el museo histórico militar de las fuerzas armadas federales en dresden me plantea ese interrogante (y es inevitable recordar a rené girard y su chivo expiatorio, y el camino hacia el mal).este edificio antiguamente fue un arsenal, del año 1877; en 2011 fue reformado, renovado y se le anexó una especie de ala en metal, una intervención violenta, pero hermosa a la vez, y se lo convirtió en museo. allí, el visitante, nomás ingresa al enorme espacio exterior, se enfrenta a lo que en realidad no desea. lo recibe un conjunto variado y asfixiante de tanques de guerra, de la antigua armada popular de la república democrática alemana y de la república federal, que se apuntan, unos a otros, y al visitante (recuerda las pistolas colgantes del museo de praga: el civil siempre en la mitad de la contienda). a un lado unos, al otro lado, los otros. ya nomás imaginar a todos esos especies de mamuts y elefantes gigantescos arrasar con ciudades y poblados, asusta. ver el tamaño real (y nada de películas de guerra) de cada tanque, el tamaño de mi hermano junto a uno de ellos, el calibre de los cañones, darse cuenta de que al golpear esos pedazos de metal no resuena el sonido de una cámara interna de lo macizos que son, da escalofríos, y uno vuelve a recordar lo estudiado en historia, pero a otra escala: real.
ingresamos (hasta febrero la entrada es gratuita) y subimos al cuarto piso, donde empieza la recorrida. la pared del ascensor es ascéptica, de metal casi blanco, y los números se recortan, violentamente, en el metal. los lados laterales del ascensor son ventanas. se ve, no sólo la ciudad, sino también el interior del edificio.
el museo está "intervenido" de un modo (el arquitecto es daniel libeskin, el mismo que construyó el museo judío en berlín, habrá que verlo) que uno se marea; los ángulos no son exactamente rectos, las paralelas tampoco lo son, las escaleras tienen algo que hacen que uno se sienta inseguro (parece un film expresionista alemán); y cada tanto hay trozos de pasillos construidos en rejilla que permiten ver hacia abajo varios metros de vacío, lo que acrecienta la sensación de inseguridad. y es que es así, ¿para quién es segura la guerra? sólo puede sentirse seguro el que está detrás de un escritorio, ganando fortunas con cada armamento y bombardeo que vende. mi hermano recuerda un apunte en el libro de sebald, "la historia natural de los bombardeos (no sé cómo se llama el original, esta es una traducción literal: "luftkrieg und literatur"). alguien le pregunta a un responsable de un bombardeo, qué hubiera sucedido si la ciudad se hubiera rendido, si hubiera izado la bandera blanca. y la respuesta es simple: el negocio incluye el bombardeo. cuando se venden armas y bombas, el negocio termina cuando se las usa. de otro modo, ¿de qué valió la inversión?
este museo, entonces, muestra precisamente eso. piso a piso se van desarrollando los distintos temas. desde las formas primeras (en europa) con las batallas fundantes, los viejos uniformes; las diferentes culturas, hasta lo "secundario": literatura, música, cine, fotonovelas. los libros primigenios: von clausewitz, maquiavelo, sun zi, el leviatán de hobbes... hay cuadros, vitrinas con diseñadores actuales que se inspiran en la guerra (un modelito muy interesante, pero bastante estúpido de dolce&gabbana, por ejemplo), hay "lesiones" y "prótesis", hay el uso de animales; cuelgan bombas del techo, que parece que en cualquier momento llegarán al piso; hay bunkers, tanques de la segunda guerra mundial, bayonetas de la primera; juguetes infantiles de guerra desde tiempos inmemoriales, que llegan hasta starwars (mucho más brutales los menos tecnológicos, porque no son metafóricos); hay fotografías de coroneles y soldados desconocidos; hay un trozo de la muralla de berlín, hay iconos de la guerra fría, cartelería pro nazi y pro stalinista; hay esculturas impresionantes que muestran sobrevivientes de todos los tiempos, en bronce, pero que parecen humanos; hay un pasillo en el que uno se para y a poco de estar allí, siente las vibraciones de los tanques en el campo de batalla y los ruidos, lo que termina siendo realmente aturdidor y uno se imagina que con semejante telón de fondo, con el miedo y el odio, es capaz de disparar a cualquiera que se le presente; hay videos antibélicos (maravillosos) contemporáneos junto a fotografías de personas que murieron debido a las minas, en distintas partes del mundo, en diferentes guerras; hay cajones que uno abre y encuentra miniaturas de diferentes batallas; hay una especie de pirámide afelpada y oscura, que asfixia, donde también hay cajones dedicados a soldados anónimos: a este lo mataron (se ve un casco de metal con una bala en la cabeza), este otro se suicidó (una calavera a la que le falta medio maxilar por un tiro en la boca); cartas de una madre a un hijo; un crucifijo de madera con inscripciones de 1945; una máquina de escribir casi derretida que fue encontrada en el bunker de hitler; hay cuadros de generales alemanes destrozados a bayonetazos por soldados soviéticos; hay restos de juguetes infantiles calcinados debido al bombardeo del 13 de febrero; hay cuadros de refugiados; prisioneros; muertos en los campos de concentración; hay banderas de naciones enfrentadas; hay los automóviles de los líderes nazis durante el reich, esos que lucen en las películas; hay documentales de la primera guerra mundial, de la infantería entrando en las ciudades; hay destrucción por todas partes.
hay, lo que es bastante ridículo, aunque no deja de ser fundante, un conjunto de cuadros de época de reyes y príncipes y emperadores, aquellos que de tanto casarse entre sí ya parecían menos humanos, bendecidos siempre por la iglesia, que hacían la guerra. y hay un cuadro enorme de cuando las guerras dejaron de ser cosa de príncipes y pasaron a ser cosa de la sociedad en su conjunto (después de la revolución francesa) (hobsbowm se refiere a ese tema en la edad de las revoluciones). hay la otán, el plan marshall, el muro de berlín, los espías, la cruz gamada, el águila del tercer reich. hay demasiados uniformes, demasiadas armas, demasiadas bombas, demasiado sufrimiento, demasiada población civil rehén de cosas que no le interesan, que no le aportan nada, que sólo le quitan, le rapiñan, la vuelven mezquina y débil, sufrida. hay demasiados huérfanos y viudas. hay demasiado odio, y nadie que le preguntó a nadie si realmente quiere ir a la guerra. después de ver todo esto...
impresiona el silencio de los visitantes. de algún modo, tanto espanto, tanta destrucción, llevan a una especie de introspección, de percibir toda esa historia, tantos siglos, y de pensar, creo yo, en que uno de algún modo se salvó de todo eso.
talvez la paz sea una utopía, algo efimero. en planta baja, donde termina el museo, una enorme pantalla, que atraviesa en una sola línea un gran muro, pasa una sentencia de von clausewitz sobre la guerra.
"Toda actividad militar esta relacionada, directa o indirectamente, con el combate. Es el fin por el cual un soldado es reclutado, equipado, armado y entrenado, y propósito por el cual come, duerme, bebe y marcha es, simplemente, que él debe luchar en el lugar y momento correcto."
""Al hablar de destrucción de fuerzas enemigas hemos de observar que nada nos obliga a limitar este concepto simplemente a las fuerzas físicas, sino que por el contrario, deben comprenderse en ellas, necesariamente, las morales."
"Toda actividad militar esta relacionada, directa o indirectamente, con el combate. Es el fin por el cual un soldado es reclutado, equipado, armado y entrenado, y propósito por el cual come, duerme, bebe y marcha es, simplemente, que él debe luchar en el lugar y momento correcto."
la frase que más me impactó, y que ahora no encuentro por ninguna parte para citarla textualmente dice algo así como que la violencia que demanda una guerra no tiene límites.
una voz en el parlante cierra mi lectura, y anuncia que en cinco minutos el museo cerrará sus puertas. en la librería compramos un par de libros vinculados al tema. después salimos a la ciudad, que nos recibe con lluvia, frío y los faroles encendidos. es extraño, después de haber estado varias horas en un museo en que la sociedad civil no tiene voz, entrar nuevamente en la ciudad, donde hombres y mujeres se suben y bajan de los tranvías, hacen las compras, pasean a los perros, y hablan por celular.
no hay como la paz.
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