temprano a la calle, donde sigue la tenaz llovizna de ayer y el mismo frío que pasa desapercibido hasta que se instala en pies, manos y nariz. para las manos, unos guantes divertidos, forrados, que dejan las puntas de los dedos libres. después, el plano en el bolsillo, pero sin ánimos de guiarse por él. a mí los planos me confunden, porque nunca sé de qué lado estoy; me encantaría que vinieran con una brújula incluida -no ha de ser tan complicado de hacer- y la indicación de los puntos cardinales en el mapa.
una callecita se abre a otra y a otra, y de pronto me encuentro delante de una sinagoga espléndida, no demasiado antigua (quizá del siglo xix?) en una avenida lateral, donde un joven y yo tratamos de sacarle una fotografía, él con un aparato chatito, muy actual, y yo con una cámara digital que ya forma parte de la prehistoria. ambos nos cedemos la esquina, pero para el mismo lado, de modo que es como cuando uno choca con otra persona y no logra salir del intríngulis.
un poco más allá, la basílica de san juan, una iglesia oscura, con unos techos altísimos, cuyas pinturas cuentan, supongo, el periplo de este juan al que le está dedicada la historia. a ambos lados del altar mayor, dos púlpitos tallados en madera, uno de los cuales se emparenta con el de la catedral de arequipa: abajo de todo un gran demonio. si el de arequipa invitaba a dejarse seducir por lucifer y su promesa de sabiduría, éste, el de esta basílica, es francamente espantoso; el rostro fantasmagórico es blanco y contrasta con el cuerpo deforme del resto de la escultura. no sé si asusta, pero el mensaje es claro.
es una pena que no se pueda caminar por las naves laterales, porque están rodeadas de una cuerdita con el anuncio de "alarma", y tampoco es posible sentarse en los bancos. sin embargo, algo de los nichos enormes se vislumbra, y veo una escultura que impresiona, con el título "ecce homo", que es un cristo sentado, después de haber sido crucificado (tiene la corona de espinas clavada, las manos y los pies sangrantes), pero está sentado en una postura de resignación, de profunda reflexión, creo, acerca de si sirvió de algo todo lo que hizo, incluida la propia muerte. provoca tanta compasión, tanta pena, que si no fuera por las cuerditas, uno iría a consolarlo y a decirle que bueno, pese a que uno cree en nada de eso, no estuvo tan mal su intento de hacer a los hombres un poco menos malos. sí, ese enorme cristo cansado da mucha pena.
salgo y sigo y de pronto me vuelvo a encontrar delante de la entrada del barrio judío, con la sinagoga vieja a un lado, y la plaza con la escultura kafkiana. claramente el invierno es una ventaja: no hay turistas -o al menos no acá ni tantos como en el verano- y la ciudad se presta para la estación. el cielo plomizo, sin sol, y los quejidos de las cornejas y las gaviotas terminan de armar la escena. sí, podría ser una película.
y después de un rato largo de caminar, por fin el enorme arco que da paso al puente de carlos, que cruza el moldava y es un paisaje salido de una novela. mi hermano y alicia tienen razón: es esta la estación, y realmente lamento que no haya nevado como dijeron que sucedería. hasta las enormes estatuas y esculturas son más sobrias e impresionantes. y la ladera del otro lado que crece con sus edificios y sus picos góticos, también es diferente. todo invita al silencio. y se escucha el silencio.
una vez del otro lado, lo invernal se vuelve más crudo, las calles parecen más angostas, y el río que cruza las manzanas, y que forma la pequeña venecia, es más "sturm und drang" que en el verano. incluso los mismos escarapates, con las mismas marionetas y las mismas ventanas adornadas, lucen más tristes y pensativos.
me siento un rato, hasta que el frío realmente se vuelve molesto. entonces retorno. y de pronto hay muchísima gente en la calle, pero muchísima, bulliciosa, alegre, gente con perros, y con niños, y turistas -supongo que son rusos o búlgaros o algo así porque no se les entiende nada de lo que dicen-; hay japoneses, muchísimos, que se asustan de la bocina de un automóvil viejo y después se ríen todos juntos, a la vez, unos japoneses ya mayores, que parecen estar muy contentos en praga y le sonríen a todos.
entro al museo de artistas jóvenes. es realmente un cachetazo a la realidad y a la sensibilidad, pero desde el arte. vamos todavía, arte! en la entrada, para que uno no se confunda sobre lo que va a encontrar, en un patio enorme hay cuatro gigantescas, pero gigantescas, pistolas automáticas que cuelgan no se sabe de dónde, todas apuntando al centro. al rato de estar mirándolas pender estáticas, se da cuenta uno de que hay algo allí que no está bien. y entonces escucha por encima del ruido de la gente, algo de lejos que se hace más cercano y más cercano, y descubre, también, en algunos de los balcones de los edificios que dan a ese patio violento, unas esculturas desencajadas de hombres y mujeres desnudos... entonces se escuchan claramente las órdenes, los gritos, los gemidos, las corridas, los disparos.
después de eso, uno tiene ganas de un baño de agua caliente, un poco de corelli, un poco de burbuja.
adiós, praga.
lunes, 9 de enero de 2012
domingo, 8 de enero de 2012
las pragas, palach y zajic, y vaclav pavel
viva tierra libre. los hunters de ciudades o países en que todavía se puede fumar en boliches o restaurantes: la república checa, la república popular china, chile. es probable que haya más, pero eso son los últimos que conozco. hay hunters de ese tipo? lo dudo, los hunters pertenecen al mercado.
fumadores del mundo uníos para venir a praga, porque los boliches abundan en que se puede fumar, los restaurantes también, y todos fuman! un placer. un verdadero placer, del que los hipócritas cuida-saludes ajenas nos alejan. el estado es mi padre? creo que no. si realmente quiere hacer esa cruzada contra el mal que produce el tabaco (que ningún fumador desconoce), lo lógico sería que prohibieran a las tabacaleras, y si no se animan, si las leyes del mercado son más poderosas que la prédica, entonces, la venta de cigarrillos. lo demás es pura hipocrecía. como en españa, donde según me informan, buena parte de la salud pública se mantiene gracias a los impuestos de los cigarrillos. puaj. los gobiernos esperan pacientemente a que las grandes tabacaleras reconviertan su negocio para "prohibirlas".
fumadores, tres lugares, tres, que surgen, entre tantos, en esta ciudad ecléctica. anunciaron nieve, pero apenas llovizna, aunque helado. primer reducto: un antro al que se accede por una escalera con alfombras rojas, iluminadas de rojo, que anuncia: "propaganda" con buena música (un pink floyd pretérito). y es que realmente es un museo del afiche del régimen comunista. una colección maravillosa, si se la ve a la distancia, un ejemplo del realismo socialista en los anuncios del oficialismo. en ese antro que luce una senda escultura de lenin y otra de fucik (mi héroe de la adolescencia, que fue fusilado en 1943) bebemos cerveza y hablamos de los cambios de paradigma. tanto adecuarse al cambio de paradigma, para tener que adecuarse una vez más y a contramano al nuevo paradigma que nada tiene que ver con el anterior. habría que hacerse escafandrista o surfer de última hora. ni con kühn sufriría tanto con su propia teoría. los parroquianos de "propaganda" son claramente diferentes a nosotros; no les incomoda para nada que haya unos perros enormes entre las mesas y una pantalla prendida que pasa documentales de todo tipo a todo volumen. difícil para comprender el cambio de paradigma. volvemos a las callecitas de praga. buscamos algo "típicamente böhmisch". después de varios intentos que pasan por vidrieras interesantes que mueren en sí mismas y patios que terminan siendo pequeñas factorías de cerámica, encontramos la "pisner urquell", una fonda que tiene su propía fábrica de cerveza (no hay vino), y además un aguardiente de la casa que es fuerte como el demonio, pero que pega bien con la cerveza. acá se come la verdadera comida checa: embutidos, salsas picantes, un conejo con salsa y los "knöddel". y mucha cerveza. hay un hombre que ameniza el salón de los no fumadores con el acordeón, pero su repertorio es bastante salido de los festivales de san remo. las camareras hablan alemán, lo que nos recuerda las comunidades alemanas que hubo aquí y a quienes se negaron a que fueran expulsadas. tanto expulsar a gentes que vivieron mucho tiempo en una tierra ha demostrado ser un generador de conflictos que derivan en guerras. se lo podrán anotar en alguna agenda? para el futuro.
y por fin, para cerrar la noche (que empieza temprano y termina idem, porque mañana es lunes, es invierno, y no hay turistas, sólo locales), "café-café". queda en la rytirska 10 y es interesante. no hablan alemán, hablan inglés. los parroquianos son jóvenes y no tanto, fumadores (viva!) y es un sitio inclasificable. entre posmoderno y kafkiano. es interesante, y la música, un chill out un poco pop de más, pega bastante con la decoración, las lámparas. no así con nuestra conversación, que sigue con el cambio de paradigma. de la cerveza ruda de "propaganda" y la cerveza rústica del "pilsner urquell" al vino regional de "café café" hay un salto cualitativo interesante. como ver la caída del muro en cámara lenta.
salimos. la lluvia es un poco más que llovizna, pero de pronto damos con la plaza donde está el homenaje a palach y zajic, que visitamos con matías el año pasado, a lo que se le suma el homenaje a vaclav pavel. cientos de velas y flores y fotografías.
-a este tipo lo querían -comenta achim, enfundado en la boina, que lo hace aparecer menos alemán de lo que es.
- eso parece -respondo, mientras enciendo una vela.
después nos metemos por unas callecitas y otros callejones hasta llegar al hotel. en el corazón de la ciudad burguesa.
por más que lo lea, por más que lo intente, por más que lo visite, no logro imaginar lo que debió ser este país al final de la guerra fría, o durante la primavera de praga, o cuando la caída del muro. así que mañana cruzaré el puente de carlos, en brumas, como quien se precie sabe que debe hacer. la historia empezó demasiado tiempo atrás.
fumadores del mundo uníos para venir a praga, porque los boliches abundan en que se puede fumar, los restaurantes también, y todos fuman! un placer. un verdadero placer, del que los hipócritas cuida-saludes ajenas nos alejan. el estado es mi padre? creo que no. si realmente quiere hacer esa cruzada contra el mal que produce el tabaco (que ningún fumador desconoce), lo lógico sería que prohibieran a las tabacaleras, y si no se animan, si las leyes del mercado son más poderosas que la prédica, entonces, la venta de cigarrillos. lo demás es pura hipocrecía. como en españa, donde según me informan, buena parte de la salud pública se mantiene gracias a los impuestos de los cigarrillos. puaj. los gobiernos esperan pacientemente a que las grandes tabacaleras reconviertan su negocio para "prohibirlas".
fumadores, tres lugares, tres, que surgen, entre tantos, en esta ciudad ecléctica. anunciaron nieve, pero apenas llovizna, aunque helado. primer reducto: un antro al que se accede por una escalera con alfombras rojas, iluminadas de rojo, que anuncia: "propaganda" con buena música (un pink floyd pretérito). y es que realmente es un museo del afiche del régimen comunista. una colección maravillosa, si se la ve a la distancia, un ejemplo del realismo socialista en los anuncios del oficialismo. en ese antro que luce una senda escultura de lenin y otra de fucik (mi héroe de la adolescencia, que fue fusilado en 1943) bebemos cerveza y hablamos de los cambios de paradigma. tanto adecuarse al cambio de paradigma, para tener que adecuarse una vez más y a contramano al nuevo paradigma que nada tiene que ver con el anterior. habría que hacerse escafandrista o surfer de última hora. ni con kühn sufriría tanto con su propia teoría. los parroquianos de "propaganda" son claramente diferentes a nosotros; no les incomoda para nada que haya unos perros enormes entre las mesas y una pantalla prendida que pasa documentales de todo tipo a todo volumen. difícil para comprender el cambio de paradigma. volvemos a las callecitas de praga. buscamos algo "típicamente böhmisch". después de varios intentos que pasan por vidrieras interesantes que mueren en sí mismas y patios que terminan siendo pequeñas factorías de cerámica, encontramos la "pisner urquell", una fonda que tiene su propía fábrica de cerveza (no hay vino), y además un aguardiente de la casa que es fuerte como el demonio, pero que pega bien con la cerveza. acá se come la verdadera comida checa: embutidos, salsas picantes, un conejo con salsa y los "knöddel". y mucha cerveza. hay un hombre que ameniza el salón de los no fumadores con el acordeón, pero su repertorio es bastante salido de los festivales de san remo. las camareras hablan alemán, lo que nos recuerda las comunidades alemanas que hubo aquí y a quienes se negaron a que fueran expulsadas. tanto expulsar a gentes que vivieron mucho tiempo en una tierra ha demostrado ser un generador de conflictos que derivan en guerras. se lo podrán anotar en alguna agenda? para el futuro.
y por fin, para cerrar la noche (que empieza temprano y termina idem, porque mañana es lunes, es invierno, y no hay turistas, sólo locales), "café-café". queda en la rytirska 10 y es interesante. no hablan alemán, hablan inglés. los parroquianos son jóvenes y no tanto, fumadores (viva!) y es un sitio inclasificable. entre posmoderno y kafkiano. es interesante, y la música, un chill out un poco pop de más, pega bastante con la decoración, las lámparas. no así con nuestra conversación, que sigue con el cambio de paradigma. de la cerveza ruda de "propaganda" y la cerveza rústica del "pilsner urquell" al vino regional de "café café" hay un salto cualitativo interesante. como ver la caída del muro en cámara lenta.
salimos. la lluvia es un poco más que llovizna, pero de pronto damos con la plaza donde está el homenaje a palach y zajic, que visitamos con matías el año pasado, a lo que se le suma el homenaje a vaclav pavel. cientos de velas y flores y fotografías.
-a este tipo lo querían -comenta achim, enfundado en la boina, que lo hace aparecer menos alemán de lo que es.
- eso parece -respondo, mientras enciendo una vela.
después nos metemos por unas callecitas y otros callejones hasta llegar al hotel. en el corazón de la ciudad burguesa.
por más que lo lea, por más que lo intente, por más que lo visite, no logro imaginar lo que debió ser este país al final de la guerra fría, o durante la primavera de praga, o cuando la caída del muro. así que mañana cruzaré el puente de carlos, en brumas, como quien se precie sabe que debe hacer. la historia empezó demasiado tiempo atrás.
praga invernal
la primera vez en praga fue en pleno verano, un calor tórrido, una canícula casi vertical, la necesidad del río más allá de cualquier pensamiento racional. de todos modos, recorrimos lo que se pudo, y al menos me saqué las ganas de ver el "fenstersturz aus prag", algo que desencadenó la guerra de los treinta años (1618-1648). quizá no sea importante, pero explica también los posteriores y actuales enfrentamientos étnicos entre serbios, croatas, y todas las demás etnias que pueblan toda esta zona y que están en conflicto desde hace, por lo menos, mil años.
pero ahora es pleno invierno, y en praga me recibe la bruma (sobre la que alicia migdal una vez dijo: hay que cruzar el puente en brumas, y eso es lo que me trae aquí ahora, el puente en brumas, y volver a ver a un viejo amigo, un crustáceo viajero). es invierno, llovizna, hace frío. el hotel está en la zona vieja, un barrio burgués, con calles anchas, a pocas cuadras del río. los tejados, los ventanucos, el cielo plomizo, el silencio de un domingo a media tarde, invitan a pensar en kafka. y, más lejanamente, en milena.
a dos horas escasas queda barcelona, y llegar hasta aquí en avión supuso una travesía aérea cruzando el mediterráneo. una cartografía casi igual a la del atlas y a la de google maps. recordar a f. braudel es un lugar común, pero él amaba el mediterráneo y supo leerlo. cuando el avión se sale del mar y penetra tierra firme y cruza una correa montañosa (no sé cuál), las turbulencias son mayúsculas. pasamos de los dioses griegos a los fieros de tierra firme, esa mezcla rara de tantas tribus dando vueltas y venciendo al imperio romano. salve, césar, a alarico! el cambio cultural también se manifiesta en el aire.
malena dijo que la dieta mediterránea era peligrosa, porque hacía que uno olvidara los demás modos de comer. acá los olores ya son otros. otra dieta, otros alimentos, otros alcoholes y levaduras, y hasta la ciudad cambia. por lo tanto cambian la literatura y la filosofía.
independientemente de la globalización, es maravilloso encontrar las diferencias de olores y texturas y colores, y comprobar una vez más que es mejor esto que verlo en 3D comiendo papitas fritas con mayonesa.
pero ahora es pleno invierno, y en praga me recibe la bruma (sobre la que alicia migdal una vez dijo: hay que cruzar el puente en brumas, y eso es lo que me trae aquí ahora, el puente en brumas, y volver a ver a un viejo amigo, un crustáceo viajero). es invierno, llovizna, hace frío. el hotel está en la zona vieja, un barrio burgués, con calles anchas, a pocas cuadras del río. los tejados, los ventanucos, el cielo plomizo, el silencio de un domingo a media tarde, invitan a pensar en kafka. y, más lejanamente, en milena.
a dos horas escasas queda barcelona, y llegar hasta aquí en avión supuso una travesía aérea cruzando el mediterráneo. una cartografía casi igual a la del atlas y a la de google maps. recordar a f. braudel es un lugar común, pero él amaba el mediterráneo y supo leerlo. cuando el avión se sale del mar y penetra tierra firme y cruza una correa montañosa (no sé cuál), las turbulencias son mayúsculas. pasamos de los dioses griegos a los fieros de tierra firme, esa mezcla rara de tantas tribus dando vueltas y venciendo al imperio romano. salve, césar, a alarico! el cambio cultural también se manifiesta en el aire.
malena dijo que la dieta mediterránea era peligrosa, porque hacía que uno olvidara los demás modos de comer. acá los olores ya son otros. otra dieta, otros alimentos, otros alcoholes y levaduras, y hasta la ciudad cambia. por lo tanto cambian la literatura y la filosofía.
independientemente de la globalización, es maravilloso encontrar las diferencias de olores y texturas y colores, y comprobar una vez más que es mejor esto que verlo en 3D comiendo papitas fritas con mayonesa.
sábado, 7 de enero de 2012
el lugar en el mundo
supongo que, dentro de determinados parámetros, se da por sentado que cada quien tiene su lugar en el mundo. puede ser grande o chico, importante o anónimo, bueno o malo. pero es como si se diera por sentado que al comprar una botella de vino, dentro de la botella hay vino.
también se da por sentado que se conoce el lugar en el mundo que uno ocupa, y que más o menos se parece a sí mismo a lo largo del tiempo. como la vida humana es relativamente corta (por suerte) en comparación con la de la historia de la humanidad, a menos que ocurran esas cosas espantosas como guerras, revoluciones, tsunamis o crisis de algún tipo (por ejemplo, económicas o financieras), el lugar se mantiene relativamente inmodificado, o no lleva a grandes interrogantes.
sin embargo, no es tan así. se puede perder el lugar en el mundo por cosas en apariencia tan sencillas como dejar de comprenderlo. o dejar de sentir que uno pertenece a él. o por espantarse verdaderamente ante cosas que a la mayoría le parece males necesarios (o, saquemos "males" y dejemos necesarios, algo así como "así son las cosas"). se puede perder el lugar en el mundo cuando uno se da cuenta de que la mediana capacidad que uno tiene, la mediana sensibilidad, la mediana tolerancia, la mediana medianía que lo hace humano, ya no es herramienta suficiente como para seguir estando. no hablamos aquí de nihilismo o de retirarse al everest, sino de algo mucho más simple: no entiendo cómo funciona, no entiendo cómo debo manejarme para seguir formando parte de lo que, en principio, me espera para los siguientes 15 años.
el lugar en el mundo, entonces, ahora para mí es un no-lugar. el no-lugar de marc augé, al que le sumo la desaparición del sentido del espacio público y, por lo tanto, del espacio público. ya no es el asombro, punto de partida imprescindible para cualquier idea creativa, interrogante cuya respuesta lleva a una búsqueda que hasta hace no demasiado provocaba disfrute y alegría. no es asombro, es profunda preocupación e ignorancia sobre qué hacer, qué pensar, desde dónde pensar y cómo actuar, sin dejar de ser uno mismo, sin traicionarse. el extraño equilibrio entre el cambio y la conservación.
¿es el mundo más inhóspito que hace treinta años? quizá. y si no es más inhóspito, entonces la sensación es de que está habitado, mayormente, por un bicho avaro, codicioso, al que no le importa demasiado nada más que enriquecerse a velocidad luz. ¿que la mayoría no es así? puede ser, pero qué desgracia que esa minoría es la que parece gobernar el planeta!
malena cita lo que le dice michael douglas a charlie sheen en "wall street", aquella peli de los últimos ochentas. "greed is good", dice malena, mientras entramos a una librería (la central) que es un antro del vicio (para quien tiene el vicio de la lectura y, sobre todo, del libro). sí, malena ha dado en el clavo. mientras me maravillo con los libros, libros, libros, libros, y me repito que no me va a dar el tiempo para leer todo lo que quiero, entiendo que busco una respuesta a la pregunta sobre el lugar en el mundo, los avaros y los desgraciados. unas horas más tarde, compartiendo un café y mi preocupación por el futuro, matías me dice que las cosas cambiaron y que quizá (sin el quizá) la vida no pasa ya por el conocimiento (lo dice y pienso en sócrates, no sé por qué, y en heidegger, y en hanna arendt y en walter benjamin). ah, era eso. así de sencillo. pero ¿qué hacemos los que seguimos creyendo que es el conocimiento el que da libertad, capacidad de decisión, vuelo mental y, seamos un poco avaros, también, satisfacción personal? ¿qué hacemos los que vemos entre los titulares de la prensa, los programas de televisión, las publicidades mentirosas, los circos políticos, y sentimos que algo se avecina, algo muy triste y oscuro? podemos, claro, refugiarnos en la teoría taoísta del péndulo. dice algo así como: algo empieza a andar. un golpecito al péndulo, cuyo ángulo de apertura se va acelerando a medida que toma velocidad. cuando llega al extremo, no importa a cuál de los dos, las cosas se van de las manos, se salen de curso. entonces se vuelve al eje central de nuevo y se recomienza. y esa vuelta al centro, necesariamente es controladora, conservadora, hasta que empiezan los movimientos de liberación de ese eje central, autoritario. para yim, el chino, además de ser dueño de una gran paciencia, está sentado en un banquito de tres patas: el taoísmo, el budismo y el confucianismo. en época de liviandad, de alegría, de bonanza, el taoísmo es la celebración lúdica de la vida. se vive con sentido del humor. en épocas de dudas, el budismo es la herramienta espiritual y filosófica que ayuda a ubicar al hombre en el cosmos y por lo tanto consigo mismo. y en épocas de debacle moral, confucio dice lo que se debe hacer.
cuando el péndulo llega a alguno de los extremos, es cuando hace falta un confucio. sin embargo, las voces que se alzan, preocupadas, los indignados de tantas partes del mundo, los científicos y técnicos que hablan del decrecimiento, de la locura de un consumismo que no lleva a ninguna parte, de los altísimos grados de contaminación... a todos ellos también les hace falta un confucio, porque todavía son voces que no son LA voz. (es probable que matías dijera que pensar en UNA voz es un error, y puede que tenga razón)
hace años, eco introdujo la dicotomía "apocalípticos e integrados", y durante un tiempo había quienes se sentían apocalípticos, y otros, integrados, en franca oposición. esa dicotomía, hoy, ya no dice nada tampoco. hay una cosa apocalíptica en la integración (creo que ganaron los integrados), porque en su momento, los apocalípticos no supieron cómo canalizar la visión de edad media que tenían del futuro.
necesitamos una herramienta nueva para pensar; necesitamos que un pensador como amin maalouf siga pensando y preocupándose, pero que haya muchos más como él. porque maalouf plantea y hace públicas sus dudas, sus interrogantes. y eso lleva a pensar.
acabo de pasar por una plaza. una pequeña manifestación (habría unas treinta personas) por "democracia en siria", con carteles en español, en árabe. quien dirigía todo era un niño. un niño árabe (no sé si sirio, supongo que sí), de unos ocho años, chiquito, flaquito, con un micrófono. dirigía las consignas, reclamaba, y la gente repetía con él.
seguramente él sienta que ese es su lugar en el mundo. viendo eso, quizá lo que dijo matías, que la vida no pasa por el conocimiento, tenga su cuota de acierto; quizá, como hacían los esquimales, cuando uno siente que deja de entender, se retira. y le deja el lugar a personas como matías o este niño que es capaz de exigir democracia para siria, con la voz aflautada y el desencanto de una inocencia que seguramente perdió hace mucho, más conocedor de la guerra y el sufrimiento que de los videojuegos, el playstation y los blackberries.
también se da por sentado que se conoce el lugar en el mundo que uno ocupa, y que más o menos se parece a sí mismo a lo largo del tiempo. como la vida humana es relativamente corta (por suerte) en comparación con la de la historia de la humanidad, a menos que ocurran esas cosas espantosas como guerras, revoluciones, tsunamis o crisis de algún tipo (por ejemplo, económicas o financieras), el lugar se mantiene relativamente inmodificado, o no lleva a grandes interrogantes.
sin embargo, no es tan así. se puede perder el lugar en el mundo por cosas en apariencia tan sencillas como dejar de comprenderlo. o dejar de sentir que uno pertenece a él. o por espantarse verdaderamente ante cosas que a la mayoría le parece males necesarios (o, saquemos "males" y dejemos necesarios, algo así como "así son las cosas"). se puede perder el lugar en el mundo cuando uno se da cuenta de que la mediana capacidad que uno tiene, la mediana sensibilidad, la mediana tolerancia, la mediana medianía que lo hace humano, ya no es herramienta suficiente como para seguir estando. no hablamos aquí de nihilismo o de retirarse al everest, sino de algo mucho más simple: no entiendo cómo funciona, no entiendo cómo debo manejarme para seguir formando parte de lo que, en principio, me espera para los siguientes 15 años.
el lugar en el mundo, entonces, ahora para mí es un no-lugar. el no-lugar de marc augé, al que le sumo la desaparición del sentido del espacio público y, por lo tanto, del espacio público. ya no es el asombro, punto de partida imprescindible para cualquier idea creativa, interrogante cuya respuesta lleva a una búsqueda que hasta hace no demasiado provocaba disfrute y alegría. no es asombro, es profunda preocupación e ignorancia sobre qué hacer, qué pensar, desde dónde pensar y cómo actuar, sin dejar de ser uno mismo, sin traicionarse. el extraño equilibrio entre el cambio y la conservación.
¿es el mundo más inhóspito que hace treinta años? quizá. y si no es más inhóspito, entonces la sensación es de que está habitado, mayormente, por un bicho avaro, codicioso, al que no le importa demasiado nada más que enriquecerse a velocidad luz. ¿que la mayoría no es así? puede ser, pero qué desgracia que esa minoría es la que parece gobernar el planeta!
malena cita lo que le dice michael douglas a charlie sheen en "wall street", aquella peli de los últimos ochentas. "greed is good", dice malena, mientras entramos a una librería (la central) que es un antro del vicio (para quien tiene el vicio de la lectura y, sobre todo, del libro). sí, malena ha dado en el clavo. mientras me maravillo con los libros, libros, libros, libros, y me repito que no me va a dar el tiempo para leer todo lo que quiero, entiendo que busco una respuesta a la pregunta sobre el lugar en el mundo, los avaros y los desgraciados. unas horas más tarde, compartiendo un café y mi preocupación por el futuro, matías me dice que las cosas cambiaron y que quizá (sin el quizá) la vida no pasa ya por el conocimiento (lo dice y pienso en sócrates, no sé por qué, y en heidegger, y en hanna arendt y en walter benjamin). ah, era eso. así de sencillo. pero ¿qué hacemos los que seguimos creyendo que es el conocimiento el que da libertad, capacidad de decisión, vuelo mental y, seamos un poco avaros, también, satisfacción personal? ¿qué hacemos los que vemos entre los titulares de la prensa, los programas de televisión, las publicidades mentirosas, los circos políticos, y sentimos que algo se avecina, algo muy triste y oscuro? podemos, claro, refugiarnos en la teoría taoísta del péndulo. dice algo así como: algo empieza a andar. un golpecito al péndulo, cuyo ángulo de apertura se va acelerando a medida que toma velocidad. cuando llega al extremo, no importa a cuál de los dos, las cosas se van de las manos, se salen de curso. entonces se vuelve al eje central de nuevo y se recomienza. y esa vuelta al centro, necesariamente es controladora, conservadora, hasta que empiezan los movimientos de liberación de ese eje central, autoritario. para yim, el chino, además de ser dueño de una gran paciencia, está sentado en un banquito de tres patas: el taoísmo, el budismo y el confucianismo. en época de liviandad, de alegría, de bonanza, el taoísmo es la celebración lúdica de la vida. se vive con sentido del humor. en épocas de dudas, el budismo es la herramienta espiritual y filosófica que ayuda a ubicar al hombre en el cosmos y por lo tanto consigo mismo. y en épocas de debacle moral, confucio dice lo que se debe hacer.
cuando el péndulo llega a alguno de los extremos, es cuando hace falta un confucio. sin embargo, las voces que se alzan, preocupadas, los indignados de tantas partes del mundo, los científicos y técnicos que hablan del decrecimiento, de la locura de un consumismo que no lleva a ninguna parte, de los altísimos grados de contaminación... a todos ellos también les hace falta un confucio, porque todavía son voces que no son LA voz. (es probable que matías dijera que pensar en UNA voz es un error, y puede que tenga razón)
hace años, eco introdujo la dicotomía "apocalípticos e integrados", y durante un tiempo había quienes se sentían apocalípticos, y otros, integrados, en franca oposición. esa dicotomía, hoy, ya no dice nada tampoco. hay una cosa apocalíptica en la integración (creo que ganaron los integrados), porque en su momento, los apocalípticos no supieron cómo canalizar la visión de edad media que tenían del futuro.
necesitamos una herramienta nueva para pensar; necesitamos que un pensador como amin maalouf siga pensando y preocupándose, pero que haya muchos más como él. porque maalouf plantea y hace públicas sus dudas, sus interrogantes. y eso lleva a pensar.
acabo de pasar por una plaza. una pequeña manifestación (habría unas treinta personas) por "democracia en siria", con carteles en español, en árabe. quien dirigía todo era un niño. un niño árabe (no sé si sirio, supongo que sí), de unos ocho años, chiquito, flaquito, con un micrófono. dirigía las consignas, reclamaba, y la gente repetía con él.
seguramente él sienta que ese es su lugar en el mundo. viendo eso, quizá lo que dijo matías, que la vida no pasa por el conocimiento, tenga su cuota de acierto; quizá, como hacían los esquimales, cuando uno siente que deja de entender, se retira. y le deja el lugar a personas como matías o este niño que es capaz de exigir democracia para siria, con la voz aflautada y el desencanto de una inocencia que seguramente perdió hace mucho, más conocedor de la guerra y el sufrimiento que de los videojuegos, el playstation y los blackberries.
martes, 3 de enero de 2012
la otra barcelona: con jordi, tras los pasos de manel
jordi dice que lo espere en la puerta del medio del corte inglés, en la plaza catalunya. allí voy. como tengo tiempo, decido entrar a la librería y ver si consigo alguno de los libros (larga lista) que me interesan. pregunto: ¿la librería? último piso (7). pues hay que subir para llegar al parnaso del saber. subo. pero la escalera mecánica se detiene en el sexto piso. para llegar al séptimo hay que caminar. nadie dijo que buscar un libro fuera sencillo. zapatos, en el primer piso; camisones, en el segundo; heladeras rosaditas, en el tercero; juguetes, en el cuarto, y así sigue la lista... bien, llegamos al séptimo. poco público, no deja de ser una ventaja que la lectura haya perdido credibilidad en la bolsa. saco mi lista. empiezo: cien años de soledad, edición comentada, editorial cátedra. la dependienta me mira: es un clásico... (no sabía que era un clásico), refunfuñando va a un estante y, voilá, el libro aparece. once euros. pas mal. siguiente en la lista: gramática funcional del español. busca. dice: es un libro antiguo (año 2005), el siguiente por el que pregunto es más antiguo aun, del año 2000. me dice que no pierda el tiempo. que vaya al otro corte inglés, acá nomás, en puerta del ángel, que allá "sí tienen esos libros". el "esos" en un tono que indica claramente que son una pérdida de tiempo. consulto el reloj. con suerte, y si jordi no es muy puntual, logre el objetivo: comprar libros antiguos. ¿qué diría si le pido la historia de herodoto? en el siguiente corte inglés me miran con lástima. esos libros... acá no... intente en una librería de viejo, o quizá la universidad... agradezco. por suerte, en esta tienda, la librería está en el primer piso. en planta baja cosméticos y perfumes. menos humillante que en el otro.
me pongo a leer mientras espero a jordi, que aparece de pronto, igualito al año pasado, pero esta vez aquí, en barcelona, y no en lucca. el año pasado le seguimos el rastro al personaje femenino, renata; esta vez, a manel, el coprotagonista, un escritor-traductor catalán. pues allá vamos. bajamos por las ramblas, torcemos aquí y allá, carrer sant pau, aquí, aquí, le digo, te acuerdas, cuando se separa de neus y no sabe qué hacer de su vida. y si damos la vuelta por esta esquina, llegamos a san rafel, casa leopoldo, donde le dice a donat que abandonará barcelona para ir a buscar a italiana a la toscana... el periplo sigue, acá vivió manel entre los gitanos, cuando se va de la casa; aquí comió chipirones, y por allá está el café ópera, adonde fue con su esposa, una ambiciosa mujer asimilada al franquismo... y más allá la fonda y el mercado. y de paso la boquería -uno se quedaría a vivir allí, entre frutas, verduras, carnes y pescados y mariscos, y los feriantes o como se llamen que vocean lo suyo y la gente hace las compras y es mucho más pintoresco y real que cualquier programa de utilísima o canal gourmet.
cerca del mercado sant antoni (no sé si se escribe así), que está en reformas, hay una fonda. la bodega, se llama. la fonda del pinchazo, la bautizo yo. los parroquianos: veteranos. la comida: de olla. incluso, para ver si nos gusta, nos dicen que pasemos a la cocina y miremos. miramos. nos gusta. pedimos espaguettis con una salsa casera (carne picada y una salchicha picante). cerveza. la gente conversa. los mozos son tan viejos y desmemoriados como la fonda. cada tanto salimos a fumar. "ostias con la ley anti tabaco", se queja jordi y yo con él. afuera hay una mesita con un cenicero rebosante, y más parroquianos que entran y salen a fumar y a beber. no sé cómo sale el tema de la monarquía y el yerno del rey que se ha mandado su estafa sucia derivando donaciones a belice. uno de los parroquianos, un catalán viajero, dice haber sido chofer de la infanta. y para qué. se suma otro, más veterano, y entre los tres, ellos dos y jordi, destripan a la monarquía, a ésta, la española, y a todos los borbones de europa, que, ya se sabe, y por casarse entre sí, terminan un poco tocados y nada útiles. de la monarquía se pasa a la política. que si el pp, que si la derecha, y vuelta a las cortes. pues parece que la ranciedad más rancia, la aristocracia europea, esa que sale en "hola" y que hay quienes se mueren por conocer, ha sido tan trucha y tan servil a reproducir un poder inútil -estos monárquicos el único trabajo que tienen es reproducirse, muchos hijos, que alguno llegará a rey- un poder familiar, como en la edad media, como siempre. les digo que nosotros somos hijos de ellos, de la corona que nos conquistó, nos colonizó y nos hizo bastante imbéciles también. están de acuerdo. estos tres, al menos, dicen que el 12 de octubre no hay nada qué celebrar. coincidimos en eso. después les pregunto por qué hay un cristóbal colón mirando al mediterráneo. uno dice: es que salió de aquí, de barcelona! pues que no, hombre, responde el otro, regresó aquí. la explicación del tercero es, digamos, subida de tono, e impropia para esta crónica. pero no deja bien parado ni a colón, ni a la madre patria. diría ásterix: están locos estos romanos.
el asunto es que hay más gente afuera, fumando y bebiendo, que adentro, con lo cual la ley antitabaco sólo jodió a todos, porque no parece que nadie haya dejado de fumar por la prohibición. con jordi repasamos algunas cuestiones del libro. convenimos que no está a tono con los aires ecologistas de los tiempos que corren: en "la última mujer" se fuma, se bebe, se jode... entonces me cuenta que ha visto el primer libro "certificadamente sano": no hay escenas con humo ni con alcohol. "pronto", agrega, "veremos la remake de casablanca en la que bogart ya no fuma, cuando dice play it again sam". es triste. será que hasta la historia deberá re-escribirse para evitar el habano de churchill, los cigarrillos de bogart, los tabacos de castro, y todos los demás vicios que la realidad y después el cine y la literatura retrataron... si ese es el caso, qué aburrimiento. pronto, vendremos realmente de un repollo que una cigüeña dejó caer en el jardincito de una casa.
(cuenta que en mataró las putas llevaban una especie de cencerro al cuello, que sonaba cuando atendían a los clientes. y que en mataró sonaban los cencerros a más no poder y que a nadie le parecía mal. ahora, dice, todo se hace a escondidas... a por los cencerros)
pero, mientras tanto, en la bodega de la calle sant rafel, parece haber más anarquistas (así víctor, el ex chofer de la infanta) que oficialistas, que hacen de la protesta y el humor negro una resistencia contra los tiempos que corren. por supuesto que todos están de acuerdo en que el poder enquistado en madrid -sabéis que madrid tiene un puerto: valencia!- y una autopista que se llama de la playa- ha terminado por joder al quijote, a cervantes y a toda una generación de literatos. "no tengo nada en contra de cervantes, pobre tío", dice jordi, "pero es que jamás lo leí ni jamás lo leeré"; y víctor dice lo suyo también: " a mí ese tío con el lío de las novelas de caballería, de castilla y aragón... no me interesa para nada". y todos coinciden en que, para entronarse, el rey ha casado a una hija con un catalán y a otro con un vasco... "como siempre", dice jordi, "es la historia. y fíjate que el partido final de la copa del rey se jugó entre un equipo vasco y otro catalán. y fue un escándalo. cuando pasaron el himno español, que para nosotros es una humillación, la silbadera fue tan grande, que en el estadio debieron subir el volumen del himno para acallar los silbidos. pero en la transmisión por la tele aquello era imposible, así que la tele lo dirimió. lo puso a medio volumen, y salieron el himno y los silbidos". y termina por explicarme el amor al barca: es que nuestra bandera, prohibida por el franquismo, es como la del barca, pero con una raya menos. entonces, en el estadio, cuando sacábamos la del barca, estábamos sacando la nuestra. y eso lo sabía todo el mundo". me hizo acordar a las caceroleadas. supongo que en cualquier parte del mundo, cualquier pueblo que quiere protestar por una injusticia encuentra la manera de hacerlo.
y mientras la gente proteste, hay vida y hay esperanza.
me pongo a leer mientras espero a jordi, que aparece de pronto, igualito al año pasado, pero esta vez aquí, en barcelona, y no en lucca. el año pasado le seguimos el rastro al personaje femenino, renata; esta vez, a manel, el coprotagonista, un escritor-traductor catalán. pues allá vamos. bajamos por las ramblas, torcemos aquí y allá, carrer sant pau, aquí, aquí, le digo, te acuerdas, cuando se separa de neus y no sabe qué hacer de su vida. y si damos la vuelta por esta esquina, llegamos a san rafel, casa leopoldo, donde le dice a donat que abandonará barcelona para ir a buscar a italiana a la toscana... el periplo sigue, acá vivió manel entre los gitanos, cuando se va de la casa; aquí comió chipirones, y por allá está el café ópera, adonde fue con su esposa, una ambiciosa mujer asimilada al franquismo... y más allá la fonda y el mercado. y de paso la boquería -uno se quedaría a vivir allí, entre frutas, verduras, carnes y pescados y mariscos, y los feriantes o como se llamen que vocean lo suyo y la gente hace las compras y es mucho más pintoresco y real que cualquier programa de utilísima o canal gourmet.
cerca del mercado sant antoni (no sé si se escribe así), que está en reformas, hay una fonda. la bodega, se llama. la fonda del pinchazo, la bautizo yo. los parroquianos: veteranos. la comida: de olla. incluso, para ver si nos gusta, nos dicen que pasemos a la cocina y miremos. miramos. nos gusta. pedimos espaguettis con una salsa casera (carne picada y una salchicha picante). cerveza. la gente conversa. los mozos son tan viejos y desmemoriados como la fonda. cada tanto salimos a fumar. "ostias con la ley anti tabaco", se queja jordi y yo con él. afuera hay una mesita con un cenicero rebosante, y más parroquianos que entran y salen a fumar y a beber. no sé cómo sale el tema de la monarquía y el yerno del rey que se ha mandado su estafa sucia derivando donaciones a belice. uno de los parroquianos, un catalán viajero, dice haber sido chofer de la infanta. y para qué. se suma otro, más veterano, y entre los tres, ellos dos y jordi, destripan a la monarquía, a ésta, la española, y a todos los borbones de europa, que, ya se sabe, y por casarse entre sí, terminan un poco tocados y nada útiles. de la monarquía se pasa a la política. que si el pp, que si la derecha, y vuelta a las cortes. pues parece que la ranciedad más rancia, la aristocracia europea, esa que sale en "hola" y que hay quienes se mueren por conocer, ha sido tan trucha y tan servil a reproducir un poder inútil -estos monárquicos el único trabajo que tienen es reproducirse, muchos hijos, que alguno llegará a rey- un poder familiar, como en la edad media, como siempre. les digo que nosotros somos hijos de ellos, de la corona que nos conquistó, nos colonizó y nos hizo bastante imbéciles también. están de acuerdo. estos tres, al menos, dicen que el 12 de octubre no hay nada qué celebrar. coincidimos en eso. después les pregunto por qué hay un cristóbal colón mirando al mediterráneo. uno dice: es que salió de aquí, de barcelona! pues que no, hombre, responde el otro, regresó aquí. la explicación del tercero es, digamos, subida de tono, e impropia para esta crónica. pero no deja bien parado ni a colón, ni a la madre patria. diría ásterix: están locos estos romanos.
el asunto es que hay más gente afuera, fumando y bebiendo, que adentro, con lo cual la ley antitabaco sólo jodió a todos, porque no parece que nadie haya dejado de fumar por la prohibición. con jordi repasamos algunas cuestiones del libro. convenimos que no está a tono con los aires ecologistas de los tiempos que corren: en "la última mujer" se fuma, se bebe, se jode... entonces me cuenta que ha visto el primer libro "certificadamente sano": no hay escenas con humo ni con alcohol. "pronto", agrega, "veremos la remake de casablanca en la que bogart ya no fuma, cuando dice play it again sam". es triste. será que hasta la historia deberá re-escribirse para evitar el habano de churchill, los cigarrillos de bogart, los tabacos de castro, y todos los demás vicios que la realidad y después el cine y la literatura retrataron... si ese es el caso, qué aburrimiento. pronto, vendremos realmente de un repollo que una cigüeña dejó caer en el jardincito de una casa.
(cuenta que en mataró las putas llevaban una especie de cencerro al cuello, que sonaba cuando atendían a los clientes. y que en mataró sonaban los cencerros a más no poder y que a nadie le parecía mal. ahora, dice, todo se hace a escondidas... a por los cencerros)
pero, mientras tanto, en la bodega de la calle sant rafel, parece haber más anarquistas (así víctor, el ex chofer de la infanta) que oficialistas, que hacen de la protesta y el humor negro una resistencia contra los tiempos que corren. por supuesto que todos están de acuerdo en que el poder enquistado en madrid -sabéis que madrid tiene un puerto: valencia!- y una autopista que se llama de la playa- ha terminado por joder al quijote, a cervantes y a toda una generación de literatos. "no tengo nada en contra de cervantes, pobre tío", dice jordi, "pero es que jamás lo leí ni jamás lo leeré"; y víctor dice lo suyo también: " a mí ese tío con el lío de las novelas de caballería, de castilla y aragón... no me interesa para nada". y todos coinciden en que, para entronarse, el rey ha casado a una hija con un catalán y a otro con un vasco... "como siempre", dice jordi, "es la historia. y fíjate que el partido final de la copa del rey se jugó entre un equipo vasco y otro catalán. y fue un escándalo. cuando pasaron el himno español, que para nosotros es una humillación, la silbadera fue tan grande, que en el estadio debieron subir el volumen del himno para acallar los silbidos. pero en la transmisión por la tele aquello era imposible, así que la tele lo dirimió. lo puso a medio volumen, y salieron el himno y los silbidos". y termina por explicarme el amor al barca: es que nuestra bandera, prohibida por el franquismo, es como la del barca, pero con una raya menos. entonces, en el estadio, cuando sacábamos la del barca, estábamos sacando la nuestra. y eso lo sabía todo el mundo". me hizo acordar a las caceroleadas. supongo que en cualquier parte del mundo, cualquier pueblo que quiere protestar por una injusticia encuentra la manera de hacerlo.
y mientras la gente proteste, hay vida y hay esperanza.
lunes, 2 de enero de 2012
museu del joguet de catalunya
¿un viaje hacia el pasado? ¿un deja vu en blanco y negro, sepia y color?
en figueres, a dos horas y pico en tren desde barcelona, surge este museo. llueve, hace frío, y hay una vaca en la entrada, amén de un par de muñecos, que invitan a entrar. eentramos.
quienes lo antienden son mujeres sin edad, salidas de un cuento de los hermanos grimm, que seguramente han leído cuentos a sus hijos, nietos y a todos los niños de la cuadra. y estoy segura de que si se lo pidiera, me los leerían a mí. "había una vez"... . hay una escalera, y hay que guiarse por el instinto infantil, ese que uno perdió hace demasiado. pero parece que el itinerario del museo del juguete ayuda a desempolvar en escasos segundos.
allí está la colección de autitos, los matchbox de la infancia, multiplicada por n. una maravilla, una serie de autos de época, ordenados de un modo que a uno le dan ganas de sacarlos de los estantes y ponerse a jugar a las carreras por las escalinatas y los pasillos.
(más adelante descubrimos que hay una sala con juegos para que el visitante juegue... y lo hacemos... y nos desesperamos ante la inoperancia, pero la memoria recupera y algo logramos)
se sube. en el descanso, bajo una claraboya, una música tristona de un piano triste llama la atención. ¿hacia dónde debo mirar? una puerta anuncia "teatro español", y agrega "lope, tirso, lorca", pero es el preámbulo, y en un ventanuco pinocchio espera, a giuseppe, supone uno. entonces uno lo ve. en lo alto, un osito (quizá el de maría elena walsh o el de dalí, vaya uno a saber, o el osito que cada niño debería tener para dormir bien, para conversar, para ser niño; yo recuerdo el mío y el otro, que se llama thilo) se balancea en una especie de balancín y viaja, raíl mediante, hasta un balconcito donde hay -supone uno nuevamente, romanticismo de por medio- una osita que lo espera. está claro que el osito volador no alcanza nunca a la osita, pero es tan hermoso y tan armónico su vaivén, que uno se queda prendado viéndolo ir y venir, de una esquina a la otra, siempre fiel, siempre en movimiento. un oso enamorado, un oso bailarín. y eso es la antesala a lo que viene después.
se despliegan los primeros juegos infantiles de la historia: los griegos, infaltables. pero ya se sabe que sin los griegos seguiríamos prendidos de los árboles sin siquiera saber que somos algo más que primates. de modo que ya no sorprende. de los griegos puede esperarse todo, pero igual se agradece. quienes inventaron la palabra democracia también jugaban con sus niños, que no eran mucho más que protohombres, cosas que quizá devinieran seres raconales. así que avanzamos en la historia. la edad media es interesante, porque conjuga -supone uno nuevamente- los conocimientos de geometría, que no desaparecieron con las invasionres bárbaras, con lo lúdico. hay suertes de ta-te-tís primarios, de rayuelas primarias, primigenias. los niños, no importa cuándo ni cómo, se divertían, creaban mundos. lo lúdico es condición de madurez y de crecimiento. sin juegos no hay adulto. y después... el adulto que se olvidó del niño que fue está muerto, y esto no se relaciona con la estupidez supina de recuperar el niño interior de los new agers!
la nostalgia.
el siglo xviii y el siglo xix... revolución industrial, el palacio de barcelona, lo mecánico, el movimiento perpetuo de newton. y uno recuerda haber jugado con sombras chinescas, con armar un almacén de ultramarinos, con teatrillos con rieles que despliegan, como en el teatro clásico, los direferences escenarios y los distintos planos... la perspectiva para niños y los principios de la narración y los nudos que la hacen avanzar. qué sencillo parece todo.
los chascos, las trampas, el aprendiz de mago y el aprendiz de químico, las muñecas de caras de porcelana y cuerpos caídos de tela, asexuadas, pero maternales; las casas de muñecas, las réplicas de los salones de clases comandados por una monja... a medida que la tecnología avanza en el mundo real, así también los ingeniosos juguetes para niños. con el imán, una caja de pesca, con la que recuerdo haber pasado largas tardes invernales con mi hermano y mis primos; la caja de sombras chinas; los rompecabezas, el balero, los trompos, los mecanos, los ferrocarriles a escala, y las simulaciones de cine, los cilindros con las ranuras por las que se multiplica una imagen con mínima variación para simular el movimiento, disney agradecido.
acá no hay barbies ni ken, ni play station, no robots sin atractivo; sí hay un homenaje a los niños del mundo y sus respectivos muñecos; hay un espacio que sin propórneselo nos devuelve a otro tiempo. a tal punto que a la salida buscamos un café y cada uno cuenta cómo jugaba hace tantos años. la nostalgia es compartida: ¿y te acordás de cuando hacíamos como si...? hacer como si es mucho mejor que la réplica en 3D de lo que sea.
desde hace unos días me acompaña un milú entrañable, que, mientras escribo esto, mueve la cola con entusiasmo.
y si alguien quiere meterse en este mundo puede consultar http://www.mjc.cat/ (la bienvenida la da un gato, no podía ser menos). y vale la pena recordar: http://www.youtube.com/watch?v=SiXL0kJwKV8
a jugar, que si realmente se acaba el mundo, como presagian los malgüeros, más vale estar prendido de un rompecabezas imposible o un balero, que de un videojuego obvio!
a jugar!
en figueres, a dos horas y pico en tren desde barcelona, surge este museo. llueve, hace frío, y hay una vaca en la entrada, amén de un par de muñecos, que invitan a entrar. eentramos.
quienes lo antienden son mujeres sin edad, salidas de un cuento de los hermanos grimm, que seguramente han leído cuentos a sus hijos, nietos y a todos los niños de la cuadra. y estoy segura de que si se lo pidiera, me los leerían a mí. "había una vez"... . hay una escalera, y hay que guiarse por el instinto infantil, ese que uno perdió hace demasiado. pero parece que el itinerario del museo del juguete ayuda a desempolvar en escasos segundos.
allí está la colección de autitos, los matchbox de la infancia, multiplicada por n. una maravilla, una serie de autos de época, ordenados de un modo que a uno le dan ganas de sacarlos de los estantes y ponerse a jugar a las carreras por las escalinatas y los pasillos.
(más adelante descubrimos que hay una sala con juegos para que el visitante juegue... y lo hacemos... y nos desesperamos ante la inoperancia, pero la memoria recupera y algo logramos)
se sube. en el descanso, bajo una claraboya, una música tristona de un piano triste llama la atención. ¿hacia dónde debo mirar? una puerta anuncia "teatro español", y agrega "lope, tirso, lorca", pero es el preámbulo, y en un ventanuco pinocchio espera, a giuseppe, supone uno. entonces uno lo ve. en lo alto, un osito (quizá el de maría elena walsh o el de dalí, vaya uno a saber, o el osito que cada niño debería tener para dormir bien, para conversar, para ser niño; yo recuerdo el mío y el otro, que se llama thilo) se balancea en una especie de balancín y viaja, raíl mediante, hasta un balconcito donde hay -supone uno nuevamente, romanticismo de por medio- una osita que lo espera. está claro que el osito volador no alcanza nunca a la osita, pero es tan hermoso y tan armónico su vaivén, que uno se queda prendado viéndolo ir y venir, de una esquina a la otra, siempre fiel, siempre en movimiento. un oso enamorado, un oso bailarín. y eso es la antesala a lo que viene después.
se despliegan los primeros juegos infantiles de la historia: los griegos, infaltables. pero ya se sabe que sin los griegos seguiríamos prendidos de los árboles sin siquiera saber que somos algo más que primates. de modo que ya no sorprende. de los griegos puede esperarse todo, pero igual se agradece. quienes inventaron la palabra democracia también jugaban con sus niños, que no eran mucho más que protohombres, cosas que quizá devinieran seres raconales. así que avanzamos en la historia. la edad media es interesante, porque conjuga -supone uno nuevamente- los conocimientos de geometría, que no desaparecieron con las invasionres bárbaras, con lo lúdico. hay suertes de ta-te-tís primarios, de rayuelas primarias, primigenias. los niños, no importa cuándo ni cómo, se divertían, creaban mundos. lo lúdico es condición de madurez y de crecimiento. sin juegos no hay adulto. y después... el adulto que se olvidó del niño que fue está muerto, y esto no se relaciona con la estupidez supina de recuperar el niño interior de los new agers!
la nostalgia.
el siglo xviii y el siglo xix... revolución industrial, el palacio de barcelona, lo mecánico, el movimiento perpetuo de newton. y uno recuerda haber jugado con sombras chinescas, con armar un almacén de ultramarinos, con teatrillos con rieles que despliegan, como en el teatro clásico, los direferences escenarios y los distintos planos... la perspectiva para niños y los principios de la narración y los nudos que la hacen avanzar. qué sencillo parece todo.
los chascos, las trampas, el aprendiz de mago y el aprendiz de químico, las muñecas de caras de porcelana y cuerpos caídos de tela, asexuadas, pero maternales; las casas de muñecas, las réplicas de los salones de clases comandados por una monja... a medida que la tecnología avanza en el mundo real, así también los ingeniosos juguetes para niños. con el imán, una caja de pesca, con la que recuerdo haber pasado largas tardes invernales con mi hermano y mis primos; la caja de sombras chinas; los rompecabezas, el balero, los trompos, los mecanos, los ferrocarriles a escala, y las simulaciones de cine, los cilindros con las ranuras por las que se multiplica una imagen con mínima variación para simular el movimiento, disney agradecido.
acá no hay barbies ni ken, ni play station, no robots sin atractivo; sí hay un homenaje a los niños del mundo y sus respectivos muñecos; hay un espacio que sin propórneselo nos devuelve a otro tiempo. a tal punto que a la salida buscamos un café y cada uno cuenta cómo jugaba hace tantos años. la nostalgia es compartida: ¿y te acordás de cuando hacíamos como si...? hacer como si es mucho mejor que la réplica en 3D de lo que sea.
desde hace unos días me acompaña un milú entrañable, que, mientras escribo esto, mueve la cola con entusiasmo.
y si alguien quiere meterse en este mundo puede consultar http://www.mjc.cat/ (la bienvenida la da un gato, no podía ser menos). y vale la pena recordar: http://www.youtube.com/watch?v=SiXL0kJwKV8
a jugar, que si realmente se acaba el mundo, como presagian los malgüeros, más vale estar prendido de un rompecabezas imposible o un balero, que de un videojuego obvio!
a jugar!
domingo, 1 de enero de 2012
caminando por barcelona
el metro nos deja en liceu y de allí caminamos por las ramblas, que están naturalmente atoradas de personas, turistas y locales y otros que no son ni lo uno ni lo otro, sino claramente -para mí- inmigrantes que vienen escapando de realidades más nefastas, más pobres y míseras. pero todos están allí, y nosotros también. hay muchos turcos, aunque bajo esa categoría políticamente incorrecta uno debería distinguir entre indios (de la india), pakistaníes, turcos, árabes de algún tipo, palestinos y toda esa suerte de población que migra de un lado para el otro y que malouuf retrató tan bien en sus libros (especialmente león, el africano). matías me lleva por un callejón secundario, rumbo al raval, donde nos sentaremos a beber algo. poco antes de llegar al anatolia, descubro la casa leopoldo, uno de los lugares que nuestro personaje (el de jordi y mío), manel p ons, frecuentara después de que franco ocupara barcelona. es extraño encontrarse de pronto con algo que uno mismo ha escrito, salido de la novela, vuelto realidad, cuando verdaderamente, era realidad metida en la novela. de modo que estoy en el barrio del personaje, lo que hace el paseo azaroso, más azoroso aun. hay tanta gente... frente a nosotros un edificio pobre, cuya fachada está decorada en forma multicolor (me recuerda una del barrio árabe en bruselas), en que sus habitantes cuelgan carteles: "por un barrio digno", pero otros inquilinos se han tomado la protesta con sentido del humor, y con la misma tipografía reclaman, por ejemplo: "queremos helicópteros" y más allá "uribe es paramilitar" y más allá, y en tono serio "tierras para palestina", todo un edificio convertido en una enorme pancarta ideológica.
seguimos por el raval hacia "abajo", a ver el mar, en ese contrasentido que nosotros le llamamos rambla a lo que ellos, no; y aparece un cristóbal colón avistando ¿qué?, puesto que no era catalán ni salió de este puerto, pero allí está colón viendo algo en el horizonte. quizá la globalización y arrepintiéndose de haber buscado las indias.
por la costanera seguimos y descubrimos una réplica de la nave con la que sebastián elcano dio la vuelta al mundo; pequeñita la embarcación para el tamaño mundo que recorrió, aquellos hombres con sus sueños y sus desesperanzas. y a unos metros, la carpa del circo. los circos siempre me han enamorado, y resulta que este es el mismo que vi hace unos doce años... que marcelo isaurralde retrató bien en el libro y donde conocí al último hombre bala. es que hubo un hombre bala que dio una función, aquí, en barcelona, hace décadas, y hubo una joven entre el público que lo vio y se enamoró de él (ella me lo contó hace mucho tiempo), y decidió seguirlo. así que abandonó todo y se volvió cirquera, si es que eso existe, y cuando la conocí, ya retirada, vivía en el mismo vagón, y hacía crochet contra una ventanita diminuta y me mostraba las fotos de cuando eran jóvenes y recorrían el país y el mundo con el circo. tenían una familia, claro, con varios hijos, todos miembros del circo. vaya, por qué la tradición no debería continuar en una profesión tan poco liberal como la de tener un circo? las alas del deseo.
de pronto, nuevamente la novela se impone a la realidad: allí está, imponente, la estación de francia, a la que manel acude cuando no sabe qué hacer y pierde la inspiración. la misma que recibe inmigrantes que huyen de la pobreza, creídos de la retórica franquista de que con él españa será mejor: pienso en el sevillano, el andalú, el extremeño, y aquí está la estación, que es grande, majestuosa, que invita a viajar. y luego la villa donde construyó todo para las olimpíadas, un recinto enorme, donde también está el edificio del parlamento y una construcción del siglo xix con un carro de triunfo tan impresionante como todos los carros de triunfo que se puedan ver. contra la luz del atardecer y entre los árboles, parece un triunfo mayor que otros. a lo lejos se ve el arco de triunfo, pero mis conocimientos históricos no alcanzan para comprender sobre qué triunfaron los catalanes.
seguimos entre las callecitas, que a veces se hacen tan arracimadas y angostas como cualquier calle en cualquier casco viejo de ciudad europea, en que las ropas tendidas de una familia conversan con las vecinas, y parece que nunca se va a ver el cielo. entre medio, la nueva central de la ugt, un hotel circular, perritos falderos, niños que andan en bicicleta, gente que pasea, un metro rebosante.
en el metro, un africano. vaya un a saber de dónde. después de haber leído crónicas de las guerras en el continente africano, de ver documentales, de leer reportes de amnistía, este negro representa, para mí, todos los negros olvidados del gran continente donde se originó la vida. es altísimo y de piel oscura, pero no azul, más bien de un bordeaux de terciopelo. se me hace que está triste. va solo en el metro y carga dos enormes bolsas de plástico, de esas para meter mucha basura. revisa una: saca carteras y las pone en la otra. por lo que la primera queda vacía y la otra, llena de carteras. después se sienta, cuidando las bolsas. nadie lo mira, nadie repara en él. a mí me impresiona. me pregunto cómo se llama, cuántos años tiene, qué idioma habla, y qué piensa del primer día del nuevo año. pero es algo que uno no va y le dice a un desconocido. tal vez aquí por fin se siente feliz y seguro. tal vez aquí no tiene que temer a los machetazos o a guerras o a injusticias o al hambre o la violación de sus hijas o esposa o madre, o a la larga lista de espantos que vive buena parte de la población africana. pero si yo le dijera algo, quizá se ofendería. así que no le digo nada, y lo lamento. nos bajamos del metro. estamos en gracia otra vez, valga la pobre metáfora, pero así se llama el barrio. gracia.
seguimos por el raval hacia "abajo", a ver el mar, en ese contrasentido que nosotros le llamamos rambla a lo que ellos, no; y aparece un cristóbal colón avistando ¿qué?, puesto que no era catalán ni salió de este puerto, pero allí está colón viendo algo en el horizonte. quizá la globalización y arrepintiéndose de haber buscado las indias.
por la costanera seguimos y descubrimos una réplica de la nave con la que sebastián elcano dio la vuelta al mundo; pequeñita la embarcación para el tamaño mundo que recorrió, aquellos hombres con sus sueños y sus desesperanzas. y a unos metros, la carpa del circo. los circos siempre me han enamorado, y resulta que este es el mismo que vi hace unos doce años... que marcelo isaurralde retrató bien en el libro y donde conocí al último hombre bala. es que hubo un hombre bala que dio una función, aquí, en barcelona, hace décadas, y hubo una joven entre el público que lo vio y se enamoró de él (ella me lo contó hace mucho tiempo), y decidió seguirlo. así que abandonó todo y se volvió cirquera, si es que eso existe, y cuando la conocí, ya retirada, vivía en el mismo vagón, y hacía crochet contra una ventanita diminuta y me mostraba las fotos de cuando eran jóvenes y recorrían el país y el mundo con el circo. tenían una familia, claro, con varios hijos, todos miembros del circo. vaya, por qué la tradición no debería continuar en una profesión tan poco liberal como la de tener un circo? las alas del deseo.
de pronto, nuevamente la novela se impone a la realidad: allí está, imponente, la estación de francia, a la que manel acude cuando no sabe qué hacer y pierde la inspiración. la misma que recibe inmigrantes que huyen de la pobreza, creídos de la retórica franquista de que con él españa será mejor: pienso en el sevillano, el andalú, el extremeño, y aquí está la estación, que es grande, majestuosa, que invita a viajar. y luego la villa donde construyó todo para las olimpíadas, un recinto enorme, donde también está el edificio del parlamento y una construcción del siglo xix con un carro de triunfo tan impresionante como todos los carros de triunfo que se puedan ver. contra la luz del atardecer y entre los árboles, parece un triunfo mayor que otros. a lo lejos se ve el arco de triunfo, pero mis conocimientos históricos no alcanzan para comprender sobre qué triunfaron los catalanes.
seguimos entre las callecitas, que a veces se hacen tan arracimadas y angostas como cualquier calle en cualquier casco viejo de ciudad europea, en que las ropas tendidas de una familia conversan con las vecinas, y parece que nunca se va a ver el cielo. entre medio, la nueva central de la ugt, un hotel circular, perritos falderos, niños que andan en bicicleta, gente que pasea, un metro rebosante.
en el metro, un africano. vaya un a saber de dónde. después de haber leído crónicas de las guerras en el continente africano, de ver documentales, de leer reportes de amnistía, este negro representa, para mí, todos los negros olvidados del gran continente donde se originó la vida. es altísimo y de piel oscura, pero no azul, más bien de un bordeaux de terciopelo. se me hace que está triste. va solo en el metro y carga dos enormes bolsas de plástico, de esas para meter mucha basura. revisa una: saca carteras y las pone en la otra. por lo que la primera queda vacía y la otra, llena de carteras. después se sienta, cuidando las bolsas. nadie lo mira, nadie repara en él. a mí me impresiona. me pregunto cómo se llama, cuántos años tiene, qué idioma habla, y qué piensa del primer día del nuevo año. pero es algo que uno no va y le dice a un desconocido. tal vez aquí por fin se siente feliz y seguro. tal vez aquí no tiene que temer a los machetazos o a guerras o a injusticias o al hambre o la violación de sus hijas o esposa o madre, o a la larga lista de espantos que vive buena parte de la población africana. pero si yo le dijera algo, quizá se ofendería. así que no le digo nada, y lo lamento. nos bajamos del metro. estamos en gracia otra vez, valga la pobre metáfora, pero así se llama el barrio. gracia.
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