desde bonn a frankfurt en el meno (suena espantoso en español), si se toma el tren "no-rápido", se gana en belleza. la vía corre paralela al rin, y uno puede ver que entre el rin (transporte fluvial) y las vías del tren, se ha construido una autopista, de modo que están cubiertas las tres formas de transporte. el rin es el rin, y por lo tanto es hermoso; serpentea, orgulloso y dan ganas de recorrerlo, aun en invierno. las pequeñas ciudades y los pueblos alternan con pequeños puertos y lugares industriales, pero siempre están el río y las colinas que le dan el contorno. aquí y allá hay fortalezas, no suficientemente importantes ni vistosas como para que sean remodeladas y convertidas en sitios de interés turístico, pero basta con ver los murallones y las torres con las ventanas minúsculas como para imaginar la edad media, las invasiones, los señores y los vasallos que se protegían de vaya a saber qué invasores, y las leyendas del río. la mitología del río, que tiene que ver con el oro del rin, el anillo de los nibelungos, sigfried y brunhilde, los dioses: odin.toda aquella poesía que uno estudió en el liceo.
sí, el río serpentea, está muy crecido, hay árboles comidos en las laderas, y que cada tanto se asome el sol no cambia en nada la fuerza que tiene. los barcos con mercancías vienen y van, y los caseríos, con una iglesia copuda en alguna parte, surgen naturalmente, para después desaparecer. cómo se vive en semejante lugar? qué tanto peso tienen la historia y la geografía? capaz que a nadie le importa, solo a alguien que creció leyendo sobre estos lugares.
el tren se acerca a frankfurt. gran sorpresa cuando hay una estación únicamente destinada a la opel. vaya con la opel. ¿cuánta gente vive aquí, cuánta trabaja? impresiona. es la opel, pero de todos modos llama la atención. luego viene la estación del aeropuerto; ya el rin se alejó y estamos en zona urbana. y por fin frankfurt am main. por si queda alguna duda, surge en lo alto el "bleistift", un edificio que es idéntico a un lápiz faber. es para mi el icono y la constatación de que he llegado. hace frío, mucho frío y la estación es grande. adiós a la estación de bonn, que tenía cinco andenes, todos parejitos, todos fáciles. aquí hay mucho movimiento. no es como en hamburg, donde con música clásica un intendente logró que los heroinónamos se alejaran (parece que ese tipo de música no se lleva bien con la heroína); acá hay de todo. una gitana ofrece no qué cosa y dos agentes de seguridad en seguida se le acercan para disuadirla. mio hermano me dice que acá a los outsiders les compran un ticket de tren y los mandan a otra ciudad, donde hay centros curativos similares, en todo caso, lejos de acá. pero no es un lugar acogedor. no bien nos encontramos en el andén 2, me dice que tenemos entradas para la ópera, para ver "el ocaso de los dioses", de wagner, la tercera parte de la trilogía. me cambio el abrigo y las medias en el andén, para no lucir tan zaparrastroza, y vamos a la ópera, un edificio moderno, en la plaza willy brandt, donde acampan los ocupas. un conjunto bastante amplio de tiendas y carpas, con pasacalles y afiches de protesta, porque allí se encuentran las sedes de los bancos más importantes. pienso que ser anticapitalista en invierno no es sencillo, pero la protesta no entiende de estaciones;el capitalismo tampoco, y seguramente y a la larga, el capitalismo dará un paso atrás. siempre lo hace, aunque lo disfrace de otra cosa, o lo niegue. si no lo hiciera, dejaría de ser lo que es. en definitiva, necesita al ser humano, le guste o no.
llegamos a la ópera, y hay una gran cola. debemos esperar. la obra dura seis horas, con dos intervalos. se trata de una prueba general, pero el público es público, y la obra es obra. magnífica. para quien sepa de escenografía, seguramente disfrutará más que yo. sin embargo, uno rescata cosas: el escenario es una gran superficie circular que se descompone en círculos que cambian de altura, y gira, cada anillo, en sentido anverso al otro; de modo que hay un arriba y un abajo desigual y un ir y venir desparejo. no hay telón, y de pronto comienza. primer acto, presentación. es un poco lento; y da la impresión de que quien interpreta a sigfried cuida la voz. pero pronto eso da paso a la obra en sí. wagner es wagner. impresiona. ¿en qué pensaba? ¿por qué escribió esta trilogía? aun para alguien que se precia de hablar alemán, es difícil de comprender. ni siquiera los subtítulos son de gran ayuda: wagner escribe su texto en forma de poema, en alemán antiguo, y con palabras inventadas. así y todo, el mito es conocido, y por más conocido que sea, uno se queda atrapado por los cantantes, por la puesta, por la tensión narrativa. en definitiva, el héroe natural, sigfrido, enamorado de brunhilda, cae en una lamentable trampa, se olvida de brunhilda, se promete con gudrun, cuyos hermanos desean el famoso anillo de los nibelungos, su futuro cuñado, hermano de gudrun, se lleva a brunhilda, quien, sin saber que sigfried ha sido vilmente engañado, diseña su muerte. sigfried muere por la espalda, y brunhilda en algún momento se da cuenta de la trampa y hace su declaración (quizá wagner es el padre del teleteatro, vaya uno a saber). lo interesante es que está ambientada en el presente, que los cantantes son los de la ópera de frankfurt, la orquesta suena muy bien, las luces son las que transforman el escenario en río o campo, y las partes en que aparecen multitudes sobre el escenario -el coro- ponen la piel de gallina. el final es apoteósico, y sin que uno se dé cuenta, en un palco junto al escenario, aparecen los viejos dioses, que asisten al gran final con un aspecto y unas miradas que impresionan. uno siente un poco de pena por ellos, y no deja de recordar a mircea eliade.
seis horas de ópera que se pasan como si nada... terminamos la noche en un local típico de hessen, una taberna donde se toma vino de manzana (no me gustó nada), donde se comparten las mesas como en el viejo lobizón de la calle cuareim, y donde se come lo más típico de todo. las milanesas se llaman schnitzel, y no pido ese plato. con la música de wagner en los oídos, uno desea otro tipo de comida.
(a propos wagner, injustamente acusado de nazi. imposible que lo fuera, su vida va de 1813 a 1883. tuvo la desgracia, sí, de que el fúhrer amara su música y tomara un poco de su germanismo como ejemplo o como leitmotiv de su ideología. y también, porque los parientes de wagner se relacionaron con el sr. hitler. pobre señor wagner. tomó el mito del anillo de los nibelungos y aquí y allá cambió y adaptó algunos asuntos -los padres de sigfrido son mellizos! (vaya con el incesto). pero su obra es impresionante, la parte musical del "ocaso de los dioses" es realmente portentosa, y es gracioso darse cuenta de las partes que forman parte, valga la redundancia, de star wars - eso recuerdo yo- y mi hermano insiste con que también es telón musical en apocalypsis now. en todo caso, wagner es grandioso, y se merece un buen estudio)
la ciudad nos recibe con una especie de agua nieve, que, al otro día, se habrá convertido en nevada, y que hará las calles resbalosas y llenas de suspicacia.
frankfurt me gusta. está llena de contrastes, de cosas inesperadas.
franfurt-Lab
un poco alejado del centro, está este "centro", que se funda por iniciativa del "ensemble modern", " la academia de teatro de hessen", "la escuela superior de música y artes escenográficas de frankfurt", de la "casa de la cultura mousonturm" y de la "compañía forsythe", en el año 2009. me recuerda a cualquier institución alemana, cuadrada, con pasillos y ventanas, un poco bauhaus, con perdón de los especialistas. sin embargo, aloja algo intersantísimo. aquí no sólo se experimenta, interdisciplinariamente, sino que se llevan adelante proyectos creativos, vinculados al teatro, la danza, la música y disciplinas que mezclan todo eso, con grupos internacionales, que también invitan a estudiantes avanzados en las distintas artes a que presenten sus trabajos. es un verdadero laboratorio creativo. los artistas conocidos se mezclan o supervisan o asisten a proyectos noveles; la investigación, la producción y la puesta en escena son los objetivos principales del lab. entonces, en la sala 1, de 650 metros, con capacidad para 400 personas, se está preparando una presentación relacionada con la energía atómica; están ensayando la proyección y la participación de distintos actores-bailarines; son jóvenes y se les ve el entusiasmo. en la sala 2, un poco más pequeña, se ensaya una obra de teatro, que claramente no está en un estadio tan avanzado como la anterior; todavía está la mesa de trabajo y discusión, un enorme pizarrón con anotaciones, y, cuando entramos, un actor joven recita su parlamento, dando vueltas y vueltas en círculo por la sala. en alguna parte suena un piano triste. afuera está gris, llovizna y hace frío. tomamos un café en la cocina, y quien dirige todo esto, sabine, se queja de que no todos lavan las tazas después de tomar el café. sí, pienso, los artistas rara vez perciben las tazas sucias, y está bien que alguien se lo señale, si no, se convertiría todo esto en un caos. pero qué fantástico que exista esta posibilidad. sobre todo porque las instituciones que forman parte del franfurt-lab no son menores, sino mayores, y esto que han fundado habla de su vocación artística por encima de todo.
volver a la ciudad cuesta. no es que estemos tan lejos, apenas un par de paradas, quince minutos en tranvía; pero quizá sí lejos de la capital financiera, banquera, comercial que es frankfurt. se nota en el transporte. en otras ciudades, alterna gente de traje y corbata, mujeres en tailleur y extranjeros, con empleados. acá, el tranvía está repleto de trabajadores extranjeros. es que, según entiendo, la mayoría anda en auto o en bicicleta (dos declaraciones de principio) y el resto, los más o menos desgraciados usan el tranvía. sea como sea, sin la fortaleza económica de esta ciudad, la cultura no florecería, no tendría un lugar. habrá que pensar que los nuevos mecenas son las marcas.
en el tranvia se apiña la gente; quizá no sabe que el frankfur-lab existe; o quizá no le importa, o quizá no sé. para uno, es magnífico. y dan ganas de quedarse a uno de los estrenos.
el tranvía atraviesa buena parte de la ciudad rumbo al centro, y cruza lo que podría ser 8 de octubre, pero en manos de turcos, paquistaníes y orientales en general.así que es pintoresco. las voces en el tranvía, donde se mezclan el turco, el polaco, el ruso y otro montón de lenguas que desconozco, son las que llevan el rito. hay menos alemán. ¿estoy en alemania o dónde? pienso en günter grass.
capaz que nadie sabe, capaz que ya no importa demasiado. una vez las fronteras abiertas, la gente se mezcla. la cultura también. y ese desafío es lo que importa, lo que llama la atención, y de cuyo cruce salen obras verdaderamente interesantes. de todos modos, uno se acuerda del no-lugar.
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