domingo, 8 de enero de 2012

praga invernal

la primera vez en praga fue en pleno verano, un calor tórrido, una canícula casi vertical, la necesidad del río más allá de cualquier pensamiento racional. de todos modos, recorrimos lo que se pudo, y al menos me saqué las ganas de ver el "fenstersturz aus prag", algo que desencadenó la guerra de los treinta años (1618-1648). quizá no sea importante, pero explica también los posteriores y actuales enfrentamientos étnicos entre serbios, croatas, y todas las demás etnias que pueblan toda esta zona y que están en conflicto desde hace, por lo menos, mil años.

pero ahora es pleno invierno, y en praga me recibe la bruma (sobre la que alicia migdal una vez dijo: hay que cruzar el puente en brumas, y eso es lo que me trae aquí ahora, el puente en brumas, y volver a ver a un viejo amigo, un crustáceo viajero). es invierno, llovizna, hace frío. el hotel está en la zona vieja, un barrio burgués, con calles anchas, a pocas cuadras del río. los tejados, los ventanucos, el cielo plomizo, el silencio de un domingo a media tarde, invitan a pensar en kafka. y, más lejanamente, en milena.

a dos horas escasas queda barcelona, y llegar hasta aquí en avión supuso una travesía aérea cruzando el mediterráneo. una cartografía casi igual a la del atlas y a la de google maps. recordar a f. braudel es un lugar común, pero él amaba el mediterráneo y supo leerlo. cuando el avión se sale del mar y penetra tierra firme y cruza una correa montañosa (no sé cuál), las turbulencias son mayúsculas. pasamos de los dioses griegos a los fieros de tierra firme, esa mezcla rara de tantas tribus dando vueltas y venciendo al imperio romano. salve, césar, a alarico! el cambio cultural también se manifiesta en el aire.

malena dijo que la dieta mediterránea era peligrosa, porque hacía que uno olvidara los demás modos de comer. acá los olores ya son otros. otra dieta, otros alimentos, otros alcoholes y levaduras, y hasta la ciudad cambia. por lo tanto cambian la literatura y la filosofía.

independientemente de la globalización, es maravilloso encontrar las diferencias de olores y texturas y colores, y comprobar una vez más que es mejor esto que verlo en 3D comiendo papitas fritas con mayonesa.

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