¿un viaje hacia el pasado? ¿un deja vu en blanco y negro, sepia y color?
en figueres, a dos horas y pico en tren desde barcelona, surge este museo. llueve, hace frío, y hay una vaca en la entrada, amén de un par de muñecos, que invitan a entrar. eentramos.
quienes lo antienden son mujeres sin edad, salidas de un cuento de los hermanos grimm, que seguramente han leído cuentos a sus hijos, nietos y a todos los niños de la cuadra. y estoy segura de que si se lo pidiera, me los leerían a mí. "había una vez"... . hay una escalera, y hay que guiarse por el instinto infantil, ese que uno perdió hace demasiado. pero parece que el itinerario del museo del juguete ayuda a desempolvar en escasos segundos.
allí está la colección de autitos, los matchbox de la infancia, multiplicada por n. una maravilla, una serie de autos de época, ordenados de un modo que a uno le dan ganas de sacarlos de los estantes y ponerse a jugar a las carreras por las escalinatas y los pasillos.
(más adelante descubrimos que hay una sala con juegos para que el visitante juegue... y lo hacemos... y nos desesperamos ante la inoperancia, pero la memoria recupera y algo logramos)
se sube. en el descanso, bajo una claraboya, una música tristona de un piano triste llama la atención. ¿hacia dónde debo mirar? una puerta anuncia "teatro español", y agrega "lope, tirso, lorca", pero es el preámbulo, y en un ventanuco pinocchio espera, a giuseppe, supone uno. entonces uno lo ve. en lo alto, un osito (quizá el de maría elena walsh o el de dalí, vaya uno a saber, o el osito que cada niño debería tener para dormir bien, para conversar, para ser niño; yo recuerdo el mío y el otro, que se llama thilo) se balancea en una especie de balancín y viaja, raíl mediante, hasta un balconcito donde hay -supone uno nuevamente, romanticismo de por medio- una osita que lo espera. está claro que el osito volador no alcanza nunca a la osita, pero es tan hermoso y tan armónico su vaivén, que uno se queda prendado viéndolo ir y venir, de una esquina a la otra, siempre fiel, siempre en movimiento. un oso enamorado, un oso bailarín. y eso es la antesala a lo que viene después.
se despliegan los primeros juegos infantiles de la historia: los griegos, infaltables. pero ya se sabe que sin los griegos seguiríamos prendidos de los árboles sin siquiera saber que somos algo más que primates. de modo que ya no sorprende. de los griegos puede esperarse todo, pero igual se agradece. quienes inventaron la palabra democracia también jugaban con sus niños, que no eran mucho más que protohombres, cosas que quizá devinieran seres raconales. así que avanzamos en la historia. la edad media es interesante, porque conjuga -supone uno nuevamente- los conocimientos de geometría, que no desaparecieron con las invasionres bárbaras, con lo lúdico. hay suertes de ta-te-tís primarios, de rayuelas primarias, primigenias. los niños, no importa cuándo ni cómo, se divertían, creaban mundos. lo lúdico es condición de madurez y de crecimiento. sin juegos no hay adulto. y después... el adulto que se olvidó del niño que fue está muerto, y esto no se relaciona con la estupidez supina de recuperar el niño interior de los new agers!
la nostalgia.
el siglo xviii y el siglo xix... revolución industrial, el palacio de barcelona, lo mecánico, el movimiento perpetuo de newton. y uno recuerda haber jugado con sombras chinescas, con armar un almacén de ultramarinos, con teatrillos con rieles que despliegan, como en el teatro clásico, los direferences escenarios y los distintos planos... la perspectiva para niños y los principios de la narración y los nudos que la hacen avanzar. qué sencillo parece todo.
los chascos, las trampas, el aprendiz de mago y el aprendiz de químico, las muñecas de caras de porcelana y cuerpos caídos de tela, asexuadas, pero maternales; las casas de muñecas, las réplicas de los salones de clases comandados por una monja... a medida que la tecnología avanza en el mundo real, así también los ingeniosos juguetes para niños. con el imán, una caja de pesca, con la que recuerdo haber pasado largas tardes invernales con mi hermano y mis primos; la caja de sombras chinas; los rompecabezas, el balero, los trompos, los mecanos, los ferrocarriles a escala, y las simulaciones de cine, los cilindros con las ranuras por las que se multiplica una imagen con mínima variación para simular el movimiento, disney agradecido.
acá no hay barbies ni ken, ni play station, no robots sin atractivo; sí hay un homenaje a los niños del mundo y sus respectivos muñecos; hay un espacio que sin propórneselo nos devuelve a otro tiempo. a tal punto que a la salida buscamos un café y cada uno cuenta cómo jugaba hace tantos años. la nostalgia es compartida: ¿y te acordás de cuando hacíamos como si...? hacer como si es mucho mejor que la réplica en 3D de lo que sea.
desde hace unos días me acompaña un milú entrañable, que, mientras escribo esto, mueve la cola con entusiasmo.
y si alguien quiere meterse en este mundo puede consultar http://www.mjc.cat/ (la bienvenida la da un gato, no podía ser menos). y vale la pena recordar: http://www.youtube.com/watch?v=SiXL0kJwKV8
a jugar, que si realmente se acaba el mundo, como presagian los malgüeros, más vale estar prendido de un rompecabezas imposible o un balero, que de un videojuego obvio!
a jugar!
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