supongo que, dentro de determinados parámetros, se da por sentado que cada quien tiene su lugar en el mundo. puede ser grande o chico, importante o anónimo, bueno o malo. pero es como si se diera por sentado que al comprar una botella de vino, dentro de la botella hay vino.
también se da por sentado que se conoce el lugar en el mundo que uno ocupa, y que más o menos se parece a sí mismo a lo largo del tiempo. como la vida humana es relativamente corta (por suerte) en comparación con la de la historia de la humanidad, a menos que ocurran esas cosas espantosas como guerras, revoluciones, tsunamis o crisis de algún tipo (por ejemplo, económicas o financieras), el lugar se mantiene relativamente inmodificado, o no lleva a grandes interrogantes.
sin embargo, no es tan así. se puede perder el lugar en el mundo por cosas en apariencia tan sencillas como dejar de comprenderlo. o dejar de sentir que uno pertenece a él. o por espantarse verdaderamente ante cosas que a la mayoría le parece males necesarios (o, saquemos "males" y dejemos necesarios, algo así como "así son las cosas"). se puede perder el lugar en el mundo cuando uno se da cuenta de que la mediana capacidad que uno tiene, la mediana sensibilidad, la mediana tolerancia, la mediana medianía que lo hace humano, ya no es herramienta suficiente como para seguir estando. no hablamos aquí de nihilismo o de retirarse al everest, sino de algo mucho más simple: no entiendo cómo funciona, no entiendo cómo debo manejarme para seguir formando parte de lo que, en principio, me espera para los siguientes 15 años.
el lugar en el mundo, entonces, ahora para mí es un no-lugar. el no-lugar de marc augé, al que le sumo la desaparición del sentido del espacio público y, por lo tanto, del espacio público. ya no es el asombro, punto de partida imprescindible para cualquier idea creativa, interrogante cuya respuesta lleva a una búsqueda que hasta hace no demasiado provocaba disfrute y alegría. no es asombro, es profunda preocupación e ignorancia sobre qué hacer, qué pensar, desde dónde pensar y cómo actuar, sin dejar de ser uno mismo, sin traicionarse. el extraño equilibrio entre el cambio y la conservación.
¿es el mundo más inhóspito que hace treinta años? quizá. y si no es más inhóspito, entonces la sensación es de que está habitado, mayormente, por un bicho avaro, codicioso, al que no le importa demasiado nada más que enriquecerse a velocidad luz. ¿que la mayoría no es así? puede ser, pero qué desgracia que esa minoría es la que parece gobernar el planeta!
malena cita lo que le dice michael douglas a charlie sheen en "wall street", aquella peli de los últimos ochentas. "greed is good", dice malena, mientras entramos a una librería (la central) que es un antro del vicio (para quien tiene el vicio de la lectura y, sobre todo, del libro). sí, malena ha dado en el clavo. mientras me maravillo con los libros, libros, libros, libros, y me repito que no me va a dar el tiempo para leer todo lo que quiero, entiendo que busco una respuesta a la pregunta sobre el lugar en el mundo, los avaros y los desgraciados. unas horas más tarde, compartiendo un café y mi preocupación por el futuro, matías me dice que las cosas cambiaron y que quizá (sin el quizá) la vida no pasa ya por el conocimiento (lo dice y pienso en sócrates, no sé por qué, y en heidegger, y en hanna arendt y en walter benjamin). ah, era eso. así de sencillo. pero ¿qué hacemos los que seguimos creyendo que es el conocimiento el que da libertad, capacidad de decisión, vuelo mental y, seamos un poco avaros, también, satisfacción personal? ¿qué hacemos los que vemos entre los titulares de la prensa, los programas de televisión, las publicidades mentirosas, los circos políticos, y sentimos que algo se avecina, algo muy triste y oscuro? podemos, claro, refugiarnos en la teoría taoísta del péndulo. dice algo así como: algo empieza a andar. un golpecito al péndulo, cuyo ángulo de apertura se va acelerando a medida que toma velocidad. cuando llega al extremo, no importa a cuál de los dos, las cosas se van de las manos, se salen de curso. entonces se vuelve al eje central de nuevo y se recomienza. y esa vuelta al centro, necesariamente es controladora, conservadora, hasta que empiezan los movimientos de liberación de ese eje central, autoritario. para yim, el chino, además de ser dueño de una gran paciencia, está sentado en un banquito de tres patas: el taoísmo, el budismo y el confucianismo. en época de liviandad, de alegría, de bonanza, el taoísmo es la celebración lúdica de la vida. se vive con sentido del humor. en épocas de dudas, el budismo es la herramienta espiritual y filosófica que ayuda a ubicar al hombre en el cosmos y por lo tanto consigo mismo. y en épocas de debacle moral, confucio dice lo que se debe hacer.
cuando el péndulo llega a alguno de los extremos, es cuando hace falta un confucio. sin embargo, las voces que se alzan, preocupadas, los indignados de tantas partes del mundo, los científicos y técnicos que hablan del decrecimiento, de la locura de un consumismo que no lleva a ninguna parte, de los altísimos grados de contaminación... a todos ellos también les hace falta un confucio, porque todavía son voces que no son LA voz. (es probable que matías dijera que pensar en UNA voz es un error, y puede que tenga razón)
hace años, eco introdujo la dicotomía "apocalípticos e integrados", y durante un tiempo había quienes se sentían apocalípticos, y otros, integrados, en franca oposición. esa dicotomía, hoy, ya no dice nada tampoco. hay una cosa apocalíptica en la integración (creo que ganaron los integrados), porque en su momento, los apocalípticos no supieron cómo canalizar la visión de edad media que tenían del futuro.
necesitamos una herramienta nueva para pensar; necesitamos que un pensador como amin maalouf siga pensando y preocupándose, pero que haya muchos más como él. porque maalouf plantea y hace públicas sus dudas, sus interrogantes. y eso lleva a pensar.
acabo de pasar por una plaza. una pequeña manifestación (habría unas treinta personas) por "democracia en siria", con carteles en español, en árabe. quien dirigía todo era un niño. un niño árabe (no sé si sirio, supongo que sí), de unos ocho años, chiquito, flaquito, con un micrófono. dirigía las consignas, reclamaba, y la gente repetía con él.
seguramente él sienta que ese es su lugar en el mundo. viendo eso, quizá lo que dijo matías, que la vida no pasa por el conocimiento, tenga su cuota de acierto; quizá, como hacían los esquimales, cuando uno siente que deja de entender, se retira. y le deja el lugar a personas como matías o este niño que es capaz de exigir democracia para siria, con la voz aflautada y el desencanto de una inocencia que seguramente perdió hace mucho, más conocedor de la guerra y el sufrimiento que de los videojuegos, el playstation y los blackberries.
sábado, 7 de enero de 2012
martes, 3 de enero de 2012
la otra barcelona: con jordi, tras los pasos de manel
jordi dice que lo espere en la puerta del medio del corte inglés, en la plaza catalunya. allí voy. como tengo tiempo, decido entrar a la librería y ver si consigo alguno de los libros (larga lista) que me interesan. pregunto: ¿la librería? último piso (7). pues hay que subir para llegar al parnaso del saber. subo. pero la escalera mecánica se detiene en el sexto piso. para llegar al séptimo hay que caminar. nadie dijo que buscar un libro fuera sencillo. zapatos, en el primer piso; camisones, en el segundo; heladeras rosaditas, en el tercero; juguetes, en el cuarto, y así sigue la lista... bien, llegamos al séptimo. poco público, no deja de ser una ventaja que la lectura haya perdido credibilidad en la bolsa. saco mi lista. empiezo: cien años de soledad, edición comentada, editorial cátedra. la dependienta me mira: es un clásico... (no sabía que era un clásico), refunfuñando va a un estante y, voilá, el libro aparece. once euros. pas mal. siguiente en la lista: gramática funcional del español. busca. dice: es un libro antiguo (año 2005), el siguiente por el que pregunto es más antiguo aun, del año 2000. me dice que no pierda el tiempo. que vaya al otro corte inglés, acá nomás, en puerta del ángel, que allá "sí tienen esos libros". el "esos" en un tono que indica claramente que son una pérdida de tiempo. consulto el reloj. con suerte, y si jordi no es muy puntual, logre el objetivo: comprar libros antiguos. ¿qué diría si le pido la historia de herodoto? en el siguiente corte inglés me miran con lástima. esos libros... acá no... intente en una librería de viejo, o quizá la universidad... agradezco. por suerte, en esta tienda, la librería está en el primer piso. en planta baja cosméticos y perfumes. menos humillante que en el otro.
me pongo a leer mientras espero a jordi, que aparece de pronto, igualito al año pasado, pero esta vez aquí, en barcelona, y no en lucca. el año pasado le seguimos el rastro al personaje femenino, renata; esta vez, a manel, el coprotagonista, un escritor-traductor catalán. pues allá vamos. bajamos por las ramblas, torcemos aquí y allá, carrer sant pau, aquí, aquí, le digo, te acuerdas, cuando se separa de neus y no sabe qué hacer de su vida. y si damos la vuelta por esta esquina, llegamos a san rafel, casa leopoldo, donde le dice a donat que abandonará barcelona para ir a buscar a italiana a la toscana... el periplo sigue, acá vivió manel entre los gitanos, cuando se va de la casa; aquí comió chipirones, y por allá está el café ópera, adonde fue con su esposa, una ambiciosa mujer asimilada al franquismo... y más allá la fonda y el mercado. y de paso la boquería -uno se quedaría a vivir allí, entre frutas, verduras, carnes y pescados y mariscos, y los feriantes o como se llamen que vocean lo suyo y la gente hace las compras y es mucho más pintoresco y real que cualquier programa de utilísima o canal gourmet.
cerca del mercado sant antoni (no sé si se escribe así), que está en reformas, hay una fonda. la bodega, se llama. la fonda del pinchazo, la bautizo yo. los parroquianos: veteranos. la comida: de olla. incluso, para ver si nos gusta, nos dicen que pasemos a la cocina y miremos. miramos. nos gusta. pedimos espaguettis con una salsa casera (carne picada y una salchicha picante). cerveza. la gente conversa. los mozos son tan viejos y desmemoriados como la fonda. cada tanto salimos a fumar. "ostias con la ley anti tabaco", se queja jordi y yo con él. afuera hay una mesita con un cenicero rebosante, y más parroquianos que entran y salen a fumar y a beber. no sé cómo sale el tema de la monarquía y el yerno del rey que se ha mandado su estafa sucia derivando donaciones a belice. uno de los parroquianos, un catalán viajero, dice haber sido chofer de la infanta. y para qué. se suma otro, más veterano, y entre los tres, ellos dos y jordi, destripan a la monarquía, a ésta, la española, y a todos los borbones de europa, que, ya se sabe, y por casarse entre sí, terminan un poco tocados y nada útiles. de la monarquía se pasa a la política. que si el pp, que si la derecha, y vuelta a las cortes. pues parece que la ranciedad más rancia, la aristocracia europea, esa que sale en "hola" y que hay quienes se mueren por conocer, ha sido tan trucha y tan servil a reproducir un poder inútil -estos monárquicos el único trabajo que tienen es reproducirse, muchos hijos, que alguno llegará a rey- un poder familiar, como en la edad media, como siempre. les digo que nosotros somos hijos de ellos, de la corona que nos conquistó, nos colonizó y nos hizo bastante imbéciles también. están de acuerdo. estos tres, al menos, dicen que el 12 de octubre no hay nada qué celebrar. coincidimos en eso. después les pregunto por qué hay un cristóbal colón mirando al mediterráneo. uno dice: es que salió de aquí, de barcelona! pues que no, hombre, responde el otro, regresó aquí. la explicación del tercero es, digamos, subida de tono, e impropia para esta crónica. pero no deja bien parado ni a colón, ni a la madre patria. diría ásterix: están locos estos romanos.
el asunto es que hay más gente afuera, fumando y bebiendo, que adentro, con lo cual la ley antitabaco sólo jodió a todos, porque no parece que nadie haya dejado de fumar por la prohibición. con jordi repasamos algunas cuestiones del libro. convenimos que no está a tono con los aires ecologistas de los tiempos que corren: en "la última mujer" se fuma, se bebe, se jode... entonces me cuenta que ha visto el primer libro "certificadamente sano": no hay escenas con humo ni con alcohol. "pronto", agrega, "veremos la remake de casablanca en la que bogart ya no fuma, cuando dice play it again sam". es triste. será que hasta la historia deberá re-escribirse para evitar el habano de churchill, los cigarrillos de bogart, los tabacos de castro, y todos los demás vicios que la realidad y después el cine y la literatura retrataron... si ese es el caso, qué aburrimiento. pronto, vendremos realmente de un repollo que una cigüeña dejó caer en el jardincito de una casa.
(cuenta que en mataró las putas llevaban una especie de cencerro al cuello, que sonaba cuando atendían a los clientes. y que en mataró sonaban los cencerros a más no poder y que a nadie le parecía mal. ahora, dice, todo se hace a escondidas... a por los cencerros)
pero, mientras tanto, en la bodega de la calle sant rafel, parece haber más anarquistas (así víctor, el ex chofer de la infanta) que oficialistas, que hacen de la protesta y el humor negro una resistencia contra los tiempos que corren. por supuesto que todos están de acuerdo en que el poder enquistado en madrid -sabéis que madrid tiene un puerto: valencia!- y una autopista que se llama de la playa- ha terminado por joder al quijote, a cervantes y a toda una generación de literatos. "no tengo nada en contra de cervantes, pobre tío", dice jordi, "pero es que jamás lo leí ni jamás lo leeré"; y víctor dice lo suyo también: " a mí ese tío con el lío de las novelas de caballería, de castilla y aragón... no me interesa para nada". y todos coinciden en que, para entronarse, el rey ha casado a una hija con un catalán y a otro con un vasco... "como siempre", dice jordi, "es la historia. y fíjate que el partido final de la copa del rey se jugó entre un equipo vasco y otro catalán. y fue un escándalo. cuando pasaron el himno español, que para nosotros es una humillación, la silbadera fue tan grande, que en el estadio debieron subir el volumen del himno para acallar los silbidos. pero en la transmisión por la tele aquello era imposible, así que la tele lo dirimió. lo puso a medio volumen, y salieron el himno y los silbidos". y termina por explicarme el amor al barca: es que nuestra bandera, prohibida por el franquismo, es como la del barca, pero con una raya menos. entonces, en el estadio, cuando sacábamos la del barca, estábamos sacando la nuestra. y eso lo sabía todo el mundo". me hizo acordar a las caceroleadas. supongo que en cualquier parte del mundo, cualquier pueblo que quiere protestar por una injusticia encuentra la manera de hacerlo.
y mientras la gente proteste, hay vida y hay esperanza.
me pongo a leer mientras espero a jordi, que aparece de pronto, igualito al año pasado, pero esta vez aquí, en barcelona, y no en lucca. el año pasado le seguimos el rastro al personaje femenino, renata; esta vez, a manel, el coprotagonista, un escritor-traductor catalán. pues allá vamos. bajamos por las ramblas, torcemos aquí y allá, carrer sant pau, aquí, aquí, le digo, te acuerdas, cuando se separa de neus y no sabe qué hacer de su vida. y si damos la vuelta por esta esquina, llegamos a san rafel, casa leopoldo, donde le dice a donat que abandonará barcelona para ir a buscar a italiana a la toscana... el periplo sigue, acá vivió manel entre los gitanos, cuando se va de la casa; aquí comió chipirones, y por allá está el café ópera, adonde fue con su esposa, una ambiciosa mujer asimilada al franquismo... y más allá la fonda y el mercado. y de paso la boquería -uno se quedaría a vivir allí, entre frutas, verduras, carnes y pescados y mariscos, y los feriantes o como se llamen que vocean lo suyo y la gente hace las compras y es mucho más pintoresco y real que cualquier programa de utilísima o canal gourmet.
cerca del mercado sant antoni (no sé si se escribe así), que está en reformas, hay una fonda. la bodega, se llama. la fonda del pinchazo, la bautizo yo. los parroquianos: veteranos. la comida: de olla. incluso, para ver si nos gusta, nos dicen que pasemos a la cocina y miremos. miramos. nos gusta. pedimos espaguettis con una salsa casera (carne picada y una salchicha picante). cerveza. la gente conversa. los mozos son tan viejos y desmemoriados como la fonda. cada tanto salimos a fumar. "ostias con la ley anti tabaco", se queja jordi y yo con él. afuera hay una mesita con un cenicero rebosante, y más parroquianos que entran y salen a fumar y a beber. no sé cómo sale el tema de la monarquía y el yerno del rey que se ha mandado su estafa sucia derivando donaciones a belice. uno de los parroquianos, un catalán viajero, dice haber sido chofer de la infanta. y para qué. se suma otro, más veterano, y entre los tres, ellos dos y jordi, destripan a la monarquía, a ésta, la española, y a todos los borbones de europa, que, ya se sabe, y por casarse entre sí, terminan un poco tocados y nada útiles. de la monarquía se pasa a la política. que si el pp, que si la derecha, y vuelta a las cortes. pues parece que la ranciedad más rancia, la aristocracia europea, esa que sale en "hola" y que hay quienes se mueren por conocer, ha sido tan trucha y tan servil a reproducir un poder inútil -estos monárquicos el único trabajo que tienen es reproducirse, muchos hijos, que alguno llegará a rey- un poder familiar, como en la edad media, como siempre. les digo que nosotros somos hijos de ellos, de la corona que nos conquistó, nos colonizó y nos hizo bastante imbéciles también. están de acuerdo. estos tres, al menos, dicen que el 12 de octubre no hay nada qué celebrar. coincidimos en eso. después les pregunto por qué hay un cristóbal colón mirando al mediterráneo. uno dice: es que salió de aquí, de barcelona! pues que no, hombre, responde el otro, regresó aquí. la explicación del tercero es, digamos, subida de tono, e impropia para esta crónica. pero no deja bien parado ni a colón, ni a la madre patria. diría ásterix: están locos estos romanos.
el asunto es que hay más gente afuera, fumando y bebiendo, que adentro, con lo cual la ley antitabaco sólo jodió a todos, porque no parece que nadie haya dejado de fumar por la prohibición. con jordi repasamos algunas cuestiones del libro. convenimos que no está a tono con los aires ecologistas de los tiempos que corren: en "la última mujer" se fuma, se bebe, se jode... entonces me cuenta que ha visto el primer libro "certificadamente sano": no hay escenas con humo ni con alcohol. "pronto", agrega, "veremos la remake de casablanca en la que bogart ya no fuma, cuando dice play it again sam". es triste. será que hasta la historia deberá re-escribirse para evitar el habano de churchill, los cigarrillos de bogart, los tabacos de castro, y todos los demás vicios que la realidad y después el cine y la literatura retrataron... si ese es el caso, qué aburrimiento. pronto, vendremos realmente de un repollo que una cigüeña dejó caer en el jardincito de una casa.
(cuenta que en mataró las putas llevaban una especie de cencerro al cuello, que sonaba cuando atendían a los clientes. y que en mataró sonaban los cencerros a más no poder y que a nadie le parecía mal. ahora, dice, todo se hace a escondidas... a por los cencerros)
pero, mientras tanto, en la bodega de la calle sant rafel, parece haber más anarquistas (así víctor, el ex chofer de la infanta) que oficialistas, que hacen de la protesta y el humor negro una resistencia contra los tiempos que corren. por supuesto que todos están de acuerdo en que el poder enquistado en madrid -sabéis que madrid tiene un puerto: valencia!- y una autopista que se llama de la playa- ha terminado por joder al quijote, a cervantes y a toda una generación de literatos. "no tengo nada en contra de cervantes, pobre tío", dice jordi, "pero es que jamás lo leí ni jamás lo leeré"; y víctor dice lo suyo también: " a mí ese tío con el lío de las novelas de caballería, de castilla y aragón... no me interesa para nada". y todos coinciden en que, para entronarse, el rey ha casado a una hija con un catalán y a otro con un vasco... "como siempre", dice jordi, "es la historia. y fíjate que el partido final de la copa del rey se jugó entre un equipo vasco y otro catalán. y fue un escándalo. cuando pasaron el himno español, que para nosotros es una humillación, la silbadera fue tan grande, que en el estadio debieron subir el volumen del himno para acallar los silbidos. pero en la transmisión por la tele aquello era imposible, así que la tele lo dirimió. lo puso a medio volumen, y salieron el himno y los silbidos". y termina por explicarme el amor al barca: es que nuestra bandera, prohibida por el franquismo, es como la del barca, pero con una raya menos. entonces, en el estadio, cuando sacábamos la del barca, estábamos sacando la nuestra. y eso lo sabía todo el mundo". me hizo acordar a las caceroleadas. supongo que en cualquier parte del mundo, cualquier pueblo que quiere protestar por una injusticia encuentra la manera de hacerlo.
y mientras la gente proteste, hay vida y hay esperanza.
lunes, 2 de enero de 2012
museu del joguet de catalunya
¿un viaje hacia el pasado? ¿un deja vu en blanco y negro, sepia y color?
en figueres, a dos horas y pico en tren desde barcelona, surge este museo. llueve, hace frío, y hay una vaca en la entrada, amén de un par de muñecos, que invitan a entrar. eentramos.
quienes lo antienden son mujeres sin edad, salidas de un cuento de los hermanos grimm, que seguramente han leído cuentos a sus hijos, nietos y a todos los niños de la cuadra. y estoy segura de que si se lo pidiera, me los leerían a mí. "había una vez"... . hay una escalera, y hay que guiarse por el instinto infantil, ese que uno perdió hace demasiado. pero parece que el itinerario del museo del juguete ayuda a desempolvar en escasos segundos.
allí está la colección de autitos, los matchbox de la infancia, multiplicada por n. una maravilla, una serie de autos de época, ordenados de un modo que a uno le dan ganas de sacarlos de los estantes y ponerse a jugar a las carreras por las escalinatas y los pasillos.
(más adelante descubrimos que hay una sala con juegos para que el visitante juegue... y lo hacemos... y nos desesperamos ante la inoperancia, pero la memoria recupera y algo logramos)
se sube. en el descanso, bajo una claraboya, una música tristona de un piano triste llama la atención. ¿hacia dónde debo mirar? una puerta anuncia "teatro español", y agrega "lope, tirso, lorca", pero es el preámbulo, y en un ventanuco pinocchio espera, a giuseppe, supone uno. entonces uno lo ve. en lo alto, un osito (quizá el de maría elena walsh o el de dalí, vaya uno a saber, o el osito que cada niño debería tener para dormir bien, para conversar, para ser niño; yo recuerdo el mío y el otro, que se llama thilo) se balancea en una especie de balancín y viaja, raíl mediante, hasta un balconcito donde hay -supone uno nuevamente, romanticismo de por medio- una osita que lo espera. está claro que el osito volador no alcanza nunca a la osita, pero es tan hermoso y tan armónico su vaivén, que uno se queda prendado viéndolo ir y venir, de una esquina a la otra, siempre fiel, siempre en movimiento. un oso enamorado, un oso bailarín. y eso es la antesala a lo que viene después.
se despliegan los primeros juegos infantiles de la historia: los griegos, infaltables. pero ya se sabe que sin los griegos seguiríamos prendidos de los árboles sin siquiera saber que somos algo más que primates. de modo que ya no sorprende. de los griegos puede esperarse todo, pero igual se agradece. quienes inventaron la palabra democracia también jugaban con sus niños, que no eran mucho más que protohombres, cosas que quizá devinieran seres raconales. así que avanzamos en la historia. la edad media es interesante, porque conjuga -supone uno nuevamente- los conocimientos de geometría, que no desaparecieron con las invasionres bárbaras, con lo lúdico. hay suertes de ta-te-tís primarios, de rayuelas primarias, primigenias. los niños, no importa cuándo ni cómo, se divertían, creaban mundos. lo lúdico es condición de madurez y de crecimiento. sin juegos no hay adulto. y después... el adulto que se olvidó del niño que fue está muerto, y esto no se relaciona con la estupidez supina de recuperar el niño interior de los new agers!
la nostalgia.
el siglo xviii y el siglo xix... revolución industrial, el palacio de barcelona, lo mecánico, el movimiento perpetuo de newton. y uno recuerda haber jugado con sombras chinescas, con armar un almacén de ultramarinos, con teatrillos con rieles que despliegan, como en el teatro clásico, los direferences escenarios y los distintos planos... la perspectiva para niños y los principios de la narración y los nudos que la hacen avanzar. qué sencillo parece todo.
los chascos, las trampas, el aprendiz de mago y el aprendiz de químico, las muñecas de caras de porcelana y cuerpos caídos de tela, asexuadas, pero maternales; las casas de muñecas, las réplicas de los salones de clases comandados por una monja... a medida que la tecnología avanza en el mundo real, así también los ingeniosos juguetes para niños. con el imán, una caja de pesca, con la que recuerdo haber pasado largas tardes invernales con mi hermano y mis primos; la caja de sombras chinas; los rompecabezas, el balero, los trompos, los mecanos, los ferrocarriles a escala, y las simulaciones de cine, los cilindros con las ranuras por las que se multiplica una imagen con mínima variación para simular el movimiento, disney agradecido.
acá no hay barbies ni ken, ni play station, no robots sin atractivo; sí hay un homenaje a los niños del mundo y sus respectivos muñecos; hay un espacio que sin propórneselo nos devuelve a otro tiempo. a tal punto que a la salida buscamos un café y cada uno cuenta cómo jugaba hace tantos años. la nostalgia es compartida: ¿y te acordás de cuando hacíamos como si...? hacer como si es mucho mejor que la réplica en 3D de lo que sea.
desde hace unos días me acompaña un milú entrañable, que, mientras escribo esto, mueve la cola con entusiasmo.
y si alguien quiere meterse en este mundo puede consultar http://www.mjc.cat/ (la bienvenida la da un gato, no podía ser menos). y vale la pena recordar: http://www.youtube.com/watch?v=SiXL0kJwKV8
a jugar, que si realmente se acaba el mundo, como presagian los malgüeros, más vale estar prendido de un rompecabezas imposible o un balero, que de un videojuego obvio!
a jugar!
en figueres, a dos horas y pico en tren desde barcelona, surge este museo. llueve, hace frío, y hay una vaca en la entrada, amén de un par de muñecos, que invitan a entrar. eentramos.
quienes lo antienden son mujeres sin edad, salidas de un cuento de los hermanos grimm, que seguramente han leído cuentos a sus hijos, nietos y a todos los niños de la cuadra. y estoy segura de que si se lo pidiera, me los leerían a mí. "había una vez"... . hay una escalera, y hay que guiarse por el instinto infantil, ese que uno perdió hace demasiado. pero parece que el itinerario del museo del juguete ayuda a desempolvar en escasos segundos.
allí está la colección de autitos, los matchbox de la infancia, multiplicada por n. una maravilla, una serie de autos de época, ordenados de un modo que a uno le dan ganas de sacarlos de los estantes y ponerse a jugar a las carreras por las escalinatas y los pasillos.
(más adelante descubrimos que hay una sala con juegos para que el visitante juegue... y lo hacemos... y nos desesperamos ante la inoperancia, pero la memoria recupera y algo logramos)
se sube. en el descanso, bajo una claraboya, una música tristona de un piano triste llama la atención. ¿hacia dónde debo mirar? una puerta anuncia "teatro español", y agrega "lope, tirso, lorca", pero es el preámbulo, y en un ventanuco pinocchio espera, a giuseppe, supone uno. entonces uno lo ve. en lo alto, un osito (quizá el de maría elena walsh o el de dalí, vaya uno a saber, o el osito que cada niño debería tener para dormir bien, para conversar, para ser niño; yo recuerdo el mío y el otro, que se llama thilo) se balancea en una especie de balancín y viaja, raíl mediante, hasta un balconcito donde hay -supone uno nuevamente, romanticismo de por medio- una osita que lo espera. está claro que el osito volador no alcanza nunca a la osita, pero es tan hermoso y tan armónico su vaivén, que uno se queda prendado viéndolo ir y venir, de una esquina a la otra, siempre fiel, siempre en movimiento. un oso enamorado, un oso bailarín. y eso es la antesala a lo que viene después.
se despliegan los primeros juegos infantiles de la historia: los griegos, infaltables. pero ya se sabe que sin los griegos seguiríamos prendidos de los árboles sin siquiera saber que somos algo más que primates. de modo que ya no sorprende. de los griegos puede esperarse todo, pero igual se agradece. quienes inventaron la palabra democracia también jugaban con sus niños, que no eran mucho más que protohombres, cosas que quizá devinieran seres raconales. así que avanzamos en la historia. la edad media es interesante, porque conjuga -supone uno nuevamente- los conocimientos de geometría, que no desaparecieron con las invasionres bárbaras, con lo lúdico. hay suertes de ta-te-tís primarios, de rayuelas primarias, primigenias. los niños, no importa cuándo ni cómo, se divertían, creaban mundos. lo lúdico es condición de madurez y de crecimiento. sin juegos no hay adulto. y después... el adulto que se olvidó del niño que fue está muerto, y esto no se relaciona con la estupidez supina de recuperar el niño interior de los new agers!
la nostalgia.
el siglo xviii y el siglo xix... revolución industrial, el palacio de barcelona, lo mecánico, el movimiento perpetuo de newton. y uno recuerda haber jugado con sombras chinescas, con armar un almacén de ultramarinos, con teatrillos con rieles que despliegan, como en el teatro clásico, los direferences escenarios y los distintos planos... la perspectiva para niños y los principios de la narración y los nudos que la hacen avanzar. qué sencillo parece todo.
los chascos, las trampas, el aprendiz de mago y el aprendiz de químico, las muñecas de caras de porcelana y cuerpos caídos de tela, asexuadas, pero maternales; las casas de muñecas, las réplicas de los salones de clases comandados por una monja... a medida que la tecnología avanza en el mundo real, así también los ingeniosos juguetes para niños. con el imán, una caja de pesca, con la que recuerdo haber pasado largas tardes invernales con mi hermano y mis primos; la caja de sombras chinas; los rompecabezas, el balero, los trompos, los mecanos, los ferrocarriles a escala, y las simulaciones de cine, los cilindros con las ranuras por las que se multiplica una imagen con mínima variación para simular el movimiento, disney agradecido.
acá no hay barbies ni ken, ni play station, no robots sin atractivo; sí hay un homenaje a los niños del mundo y sus respectivos muñecos; hay un espacio que sin propórneselo nos devuelve a otro tiempo. a tal punto que a la salida buscamos un café y cada uno cuenta cómo jugaba hace tantos años. la nostalgia es compartida: ¿y te acordás de cuando hacíamos como si...? hacer como si es mucho mejor que la réplica en 3D de lo que sea.
desde hace unos días me acompaña un milú entrañable, que, mientras escribo esto, mueve la cola con entusiasmo.
y si alguien quiere meterse en este mundo puede consultar http://www.mjc.cat/ (la bienvenida la da un gato, no podía ser menos). y vale la pena recordar: http://www.youtube.com/watch?v=SiXL0kJwKV8
a jugar, que si realmente se acaba el mundo, como presagian los malgüeros, más vale estar prendido de un rompecabezas imposible o un balero, que de un videojuego obvio!
a jugar!
domingo, 1 de enero de 2012
caminando por barcelona
el metro nos deja en liceu y de allí caminamos por las ramblas, que están naturalmente atoradas de personas, turistas y locales y otros que no son ni lo uno ni lo otro, sino claramente -para mí- inmigrantes que vienen escapando de realidades más nefastas, más pobres y míseras. pero todos están allí, y nosotros también. hay muchos turcos, aunque bajo esa categoría políticamente incorrecta uno debería distinguir entre indios (de la india), pakistaníes, turcos, árabes de algún tipo, palestinos y toda esa suerte de población que migra de un lado para el otro y que malouuf retrató tan bien en sus libros (especialmente león, el africano). matías me lleva por un callejón secundario, rumbo al raval, donde nos sentaremos a beber algo. poco antes de llegar al anatolia, descubro la casa leopoldo, uno de los lugares que nuestro personaje (el de jordi y mío), manel p ons, frecuentara después de que franco ocupara barcelona. es extraño encontrarse de pronto con algo que uno mismo ha escrito, salido de la novela, vuelto realidad, cuando verdaderamente, era realidad metida en la novela. de modo que estoy en el barrio del personaje, lo que hace el paseo azaroso, más azoroso aun. hay tanta gente... frente a nosotros un edificio pobre, cuya fachada está decorada en forma multicolor (me recuerda una del barrio árabe en bruselas), en que sus habitantes cuelgan carteles: "por un barrio digno", pero otros inquilinos se han tomado la protesta con sentido del humor, y con la misma tipografía reclaman, por ejemplo: "queremos helicópteros" y más allá "uribe es paramilitar" y más allá, y en tono serio "tierras para palestina", todo un edificio convertido en una enorme pancarta ideológica.
seguimos por el raval hacia "abajo", a ver el mar, en ese contrasentido que nosotros le llamamos rambla a lo que ellos, no; y aparece un cristóbal colón avistando ¿qué?, puesto que no era catalán ni salió de este puerto, pero allí está colón viendo algo en el horizonte. quizá la globalización y arrepintiéndose de haber buscado las indias.
por la costanera seguimos y descubrimos una réplica de la nave con la que sebastián elcano dio la vuelta al mundo; pequeñita la embarcación para el tamaño mundo que recorrió, aquellos hombres con sus sueños y sus desesperanzas. y a unos metros, la carpa del circo. los circos siempre me han enamorado, y resulta que este es el mismo que vi hace unos doce años... que marcelo isaurralde retrató bien en el libro y donde conocí al último hombre bala. es que hubo un hombre bala que dio una función, aquí, en barcelona, hace décadas, y hubo una joven entre el público que lo vio y se enamoró de él (ella me lo contó hace mucho tiempo), y decidió seguirlo. así que abandonó todo y se volvió cirquera, si es que eso existe, y cuando la conocí, ya retirada, vivía en el mismo vagón, y hacía crochet contra una ventanita diminuta y me mostraba las fotos de cuando eran jóvenes y recorrían el país y el mundo con el circo. tenían una familia, claro, con varios hijos, todos miembros del circo. vaya, por qué la tradición no debería continuar en una profesión tan poco liberal como la de tener un circo? las alas del deseo.
de pronto, nuevamente la novela se impone a la realidad: allí está, imponente, la estación de francia, a la que manel acude cuando no sabe qué hacer y pierde la inspiración. la misma que recibe inmigrantes que huyen de la pobreza, creídos de la retórica franquista de que con él españa será mejor: pienso en el sevillano, el andalú, el extremeño, y aquí está la estación, que es grande, majestuosa, que invita a viajar. y luego la villa donde construyó todo para las olimpíadas, un recinto enorme, donde también está el edificio del parlamento y una construcción del siglo xix con un carro de triunfo tan impresionante como todos los carros de triunfo que se puedan ver. contra la luz del atardecer y entre los árboles, parece un triunfo mayor que otros. a lo lejos se ve el arco de triunfo, pero mis conocimientos históricos no alcanzan para comprender sobre qué triunfaron los catalanes.
seguimos entre las callecitas, que a veces se hacen tan arracimadas y angostas como cualquier calle en cualquier casco viejo de ciudad europea, en que las ropas tendidas de una familia conversan con las vecinas, y parece que nunca se va a ver el cielo. entre medio, la nueva central de la ugt, un hotel circular, perritos falderos, niños que andan en bicicleta, gente que pasea, un metro rebosante.
en el metro, un africano. vaya un a saber de dónde. después de haber leído crónicas de las guerras en el continente africano, de ver documentales, de leer reportes de amnistía, este negro representa, para mí, todos los negros olvidados del gran continente donde se originó la vida. es altísimo y de piel oscura, pero no azul, más bien de un bordeaux de terciopelo. se me hace que está triste. va solo en el metro y carga dos enormes bolsas de plástico, de esas para meter mucha basura. revisa una: saca carteras y las pone en la otra. por lo que la primera queda vacía y la otra, llena de carteras. después se sienta, cuidando las bolsas. nadie lo mira, nadie repara en él. a mí me impresiona. me pregunto cómo se llama, cuántos años tiene, qué idioma habla, y qué piensa del primer día del nuevo año. pero es algo que uno no va y le dice a un desconocido. tal vez aquí por fin se siente feliz y seguro. tal vez aquí no tiene que temer a los machetazos o a guerras o a injusticias o al hambre o la violación de sus hijas o esposa o madre, o a la larga lista de espantos que vive buena parte de la población africana. pero si yo le dijera algo, quizá se ofendería. así que no le digo nada, y lo lamento. nos bajamos del metro. estamos en gracia otra vez, valga la pobre metáfora, pero así se llama el barrio. gracia.
seguimos por el raval hacia "abajo", a ver el mar, en ese contrasentido que nosotros le llamamos rambla a lo que ellos, no; y aparece un cristóbal colón avistando ¿qué?, puesto que no era catalán ni salió de este puerto, pero allí está colón viendo algo en el horizonte. quizá la globalización y arrepintiéndose de haber buscado las indias.
por la costanera seguimos y descubrimos una réplica de la nave con la que sebastián elcano dio la vuelta al mundo; pequeñita la embarcación para el tamaño mundo que recorrió, aquellos hombres con sus sueños y sus desesperanzas. y a unos metros, la carpa del circo. los circos siempre me han enamorado, y resulta que este es el mismo que vi hace unos doce años... que marcelo isaurralde retrató bien en el libro y donde conocí al último hombre bala. es que hubo un hombre bala que dio una función, aquí, en barcelona, hace décadas, y hubo una joven entre el público que lo vio y se enamoró de él (ella me lo contó hace mucho tiempo), y decidió seguirlo. así que abandonó todo y se volvió cirquera, si es que eso existe, y cuando la conocí, ya retirada, vivía en el mismo vagón, y hacía crochet contra una ventanita diminuta y me mostraba las fotos de cuando eran jóvenes y recorrían el país y el mundo con el circo. tenían una familia, claro, con varios hijos, todos miembros del circo. vaya, por qué la tradición no debería continuar en una profesión tan poco liberal como la de tener un circo? las alas del deseo.
de pronto, nuevamente la novela se impone a la realidad: allí está, imponente, la estación de francia, a la que manel acude cuando no sabe qué hacer y pierde la inspiración. la misma que recibe inmigrantes que huyen de la pobreza, creídos de la retórica franquista de que con él españa será mejor: pienso en el sevillano, el andalú, el extremeño, y aquí está la estación, que es grande, majestuosa, que invita a viajar. y luego la villa donde construyó todo para las olimpíadas, un recinto enorme, donde también está el edificio del parlamento y una construcción del siglo xix con un carro de triunfo tan impresionante como todos los carros de triunfo que se puedan ver. contra la luz del atardecer y entre los árboles, parece un triunfo mayor que otros. a lo lejos se ve el arco de triunfo, pero mis conocimientos históricos no alcanzan para comprender sobre qué triunfaron los catalanes.
seguimos entre las callecitas, que a veces se hacen tan arracimadas y angostas como cualquier calle en cualquier casco viejo de ciudad europea, en que las ropas tendidas de una familia conversan con las vecinas, y parece que nunca se va a ver el cielo. entre medio, la nueva central de la ugt, un hotel circular, perritos falderos, niños que andan en bicicleta, gente que pasea, un metro rebosante.
en el metro, un africano. vaya un a saber de dónde. después de haber leído crónicas de las guerras en el continente africano, de ver documentales, de leer reportes de amnistía, este negro representa, para mí, todos los negros olvidados del gran continente donde se originó la vida. es altísimo y de piel oscura, pero no azul, más bien de un bordeaux de terciopelo. se me hace que está triste. va solo en el metro y carga dos enormes bolsas de plástico, de esas para meter mucha basura. revisa una: saca carteras y las pone en la otra. por lo que la primera queda vacía y la otra, llena de carteras. después se sienta, cuidando las bolsas. nadie lo mira, nadie repara en él. a mí me impresiona. me pregunto cómo se llama, cuántos años tiene, qué idioma habla, y qué piensa del primer día del nuevo año. pero es algo que uno no va y le dice a un desconocido. tal vez aquí por fin se siente feliz y seguro. tal vez aquí no tiene que temer a los machetazos o a guerras o a injusticias o al hambre o la violación de sus hijas o esposa o madre, o a la larga lista de espantos que vive buena parte de la población africana. pero si yo le dijera algo, quizá se ofendería. así que no le digo nada, y lo lamento. nos bajamos del metro. estamos en gracia otra vez, valga la pobre metáfora, pero así se llama el barrio. gracia.
sábado, 31 de diciembre de 2011
fin de año en barcelona
barrio de gracia
hace unos cincuenta años, este barrio no pertenecía a la ciudad, y los vecinos viejos todavía hablan de "bajar al centro". está lejos, digamos, a unos 15 minutos del centro. una nada para nosotros, acostumbrados a demorar una media hora en llegar a 18 y ejido.
pues bien. celebramos la noche vieja en familia, como dios y el diablo mandan, y el barrio está en silencio. diez minutos antes de la medianoche - estamos en invierno- salimos a caminar unas cuadras, varias y llegamos al paseo de gracia. no hay un alma en la calle, y pensamos: si fuera montevideo, esto ya sería una romería y un escándalo de fuegos artificiales y petardos. así que nos sentamos en un banco frente a una de las casas construidas por gaudí - en este caso, la casa batlló-, sacamos las copas de la mochila y nos servimos un cava helado y brindamos, en el más profundo silencio urbano, por el nuevo año. la casa de gaudí resplandece en su maravillosa y caracoleante arquitectura. ¿será realmente 31 de diciembre?, me pregunto. nada. ni un alma. ni un campanazo, ni un cohete, nada. quince minutos después, con medio cava bebido, aparecen algunos transeúntes, con sombreros de fiesta. son de porto alegre y se acercan a brindar. hay fotos, comentarios sobre el mundial 2014, y que montevideo compartirá espacios. son amables, festejan con cuidado. nos ponemos a caminar rumbo a la plaza catalunya, donde dizque es la fiesta. de la nada, quince minutos después de la medianoche, surge gente. de todas partes, como si fueran los niños de hamelin súbitamente liberados por el flautista. hay cientos y cientos de personas, con cervezas, cava y vino, celebrando y caminando por las calles. en el corazón de la plaza hay sendos patrulleros, bomberos y unidades de emergencia móvil. alguien dice: acá el fin de año hace trabajar a policías y médicos de urgencia... casi no hay cohetes, pero sí una muchedumbre que crece hacia las ramblas, donde el gentío e multiplica. aparecen pakistaníes que ofrecen bebidas: cerveza o cava. parece que son famosos, como fantasmas o zombies que donde sea que hay gentíos surgen de la nada y ofrecen bebidas. las razas se mezclan. hay gays de todo tipo y color, igualito que en montevideo; hay turistas y locales, y todos de un modo relativamente ordenado -hasta que el desbunde se desbarate- se desean feliz año en diferentes idiomas: lo deseamos en español, portugués, inglés, alemán, francés, italiano, y con los orientales usamos una especie de sonrisa cómplice y étnicamente comprensiva y solidaria.
cuando está claro que lo correcto dará paso al desbunde, decidimos volver. tomamos el metro, que hoy funciona las 24 horas de corrido, y está claro que vamos contra corriente: nos volvemos cuando los demás van. quedamos en que mañana veremos los restos del fin del año. sin embargo, llama la atención, para quien viene de una noche buena montevideana, la mesura en los fuegos artificiales, la mesura en el festejo callejero, la homogeneidad de los festejantes, la cierta consciencia civil de todos.
feliz año nuevo, decimos; qué lejos está el uruguay, qué lejos está todo. qué distinto es esto, y no deja de ser una manera de festejar. y acá parecen felices. y no parece ser necesaria la desmesura, la brutalidad, los estruendos ni los actos de vandalismo. dos borrachos felices se acercan a saludar a los policías, y brindan todos juntos.
salú, feliz año del dragón!
hace unos cincuenta años, este barrio no pertenecía a la ciudad, y los vecinos viejos todavía hablan de "bajar al centro". está lejos, digamos, a unos 15 minutos del centro. una nada para nosotros, acostumbrados a demorar una media hora en llegar a 18 y ejido.
pues bien. celebramos la noche vieja en familia, como dios y el diablo mandan, y el barrio está en silencio. diez minutos antes de la medianoche - estamos en invierno- salimos a caminar unas cuadras, varias y llegamos al paseo de gracia. no hay un alma en la calle, y pensamos: si fuera montevideo, esto ya sería una romería y un escándalo de fuegos artificiales y petardos. así que nos sentamos en un banco frente a una de las casas construidas por gaudí - en este caso, la casa batlló-, sacamos las copas de la mochila y nos servimos un cava helado y brindamos, en el más profundo silencio urbano, por el nuevo año. la casa de gaudí resplandece en su maravillosa y caracoleante arquitectura. ¿será realmente 31 de diciembre?, me pregunto. nada. ni un alma. ni un campanazo, ni un cohete, nada. quince minutos después, con medio cava bebido, aparecen algunos transeúntes, con sombreros de fiesta. son de porto alegre y se acercan a brindar. hay fotos, comentarios sobre el mundial 2014, y que montevideo compartirá espacios. son amables, festejan con cuidado. nos ponemos a caminar rumbo a la plaza catalunya, donde dizque es la fiesta. de la nada, quince minutos después de la medianoche, surge gente. de todas partes, como si fueran los niños de hamelin súbitamente liberados por el flautista. hay cientos y cientos de personas, con cervezas, cava y vino, celebrando y caminando por las calles. en el corazón de la plaza hay sendos patrulleros, bomberos y unidades de emergencia móvil. alguien dice: acá el fin de año hace trabajar a policías y médicos de urgencia... casi no hay cohetes, pero sí una muchedumbre que crece hacia las ramblas, donde el gentío e multiplica. aparecen pakistaníes que ofrecen bebidas: cerveza o cava. parece que son famosos, como fantasmas o zombies que donde sea que hay gentíos surgen de la nada y ofrecen bebidas. las razas se mezclan. hay gays de todo tipo y color, igualito que en montevideo; hay turistas y locales, y todos de un modo relativamente ordenado -hasta que el desbunde se desbarate- se desean feliz año en diferentes idiomas: lo deseamos en español, portugués, inglés, alemán, francés, italiano, y con los orientales usamos una especie de sonrisa cómplice y étnicamente comprensiva y solidaria.
cuando está claro que lo correcto dará paso al desbunde, decidimos volver. tomamos el metro, que hoy funciona las 24 horas de corrido, y está claro que vamos contra corriente: nos volvemos cuando los demás van. quedamos en que mañana veremos los restos del fin del año. sin embargo, llama la atención, para quien viene de una noche buena montevideana, la mesura en los fuegos artificiales, la mesura en el festejo callejero, la homogeneidad de los festejantes, la cierta consciencia civil de todos.
feliz año nuevo, decimos; qué lejos está el uruguay, qué lejos está todo. qué distinto es esto, y no deja de ser una manera de festejar. y acá parecen felices. y no parece ser necesaria la desmesura, la brutalidad, los estruendos ni los actos de vandalismo. dos borrachos felices se acercan a saludar a los policías, y brindan todos juntos.
salú, feliz año del dragón!
domingo, 11 de diciembre de 2011
sobre el profesor de la universidad javeriana que renunció a su cátedra
bastó ese artículo, para que salieran defensores y detractores, lo que significa que el asunto nos conmueve a todos.
mi postura es la siguiente:
mi postura es la siguiente:
discrepo con una postura, y es la de pensar que los responsables son los docentes. es ciego el análisis por lo siguiente: el paradigma educativo, universitario, sigue con las bases sentadas en la escritura, la expresión. mientras eso sea as ...í, más allá de la frivolidad de los estudiantes, la modernidad y la comodidad, no hay cómo cambiar eso. pero si alguien, cualquiera dijera: se terminó ese paradigma, todo ese cuentito de expresarse en cierto modo, escrito u oral, ya no corre, y ahora enseñamos de otro modo, entonces, sí, la responsabilidad será de los docentes. el asunto es que NADIE se anima a enterrar al viejo paradigma que se basa sobre la escritura, el pensamiento lógico. y los programas, sus contenidos, se siguen haciendo sobre esa base, y no toman para nada en cuenta los cambios. entonces, estimado señor quien sea, los docentes estamos absolutamente inermes. se nos exige algo que no podemos cumplir, sobre la base de una realidad que nadie quiere aceptar, porque es sumamente dolorosa, y nadie sabe tampoco qué saldrá de ella. no hay pedagogos pensando en eso, no hay nada. se le da al docente la responsabilidad de encontrar la mágica solución a unir dos realidades enfrentadas: la de cómo llegan los estudiantes, y lo que los programas universitarios todavía exigen. no defiendo ninguna postura, sólo pido coherencia. se puede estudiar y obtener un título profesional sobre otra base? adelante, siempre hubo cambios en la historia. platón argumentaba contra el mal de la escritura (me remito a walter ong) desde la escritura, lo que es bastante gracioso. así que el tema no es nuevo. faltan valientes que digan: así las cosas no van más. pensemos otras. pero nadie lo hace. yo no me lamento. simplemente digo: con lo que debo exigirle a quienes ingresan, estamos en problemas. no saben hacer resúmenes. quizá en el futuro, los resúmenes no son importantes (creo que sí, capacidad de síntesis). pero que alguien, en alguna parte, haga el entierro final de un sistema que, según dicen los neoliberales, dejó de funcionar.
martes, 6 de diciembre de 2011
de ladrones, para andés alsina
hace un tiempo heredé un perro, sin que importen los motivos. es de orden señalar que me llevo bien con los gatos, a quienes entiendo perfectamente bien. no así a los perros. pues tener un perro, a una ignorante como yo, nos lleva a situaciones curiosas. para mí, cada vez que el perro hacía una señal de algo, había que sacarlo. así que lo sacaba cada dos horas, por ejemplo, a la madrugada. lo que puede un perro, que anula el instinto de supervivencia y borra, de un plumazo, los supuestos climas de paranoia e inseguridad.
iba yo paseando con el perro, poco antes del amanacer, cuando él quiso detenerse y yo me detuve con él. bien. justamente delante de una cuatro por cuatro de esas que se ven en csi, roja, deslumbrante, con vidrios polarizados (no entiendo por qué son legales), impecable. el perro ahí, y yo delante de la cuatro por cuatro. de pronto percibo -en la espera, y siendo escritora una presta atención a los detalles más ínfimos- movimiento en la bendita máquina, casi nave espacial en estos tiempos que corren, que sólo molestan en el tránsito y no se justifican en un país que es suavemente ondulado. pues allí dentro había alguien haciendo no sé qué cosa. un poco de astucia indicaba que lo que estaba haciendo ese alguien era robar. estaba robando a la bendita máquina maravillosa que supuestamente sirve para atravesar los llanos y los montes (y no avenida brasil o 18 de julio), y que decide salir de la caja del auto justo cuando yo estoy ahí, esperando por el perro (dichosos los gatos, que no necesitan de nada de esto y son discretos). a mí me educaron en los buenos modales. se saluda siempre. buenos días, buenas tardes, buenas noches (los choferes y los guardas de cutcsa son impenetrables a esto). así que el ladrón -debería decír el chorro- sale de su trabajo, me ve, con el perro en medio de las circunstancias, y dice las palabras mágicas: "buenos días, vecina", y yo le respondo: "buenos días". nada de vecino, porque me chirria esa expresión barata, mentirosa, que pretende igualar lo que no es igual. ¿desde cuándo un ladrón es un vecino? o quizá sí, y la despistada soy yo. el asunto es que el sujeto se va, caminando tranquilamente, y yo lo sigo con la mirada. es joven, relativamente bien educado -supo saludar para salir del paso- y yo con el perro ahí, a quien maldigo por el mal momento que eligió. una cuadra más arriba, me encuentro con otros vecinos, que pasean a sus perros- no dejo de pensar en woody allen en todo esto y el poco glam que tiene montevideo comparado con pasear a un caniche en manhattan- y que han asistido a la escena, un poco a lo lejos. los miro -son mis primeras experiencias con sacar a un perro de mañana temprano en un barrio supuestamente tranquilo- y ellos me miran. nos alzamos de hombros, cada uno con su perro, uno más chico, otra más grande (no sé dónde meten a los perros grandes en esos apartamentos diminutos, pero ese es tema de otra crónica) , y uno, el más veterano me dice: ese siempre viene por aquí, es el que roba los autos día por medio. llamamos al 911, pero ya están acostumbrados. pero es pacífico, no le hace mal a nadie.
agradezco, entonces, haberme cruzado con un chorro pacífico, que no le hace mal a nadie, que la policía conoce, y que, realmente, es un vecino del barrio. el de la cuatro por cuatro jamás se enteró.
iba yo paseando con el perro, poco antes del amanacer, cuando él quiso detenerse y yo me detuve con él. bien. justamente delante de una cuatro por cuatro de esas que se ven en csi, roja, deslumbrante, con vidrios polarizados (no entiendo por qué son legales), impecable. el perro ahí, y yo delante de la cuatro por cuatro. de pronto percibo -en la espera, y siendo escritora una presta atención a los detalles más ínfimos- movimiento en la bendita máquina, casi nave espacial en estos tiempos que corren, que sólo molestan en el tránsito y no se justifican en un país que es suavemente ondulado. pues allí dentro había alguien haciendo no sé qué cosa. un poco de astucia indicaba que lo que estaba haciendo ese alguien era robar. estaba robando a la bendita máquina maravillosa que supuestamente sirve para atravesar los llanos y los montes (y no avenida brasil o 18 de julio), y que decide salir de la caja del auto justo cuando yo estoy ahí, esperando por el perro (dichosos los gatos, que no necesitan de nada de esto y son discretos). a mí me educaron en los buenos modales. se saluda siempre. buenos días, buenas tardes, buenas noches (los choferes y los guardas de cutcsa son impenetrables a esto). así que el ladrón -debería decír el chorro- sale de su trabajo, me ve, con el perro en medio de las circunstancias, y dice las palabras mágicas: "buenos días, vecina", y yo le respondo: "buenos días". nada de vecino, porque me chirria esa expresión barata, mentirosa, que pretende igualar lo que no es igual. ¿desde cuándo un ladrón es un vecino? o quizá sí, y la despistada soy yo. el asunto es que el sujeto se va, caminando tranquilamente, y yo lo sigo con la mirada. es joven, relativamente bien educado -supo saludar para salir del paso- y yo con el perro ahí, a quien maldigo por el mal momento que eligió. una cuadra más arriba, me encuentro con otros vecinos, que pasean a sus perros- no dejo de pensar en woody allen en todo esto y el poco glam que tiene montevideo comparado con pasear a un caniche en manhattan- y que han asistido a la escena, un poco a lo lejos. los miro -son mis primeras experiencias con sacar a un perro de mañana temprano en un barrio supuestamente tranquilo- y ellos me miran. nos alzamos de hombros, cada uno con su perro, uno más chico, otra más grande (no sé dónde meten a los perros grandes en esos apartamentos diminutos, pero ese es tema de otra crónica) , y uno, el más veterano me dice: ese siempre viene por aquí, es el que roba los autos día por medio. llamamos al 911, pero ya están acostumbrados. pero es pacífico, no le hace mal a nadie.
agradezco, entonces, haberme cruzado con un chorro pacífico, que no le hace mal a nadie, que la policía conoce, y que, realmente, es un vecino del barrio. el de la cuatro por cuatro jamás se enteró.
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