamente a las aceras, y es posible obtener todo, una mezcla curiosa de lo local con la masificación de los malos productos chinos. en medio de eso, viejos y jóvenes sentados en la vereda, música tropical (que aquí tiene un sentido muy claro, porque les pertenece realmente). me detengo en un tarantín que vende frutas y una me llama la atención. parece un coco en miniatura, pero sin la textura velluda y amarronada. pregunto y es un zapote. quiero saber cómo se come y me dice que tengo que jalar del palito y después pelarla con los dedos. explicación insuficiente, pero la compro. es dulce y carnosa, una versión mucho más sabrosa que el mango, pero igualmente imposible de comer sin hacerse un lío de jugo y pringue en las manos. pero valió la pena, uno podría comer un zapote y otro y otro, y sentirse feliz. la callecita sigue, y veo venir a dos jóvenes tambaléandose. es temprano, pero ya han bebido suficiente alcohol como para estar felices. me hago a un lado. nadie quiere líos. seguimos caminando y alcanzamos la biblioteca pública, una maravilla de arquitectura diseñada y construida por giancarlo mazzeti, un colombiano cuyo padre era ítalo-francés. está cerrada y me entretengo con unos murales que retratan los típicos buses, que son chicos y van rapidísimo. para mi asombro veo que mi compañero, gerardo, se ha metido por otra callecita y está conversando con los jóvenes borrachos, que le ofrecen cerveza. los tres gesticulan y me quedo cerca. estaban hablando de fútbol, me explica, el fútbol hermana a las personas.
seguimos subiendo y bajando calles empinadas, conversamos con dos mujeres y un hombre que preparan arepas a las brasas y parecen muy contentos (todos parecen contentos, pese a que llovizna y no hay dónde guarecerse). da la impresión de que allá muy lejos queda el barrio chic, "el poblado", acá, en el cerro, parece que se concentra la vida. y no se trata de soñar con el "buen salvaje", sino de comprender los contrastes que se repiten infinidad de veces en latinoamérica. hay países que resuelven bien las cosas, como parece ser el caso de medellín, que se propuso reconstruirse e integrar a sus habitantes (tres millones y medio, como todo uruguay); hay otros que excluyen de un modo terrible, como las favelas de río de janeiro.
desde aquí tomamos otro metrocable que nos lleva a 2500 mts de altura, al parque arbí, que es una reserva natural de flora y fauna. el propio viaje en esta cabina compacta, con capacidad para seis personas, vale la pena. como si se tratara de un aparato a vuelo rasante, se ven desde arriba las casas que se van achicando y luego una portentosa naturaleza que se transforma, y de pronto hay coníferas que mantienen un suelo húmedo poblado de helechos enormes. uno piensa que si se cae, esa fronda será como un colchón salvador. da un poco de vértigo. entramos en una nube, y refresca. la ciudad cada vez es más pequeña e insignificante, un lego amarronado (todas las construcciones en medellín son de ladrillo, porque ese material dura más y es más barato de mantener acondicionado) con manchas de verde. a lo lejos, también, se ven el río y el aeropuerto donde ocurrió el accidente en que murió gardel, que es una celebridad local. el silencio y la inmensidad del parque contrastan con el bullicio de los barrios populares y de la ciudad llana. mientras bajamos, como en una película, escuchamos las distintas músicas que salen por las ventanas abiertas, mezcladas, una banda sonora real, que después se convierte en tráfico, bocinas y el traqueteo tan entrañable del metro, que para nosotros es un tren.
sábado, 17 de septiembre de 2011
medellín 2011
es volver al trópico después de 27 años, y darse cuenta de que hay una memoria llena de olores y sabores, de ruido a calle distinto al de montevideo, hay un reconocerse en el calor y la lluvia que cae de pronto y así como surgió, desapareció. es arepas y queso de mano (que se llama diferente) y cerveza helada y ver verde por todas partes, esa cosa un poco obscena de la naturaleza que se reproduce sin cesar. es ver una ciudad amable, limpísima, con consciencia de sus ciudadanos (hay senderos para ciegos en las calles, y nada de mugre en parte alguna); es el ritmo de la música, la cumbia, la salsa, el ballenato, pero los de verdad. es contagiosa esta alegría, que trasciende las clases sociales, los edificios altísimos y los barrios más pobres. es hablar con la gente por la calle, subirse al metro, entrar en una tienda de abarrotes, y descubrir a botero en la plaza y comprender su magnitud, es también zafar de dos "punguistas" que intentan el viejo truco de arrinconar a la víctima, en un callejón poblado que súbitamente se queda solo y en silencio; es ver a la policía militar patrullar y responder preguntas con gentileza, y que la gente esté orgullosa de cómo medellín se transformó en lo que es. es hospedarse en la "zona rosa" y escuchar música tropical hasta que amanece y después uno, recién madrugado, mientras todos duermen, desayunar un perico y un café negro, beber jugo de mango, recién exprimido y fresco, un guarapo, y aguardiente de antioquia. es entrar a un barrio coqueto, muy coqueto, y que haya una tanqueta ante una torre, porque allí hay un criminal en arresto domiciliario, es escuchar a poetas recitar a borges, a zitarrosa y a poetas colombianos, caminar por una calle en que en la acera dice "uruguay" (vaya uno a saber por qué) y encontrar algunos gatos mansos y también unos avechuchos parecidos a cuervos que picotean una bolsa de residuos. es volver a subir y bajar elevados, como en caracas, y darse cuenta de que esta latinoamérica, como cada vez que uno la recorre, tiene una multiplicidad de caras, de sueños y de injusticias, pero hay una suerte de hermandad extraña. es recordar amigos que ya no están, pero que lo acompañan a uno en esta recuperación de la memoria y las sensaciones. y es el asombro ante lo que taillard de chardin llamó el fenómeno humano.
sábado, 7 de mayo de 2011
Onetti visto por Dotta, segunda parte
Jamás leí a Onetti es el documental que dirigió Pablo Dotta (Tahití, El dirigible) en 2009, para la conmemoración del centenario del nacimiento de Juan Carlos Onetti. Si bien cumple con el formato del documental, el trabajo de 78 minutos es un relato, en el que las personas (Galeano, Cabrera, De Mattos, Muhr, Drexler, Muñoz Molina, Cruz, Tunda, Gilio) se transforman, como en una novela, y se vuelven personajes. Es imposible no relacionar esta producción con El dirigible, estrenada en 1993, y que tanto diera que hablar. Hay puntos de contacto: la banda sonora de ambas está a cargo de Fernando Cabrera; los intentos infructuosos de la "francesa" por demostrar que Onetti ha vuelto al país (en realidad murió poco antes del estreno de El dirigible), mientras que en Jamás leí a Onetti son los otros los que deben "narrar" al escritor uruguayo. Y, por si fuera poco, el telón de fondo: abre con una panorámica en la que resalta, icónico, el Palacio Salvo y cierra con Fernando Cabrera y la banda cantando, ahora sí, la música que compone a lo largo del documental. En el medio, Dotta inserta la secuencia de El dirigible, en que la uruguaya que regresó del exilio camina por Ramírez en un día lluvioso y frío. Como si marcara en sentido aristotélico el esquema narrativo, esos puntos que refieren al Dirigible parecen indicar que si bien se trata de un documental, sin la existencia de la ficción previa, éste no sería posible. Incluso el propio Dotta se acepta personaje -además de director- en la medida en que incluye, justamente, esa secuencia en blanco y negro, que contrasta con el resto del trabajo: el director, detrás de cámara, también se introduce en su propio trabajo. La secuencia rompe con el pacto de "verdad" del documental, o señala que en realidad no importa, porque si bien Onetti es una entidad real, también es un mito producto de su propia ficción.
Los protagonistas asumen un rol distinto al de meros testigos en un testimonio audiovisual. Quien construye con más perseverancia el suyo es Eduardo Galeano, convertido súbitamente en actor, en el personaje que tiene en la memoria un sinnúmero de anécdotas de Onetti, de su relación con él, de las que elige algunas. También es un personaje Dorothea Muhr, la viuda de Onetti. Ocupa, literalmente, toda la pantalla, y recuerda, en cierto aspecto, a aquellos personajes grotescos de la Wertmüller. Una ironía, una casualidad o una ligera perversión se cumple cuando la Muhr brinda por el trabajo y por Onetti con una copa de Coca Cola, enfrentada directamente a la cámara. María Esther Gilio, quien fuera amiga y "novia" de Onetti en su juventud, y que lo entrevistara en diferentes ocasiones, desempeña el rol de la amada ausente, o, mejor dicho, de la que amó a un ausente y lo sigue amando. Unos planos de su perfil, ensimismada y recordando, la convierten en un personaje romántico, misterioso, que sabe más de lo que dice. Aquí, según Dotta, la realidad de la filmación le jugó una mala pasada, porque el mozo del café donde se rodó esta escena se convirtió súbitamente en actor, y perdió toda la credibilidad. Lo mismo apuntó del taxista que conduce a Cabrera por la Gran Vía, en Madrid. Según Dotta, los taxistas madrileños son verborrágicos, casi groseros, impertinentes. En este caso, el taxista que consiguió la producción parece un caballero inglés. Agregó, además, que tuvieron que rodar la escena varias veces debido a los semáforos, lo que hizo que el taxista terminara repitiendo su discurso casi mecánicamente. Sin embargo, lo que ocurre "fuera de escena", aquello que Dotta y su equipo saben, no hace mella para que el espectador se sumerja y quiera saber hacia dónde va. En ese sentido es más que un documental, es una narración, tiene una tensión narrativa, una progresión: la de la composición musical, la del dibujo de Tunda, la conclusión de los manuscritos inconclusos. Hay un Barthleby, Tomás De Mattos, en el laberinto de la Biblioteca Nacional, quien hurga entre los manuscritos de Onetti hasta dar con el último (1993), fecha puente entre este trabajo y El Dirigible.
El encuentro entre Cabrera y Drexler en el piso de este último en Madrid también es el puente entre la ciudad en la que viviera Onetti y Montevideo. La luz, el clima y los sonidos son otros, pero para entenderlos es imposible no tener como modelo a los de Montevideo. Por ausencia, crece una ciudad, y esa misma ausencia completa las características madrileñas.
El documental que niega la lectura de Onetti (jamás lo leí) es, sin embargo, una reconstrucción del proceso creativo. Y para eso no sólo están los originales que Tomás De Mattos analiza y acaricia, sino el proceso creativo de la banda sonora, la reconstrucción maravillosa de Santa María que hace Tunda y del propio documental en sí. Capas y capas que permiten ser leídas de formas diferentes y que de todos modos concluyen en lo mismo: lo creativo es efímero, existe mientras está en proceso. Para recalcar esta postura casi nihilista, el plano de Santa María es quemado, de modo que tampoco de eso quedan rastros. Y eso mismo afirma Muñoz Molina, cuando dice que al leer a Onetti se tiene la sensación de que en ese preciso momento el texto está siendo creado, como si surgiera de pronto ante los ojos del lector. Esa observación sagaz y acertada, la del instante de la creación, es lo que sobrevuela todo el documental.
Hay un aspecto interesante y es que en estos 78 minutos el espectador recupera, de pronto, la visión de un Uruguay ya muy alejado en el tiempo, aunque hayan pasado algo más de veinte años desde el largometraje de Dotta. Como es imposible separar a Jamás leí a Onetti de El dirigible, la sensación de que la Montevideo de hoy y sus habitantes ha dejado de ser aquélla, la onettiana, es poderosa y casi nostálgica. Ambos trabajos recuerdan, en cierto modo, los esfuerzos por precisar la identidad uruguaya, qué es lo que la caracteriza. Por ausencia, al comparar indefectiblemente con lo de hoy, esas características intangibles, casi imposibles de definir o de nombrar, saltan a la luz. ¿La cámara de Dotta ayuda a remarcar lo que ya no hay? Las luces y las sombras, una cierta distancia del objeto, una mirada calma, pensativa.
Hay muchos otros aspectos que hacen que este trabajo sorprenda y lleve a la reflexión. El montaje, los sonidos, la paciencia. Y además, da ganas de leer a Onetti, como si el Jamás leí a Onetti diera las claves para entenderlo, encontrarlo, re-encontrarlo.
Ficha técnica:
Los protagonistas asumen un rol distinto al de meros testigos en un testimonio audiovisual. Quien construye con más perseverancia el suyo es Eduardo Galeano, convertido súbitamente en actor, en el personaje que tiene en la memoria un sinnúmero de anécdotas de Onetti, de su relación con él, de las que elige algunas. También es un personaje Dorothea Muhr, la viuda de Onetti. Ocupa, literalmente, toda la pantalla, y recuerda, en cierto aspecto, a aquellos personajes grotescos de la Wertmüller. Una ironía, una casualidad o una ligera perversión se cumple cuando la Muhr brinda por el trabajo y por Onetti con una copa de Coca Cola, enfrentada directamente a la cámara. María Esther Gilio, quien fuera amiga y "novia" de Onetti en su juventud, y que lo entrevistara en diferentes ocasiones, desempeña el rol de la amada ausente, o, mejor dicho, de la que amó a un ausente y lo sigue amando. Unos planos de su perfil, ensimismada y recordando, la convierten en un personaje romántico, misterioso, que sabe más de lo que dice. Aquí, según Dotta, la realidad de la filmación le jugó una mala pasada, porque el mozo del café donde se rodó esta escena se convirtió súbitamente en actor, y perdió toda la credibilidad. Lo mismo apuntó del taxista que conduce a Cabrera por la Gran Vía, en Madrid. Según Dotta, los taxistas madrileños son verborrágicos, casi groseros, impertinentes. En este caso, el taxista que consiguió la producción parece un caballero inglés. Agregó, además, que tuvieron que rodar la escena varias veces debido a los semáforos, lo que hizo que el taxista terminara repitiendo su discurso casi mecánicamente. Sin embargo, lo que ocurre "fuera de escena", aquello que Dotta y su equipo saben, no hace mella para que el espectador se sumerja y quiera saber hacia dónde va. En ese sentido es más que un documental, es una narración, tiene una tensión narrativa, una progresión: la de la composición musical, la del dibujo de Tunda, la conclusión de los manuscritos inconclusos. Hay un Barthleby, Tomás De Mattos, en el laberinto de la Biblioteca Nacional, quien hurga entre los manuscritos de Onetti hasta dar con el último (1993), fecha puente entre este trabajo y El Dirigible.
El encuentro entre Cabrera y Drexler en el piso de este último en Madrid también es el puente entre la ciudad en la que viviera Onetti y Montevideo. La luz, el clima y los sonidos son otros, pero para entenderlos es imposible no tener como modelo a los de Montevideo. Por ausencia, crece una ciudad, y esa misma ausencia completa las características madrileñas.
El documental que niega la lectura de Onetti (jamás lo leí) es, sin embargo, una reconstrucción del proceso creativo. Y para eso no sólo están los originales que Tomás De Mattos analiza y acaricia, sino el proceso creativo de la banda sonora, la reconstrucción maravillosa de Santa María que hace Tunda y del propio documental en sí. Capas y capas que permiten ser leídas de formas diferentes y que de todos modos concluyen en lo mismo: lo creativo es efímero, existe mientras está en proceso. Para recalcar esta postura casi nihilista, el plano de Santa María es quemado, de modo que tampoco de eso quedan rastros. Y eso mismo afirma Muñoz Molina, cuando dice que al leer a Onetti se tiene la sensación de que en ese preciso momento el texto está siendo creado, como si surgiera de pronto ante los ojos del lector. Esa observación sagaz y acertada, la del instante de la creación, es lo que sobrevuela todo el documental.
Hay un aspecto interesante y es que en estos 78 minutos el espectador recupera, de pronto, la visión de un Uruguay ya muy alejado en el tiempo, aunque hayan pasado algo más de veinte años desde el largometraje de Dotta. Como es imposible separar a Jamás leí a Onetti de El dirigible, la sensación de que la Montevideo de hoy y sus habitantes ha dejado de ser aquélla, la onettiana, es poderosa y casi nostálgica. Ambos trabajos recuerdan, en cierto modo, los esfuerzos por precisar la identidad uruguaya, qué es lo que la caracteriza. Por ausencia, al comparar indefectiblemente con lo de hoy, esas características intangibles, casi imposibles de definir o de nombrar, saltan a la luz. ¿La cámara de Dotta ayuda a remarcar lo que ya no hay? Las luces y las sombras, una cierta distancia del objeto, una mirada calma, pensativa.
Hay muchos otros aspectos que hacen que este trabajo sorprenda y lleve a la reflexión. El montaje, los sonidos, la paciencia. Y además, da ganas de leer a Onetti, como si el Jamás leí a Onetti diera las claves para entenderlo, encontrarlo, re-encontrarlo.
Ficha técnica:
Guión y Dirección Pablo Dotta / Producción ejecutiva: Mariela Besuievsky / Productor delegado: Daniela Alvarado - Mario Jacob/ Fotografía: Almudena Sánchez - Jose María Ciganda/ Sonido: Aramis Rubio- Daniel Márquez/ Música: Fernando Cabrera/ Edición: Fernando Pardo/ Dibujos y animación: Tunda Prada/ Productor de campo: Claudia Lepage - Lucía Jacob/ Con la participación de: Dolly Onetti/ Eduardo Galeano/ Maria Esther Gilio/ Fernando Cabrera/ Jorge Drexler/ Antonio Muñoz Molina/ Juan Cruz/ Tomás de Mattos/ Tunda Prada
viernes, 25 de febrero de 2011
más adelantos!
Durante la segunda gran guerra, él había trabajado en los archivos del municipio de la ciudad. Había anotado cualquier cantidad de nombres de origen polaco, húngaro; algunos alemanes también. Personas, listas interminables de personas que por algún motivo debía registrar. No había preguntado por qué ni para qué. En ese entonces no conocía a Lola. Su mujer se enojó mucho después, cuando le preguntó qué había hecho durante la guerra. Se indignó con él.
- Ayudaste al régimen -le espetó, mientras remendaba una media de Oskar, de color verde furioso.
¿Por qué las medias de la familia tenían esos colores imposibles?
- ¿De qué hablas, Lola? Hice mi trabajo, nada más.
- Eran listas para los campos, eso es evidente. Estaba en tus manos salvar a algunos de esos pobres judíos, y no hiciste nada.
Al señor Fischer se le había parado el corazón. ¿Era el responsable de haber enviado a los hornos a esa gente, y no lo sabía? No, no podía ser cierto. Esas listas eran de gente que no había pagado los impuestos, que había evadido al fisco, o que había ocupado ilegalmente propiedades abandonadas. Estaban fuera de la ley, eran estafadores y gente como ellos, como el señor Fischer y como Lola, que jamás habían dejado de pagar un solo impuesto, era la que siempre se perjudicaba.
- Impuestos, já -se burló Lola, cada vez más enojada con él.
Cosía la media como si estuviera armando una granada.
- Tú sí que crees en pajaritos preñados, ¿no? Justamente con personas como tú es que las barbaridades más grandes pudieron cometerse. Todo un pueblo ciego, crédulo, indiferente.
Adelantos de El señor Fischer/Ana Solari
Había asuntos de sus padres que prefería ignorar, sobre todo si eran del padre. Manuela era la mayor y siempre decía que eso le había costado ser como era. Le había abierto el camino a los dos hermanos, que para colmo eran hombres y de por sí tenían mucha más libertad. No se conformaba con eso, ni siquiera en pensar que se había adelantado bastante a lo que después también se convirtió en una moda: ser mujer se puso de moda, como si fuera algo que se pudiera elegir. Sus hermanos, Roberto y Oskar, se reían de ella cuando protestaba, pero sabían que era la preferida del padre y a veces sentían celos. Roberto se había casado con una modelo yugoslava y tenía dos hijos, un poco menores que Joachim, que estudiaban en un internado en Suiza. Oskar no se había casado ni tenía pareja, y Manuela sospechaba que su hermano era homosexual. Una vez se lo insinuó al señor Fischer, quien la miró extrañado. ¿No se puede querer ser soltero, acaso? Manuela dijo que hoy en día no había solteros, que todo el mundo tenía una relación, y que un hombre de 38 años que jamás ha tenido una novia ni nada que se le parezca es sospechoso.
- En mi época eso era muy frecuente, muy común.
- En tu época, papá, no se podía ser gay.
- No se llamaba así. Eran maricones.
- Lo ves. Una palabra fea, que discrimina.
¿Así que su hijo Oskar, el menor, quizá era homosexual? Fue cuando reparó en la pareja que sacaba al gran danés. Quizá eran gays; parecían amigos, conversaban y reían y fumaban mientras cuidaban al perro, que era feo, muy feo. Si Manuela no hubiera dicho eso, jamás hubiera reparado en ellos. ¿Debía hablar con Oskar? No serviría de nada, opinó Manuela, hoy a los hombres no les importa lo que piensen los demás sobre su sexualidad. Pero a Oskar parecía que sí, se animó a contradecirla el señor Fischer, porque si era gay y no lo decía, entonces es que se avergonzaba del asunto, y eso estaba mal. Manuela alzó una ceja y dejó de hacer la lista de las compras. Era sábado a media mañana y el señor Fischer la visitaba y harían las compras juntos.
viernes, 11 de febrero de 2011
¡INDIGNAOS!
por Stéphane Hessel
Después de 93 años, estoy cerca del final. El final para mí ya no está muy lejos. Pero todavía permítanme recordar a otros que actuaron basados en mi compromiso político. Fueron los años de resistencia a la ocupación Nazi -- y el programa de derechos sociales elaborado hace 66 años atrás por el Consejo Nacional de la Resistencia.
Es a Jean Moulin [miembro asesinado del Consejo] a quien le debemos como parte de este Consejo, la unidad de todos los elementos de la Francia ocupada -- los movimientos, los partidos, los sindicatos -- para proclamar su membresía en la Francia combatiente, y le debemos esto al único líder que lo reconoció, el general Charles de Gaulle. Desde Londres donde me uní a de Gaulle en Marzo de 1941, aprendí que este Consejo había completado un programa lo adoptó el 15 de Marzo de 1944, que ofrece para la Francia liberada un grupo de principios y valores en los que descansaría la moderna democracia de nuestro país.
Estos principios y valores los necesitamos más que nunca. Es hasta que nosotras lo veamos, todas juntas, que nuestra sociedad se vuelva una de la que estemos orgullosos, no esta sociedad de inmigrantes sin papeles -- expulsiones, sospechas respecto a los inmigrantes. No esta sociedad donde se cuestiona la seguridad social y los planes de pensiones y salud nacionales. No esta sociedad donde los medios masivos están en manos de los ricos. Son cosas en las que nos habríamos negado a ceder si fuésemos los herederos verdaderos del Consejo Nacional de la Resistencia.
Desde 1945, después de un horroroso drama [la 2ª Guerra] hubo una ambiciosa resurrección de la sociedad a la que el mismo remanente del contingente del Consejo de la Resistencia se dedicó. Recordémosles mientras creaban un programa de salud nacional y de pensiones tal como la Resistencia quería, como su programa estipulaba, "un plan completo de salud nacional y seguridad social, apuntado a asegurar a todos los ciudadanos y ciudadanas los medios de subsistencia cuando sea que estén incapacitados para encontrar un trabajo; una jubilación que permita a los viejos trabajadores terminar sus días con dignidad."
Las fuentes de energía, electricidad, y gas, minas, los grandes bancos, fueron nacionalizados. Ahora esto fue como el programa recomendaba: "... el retorno a la nación de los monopolizados medios de producción, frutos del trabajo común, fuentes de energía, riqueza de las minas, de compañías de seguros y de los grandes bancos; la institución de una verdadera democracia económica y social involucra la salida de los grandes feudos económicos y financieros de la dirección de la economía."
El interés general debe dominar sobre los intereses especiales. El hombre justo cree que la riqueza creada en la esfera del trabajo debe dominar sobre el poder del dinero.
La Resistencia propuso, "una organización racional de la economía asegurando la subordinación de los intereses especiales a los intereses generales, y la emancipación de los "esclavos" de la dictadura profesional que fue instituida en los estados fascistas," que había usado el gobierno interino [por dos años después de la guerra] de la república como un agente.
Una verdadera democracia necesita una prensa independiente, y la Resistencia lo sabía, lo demandaba, defendiendo "la libertad de prensa, su honor y su independencia del Estado, el poder del dinero y la influencia extranjera." Esto es lo que alivió las restricciones a la prensa desde 1944. Y la libertad de prensa está definitivamente en peligro hoy.
La Resistencia solicitó una "real posibilidad para que todos los niños y niñas franceses se beneficien de la más avanzada educación" sin discriminación. Las reformas ofrecidas en el 2008 van contra este plan. Jóvenes profesores y profesoras, cuyas acciones apoyo, llegaron al extremo de negarse a aplicarlas, y vieron sus salarios reducidos como forma de castigo. Se indignaron, "desobedecieron", juzgando esas reformas demasiado alejadas del ideal de una escuela democrática, muy al servicio de una sociedad de comercio y no desarrollando la mente inventiva ni crítica suficiente.
Todas las fundaciones de la conquista social de la Resistencia están amenazadas hoy.
El motivo de la Resistencia: Indignación.
Alguno se atreverá a decirnos que el Estado no puede afrontar los gastos de estas medidas para ciudadanos nunca más. ¿Pero cómo puede existir hoy una falta de fondos para apoyar y extender estas conquistas si la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde el periodo de la Liberación cuando Europa estaba en ruinas? Al contrario, el problema es el poder del dinero, tan opuesto por la Resistencia y el gran hombre egoísta, con sus propios sirvientes en las altas esferas del Estado.
Los bancos privatizados de nuevo, han probado estar más preocupados de sus dividendos y de los altos sueldos de sus líderes que del interés general. Esta disparidad entre los más pobres y los más ricos nunca había sido tan grande, ni amasar fortunas y la competición tan incentivado.
¡El motivo básico de la Resistencia fue la indignación!
Nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas de combate de la Francia Libre, llamamos a la generación joven a vivir, transmitir, el legado de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: Tomen nuestro lugar, ¡Indígnense!
Los líderes políticos, económicos e intelectuales y la sociedad no tienen que ceder ni permitir la opresión de una dictadura internacional real o de los mercados financieros que amenazan la paz y la democracia.
Deseo para todas las personas, para cada una que tengan sus propios motivos de indignación. Es invaluable. Cuando alguien te atropella como era atropellado por el nazismo, la gente se vuelve militante, fuerte y comprometida. Ellos se unen a este momento histórico y los grandes momentos de la historia deben continuar gracias a cada individuo. Y este momento conduce a más justicia, más libertad, pero no a esa libertad ilimitada del zorro en el gallinero. Los derechos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 son justamente eso, universales.
Si te encuentras con un desfavorecido, siente pena por él pero ayúdale a ganar sus derechos.
Dos visiones de la historia
Cuando trato de entender qué causó el fascismo, lo que lo hizo que tantos fueran dominados por Hitler y el régimen de Vichy, me digo a mi mismo que los propietarios, con sus egoísmos estaban tremendamente asustados con la revolución Bolchevique. Se les permitió liderar con sus miedos.
Pero si, hoy como entonces una activa minoría se levanta, será suficiente; debemos ser la levadura que hace que el pan suba. Ciertamente, la experiencia de una persona muy vieja como yo, nacida en 1917, es diferente a la experiencia de la gente joven de hoy en día. Yo a menudo le pido a profesores la oportunidad de interactuar con sus estudiantes y les digo: No tienen las mismas obvias razones para comprometerse. Para nosotros resistir era no aceptar la ocupación alemana, vencer. Esto fue relativamente sencillo. Simple como lo que siguió la descolonización. Entonces vino la guerra en Argelia.
Era necesario que Argelia fuese independiente, era obvio. En cuanto a Stalin, aplaudimos la victoria del Ejército Rojo contra los Nazis en 1943. Pero ya sabíamos de las atrocidades estalinistas de 1935, e incluso si era necesario mantener los oídos abiertos hacia el comunismo para compensar el capitalismo estadounidense, la necesidad de oponernos a esta insoportable forma de totalitarismo se había establecido como una perogrullada. En mi larga vida presencié una sucesión de motivos para indignarme.
Estas razones nacieron menos de una emoción que de un compromiso deliberado. Como estudiante de una escuela normal [una escuela de magisterio] fui muy influenciado por Sartre, un compañero de estudios. Su "La náusea" [una novela], "El Muro" [un drama] y "El Ser y la Nada" [un ensayo] fueron muy importantes en el entrenamiento de mi pensamiento. Sartre nos enseñó "Ustedes son responsables como individuos". Ese fue un mensaje libertario. La responsabilidad de una persona no puede ser asignada por el poder o una autoridad. Al contrario, es necesario estar involucrado en el nombre de la responsabilidad de uno como ser humano.
Cuando entré en la French Ècole Normale Superieure, en la calle Ulm en París en 1939, entré como un ferviente adherente del filósofo Hegel, y adherí al pensamiento de Maurice Merleau-Ponty. Su enseñanza explora la experiencia concreta, la del cuerpo y sus relaciones con los sentidos, una gran sensación singular enfrentada con una pluralidad de sensaciones. Pero mi optimismo natural que busca que todo lo deseable sea posible, me llevó más bien a Hegel. El Hegelismo interpreta la larga historia de la humanidad como teniendo un significado: Es la libertad del hombre progresando paso a paso. La historia se hace de sucesivos choques y la toma en consideración de los desafíos. La historia de las sociedades y por lo tanto, de los avances, y al final el hombre ha alcanzado su plena libertad, tenemos en el estado democrático su forma ideal.
Este es ciertamente otro entendimiento de la historia. Dice que el progreso está hecho de "libertad", luchando por "siempre más"; esto puede ser como si viviésemos en un huracán devastador. Así es como se lo representaba a un amigo de mi padre, el hombre que compartió conmigo un esfuerzo por traducir al alemán "En busca del tiempo perdido" [novela] de Marcel Proust.
Él era el filósofo alemán Walter Benjamin. Había elaborado una visión pesimista de una pintura de Paul Klee, un pintor suizo, el "Angelus Novus", donde la cara del ángel abre los brazos para contener y empujar una tempestad, que él identifica con el progreso. Para Benjamin, que se suicidaría en Septiembre de 1940 para escapar del nazismo, el sentido de la historia es la progresiva dominación de un desastre tras otro.
Indiferencia: La peor de las actitudes.
Es verdad que las razones para estar indignadas pueden verse hoy menos claramente relacionadas o el mundo se ha vuelto demasiado complejo. ¿Quién está haciendo el ordenamiento, quién lo decide? No es siempre sencillo diferenciar entre todas las corrientes que nos gobiernan. No estamos lidiando con una pequeña elite cuyas actividades pueden ser fácilmente visibles. Este es un mundo vasto, en el cual tenemos una sensación de interdependencia. Vivimos en una interconectividad como nunca antes. Pero en este mundo todavía hay cosas intolerables. Para verlas, es bueno y necesario mirar, buscar. Le digo a los jóvenes, busquen poco y eso es lo que van a encontrar. La peor de las actitudes es la indiferencia, decir "No puedo hacer nada contra eso. Ya me las arreglaré para salir adelante." Por incluirte a ti mismo en esto, pierdes uno de los elementos que hacen al ser humano: la facultad de indignarse y el compromiso que es una consecuencia de lo primero.
Ellos y ellas [las personas jóvenes] pueden desde ya identificar dos grandes desafíos nuevos:
1. La gran brecha que existe entre los más pobres y los más ricos y que no cesa de crecer. Es una innovación de los siglos 20 y 21. Los más pobres en el mundo de hoy ganan apenas dos dólares al día. Las nuevas generaciones no pueden dejar que esta brecha se vuelva mayor. Los reportes oficiales por sí solos deberían provocar un compromiso.
2. Derechos humanos y estado del planeta: Tuve la oportunidad después de la Liberación de participar en la escritura de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas, el 10 de Diciembre de 1948 en París en el Palacio de Chaillot. Fue como secretario privado principal de Henry Laugier, el Secretario General adjunto de la ONU, y como secretario de la Comisión sobre Derechos Humanos que yo con otros participamos en la redacción de esta declaración. No sabría cómo olvidar el rol en su elaboración de René Cassin, quien fue comisionado nacional de justicia y educación en el gobierno de la Francia Libre en Londres en 1941 y ganó el Premio Nobel en 1968, ni el de Pierre Mendès-France en el Consejo Económico y Social a quien le enviábamos los borradores que producíamos antes de ser considerados por el Tercer Comité (Social, Humanitario y Cultural) de la Asamblea General. Fue ratificado por los 54 estados miembros en sesión de las Naciones Unidas y yo lo certifiqué como secretario.
Es a René Cassin a quien le debemos el concepto de "derechos universales" en vez de "derechos internacionales" como lo planteaban nuestros amigos estadounidenses y británicos. Esto [universal en vez de internacional] fue clave porque, al final de la Segunda Guerra mundial, lo que estaba en juego era lo que iba a ser emancipado de las amenazas del totalitarismo que había pesado sobre la humanidad.
Para llegar a ser emancipado era necesario obtener de los estados miembros de la ONU una promesa de respetar estos derechos universales. Esto fue una forma de tratar de burlar el argumento de "soberanía total" que cada nación enfatiza mientras se dedica a provocar violaciones contra la humanidad en su propio suelo. Tal sería el caso de Hitler quien se sentía con un poder supremo y autorizó a provocar un genocidio. Esta declaración universal le debe mucho a la repulsión universal hacia el nazismo, el fascismo y el totalitarismo -- y le debe un montón, en nuestras mentes al espíritu de la Resistencia.
Tenía la sensación de que era necesario moverse rápidamente para no ser engañados por la hipocresía que había en la composición de la ONU, algunos que reclamaban que esos valores ya estaban ganados no tenían intención alguna de promoverlos fielmente -- afirmaban que nosotros tratábamos de imponerles valores en la declaración.
No puedo resistirme al deseo de citar el artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948): "Toda persona tiene el derecho a una nacionalidad." El artículo 22 dice: "Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad." Y si bien esta afirmación tiene un alcance declarativo y no legal, ha jugado un papel muy importante desde 1948. Esto llevó al pueblo colonizado a pelear por su independencia; esto sembró en sus mentes una batalla por la libertad.
Noto con satisfacción que en el curso de las últimas décadas ha habido un aumento en las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y en movimientos sociales como ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras especulativas y la Acción Ciudadana) o como la FIDH (Federación Internacional de Derechos Humanos) y Amnistía Internacional que son activos y competitivos. Es obvio que para ser efectivos hoy es necesario actuar en red, usar todos los medios de comunicación modernos.
A la gente joven le digo: Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación -- hechos acerca del tratamiento de inmigrantes, de inmigrantes "ilegales", de gitanos. Encontrarán situaciones concretas que les llevan a fortalecer su acción ciudadana. ¡Busquen y encontrarán!
Mi indignación por lo que ocurre en Palestina.
Hoy mi mayor indignación tiene que ver con Palestina, la Franja de Gaza y Cisjordania. Este conflicto es indignante. Es absolutamente esencial leer el reporte de Richard Goldstone, de Septiembre del 2009, en Gaza, en que un juez sudafricano y judío que afirmaba aun ser un sionista, acusó al ejército israelí de haber cometido "actos comparables a crímenes de guerra y quizás en determinadas circunstancias, crímenes contra la humanidad" durante su "Operación Plomo Fundido" que duró 3 semanas.
Volví a Gaza en 2009 cuando pude entrar con mi esposa gracias a nuestros pasaportes diplomáticos, para estudiar de primera mano lo que el reporte decía. La gente que nos acompañaba no fue autorizada a entrar en la franja. Allí y en Cisjordania. También visitamos el refugio de palestinos establecido por la UNRWA desde 1948, donde más de 3 millones de palestinos fueron expulsados desde sus tierras en Israel, esperando todavía un cada vez más problemático retorno.
En cuanto a Gaza, esto es como una cárcel sin techo para un millón y medio de palestinos. Una prisión donde la gente se organiza para sobrevivir. A pesar de la destrucción material como la del Hospital de la Media Luna Roja por la Operación Plomo Fundido, esta el comportamiento de sus habitantes, su patriotismo, su amor por el mar y las playas, su constante preocupación por el bienestar de sus niños, que son innumerables y alegres, que permanecen en mi memoria. Estábamos impresionados con cuán ingeniosamente ellos enfrentaban todas las carencias que les han sido impuestas. Les vimos hacer ladrillos, por falta de cemento, para reconstruir las miles de casas destruidas por los tanques. Ellos nos confirmaron que hubieron 1.400 muertos -- incluyendo mujeres, niños y ancianos en el campo palestino -- durante esta "Operación Plomo Fundido" llevada a cabo por el ejército israelí, comparada con tan sólo 50 personas heridas en el lado israelí. Comparto las conclusiones del juez sudafricano. Que estos judíos puedan, ellos mismos, perpetrar crímenes de guerra es insoportable. Ay, la historia no nos da ejemplos suficientes de gente que extrae lecciones desde su propia historia.
¿Terrorismo o exasperación?
Sé que a Hamas [partido de los luchadores de la libertad palestinos], que ha ganado las últimas elecciones legislativas, puede no ayudarle que cohetes sean lanzados sobre ciudades israelíes en respuesta a la situación de aislamiento y bloqueo en que los gazanos viven. Pienso naturalmente que el terrorismo es inaceptable; pero es necesario admitir (desde la experiencia en Francia) que cuando el pueblo está ocupado por fuerzas inmensamente superiores a ellos mismos, la reacción popular no puede ser totalmente pacífica.
¿Le es útil a Hamas lanzar cohetes hacia Sdérot [pueblo israelí al otro lado de la frontera con la franja de Gaza]?
La respuesta es no. Esto no sirve a sus propósitos, pero ello puede explicar esto como una muestra de la exasperación de los gazanos. Bajo la noción de exasperación, es necesario entender la violencia como la lamentable conclusión de situaciones inaceptables a las cuales han sido sometidos.
Por lo tanto, ellos pueden llamarlo, terrorismo como una forma de exasperación. Y este llamado "terrorismo" es un nombre inapropiado. Uno no debería tener que recurrir a esta exasperación, pero hay que tener esperanza. La exasperación es una negación de la esperanza. Es comprensible, diría que es casi natural, pero aún es inaceptable. Porque esto no permite a adquirir resultados que la esperanza posiblemente puede eventualmente producir.
No violencia: El camino que debemos aprender a seguir.
Estoy persuadido de que el futuro le pertenece a los no violentos, a la reconciliación de diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad entrará en su siguiente etapa. Pero en esto estoy de acuerdo con Sartre: No podemos excusar a los terroristas que lanzan bombas, pero podemos entenderlos. Sartre escribió en 1947: "Reconozco que la violencia en cualquier forma que pueda manifestarse es un revés. Pero es un revés inevitable porque estamos en un mundo de violencia. Y si bien es cierto que el riesgo de recurrir a la violencia es permanente, es también cierto que es el medio seguro para hacerla detenerse."
A esto añadiría que la no-violencia es una segura forma de hacer que la violencia se detenga. Uno no puede tolerar el terrorismo, usando a Sartre o en el nombre de este principio, durante la guerra de Argelia ni durante los juegos olímpicos de Múnich en 1972, en el intento de asesinato contra los atletas israelíes. El terrorismo no es productivo y Sartre mismo se preguntaría al final de su vida sobre el sentido de la violencia y dudar de su razón de ser.
Sin embargo, proclamar "la violencia no es efectiva" es más importante que saber si uno debe condenar o no a quienes se dedican a esto. El terrorismo no es efectivo. En la noción de la efectividad, una esperanza no sangrienta es necesaria. Si hay una esperanza violenta, está en el poema de William Appollinaire "la esperanza es violenta" y no en la política.
Sartre, en Marzo de 1980, a tres semanas de su muerte declaró: "Es necesario tratar de explicar por qué el mundo de hoy, que es horrible, es sólo un instante en un largo desarrollo histórico, que la esperanza siempre ha sido una de las fuerzas dominantes en revoluciones e insurrecciones y cómo todavía siento esperanza como mi concepción de futuro.
Es necesario entender que la violencia se opone a la esperanza. Es necesario preferir la esperanza, esperanza por sobre la violencia. La no-violencia es el camino que debemos aprender a seguir. También los opresores.
Es necesario llegar a negociaciones para quitar la opresión; esto es lo que permitirá no tener más violencia terrorista. Por lo tanto no debemos permitir que se acumule demasiado odio.
El mensaje de Mandela y Martin Luther King encuentra toda su pertinencia en el mundo que ha superado la confrontación de ideología [p.e. nazismo] y el totalitarismo conquistador [p.e. Hitler]. Esto es también un mensaje de esperanza en la capacidad de las sociedades modernas de sobreponerse a conflictos por medio del mutuo entendimiento y una paciente vigilancia. Para alcanzar este punto es necesario basarse en derechos, en vez de violaciones, quien sea el autor, debe causar nuestra indignación. No hay que transar estos derechos.
Por una insurrección pacífica.
He apreciado, y no soy el único, la reacción del gobierno israelí cuando por la forma en que cada viernes los ciudadanos de Bil'in protestaban sin usar piedras ni la fuerza hasta el muro de separación. Las autoridades israelíes calificaron esto como un "terrorismo no sangriento". Esto es algo bueno... Es necesario ser israelí para calificar la no violencia como terrorista. Es especialmente necesario para ser incómodos [como le resultaba a los israelíes] por la eficacia de la no-violencia, que se encuentra para provocar apoyo, entendimiento -- el apoyo de todas las personas que en el mundo son adversarias de la opresión.
El pensamiento productivista, impulsado por Occidente, condujo al mundo a una crisis de la que debe salir a través de una radical ruptura con el concepto de "crecer" no solo en el campo financiero sino también en el dominio de las ciencias y la tecnología. Ya es el momento de que las preocupaciones acerca de la ética, la justicia y el equilibrio duradero (económico y medio ambiental) prevalezcan. Porque son los riesgos más serios que nos amenazan. Ellos pueden poner fin a la aventura humana en el planeta, que puede llegar a ser inhabitable para los humanos.
Pero sigue siendo cierto que el progreso más importante fue hecho después de 1948 [año de la fundación de la ONU y la declaración de los Derechos Humanos]: descolonización, el fin del apartheid, la destrucción del imperio soviético, la caída del muro de Berlín. Por otro lado, los diez primeros años del siglo XXI fueron un periodo de degeneración. Esta degeneración es explicada en parte por la presidencia de George Bush, los eventos del 11 de Septiembre y desastrosas consecuencias que involucran a los Estados Unidos, tales como la intervención militar en Iraq.
Tenemos esta crisis económica, pero todavía no iniciamos una nueva política de desarrollo. Del mismo modo, la cumbre de Copenhagen contra el cambio climático no produjo una política real para la preservación del planeta.
Estamos en el umbral entre el terror de la primera década y las posibilidades de las décadas que siguen. Pero es necesario tener esperanza, es siempre necesario. La década anterior, la de los noventa, ha sido un tiempo de gran progreso. Las Naciones Unidas tuvieron la sabiduría de llamar a conferencias como la de Río sobre medio ambiente, en 1992, y la de Beijing sobre la mujer en 1995. En Septiembre del 2000, por iniciativa del secretario general de la ONU, Kofi Annan, los 191 miembros adoptaron una declaración con "8 objetivos del milenio para el desarrollo" de la que notablemente prometieron reducir la pobreza en el mundo a la mitad para el 2015.
Mi pesar está en que ni Obama ni la UE se han comprometido a lo que debiera ser su aportación por una fase constructiva, basada en valores fundamentales.
Conclusión
¿Cómo concluir este llamado a la indignación? Diciendo todavía lo que, en ocasión del sexagésimo aniversario del programa del Consejo Nacional de la Resistencia dijimos el 8 de Marzo del 2004 -- somos veteranos de los movimientos de resistencia y fuerzas de combate de la Francia Libre (1940-1945) -- que ciertamente "El nazismo fue derrotado, gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y a las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no ha desaparecido y nuestra ira contra la injusticia sigue intacta". No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos."
A todas las personas que harán el siglo XXI, les decimos con afecto:
CREAR ES RESISTIR; RESISTIR ES CREAR.
Después de 93 años, estoy cerca del final. El final para mí ya no está muy lejos. Pero todavía permítanme recordar a otros que actuaron basados en mi compromiso político. Fueron los años de resistencia a la ocupación Nazi -- y el programa de derechos sociales elaborado hace 66 años atrás por el Consejo Nacional de la Resistencia.
Es a Jean Moulin [miembro asesinado del Consejo] a quien le debemos como parte de este Consejo, la unidad de todos los elementos de la Francia ocupada -- los movimientos, los partidos, los sindicatos -- para proclamar su membresía en la Francia combatiente, y le debemos esto al único líder que lo reconoció, el general Charles de Gaulle. Desde Londres donde me uní a de Gaulle en Marzo de 1941, aprendí que este Consejo había completado un programa lo adoptó el 15 de Marzo de 1944, que ofrece para la Francia liberada un grupo de principios y valores en los que descansaría la moderna democracia de nuestro país.
Estos principios y valores los necesitamos más que nunca. Es hasta que nosotras lo veamos, todas juntas, que nuestra sociedad se vuelva una de la que estemos orgullosos, no esta sociedad de inmigrantes sin papeles -- expulsiones, sospechas respecto a los inmigrantes. No esta sociedad donde se cuestiona la seguridad social y los planes de pensiones y salud nacionales. No esta sociedad donde los medios masivos están en manos de los ricos. Son cosas en las que nos habríamos negado a ceder si fuésemos los herederos verdaderos del Consejo Nacional de la Resistencia.
Desde 1945, después de un horroroso drama [la 2ª Guerra] hubo una ambiciosa resurrección de la sociedad a la que el mismo remanente del contingente del Consejo de la Resistencia se dedicó. Recordémosles mientras creaban un programa de salud nacional y de pensiones tal como la Resistencia quería, como su programa estipulaba, "un plan completo de salud nacional y seguridad social, apuntado a asegurar a todos los ciudadanos y ciudadanas los medios de subsistencia cuando sea que estén incapacitados para encontrar un trabajo; una jubilación que permita a los viejos trabajadores terminar sus días con dignidad."
Las fuentes de energía, electricidad, y gas, minas, los grandes bancos, fueron nacionalizados. Ahora esto fue como el programa recomendaba: "... el retorno a la nación de los monopolizados medios de producción, frutos del trabajo común, fuentes de energía, riqueza de las minas, de compañías de seguros y de los grandes bancos; la institución de una verdadera democracia económica y social involucra la salida de los grandes feudos económicos y financieros de la dirección de la economía."
El interés general debe dominar sobre los intereses especiales. El hombre justo cree que la riqueza creada en la esfera del trabajo debe dominar sobre el poder del dinero.
La Resistencia propuso, "una organización racional de la economía asegurando la subordinación de los intereses especiales a los intereses generales, y la emancipación de los "esclavos" de la dictadura profesional que fue instituida en los estados fascistas," que había usado el gobierno interino [por dos años después de la guerra] de la república como un agente.
Una verdadera democracia necesita una prensa independiente, y la Resistencia lo sabía, lo demandaba, defendiendo "la libertad de prensa, su honor y su independencia del Estado, el poder del dinero y la influencia extranjera." Esto es lo que alivió las restricciones a la prensa desde 1944. Y la libertad de prensa está definitivamente en peligro hoy.
La Resistencia solicitó una "real posibilidad para que todos los niños y niñas franceses se beneficien de la más avanzada educación" sin discriminación. Las reformas ofrecidas en el 2008 van contra este plan. Jóvenes profesores y profesoras, cuyas acciones apoyo, llegaron al extremo de negarse a aplicarlas, y vieron sus salarios reducidos como forma de castigo. Se indignaron, "desobedecieron", juzgando esas reformas demasiado alejadas del ideal de una escuela democrática, muy al servicio de una sociedad de comercio y no desarrollando la mente inventiva ni crítica suficiente.
Todas las fundaciones de la conquista social de la Resistencia están amenazadas hoy.
El motivo de la Resistencia: Indignación.
Alguno se atreverá a decirnos que el Estado no puede afrontar los gastos de estas medidas para ciudadanos nunca más. ¿Pero cómo puede existir hoy una falta de fondos para apoyar y extender estas conquistas si la producción de riqueza ha aumentado considerablemente desde el periodo de la Liberación cuando Europa estaba en ruinas? Al contrario, el problema es el poder del dinero, tan opuesto por la Resistencia y el gran hombre egoísta, con sus propios sirvientes en las altas esferas del Estado.
Los bancos privatizados de nuevo, han probado estar más preocupados de sus dividendos y de los altos sueldos de sus líderes que del interés general. Esta disparidad entre los más pobres y los más ricos nunca había sido tan grande, ni amasar fortunas y la competición tan incentivado.
¡El motivo básico de la Resistencia fue la indignación!
Nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas de combate de la Francia Libre, llamamos a la generación joven a vivir, transmitir, el legado de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: Tomen nuestro lugar, ¡Indígnense!
Los líderes políticos, económicos e intelectuales y la sociedad no tienen que ceder ni permitir la opresión de una dictadura internacional real o de los mercados financieros que amenazan la paz y la democracia.
Deseo para todas las personas, para cada una que tengan sus propios motivos de indignación. Es invaluable. Cuando alguien te atropella como era atropellado por el nazismo, la gente se vuelve militante, fuerte y comprometida. Ellos se unen a este momento histórico y los grandes momentos de la historia deben continuar gracias a cada individuo. Y este momento conduce a más justicia, más libertad, pero no a esa libertad ilimitada del zorro en el gallinero. Los derechos contenidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948 son justamente eso, universales.
Si te encuentras con un desfavorecido, siente pena por él pero ayúdale a ganar sus derechos.
Dos visiones de la historia
Cuando trato de entender qué causó el fascismo, lo que lo hizo que tantos fueran dominados por Hitler y el régimen de Vichy, me digo a mi mismo que los propietarios, con sus egoísmos estaban tremendamente asustados con la revolución Bolchevique. Se les permitió liderar con sus miedos.
Pero si, hoy como entonces una activa minoría se levanta, será suficiente; debemos ser la levadura que hace que el pan suba. Ciertamente, la experiencia de una persona muy vieja como yo, nacida en 1917, es diferente a la experiencia de la gente joven de hoy en día. Yo a menudo le pido a profesores la oportunidad de interactuar con sus estudiantes y les digo: No tienen las mismas obvias razones para comprometerse. Para nosotros resistir era no aceptar la ocupación alemana, vencer. Esto fue relativamente sencillo. Simple como lo que siguió la descolonización. Entonces vino la guerra en Argelia.
Era necesario que Argelia fuese independiente, era obvio. En cuanto a Stalin, aplaudimos la victoria del Ejército Rojo contra los Nazis en 1943. Pero ya sabíamos de las atrocidades estalinistas de 1935, e incluso si era necesario mantener los oídos abiertos hacia el comunismo para compensar el capitalismo estadounidense, la necesidad de oponernos a esta insoportable forma de totalitarismo se había establecido como una perogrullada. En mi larga vida presencié una sucesión de motivos para indignarme.
Estas razones nacieron menos de una emoción que de un compromiso deliberado. Como estudiante de una escuela normal [una escuela de magisterio] fui muy influenciado por Sartre, un compañero de estudios. Su "La náusea" [una novela], "El Muro" [un drama] y "El Ser y la Nada" [un ensayo] fueron muy importantes en el entrenamiento de mi pensamiento. Sartre nos enseñó "Ustedes son responsables como individuos". Ese fue un mensaje libertario. La responsabilidad de una persona no puede ser asignada por el poder o una autoridad. Al contrario, es necesario estar involucrado en el nombre de la responsabilidad de uno como ser humano.
Cuando entré en la French Ècole Normale Superieure, en la calle Ulm en París en 1939, entré como un ferviente adherente del filósofo Hegel, y adherí al pensamiento de Maurice Merleau-Ponty. Su enseñanza explora la experiencia concreta, la del cuerpo y sus relaciones con los sentidos, una gran sensación singular enfrentada con una pluralidad de sensaciones. Pero mi optimismo natural que busca que todo lo deseable sea posible, me llevó más bien a Hegel. El Hegelismo interpreta la larga historia de la humanidad como teniendo un significado: Es la libertad del hombre progresando paso a paso. La historia se hace de sucesivos choques y la toma en consideración de los desafíos. La historia de las sociedades y por lo tanto, de los avances, y al final el hombre ha alcanzado su plena libertad, tenemos en el estado democrático su forma ideal.
Este es ciertamente otro entendimiento de la historia. Dice que el progreso está hecho de "libertad", luchando por "siempre más"; esto puede ser como si viviésemos en un huracán devastador. Así es como se lo representaba a un amigo de mi padre, el hombre que compartió conmigo un esfuerzo por traducir al alemán "En busca del tiempo perdido" [novela] de Marcel Proust.
Él era el filósofo alemán Walter Benjamin. Había elaborado una visión pesimista de una pintura de Paul Klee, un pintor suizo, el "Angelus Novus", donde la cara del ángel abre los brazos para contener y empujar una tempestad, que él identifica con el progreso. Para Benjamin, que se suicidaría en Septiembre de 1940 para escapar del nazismo, el sentido de la historia es la progresiva dominación de un desastre tras otro.
Indiferencia: La peor de las actitudes.
Es verdad que las razones para estar indignadas pueden verse hoy menos claramente relacionadas o el mundo se ha vuelto demasiado complejo. ¿Quién está haciendo el ordenamiento, quién lo decide? No es siempre sencillo diferenciar entre todas las corrientes que nos gobiernan. No estamos lidiando con una pequeña elite cuyas actividades pueden ser fácilmente visibles. Este es un mundo vasto, en el cual tenemos una sensación de interdependencia. Vivimos en una interconectividad como nunca antes. Pero en este mundo todavía hay cosas intolerables. Para verlas, es bueno y necesario mirar, buscar. Le digo a los jóvenes, busquen poco y eso es lo que van a encontrar. La peor de las actitudes es la indiferencia, decir "No puedo hacer nada contra eso. Ya me las arreglaré para salir adelante." Por incluirte a ti mismo en esto, pierdes uno de los elementos que hacen al ser humano: la facultad de indignarse y el compromiso que es una consecuencia de lo primero.
Ellos y ellas [las personas jóvenes] pueden desde ya identificar dos grandes desafíos nuevos:
1. La gran brecha que existe entre los más pobres y los más ricos y que no cesa de crecer. Es una innovación de los siglos 20 y 21. Los más pobres en el mundo de hoy ganan apenas dos dólares al día. Las nuevas generaciones no pueden dejar que esta brecha se vuelva mayor. Los reportes oficiales por sí solos deberían provocar un compromiso.
2. Derechos humanos y estado del planeta: Tuve la oportunidad después de la Liberación de participar en la escritura de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, adoptada por la Organización de las Naciones Unidas, el 10 de Diciembre de 1948 en París en el Palacio de Chaillot. Fue como secretario privado principal de Henry Laugier, el Secretario General adjunto de la ONU, y como secretario de la Comisión sobre Derechos Humanos que yo con otros participamos en la redacción de esta declaración. No sabría cómo olvidar el rol en su elaboración de René Cassin, quien fue comisionado nacional de justicia y educación en el gobierno de la Francia Libre en Londres en 1941 y ganó el Premio Nobel en 1968, ni el de Pierre Mendès-France en el Consejo Económico y Social a quien le enviábamos los borradores que producíamos antes de ser considerados por el Tercer Comité (Social, Humanitario y Cultural) de la Asamblea General. Fue ratificado por los 54 estados miembros en sesión de las Naciones Unidas y yo lo certifiqué como secretario.
Es a René Cassin a quien le debemos el concepto de "derechos universales" en vez de "derechos internacionales" como lo planteaban nuestros amigos estadounidenses y británicos. Esto [universal en vez de internacional] fue clave porque, al final de la Segunda Guerra mundial, lo que estaba en juego era lo que iba a ser emancipado de las amenazas del totalitarismo que había pesado sobre la humanidad.
Para llegar a ser emancipado era necesario obtener de los estados miembros de la ONU una promesa de respetar estos derechos universales. Esto fue una forma de tratar de burlar el argumento de "soberanía total" que cada nación enfatiza mientras se dedica a provocar violaciones contra la humanidad en su propio suelo. Tal sería el caso de Hitler quien se sentía con un poder supremo y autorizó a provocar un genocidio. Esta declaración universal le debe mucho a la repulsión universal hacia el nazismo, el fascismo y el totalitarismo -- y le debe un montón, en nuestras mentes al espíritu de la Resistencia.
Tenía la sensación de que era necesario moverse rápidamente para no ser engañados por la hipocresía que había en la composición de la ONU, algunos que reclamaban que esos valores ya estaban ganados no tenían intención alguna de promoverlos fielmente -- afirmaban que nosotros tratábamos de imponerles valores en la declaración.
No puedo resistirme al deseo de citar el artículo 15 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948): "Toda persona tiene el derecho a una nacionalidad." El artículo 22 dice: "Toda persona, como miembro de la sociedad, tiene derecho a la seguridad social, y a obtener, mediante el esfuerzo nacional y la cooperación internacional, habida cuenta de la organización y los recursos de cada Estado, la satisfacción de los derechos económicos, sociales y culturales, indispensables a su dignidad y al libre desarrollo de su personalidad." Y si bien esta afirmación tiene un alcance declarativo y no legal, ha jugado un papel muy importante desde 1948. Esto llevó al pueblo colonizado a pelear por su independencia; esto sembró en sus mentes una batalla por la libertad.
Noto con satisfacción que en el curso de las últimas décadas ha habido un aumento en las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs) y en movimientos sociales como ATTAC (Asociación por una Tasa a las Transacciones financieras especulativas y la Acción Ciudadana) o como la FIDH (Federación Internacional de Derechos Humanos) y Amnistía Internacional que son activos y competitivos. Es obvio que para ser efectivos hoy es necesario actuar en red, usar todos los medios de comunicación modernos.
A la gente joven le digo: Miren alrededor, encontrarán temas que justifiquen su indignación -- hechos acerca del tratamiento de inmigrantes, de inmigrantes "ilegales", de gitanos. Encontrarán situaciones concretas que les llevan a fortalecer su acción ciudadana. ¡Busquen y encontrarán!
Mi indignación por lo que ocurre en Palestina.
Hoy mi mayor indignación tiene que ver con Palestina, la Franja de Gaza y Cisjordania. Este conflicto es indignante. Es absolutamente esencial leer el reporte de Richard Goldstone, de Septiembre del 2009, en Gaza, en que un juez sudafricano y judío que afirmaba aun ser un sionista, acusó al ejército israelí de haber cometido "actos comparables a crímenes de guerra y quizás en determinadas circunstancias, crímenes contra la humanidad" durante su "Operación Plomo Fundido" que duró 3 semanas.
Volví a Gaza en 2009 cuando pude entrar con mi esposa gracias a nuestros pasaportes diplomáticos, para estudiar de primera mano lo que el reporte decía. La gente que nos acompañaba no fue autorizada a entrar en la franja. Allí y en Cisjordania. También visitamos el refugio de palestinos establecido por la UNRWA desde 1948, donde más de 3 millones de palestinos fueron expulsados desde sus tierras en Israel, esperando todavía un cada vez más problemático retorno.
En cuanto a Gaza, esto es como una cárcel sin techo para un millón y medio de palestinos. Una prisión donde la gente se organiza para sobrevivir. A pesar de la destrucción material como la del Hospital de la Media Luna Roja por la Operación Plomo Fundido, esta el comportamiento de sus habitantes, su patriotismo, su amor por el mar y las playas, su constante preocupación por el bienestar de sus niños, que son innumerables y alegres, que permanecen en mi memoria. Estábamos impresionados con cuán ingeniosamente ellos enfrentaban todas las carencias que les han sido impuestas. Les vimos hacer ladrillos, por falta de cemento, para reconstruir las miles de casas destruidas por los tanques. Ellos nos confirmaron que hubieron 1.400 muertos -- incluyendo mujeres, niños y ancianos en el campo palestino -- durante esta "Operación Plomo Fundido" llevada a cabo por el ejército israelí, comparada con tan sólo 50 personas heridas en el lado israelí. Comparto las conclusiones del juez sudafricano. Que estos judíos puedan, ellos mismos, perpetrar crímenes de guerra es insoportable. Ay, la historia no nos da ejemplos suficientes de gente que extrae lecciones desde su propia historia.
¿Terrorismo o exasperación?
Sé que a Hamas [partido de los luchadores de la libertad palestinos], que ha ganado las últimas elecciones legislativas, puede no ayudarle que cohetes sean lanzados sobre ciudades israelíes en respuesta a la situación de aislamiento y bloqueo en que los gazanos viven. Pienso naturalmente que el terrorismo es inaceptable; pero es necesario admitir (desde la experiencia en Francia) que cuando el pueblo está ocupado por fuerzas inmensamente superiores a ellos mismos, la reacción popular no puede ser totalmente pacífica.
¿Le es útil a Hamas lanzar cohetes hacia Sdérot [pueblo israelí al otro lado de la frontera con la franja de Gaza]?
La respuesta es no. Esto no sirve a sus propósitos, pero ello puede explicar esto como una muestra de la exasperación de los gazanos. Bajo la noción de exasperación, es necesario entender la violencia como la lamentable conclusión de situaciones inaceptables a las cuales han sido sometidos.
Por lo tanto, ellos pueden llamarlo, terrorismo como una forma de exasperación. Y este llamado "terrorismo" es un nombre inapropiado. Uno no debería tener que recurrir a esta exasperación, pero hay que tener esperanza. La exasperación es una negación de la esperanza. Es comprensible, diría que es casi natural, pero aún es inaceptable. Porque esto no permite a adquirir resultados que la esperanza posiblemente puede eventualmente producir.
No violencia: El camino que debemos aprender a seguir.
Estoy persuadido de que el futuro le pertenece a los no violentos, a la reconciliación de diferentes culturas. Es por esta vía que la humanidad entrará en su siguiente etapa. Pero en esto estoy de acuerdo con Sartre: No podemos excusar a los terroristas que lanzan bombas, pero podemos entenderlos. Sartre escribió en 1947: "Reconozco que la violencia en cualquier forma que pueda manifestarse es un revés. Pero es un revés inevitable porque estamos en un mundo de violencia. Y si bien es cierto que el riesgo de recurrir a la violencia es permanente, es también cierto que es el medio seguro para hacerla detenerse."
A esto añadiría que la no-violencia es una segura forma de hacer que la violencia se detenga. Uno no puede tolerar el terrorismo, usando a Sartre o en el nombre de este principio, durante la guerra de Argelia ni durante los juegos olímpicos de Múnich en 1972, en el intento de asesinato contra los atletas israelíes. El terrorismo no es productivo y Sartre mismo se preguntaría al final de su vida sobre el sentido de la violencia y dudar de su razón de ser.
Sin embargo, proclamar "la violencia no es efectiva" es más importante que saber si uno debe condenar o no a quienes se dedican a esto. El terrorismo no es efectivo. En la noción de la efectividad, una esperanza no sangrienta es necesaria. Si hay una esperanza violenta, está en el poema de William Appollinaire "la esperanza es violenta" y no en la política.
Sartre, en Marzo de 1980, a tres semanas de su muerte declaró: "Es necesario tratar de explicar por qué el mundo de hoy, que es horrible, es sólo un instante en un largo desarrollo histórico, que la esperanza siempre ha sido una de las fuerzas dominantes en revoluciones e insurrecciones y cómo todavía siento esperanza como mi concepción de futuro.
Es necesario entender que la violencia se opone a la esperanza. Es necesario preferir la esperanza, esperanza por sobre la violencia. La no-violencia es el camino que debemos aprender a seguir. También los opresores.
Es necesario llegar a negociaciones para quitar la opresión; esto es lo que permitirá no tener más violencia terrorista. Por lo tanto no debemos permitir que se acumule demasiado odio.
El mensaje de Mandela y Martin Luther King encuentra toda su pertinencia en el mundo que ha superado la confrontación de ideología [p.e. nazismo] y el totalitarismo conquistador [p.e. Hitler]. Esto es también un mensaje de esperanza en la capacidad de las sociedades modernas de sobreponerse a conflictos por medio del mutuo entendimiento y una paciente vigilancia. Para alcanzar este punto es necesario basarse en derechos, en vez de violaciones, quien sea el autor, debe causar nuestra indignación. No hay que transar estos derechos.
Por una insurrección pacífica.
He apreciado, y no soy el único, la reacción del gobierno israelí cuando por la forma en que cada viernes los ciudadanos de Bil'in protestaban sin usar piedras ni la fuerza hasta el muro de separación. Las autoridades israelíes calificaron esto como un "terrorismo no sangriento". Esto es algo bueno... Es necesario ser israelí para calificar la no violencia como terrorista. Es especialmente necesario para ser incómodos [como le resultaba a los israelíes] por la eficacia de la no-violencia, que se encuentra para provocar apoyo, entendimiento -- el apoyo de todas las personas que en el mundo son adversarias de la opresión.
El pensamiento productivista, impulsado por Occidente, condujo al mundo a una crisis de la que debe salir a través de una radical ruptura con el concepto de "crecer" no solo en el campo financiero sino también en el dominio de las ciencias y la tecnología. Ya es el momento de que las preocupaciones acerca de la ética, la justicia y el equilibrio duradero (económico y medio ambiental) prevalezcan. Porque son los riesgos más serios que nos amenazan. Ellos pueden poner fin a la aventura humana en el planeta, que puede llegar a ser inhabitable para los humanos.
Pero sigue siendo cierto que el progreso más importante fue hecho después de 1948 [año de la fundación de la ONU y la declaración de los Derechos Humanos]: descolonización, el fin del apartheid, la destrucción del imperio soviético, la caída del muro de Berlín. Por otro lado, los diez primeros años del siglo XXI fueron un periodo de degeneración. Esta degeneración es explicada en parte por la presidencia de George Bush, los eventos del 11 de Septiembre y desastrosas consecuencias que involucran a los Estados Unidos, tales como la intervención militar en Iraq.
Tenemos esta crisis económica, pero todavía no iniciamos una nueva política de desarrollo. Del mismo modo, la cumbre de Copenhagen contra el cambio climático no produjo una política real para la preservación del planeta.
Estamos en el umbral entre el terror de la primera década y las posibilidades de las décadas que siguen. Pero es necesario tener esperanza, es siempre necesario. La década anterior, la de los noventa, ha sido un tiempo de gran progreso. Las Naciones Unidas tuvieron la sabiduría de llamar a conferencias como la de Río sobre medio ambiente, en 1992, y la de Beijing sobre la mujer en 1995. En Septiembre del 2000, por iniciativa del secretario general de la ONU, Kofi Annan, los 191 miembros adoptaron una declaración con "8 objetivos del milenio para el desarrollo" de la que notablemente prometieron reducir la pobreza en el mundo a la mitad para el 2015.
Mi pesar está en que ni Obama ni la UE se han comprometido a lo que debiera ser su aportación por una fase constructiva, basada en valores fundamentales.
Conclusión
¿Cómo concluir este llamado a la indignación? Diciendo todavía lo que, en ocasión del sexagésimo aniversario del programa del Consejo Nacional de la Resistencia dijimos el 8 de Marzo del 2004 -- somos veteranos de los movimientos de resistencia y fuerzas de combate de la Francia Libre (1940-1945) -- que ciertamente "El nazismo fue derrotado, gracias al sacrificio de nuestros hermanos y hermanas de la Resistencia y a las Naciones Unidas contra la barbarie fascista. Pero esta amenaza no ha desaparecido y nuestra ira contra la injusticia sigue intacta". No, esta amenaza no ha desaparecido por completo. Convoquemos una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no propongan como horizonte para nuestra juventud otras cosas que no sean el consumo en masa, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición excesiva de todos contra todos."
A todas las personas que harán el siglo XXI, les decimos con afecto:
CREAR ES RESISTIR; RESISTIR ES CREAR.
Artículo sobre Indignaos
¡Indignaos!
Ignacio Ramonet (Le Monde Diplomatique)
Ignacio Ramonet (Le Monde Diplomatique)
Tiene 93 años. Se llama Stéphane Hessel. Y la historia de su vida es una fabulosa novela. Lo era ya, en cierto modo, antes mismo de que naciera. Algunos quizás recuerden aquella película de François Truffaut, Jules et Jim . Pues bien, la mujer anticonformista interpretada por Jeanne Moreau, y uno de sus dos amantes (1), Jules , judío alemán traductor de Proust, fueron sus padres. En la atmósfera artística del París de los años 1920 y 1930, Stéphane Hessel creció rodeado de los amigos de la casa, entre otros, el filósofo Walter Benjamin, el dadaísta Marcel Duchamp y el escultor Calder...
Al estallar la Segunda Guerra Mundial, se alista en la Resistencia y se suma, en Londres, al equipo del general De Gaulle, quien le confía una peligrosa misión en territorio francés. Detenido por los nazis, es torturado y deportado al campo de exterminio de Buchenwald, de donde trata, una y otra vez, de evadirse. Lo acaban capturando y lo condenan a la horca. A punto de ser ejecutado, consigue usurpar la identidad de un muerto y logra por fin evadirse. Se une a la lucha por la liberación de Francia, inspirado en los principios del Consejo Nacional de la Resistencia que promete una democracia social, la nacionalización de los sectores energéticos, de las compañías de seguros y de la banca, y la creación de la Seguridad Social.
Después de la victoria, De Gaulle lo envía -tiene apenas 28 años- a Nueva York, a la ONU, cuyos fundamentos teóricos se están acicalando entonces. Allí, Hessel participa, en 1948, en la elaboración y redacción de uno de los documentos más trascendentales de los últimos seis decenios: la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Regresa luego a París para integrarse en el gabinete socialista de Pierre Mendès-France, que inicia la descolonización, pone fin a la guerra en Indochina, y prepara la independencia de Túnez y Marruecos.
Los años más recientes, este noble y persistente defensor de las causas justas, diplomático de profesión, los ha consagrado a protestar sin descanso contra el trato dispensado a los "sin papeles", a los gitanos, a todos los inmigrantes...
Y si hoy nos referimos a él, es porque acaba de publicar un librito, más bien un breve panfleto político de 30 páginas, devenido -en la Francia popular sublevada contra la regresión social-, un excepcional éxito editorial y un fenómeno social. Gracias al boca a boca y, sobre todo, a las nuevas redes sociales, el texto, ninguneado al principio por los medios de información dominantes, ha conseguido franquear las censuras y llenar de esperanza miles de corazones. En apenas unas semanas, de este repertorio de las injusticias más indignantes, ya se han vendido (cuesta 3 euros) más de 650.000 ejemplares... Algo jamás visto. Su título: una consigna, ¡Indignaos! (2).
Dice Balzac que el panfleto "es el sarcasmo convertido en bala de cañón". Añade Stéphane Hessel que la indignación es la pólvora de toda explosión social. Dirigiéndose a sus lectores, les recomienda: "Deseo que halléis un motivo de indignación. Eso no tiene precio. Porque cuando algo nos indigna, nos convertimos en militantes, nos sentimos comprometidos y entonces nuestra fuerza es irresistible".
Los motivos de indignación no escasean: "En este mundo, dice Hessel, hay cosas insoportables". En primerísimo lugar: la naturaleza del sistema económico responsable de la actual crisis devastadora. "La dictadura internacional de los mercados internacionales" constituye además, según él, "una amenaza para la paz y la democracia". "Nunca, afirma, el poder del dinero fue tan inmenso, tan insolente y tan egoísta, y nunca los fieles servidores de Don Dinero se situaron tan alto en las máximas esferas del Estado".
En segundo lugar, Hessel denuncia la desigualdad creciente entre los que no tienen casi nada y los que lo poseen todo: "La brecha entre los más pobres y los más ricos jamás ha sido tan profunda; ni tan espoleados el afán de aplastar al prójimo y la avidez por el dinero". A guisa de enmienda sugiere dos propuestas sencillas: "Que el interés general se imponga sobre los intereses particulares; y que el reparto justo de la riqueza creada por los trabajadores tenga prioridad sobre los egoísmos del poder del dinero".
En temas de política internacional, Hessel afirma que su "principal indignación" es el conflicto israelo-palestino. Recomienda que se lea "el informe Richard Goldstone de septiembre de 2009 sobre Gaza (3), en el cual este juez sudafricano, judío, que incluso se declara sionista, acusa al ejército israelí". Relata su visita reciente a Gaza, "prisión a cielo abierto para un millón y medio de palestinos". Una experiencia que lo sobrecoge y solivianta. Aunque no por ello reniega de la no-violencia. Al contrario, reafirma que "el terrorismo es inaceptable", no sólo por razones éticas sino porque, al ser "una expresión de la desesperación", no resulta eficaz para su propia causa pues "no permite obtener los resultados que la esperanza puede eventualmente garantizar".
Hessel convoca el recuerdo de Nelson Mandela y de Martin Luther King. Ellos, dice, nos indican "el camino que debemos aprender a seguir". Porque, para avanzar, sólo existe una conducta: "apoyarnos en nuestros derechos, cuya violación -sea quien sea el autor de ésta-, debe provocar nuestra indignación. ¡No transijamos jamás con nuestros derechos!".
Finalmente, se declara partidario de una "insurrección pacífica". En particular contra los medios masivos de comunicación en manos del poder del dinero, y que "sólo proponen a los ciudadanos el consumo de masas, el desprecio hacia los humildes y hacia la cultura, la amnesia generalizada y una competición a ultranza de todos contra todos".
Stéphane Hessel ha sabido expresar con palabras, lo que tantos ciudadanos golpeados por la crisis y por las medidas de regresión social sienten en el fondo de sí mismos. Ese sentimiento de que les están arrebatando sus derechos, esos anhelos punzantes de desobedecer, esos deseos de gritar hasta perder el aliento, esas ganas en fin de protestar sin saber cómo... Todos esperan ahora la segunda entrega. Cuyo título, lógicamente, sólo puede ser: ¡Sublevaos!
Notas:
(1) El otro era Pierre-Henri Roché, autor de la novela con el mismo título llevada a la pantalla por François Truffaut.
(2) Stéphane Hessel, Indignez-vous! , Indigène éditions, Montpellier, 2010.
(3) NDLR: "Human Rights In Palestine And Other Occupied Arab Territories. Report of the United Nations Fact Finding Mission on the Gaza Conflict", Naciones Unidas, Nueva York, 15 de septiembre de 2009.
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