lunes, 9 de enero de 2012

adiós, praga

temprano a la calle, donde sigue la tenaz llovizna de ayer y el mismo frío que pasa desapercibido hasta que se instala en pies, manos y nariz. para las manos, unos guantes divertidos, forrados, que dejan las puntas de los dedos libres. después, el plano en el bolsillo, pero sin ánimos de guiarse por él. a  mí los planos me confunden, porque nunca sé de qué lado estoy; me encantaría que vinieran con una brújula incluida -no ha de ser tan complicado de hacer- y la indicación de los puntos cardinales en el mapa.

una callecita se abre a otra y a otra, y de pronto me encuentro delante de una sinagoga espléndida, no demasiado antigua (quizá del siglo xix?) en una avenida lateral, donde un joven y yo tratamos de sacarle una fotografía, él con un aparato chatito, muy actual, y yo con una cámara digital que ya forma parte de la prehistoria. ambos nos cedemos la esquina, pero para el mismo lado, de modo que es como cuando uno choca con otra persona y no logra salir del intríngulis.

un poco más allá, la basílica de san juan, una iglesia oscura, con unos techos altísimos, cuyas pinturas cuentan, supongo, el periplo de este juan al que le está dedicada la historia. a ambos lados del altar mayor, dos púlpitos tallados en madera, uno de los cuales se emparenta con el de la catedral de arequipa: abajo de todo un gran demonio. si el de arequipa invitaba a dejarse seducir por lucifer y su promesa de sabiduría, éste, el de esta basílica, es francamente espantoso; el rostro fantasmagórico es blanco y contrasta con el cuerpo deforme del resto de la escultura. no sé si asusta, pero el mensaje es claro.

es una pena que no se pueda caminar por las naves laterales, porque están rodeadas de una cuerdita con el anuncio de "alarma", y tampoco es posible sentarse en los bancos. sin embargo, algo de los nichos enormes se vislumbra, y veo una escultura que impresiona, con el título "ecce homo", que es un cristo sentado, después de haber sido crucificado (tiene la corona de espinas clavada, las manos y los pies sangrantes), pero está sentado en una postura de resignación, de profunda reflexión, creo, acerca de si sirvió de algo todo lo que hizo, incluida la propia muerte. provoca tanta compasión, tanta pena, que si no fuera por las cuerditas, uno iría a consolarlo y a decirle que bueno, pese a que uno cree en nada de eso, no estuvo tan mal su intento de hacer a los hombres un poco menos malos. sí, ese enorme cristo cansado da mucha pena.


salgo y sigo y de pronto me vuelvo a encontrar delante de la entrada del barrio judío, con la sinagoga vieja a un lado, y la plaza con la escultura kafkiana. claramente el invierno es una ventaja: no hay turistas -o al menos no acá ni tantos como en el verano- y la ciudad se presta para la estación. el cielo plomizo, sin sol, y los quejidos de las cornejas y las gaviotas terminan de armar la escena. sí, podría ser una película.

y después de un rato largo de caminar, por fin el enorme arco que da paso al puente de carlos, que cruza el moldava y es un paisaje salido de una novela. mi hermano y alicia tienen razón: es esta la estación, y realmente lamento que no haya nevado como dijeron que sucedería. hasta las enormes estatuas y esculturas son más sobrias e impresionantes. y la ladera del otro lado que crece con sus edificios y sus picos góticos, también es diferente. todo invita al silencio. y se escucha el silencio.

una vez del otro lado, lo invernal se vuelve más crudo, las calles parecen más angostas, y el río que cruza las manzanas, y que forma la pequeña venecia, es más "sturm und drang" que en el verano. incluso los mismos escarapates, con las mismas marionetas y las mismas ventanas adornadas, lucen más tristes y pensativos.

me siento un rato, hasta que el frío realmente se vuelve molesto. entonces retorno. y de pronto hay muchísima gente en la calle, pero muchísima, bulliciosa, alegre, gente con perros, y con niños, y turistas -supongo que son rusos o búlgaros o algo así porque no se les entiende nada de lo que dicen-; hay japoneses, muchísimos, que se asustan de la bocina de un automóvil viejo y después se ríen todos juntos, a la vez, unos japoneses ya mayores, que parecen estar muy contentos en praga y le sonríen a todos.

entro al museo de artistas jóvenes. es realmente un cachetazo a la realidad y a la sensibilidad, pero desde el arte. vamos todavía, arte! en la entrada, para que uno no se confunda sobre lo que va a encontrar, en un patio enorme hay cuatro gigantescas, pero gigantescas, pistolas automáticas que cuelgan no se sabe de dónde, todas apuntando al centro. al rato de estar mirándolas pender estáticas, se da cuenta uno de que hay algo allí que no está bien. y entonces escucha por encima del ruido de la gente, algo de lejos que se hace más cercano y más cercano, y descubre, también, en algunos de los balcones de los edificios que dan a ese patio violento, unas esculturas desencajadas de hombres y mujeres desnudos... entonces se escuchan claramente las órdenes, los gritos, los gemidos, las corridas, los disparos.

después de eso, uno tiene ganas de un baño de agua caliente, un poco de corelli, un poco de burbuja.

adiós, praga.

1 comentario:

  1. Hermoso viaje, bello que le arrebates a la niebla lo que Praga se muere por decir!
    Beso. M

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